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Spotifazo del mes: Punk-O-Rama-Rama

Entrada publicada el 30 de Agosto de 2010 por John Tones

(Cada mes, un spotifazo con listas de reproducción de Spotify. Las habrá dispersas, las habrá variadas y las habrá monográficas. Todo por la patilla, como ustedes merecen)

Tengo una relación muy personal y particular con Punk-O-Rama, los recopilatorios del sello Epitaph, creado por Brett Gurewitz, guitarrista de Bad Religion, para distribuir y publicar los discos de la banda. Cuando comencé a vivir en Madrid, rascaba algo de dinerillo de mi escasísima asignación familiar para gastos y me compraba cada trimestre la revista Factory, que editaba Rockdelux. Su por entonces novedoso sistema de publicación (ahora todas las revistas, o casi, cumplen este esquema) consistía en un CD que acompañaba a una sobria revista en blanco y negro, de cierto aire fanzinero, poco acento en las imágenes y largos textos no tan atados a la actualidad como su revista hermana, lo que permitía al revistón llevar a cabo dossiers sobre géneros y estilos y sobre música del pasado, que a mí me interesaba mucho más que las cosas que se llevaban allá por mediados de los noventa.

El número 5 de Factory colocó en portada a Offspring y regaló un extraordinario sampler de grupos punk de entonces, pertenecientes a sellos como No Tomorrow, B-Core, Fat Wreck, Munster o Epitaph, todos ellos distribuídos por Comforte. Y en el interior de la revista, un reportaje sobre las nuevas huestes del power pop, el garage noventista, el revival punk y el hardcore post-nirvanazo del que algunos se hartarían pronto. Esto es: Meanies, Pansy Division, BUM, Parasites, Lag Wagon, Slapshot, Afraid to Speak in Public, Youth Brigade, Propaghandi y un largo etcétera. Para festejar el contenido, Factory propuso a sus lectores un concurso: enviar una carta (qué tiempos, ¿eh? ) contando cuál fue el primer impacto punk del lector. A los diez mejores o más sentidos les regalarían el primer volumen de Punk-O-Rama. Así que allí escribí con una confesión que ahora resultará obvia, pero que en aquellos tiempos no lo era tanto: mi primer impacto punk, con 12 o 13 años, fue Los chochos voladores, que no fue la primera canción de Siniestro Total que escuché, pero sí la que con más claridad me lanzó el mensaje, muy intuitivo aún para mi impresionable mente adolescente, de que el humor es el arma de subversión cultural más potente que podemos concebir. Gané uno de los CDs, claro: como reconocieron con cierta amargura los responsables de la revista, la inmensa mayoría de los participantes habían citado como primer impacto punk a Nirvana… en el mejor de los casos. Ntsch. Hasta a mí, con menos de veinte años, aquello me parecía una indignidad. En cualquier caso, recibí bien contento un recopilatorio con el que descubrí a tres grupos que con el tiempo se revelarían esenciales en mi educación musical.

Al primero de ellos ya lo había oido en el instituto: «los barrilillos», como se conocía en Murcia a Bad Religion, me engancharon definitivamente, y cerré un circulo que les debía desde hace tiempo viéndolos, al fin, tocar en directo en el último Azkena. Espero que no sea la última vez. A quienes sí descubrí gracias a Punk-O-Rama fue a NoFX, con un Don’t Call Me White a cuya velocidad vive Dios que no estaba acostumbrado. Fue el principio de mi regreso al hardcore que visité tímidamente en la adolescencia, pero ya perfectamente consciente de qué oía y sumándole tintes melódicos. Un año más tarde, NoFX lanzaría su mejor disco, el increíble Heavy Petting Zoo. Mi tercer descubrimiento de este Punk-O-Rama fue, cómo no, Rancid, que ese mismo año grabaría uno de mis discos favoritos de todos los tiempos, el magistral … and Out Come the Wolves. Es decir, que el primer Punk-O-Rama no solo me llevó de cabeza al sonido Epitaph, sino que me encaminó a unos cuantos nombres imprescindibles en unos tiempos en los que seguirle el rastro a tus grupos favoritos e identificar las conexiones con otros similares era mucho más complicado que ahora. No lo echo de menos. Echo de menos oír por primera vez según qué cosas, pero sólo eso.

Aunque no supusieron el impacto del volumen inicial, fui descubriendo el resto de las entregas de forma más o menos tardía (gracias en buena parte a Johnny Urethra, de Ningoonies). Durante una buena temporada, los Punk-O-Rama, junto a los samplers de Kung Fu Records o Fat Wreck eran una estupenda manera de estar al tanto de lo que se cocía en el punk USA menos áspero, pero heredero aún así de las cositas que nos gustan: la velocidad, la distorsión y el bocachanclismo. Según la orientación del sello fue mutando con los años (lo que les ha llevado tanto a fichar a Weezer como a incluir entre sus filas a grupos de screamo, emo y demás variantes del metal pesado para teenagers malotes), fui perdiendo el interés en Epitaph. Las últimas entregas de Punk-O-Rama se ensosecieron a pasos agigantados, y de hecho, la décima fue la última, pasando a llamarse Unsound el sampler anual de Epitaph. Donde, efectivamente, no hay apenas punk.

En Spotify no están todos los Punk-O-Rama, pero sí los mejores: los seis primeros. En esta lista de reproducción que he preparado para ustedes he dejado un máximo de un tema por grupo, y ahí lo tienen, para su uso y disfrute. Brinquen, griten y recuerden: un raca-raca a tiempo soluciona muchos problemas.

Spotifazo del mes: Punk-o-Rama-Rama

Humor político miserable

Entrada publicada el 27 de Agosto de 2010 por John Tones

Curioso lo de la revista Cracked, ¿no? Nació como un desvergonzado plagio de MAD que supo sobrevivir en el kiosco americano durante casi cincuenta años gracias a que, como ellos mismos reconocían, era la revista que se compraban los chavales que llegaban a la tienda y se encontraban que la MAD se había agotado. Sus logros no fueron desdeñables, y llegaron a tener en plantilla a un prolífico John Severin y, durante seis años, al mismísimo Don Martin después de que este partiera peras con MAD por un quítame allá esos royalties. Pero donde decididamente ha triunfado Cracked ha sido en su encarnación virtual. No sólo es una de las mejores páginas de humor que pueden encontrar ahí fuera, sino que a menudo su equipo de titanes comandado por Jack O’Brien y David Wong reflexiona con bastante acidez y buen tino sobre los resortes del humor.

En este excelente artículo extraído del Focoforo, por ejemplo, llaman a los chistes políticos «la forma más baja de comunicación», y explican por qué el humor editorialista de la prensa norteamericana se ha convertido en una forma de contar chistes panfletaria, ramplona, torpe y poco refinada. Con precisión quirúrgica le sacan los colores a algunos de los más torpes humoristas diarios, y razón no les falta. Desde la obsesión con etiquetarlo todo para que el humor sea perfectamente comprensible hasta por el lector menos capacitado para la observación, un recurso que algunos de nuestros mejores dibujantes satíricos, como Manel Fontdevila saben cultivar con gusto, ironía, y aprovechando los recursos del disparo único, simbólico y rabioso en la cara del lector.


¿Qué extraña inseguridad como artista te lleva a creer que es necesario el cartel de «Persona pudiente»?

No es el único reproche: el artículo se ríe, y pone unos cuantos ejemplos, de los lamentables conocimientos tecnológicos de los abuelos del humor (lo que no les impide, por supuesto, intentar satirizar la fiebre Mac o la adicción a Internet). Desde la barrera, que así nadie se lastima. Y de la abusiva tendencia a ridiculizar de forma infantil a quienes no comparten opiniones con el artista. De la ridícula. excesiva e innecesaria verborrea que se gastan muchos de ellos. Y, sobre todo, y por eso lo reserva para el final, del empleo de niños para expresar opiniones de adultos, un recurso viejo y gastado y que llegó a cierta perfección muy inimitable con Calvin & Hobbes después del camino abierto por Peanuts y Mafalda, pero que sigue siendo habitual de las tiras de prensa, tanto con intención crítica como sin ella. Sin embargo, es un recurso agotado, y como señala Cracked, muy cobarde. Si se tienen opiniones propias de un párvulo, se debe reconocer la propia simpleza, no camuflarla de candor infantil poniendo palabras de adulto en la boca de un niño.

Enjuto Mojamuto: Pantalón hinclimincliniano

Entrada publicada el 24 de Agosto de 2010 por John Tones


Bastante contentín estoy con este episodio en el que se decidió homenajear los típicos episodios navideños. Tal y como dice el título, como en las series buenas, buenas me monté mi propio Cuento de Navidad enjutero (algo que me gusta muchísimo, como he dejado claro en alguna que otra ocasión). Y en un tiempo record calzo guiños para internautas con pelos en los huevos, un unicornio falso, aplausos enlatados y un final de los que no te esperas de ninguna manera.

Enjuto Mojamuto: Enter Íngler Depiláder

Entrada publicada el 21 de Agosto de 2010 por John Tones

Ese que ven ahí es mi sosías Íngler Depiláder, mi equivalente animado y que se expresa a través de una versión aflautada de mi voz. Pero no adelantemos acontecimientos. Llevo quince días dando tumbos por las Españas y de nuevo se me han amontonado episodios de Las nuevas e inesperadas aventuras de Enjuto Mojamuto para enseñarles. Veamos.


Por extraño que parezca, yo no he orquestado este homenaje a Dentro del Laberinto con goticas de Candyman. Ha sido Miguel Esteban, con su salero habitual y una serie de obsesiones que empiezan a ser preocupantes: el clip de Word y Bill Gates con acento mesetario extreme.


Un episodio de Miguel Esteban que, no lo he comprobado, pero seguro que ha sido crucificado en Menéame y demás foros de culos inquietos y contrarios a la financiación legal de las cosas. Es un episodio centrado en los módems USB de los protagonistas y donde incluso se atreven (superpecado) a parodiar la naturaleza publicitaria de la serie, pero donde hay sitio para una serie de hostiacas muy secas, un ET con voz de Duquesa de Alba y un pollo de goma graciosísimo.


Metafísica internautica for the masses con un episodio de Miguel Esteban que se tira al barro de los argumentos con sentido y sensibilidad. Menudo finalazo emotivo, menudo replanteamiento de las leyes de lo cotidiano, menudo todo. Incluye Cosa del Pantano. Ahora pregúntense ustedes: ¿Internet, amor? ¿Internet, amor? ¿Internet, love?


Se puede decir que mi ego ha llegado a un tope considerable desde el momento en el que me convierto en personaje de categoría deus ex machina en una serie como Enjuto Mojamuto, pero no fue premeditado. En el guión de este episodio, creé a un guionista murciano, Íngler Depiláder, antes de saber que Joaquín Reyes tenía la intención de que Miguel y yo dobláramos a un par de personajes. No sé quién le habrá tocado a Miguel, pero obviamente el presuntuoso y marisabidillo Íngler debía ser mi alter ego. Así que ahí lo tienen, en un episodio del que, para ser justos, yo solo soy responsable de la mitad: por algún motivo (posiblemente era demasiado largo, posiblemente no se consideró suficientemente gracioso), medio episodio fue reescrito antes de ser locutado. En cualquier caso, sí: el homenaje a Los Cazafantasmas salió de mi cabeza. Aunque después de lo de Dentro del Laberinto… no estaba tan claro, ¿no?

Enjuto Mojamuto: cramberries y casas árbol

Entrada publicada el 9 de Agosto de 2010 por John Tones

Ustedes cada martes y cada jueves, como clavos con Enjuto, ¿no? Bien. Bien. Yo les traigo, con mi retraso habitual, los dos últimos capítulos. ¡Disfrútenlos, que ya estamos, como dirían en un magazine veraniego, en la recta final!


Este guión es buena prueba de hasta qué punto una idea original podía desviarse hasta extremos delirantes. Me llevé a casa el tag «se les acaba la tinta de la impresora y la sustituyen con bayas», y volví con el retrato de David Hasselhoff, las piernas ternescas, los tacones de velociraptor (¡que nunca existieron, saqué la idea de un grupo de Facebook!) y la Sagrada Familia. To locos.


Este capítulo guionizado por Miguel Esteban lo teníamos claro desde el primer día: un episodio de Halloween a lo casa-árbol. Admirable me parece que consiguiera embutir tres historias de miedo en tan poco espacio, y con dos logros extras: la voz en off borracha y el terrible supervillano. Qué cosa más incómoda.