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«Investigación policial» – Al final, la serie B

Entrada publicada el 21 de diciembre de 2013 por John Tones

investigacioncartel

Hace unas semanas, hablaba con Dani Aguirre, director y guionista de Investigación Policial, acerca de la etiqueta del low-cost, un tipo de cine que él y yo llevamos consumiendo ávidamente desde hace décadas, pero bajo una variación de rasgos similares pero detalles sensiblemente distintos: el cine de bajo presupuesto o de serie B de toda vida. Lo del low-cost es un apelativo nuevo y aunque ambos creemos que está dando frutos interesantísimos, él define con una observación muy suya: «la diferencia entre los que hacéis low-cost», dice, «y los que simplemente hacemos una película barata, es que nosotros sabemos conducir. Si tenemos que ir a un descampado a montar una grúa, llevamos una furgoneta hasta allí y nos subimos a la grúa. El low-cost es más de artistas». Más allá de la verdad inmediata e indiscutible (yo no sé conducir, él sí y, posiblemente, pilotar grúas, e incluso cazas del ejército si se pone, me atrevería a decir), Dani plantea una cuestión de fondo: la serie B, el bajo presupuesto, el cine de guerrilla debería ser cosa propia de currantes del medio.

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Wicked Wanda: ¡Tour salvaje esta semana en Madrid!

Entrada publicada el 30 de septiembre de 2013 por John Tones

Cartel WICKED TOURpeq

Esta sinvergonzonería cartelera obra de David Sánchez nos sirve para convocarles a un programa doble wickedwandesco monstruoso: el miércoles en la Siroco, el jueves en la Hebe de Vallecas. Iremos con un repertorio surtidito de hits propios y ajenos, desde nuestros clasicazos de despecho y vicio mal canalizado a los himnos de nuestros ídolos habituales. No se lo pierdan, que puede haber bajas fuertes, de lo a tope que vamos.

MIL PELÍCULAS DE HOSTIAS (1/1000): «Mano de Hacha»

Entrada publicada el 27 de septiembre de 2013 por John Tones

(Mil Películas de Hostias es la serie del Focoblog consagrada al tarantantán en el occipucio, a la castaña pilonga, el kung fu bueno y el malo, los ninjas con poderes y sin ellos, y la hostia seca o a rodabrazo. El Gran Cine)

manodehacha

Ten Fingers of Steel / The Screaming Tiger / Tang ren piao ke / Wang Yu, King of Boxers / Wang Yu: Ten Fingers of Steel
Taiwan / Hong Kong
Dir: Pi Yen Wang
1973

Dicen que circula por ahí una copia íntegra de Mano de Hacha. Pero no me interesa localizarla: seguro que carece de la radicalidad conceptual e intensidad narrativa de mi escueto montaje de 75 minutos, posiblemente destinado al mercado norteamericano, y que en tan breve margen de tiempo acumula unos cuantos elementos del mejor cine de kung fu de los setenta (a saber: Wang Yu, chinos contra japoneses, robo indiscriminado de bandas sonoras de películas occidentales -aquí, un par de temas de La Muerte Tenía un Precio-, machismo brutal, sombreros tremendos y malvado que masacra aldea y familia del héroe -con la consiguiente venganza a posteriori-). Y, de paso, también exhibe una concisión narrativa fruto de la encontrada brevedad: la primera pelea tiene lugar antes de que se pronuncie la primera línea de diálogo; en los créditos iniciales, ya vemos a Jimmy Wang Yu huir de un tipo con un cesto en la cabeza; y antes de que pasen diez minutos ya hemos sido testigos del obligado flash-back que ilustra la masacre que dispara el argumento, la declaración de intenciones del protagonista y la primera frase inolvidable: «I’ll kill every japanese in the world»). Los paradigmas de la serie B (menos es más) quedan perfectamente ilustrados en este recorte de metraje que, lejos de castrar las virtudes de la película, las disparata.

La frase que recogía más arriba resume en un puñado de palabras pletóricas de no-significado las delirantes maravillas que ofrece Mano de Hacha (ni salen manos ni salen hachas en la película, pero el título en castellano hace obligada y obvia referencia a la inmortal película de Jimmy Wang Yu El Luchador Manco): maniqueísmo extremo y sencillez a la hora de presentarlo. Otro ejemplo: lo mejor de la película es, sin duda, una descomunal pelea final entre héroe y villano en entornos muy diferentes (un tren en marcha, una catarata, un paraje montañoso) a lo largo de diez agónicos minutos de hostias como membrillos, veloz y marrullera, con los luchadores agarrando enormes pedruscos y estampándoselos a la némesis en el cogote. Desde hace un buen rato de metraje, había llegado un momento en el que el batiburrillo conceptual e involuntario de The Screaming Tiger hacía del todo ininteligible la línea argumental de la película, y Jimmy Wang Yu, simplemente, se ha visto atrapado en una muy sindiosista sucesión de combates entre jefes de escuelas, maestros de estilos zoológicos y últimos defensores de placajes moribundos.

Hay algo fascinante en Jimmy Wang Yu, supongo que todos sus fans coincidiremos, y es el devastador odio que experimenta hacia el género humano en sus películas. Por eso, cuando lo vemos en una escena galante o cómica o reposada, simplemente, no cuela. Ese «bastards» que susurra en la versión inglesa al acabar dos de cada tres frases, ese gesto cerril, diríamos que reflejo de un profundo mundo interior (sino fuera porque vemos a sus personajes más cerca de vivir en un continuo «Gñé!» mental, à la Seagal, que de estar tramando sofisticados planes de venganza)… Jimmy Wang Yu es, quizás más que cualquier otro actor oriental o occidental de la historia del cine (chúpense esa hipérbole), la perfecta personificación del odio vengativo y rastrero, del yaverás guardado durante años, es que produce espumarajos en el alma… Y por supuesto, es la personificación perfecta del odio racial, un odio que ha dado pie a piezas de kung fu míticas (Furia Oriental de Bruce Lee en cabeza) y a alguna película menos conocida, pero superior si cabe a la de Lee (Shaolin contra Ninja, bellísima orfebrería de guantazos interraciales), aunque sin su importancia coyuntural. En este caso, aparte de la estupenda frase que destacábamos antes, tenemos un retrato más o menos fidedigno de las diferencias entre los estilos de lucha chino y japonés (este último mucho menos cinematográfico). Y siempre barriendo para casa. O la apocalíptica pelea del héroe contra un grupo de luchadores de sumo. La mayoría no muy fornidos. Uno de ellos con barba.

Me gustaría que retuvieran este concepto en sus cabecitas: luchador de sumo con barba. Si eso no hace que se abalancen sobre la web de anuncios clasificados gratis más amanosa que tengan teclenado en su buscador el título de la película y agitando un código operativo de Paypal sobre sus cabezas, nada lo hará. Supongo que, como tantas otras películas de género, Mano de Hacha es inolvidable por las razones incorrectas, pero qué demonios. La furia, el odio, el refunfuñe oriental siguen ahí. Lo básico. Sigue siendo Jimmy Wang Yu. El hombre que amas que te odie.

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Payasos chiflados de otra galaxia

Entrada publicada el 20 de agosto de 2013 por John Tones

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 Pocas películas pueden considerarse tan merecedoras de la etiqueta cult movie en la década de los ochenta como Payasos  Asesinos, o como se la conoce mejor aquí y allá, Payasos Asesinos del Espacio Exterior. Su sentido del humor cómplice, sus guiños al cine de ciencia-ficción de los cincuenta que todos adoramos, la transformación de los iconos circenses en armas de destrucción masiva y, sobre todo, los espléndidos diseños de los monstruos a cargo de los Hermanos Chiodo en la que sería la única película dirigida por el imbatible tándem de expertos en látex y moñecos la han convertido en un acontecimiento deliciosamente camp y revisable una y mil veces. No envejece ni un ápice.

Y eso es una noticia estupenda, porque tanto si la han visto como si no, este sábado pueden verla en pantalla grande en La Casa Encendida, en la recta final del espléndido ciclo de películas veraniegas de monstruos que la casa ha montado este verano. Yo estare allí, y con un regalo especial: les presentaré la película y pondremos unos extras deliciosos. Algún corto de los Chiodo y extras en vídeo doméstico que harán las delicias de los asistentes. Aquí tienen todos los datos, pero esencialmente, este sábado a las 22.00 en La Casa Encendida.

Las tartas de merengue no están incluidas.

Buffy Entre Amigos S02E11 – «Ted»

Entrada publicada el 19 de agosto de 2013 por John Tones

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Sí, ya, llevamos unos meses sin nuestro repaso habitual a Buffy. No he fenecido, como sabrán quienes me siguen por Twitter o Facebook, y vuelvo de nuevo para intentar poner esto al día y con un par de planes extras. Sigh. El caso es que yo me he descolgado levemente del visionado sistemático de Buffy (llevo como una veintena de la segunda temporada, mientras que El Focoforo está ya a tope con la tercera). Allí pueden leer los comentarios, lunes a lunes, de cada episodio.

Por desgracia retomamos con uno de los episodios más flojos de la segunda temporada (pese a la aparición del lloradísimo John Ritter). Salvo desmanes muy específicos y muy posteriores, Buffy no brilla cuando entra en terrenos de ciencia-ficción como es este caso, donde a diferencia de géneros afines como el horror metafórico o el angst gore para todos los públicos, le pesan los años. Aquí, Ted es un posible sustituto paterno que esconde más de lo que parece, aunque solo Buffy parezca darse cuenta. Sin demasiada sangre, de todos modos, ya hemos llegado a un punto en que cualquier episodio de Buffy tiene un par de regalos envenenados: en este caso, y como el episodio se centra en las carencias afectivas de Buffy en el núcleo familiar, los guionistas nos lanzan un par de acertadas reflexiones acerca de cómo, cuando te sientes ninguneado en casa, hasta salir a cazar vampiros puede ser una alternativa apetecible. Algo tendrá que decir El Focoforo, que de eso sabe.

Solo un comentario tuvo este episodio, pero cómo no, fue ORO:

¿Nadie más piensa que el piso cápsula del tiempo de Ted es el de Apartamento para tres? ¿que se ve obligado a vivir en su pasado? ¿que tiene en el armario los cadáveres de las cuatro actrices que le acompañaron en la serie? ¿que la única explicación para las eternamente sonrientes, picaronas y complacientes compañeras de piso de Jack Tripper es que estuvieran drogadas? Bueno Joyce Dewitt casi que si, y bien mirado ¿Tripper?, todo encaja.
William Radcliffe