Archivos de September, 2003

Tuesday, September 30th, 2003

Textos del bien sobre mujeres explosivas

Qué difícil y qué ingrato es escribir sobre películas, amigos. Al menos cuatro personas en los últimos dos meses me han mirado con cara de asco cuando les he dicho que estaba escribiendo un librillo sobre una conocida trilogía de películas de ciencia ficción, no por la trilogía en sí, sino más bien por el hecho de que estaba escribiendo sobre ellas. La verdad es que no puedo culparles. Poner por escrito cuatro payasadas que se le pasan a uno por la cabeza después de ver una peli es una de las actividades más pajeras, injustificables y egomaniacas que se puede echar uno a la cara. Ahora que está tan de moda la cinefagia, estoy pasando yo por una etapa de fuerte cinefobia: no me gusta ninguna película, demonios. ¿Cuál fue la última buena que vieron? ¿”Spy Kids 2”? Yo es que ya ni recuerdo.

Por eso recibo con tanta alegría el boletín quincenal de Cine-Schlock-O-Rama, un boletín sobre cine de explotación, consumo masivo bien entendido, serie B, serie Z y otras hierbas cuyo autor, G. Noel Gross (es seudónimo, pero fijo) se salta a la torera los dos grandes peligros de escribir sobre cine. Ser un coñazo y pasarse de listo. Gross va a lo que va: cuenta las tetas de cada película, las secuencias de ducha, el número de muertos, las frases demenciadas. Pasea una apisonadora por la caligrafía rugosa del bajo presupuesto y no sólo hace entender por qué “Las colinas tienen ojos” es buena, que a veces estas cosas hay que explicarlas, sino por qué “La mujer explosiva” mola tanto y nadie se atreve a reconocerlo. Les pego eso mismo, la reseña de “La mujer explosiva” y les pongo los deberes para mañana.

Redacción. Tema: “Por qué en este santo país todo el mundo se plantea la cultura pop como si fuera un dolor de muelas. Razonar”.

WEIRD SCIENCE: Of all the promises of the ’80s techno revolution, none is more disappointing than the inability, all these years later, to summon a panting, scantily clad Kelly LeBrock within a half dozen keystrokes of any personal computer. Darn you, John Hughes! Until that day manifests, one that’ll end all traditional romance, we’ll just have to keep rolling this classic a half dozen times a year to keep Wyatt and Garry’s dream alive. Anthony Michael Hall and Ilan Mitchell-Smith play said teenage horndogs who, after staying up way too late watching an old Frankenstein picture, cram Wyatt’s soup’d up Memotech MTX512 full of centerfold clippings and somehow manage to transmutate a Barbi doll into the real thing. First order of business? A shower! That’s thinking, boys. Sure, if it’d been any of us random CineSchlockers, the plot would’ve played out a wee bit different, which is what keeps Jenna Jameson in zillion-dollar Italian thongs. Here, Lisa’s actually more of a Barbara Eden type, who helps her pimply masters win friends by getting really, really liquored up at a blues bar, throwing wild parties and zooming around town in fancy sports cars. That is when Wyatt’s a-hole bubba Chet isn’t raining on their parade (an inspired performance by Bill Paxton for certain). Such forays into personal growth are naturally far more entertaining when your guide is Kelly freakin’ LeBrock — even with that one ’80s folic disaster that’s teased out so much it engulfs the entire screen! Surely that wasn’t what inspired Steven Segall to hatch FOUR little yard monsters with her. Anyway, this rerelease reintegrates original music to a couple key scenes — the “Pretty Woman” cover as Lisa struts up a mall escalator and the Rocky theme for her salacious gym-class epilogue. Speaking of, if there were ever unrequited sequel bait, that’d be it! Perhaps they’re afraid they’d never eclipse the 88 episodes of Vanessa Angel’s titular TV series. Two breasts (No, not hers). Unsanctioned donning of bras. Indoor motocross (Yep, that’s our buddy Michael Berryman again). Atomic wedgies. Reverse photography shenanigans. Gratuitous jive talking. Man panties. Giant farting slime monster. Gratuitous urination. Geriatric freeze tag. Garry dares to dream: “We gotta fill this thing with data! We’ve gotta make it as real as possible, Wyatt! I want her to live! I want her to breathe! I want her to AEROBICIZE!”

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Monday, September 29th, 2003

“Top Five” de Septiembre

¿Hacen sus apuestas acerca de cuales son las canciones más bajadas en la web de los Focomelos? ¿Sienten curiosidad por cuales son los hits más bajados de nuestra web? Pues bien, según las estadísticas de nuestro site estos son los temas más solicitados a lo largo del mes de septiembre:

1. Mami, me he tragado el disco de Depeche Mode (live in FEA): 140 descargas..
2. Todo lo que rima es verdadero (live in FEA): 135 descargas.
3. Soy una Asistenta (live in FEA): 110 descargas.
4. Girls Just wanna have fun (live in FEA): 100 descargas
5. Yo vengo de Venus, tú vienes de Marte y Fatiga (live in FEA): 98 descargas.

Y nosotros tan contentos.

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Sunday, September 28th, 2003

Humbert Humbert Rules!

La noche del sábado estuve en un gran concierto. Humbert Humbert, el grupo de Miguel Núñez y Paco Alcázar, ofrecieron un espectáculo de primera en un pequeño y acogedor local de San Fernando de Henares. Una puesta en escena de miedo, estética militar, una introducción con samplers de Peaches, unos temas nuevos mucho más cañeros y un derroche de originalidad capaz de hacer estremecer a los más curtidos. Ah, y una gran duda: ¿cómo que nadie se atreve de una vez por todas a editarles un disco?

Como dijo Alcázar”Rocanroll de toda la vida pero con maquinitas”… Así da gusto.

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Friday, September 26th, 2003

Tira Dos

La Rubia Montoya sigue siendo el artista multimedia que mejor entiende a los Focomelos. Esos pelos, esas bocas retorcías, esa tontería que tenemos en el cuerpo… La segunda tira de los Focomelos según la Rubia es otra cosa necesaria para el fan medio, para ilustrar nuestros frigoríficos y para transustanciar nuestro ego disparatado. Aquí tienen la anterior, y también el par de joyas que hizo el simpar Darío Adanti. En cuanto a la esencia de la tira, eso de que cuándo vamos a hacer temas nuevos… créanme si les digo que este fin de semana va a hacer una explosión de creatividad focomela chez Montoya. Aguanten.

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Thursday, September 25th, 2003

Casica de muñecas del miedo

Poniendo un poco de orden en el esmegma de favoritos que puebla mi Explorer, me he encontrado con Dollhouse, una maravilla malrollista que tenía dando tumbos por ahí desde que se me ocurrió, hace años, la posibilidad de hacer una versión virtual del “Dejad que las niñas se acerquen a mí”. El proyecto sigue ahí, como tantos otros, así que disfruten de esto como un anticipo muy anticipado. Bajen hasta la puerta de abajo, pinchen en la entrada principal, y hala. Entren en las habitaciones y griten. Me pregunto si será siempre la misma dama con distintas caretas. Me pregunto, sobre todo si esto tiene la intención de dar miedo, de excitar al respetable o qué. Tampoco sé si habrá justificación argumental para este desmán fotográfico. Ustedes disfruten y no piensen en nada. Qué horror.

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Wednesday, September 24th, 2003

Del amor voluptuoso

A traves de Cruel.com me he topado con esta página sobre portadas de novelas románticas. Al principio creía que era de la chanza y la burla, pero no. Cruel.com linka a un concurso con las portadas del 2002, pero sólo a la nominación de Peor Portada del Año . Si bien es cierto que la ganadora de esta categoría es aberrantemente fea, y que una de las nominadas bien merece ser clonada en una próxima portada de los Focomelos o de MPX, a grandes rasgos tengo el grave problema de que todas las categorías, todas las portadas me parecen de un mal gusto espectacular.

Leo en la web cuáles son los requerimientos para distinguir una portada buena de una mala:

- Readers like covers that accurately depict the contents of the book. It sounds so simple, but so many covers go astray in this area. Readers notice when the cover highlights a scene that actually happens in the book, and they notice if the artist has added the right hair color. They also like the mood of the book to match the cover; paranormal books should be eerie and maybe a little foreboding, whereas Regency covers should be elegant and romantic.
- Readers like natural poses. Poses can be sexy, flirty, or even reserved - but readers like the people on their covers to look like people. No one wants to see a couple posed like Barbie and Ken dolls at the prom, and no one wants to see a hero and heroine contorted in an anatomically impossible position just because they are in a sexual frenzy.
- Readers love sexy - as long as it’s tasteful. Let’s face it; many romance readers love reading about sexy men. We don’t mind looking at sexy men either, as long as the cover shows them in a tasteful way. Covers that were sexy and modern without being tacky fared well with voters. We’d rather not see the heroine’s hand in the hero’s pants, but we’re not above a steamy, sexy shower shot.
- Authors love gorgeous covers too. This year we had more authors vote and comment in the contest than ever before. It’s a trend I applaud; after all, who has more riding on a good cover than an author? Several authors are quoted in the results column, and in most cases, I simply used their first names (as I did with reader comments).

Y no me aclara nada.

Patéense la web, y gocen del inimitable grafismo y los pomposos textos, que hacen que mi prosa parezca incluso sencilla. Por supuesto, este post está dedicado a una sabia amiga que ayer me dio una gran noticia. La quiero leyendo estas cosas pero ya.

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Tuesday, September 23rd, 2003

Maduren, y si pueden, me ayudan con lo mío

Le estaba yo dando vueltas a un par de cosas, y no hay manera de encontrar respuesta. El segundo disco de Peaches, “Fatherfucker” está muy, muy bien. Pero claro, NO es “The Teaches of Peaches”. Es más de lo mismo. Pero el primero estaba muy bien, es decir, que si es más de lo mismo, pues bien, ¿no? No. ¿O sí? ¿Tenemos que exigirle que evolucione hacia alguna parte? ¿Evolución es necesariamente sofisticación? ¿Evolución es simplemente tirar para alante o hay que complicar las cosas? Jonathan Richman sigue haciendo discos buenísimos, y el puñetero no cambia nada. ¿Es eso la anti-evolución, o la evolución perfecta o qué?

Más de una y más dos personas nos han dicho que “Todo lo que rima es verdadero” es la mejor canción de los Focomelos, y es la primerísima canción que compusimos. ¿Se supone que tenemos derecho a estar haciendo siempre más de lo mismo, sólo porque esa quedara bien, y por tanto más de lo mismo es más que está bien? ¿Más de lo mismo es sinónimo de estancarse, y por tanto, malo? En cualquier caso, los Focomelos no podemos evolucionar por propia definición.

Dejemos a los Focomelos en paz. ¿Por qué los músicos (los de verdad) siempre se empeñan en ir más allá, en dar un paso más, en evolucionar? Parecía lógico que ningún disco de Cyndi Lauper iba a ser tan espectacularmente bueno como el primero, ¿pero tenemos derecho a exigirle a Cyndi que con sus cuarenta y pico tacos siga vistiéndose así de aquella manera y cantando que las chicas sólo quieren divertirse?

Que a mí me divierte mucho el “Rock’n’roll Swindle”, pero claro, hombre, a ver eso por dónde se agarra. Y New Order mejor que Joy Division, y ni punto de comparación entre los primeros de Duran Duran y los últimos, pero si es que también resulta inevitable crecer… A la Rubia le gusta más el “Dress for Excess” que el “Flaunt It” de Sigue Sigue Sputnik, y a mí me pasa al revés, por no hablar de que mi disco favorito de SSS es un recopilatorio de maquetas porque el sonido es más crudo.

No se me entiende, ¿no? Ustedes seguro que piensan que el mejor disco de Green Day es el “Dookie”, a mí me gusta incluso más el “Kerplunk”. En cualquier caso, ¿podemos exigirles que no hagan cosas como de la experimentación como el “Nimrod”, aunque luego sean un coñazo? ¿No tienen derecho a aburrirse de estar tocando siempre los mismos tres acordes, aunque si tocan cuatro ya la cosa apesta? ¿Puede el fan exigir “no, puñetero, quédate quieto haciendo siempre el mismo rakaraka”?

Cada vez que un grupo dice “No, en este disco hemos madurado” y tal, al final me acuerdo del “London Calling” y pienso que sí, que vale, que vaya discazo, pero acabo prefiriendo el “The Clash” al “Sandinista”. Porque nos pongamos como nos pongamos, a ver qué me vas a comparar tú con “Career Oportunities”, aunque “Train in Vain” sea tan, tan buena. Por madurar que no quede, pero tsk, tsk. Yo qué sé. En cambio, Bowie miren qué bien evolucionaba, y hasta cuando des-evolucionó hizo “Let’s Dance”, que sigue siendo uno de mis Grandes Discos de Toda la Vida. Yo qué sé.

Bueno, déjenlo. Esta vez no tengo conclusiones. Si no han entendido nada, no se apuren. Yo tampoco.

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Monday, September 22nd, 2003

Onirismos

Les voy a contar lo que soñé anoche.

Yo estaba en un escenario enorme, ante un buen montón de miles de personas. No era un concierto de los Focomelos, porque miré a mi derecha y allí estaba la destinataria de los aplausos. Era la guapísima Anna Faris vestida igualita que la “Alice” de American MacGee. Vestido, manchas de sangre y cuchillo incluidos. El público aplaude y aplaude. De repente, aparece Fairuza Balk niña, once años, vestida de Dorothy, igual que cuando rodó “Oz , un mundo fantástico”. Se miran, me miran, me hacen un guiño… y comienzan a cantar “All the things she said” de TATU.

Me desperté temblando, claro.

Vamos, a mí lo que me parece es que o tengo demasiadas cosas en la cabeza, o tengo una sola. Que va mutando.

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Friday, September 19th, 2003

Jeepers Creepers Deux

Ayer fui invitado a un preestreno de “Jeepers Creepers 2″, y cuando salí de mi casa parecía que el centro de Madrid había sido guionizado por Grant Morrison. Tuve momentos de desear estar siendo guionizado aunque fuera por Peter David, sólo para entender algo… Para empezar, pasé por la puerta de una Sala X donde estaban proyectando una película –que supongo mezclaba gángsters y cochinería- llamada “The Sopornos”, en clara referencia a la famosa serie de televisión. El título me sonó tan bien que se quedó ahí, dando tumbos en la cavidad frontal. “Sopornos” me sonaba a cuando en los tebeos de Bruguera se decían “So acémila”, “So maleducado” o “So paleto”. Con lo cual “Soporno” me sonó a “Porno en grado máximo”. Llegué un poco nervioso al cine.

Dentro, cuando la película llevaba su buena hora y pico, y el comeniños de rigor hacía su enésima pirueta arrasando cabezas de adolescentes, oí a alguien decir: “Esto es una mierda. Es imposible que una persona haga eso, aunque sea un monstruo”. No pude pensar en otra cosa en toda la película.

¿Y la película? La primera entrega no me pareció ninguna maravilla, por mucho que a Clive Barker le pareciera que recuperara el sabor desordenado, sucio y vil de “La Matanza de Texas”. Hubiera preferido que lo acentuara, que lo parodiara o que lo replanteara, pero no que lo imitara. Aún así, de “Jeepers Creepers 2″ saqué dos conclusiones. Primero, que el cine de terror está tan muerto que prefiero las secuelas a las primera partes: al menos son “mindless violence” honesta y no hay justificación argumental para nada. Sólo muerte, destrucción, caos y monstruos. Sí a las secuelas que se cagan en sus precedentes.

Segundo, que los mejores momentos de la secuela eran los más grotescos y demenciales, lo cual quiere decir que o bien me he desconectado del género (que tampoco: anda que no me cagué yo el otro día, que me volví a ver “Memorias de un ángel caído”) o que, otra vez, soy más posmoderno que nadie. Que no creo. Pienso, por ejemplo, en el momento en el que el monstruo se asoma al interior del autobús y, relamiéndose, escoge a sus víctimas, o a los dantescos sueños de una de las protagonistas, o al mejor momento de la película que, este sí, recupera el tono desesperado y terminal de “La Matanza de Texas”, pero con algo de inventiva: una persecución a rastras por un maizal entre un monstruo sin alas y un teen sin piernas. Sí, efectivamente: contado suena mucho mejor.

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Thursday, September 18th, 2003

Nostalgia de las narices

Estoy harto de la nostalgia. En serio, me está matando. Le reconozco un solo valor, y es que con eso de que los ochenta han vuelto (”pues será verdad”, como dice la Rubia) es relativamente sencillo tener acceso a películas de adolescentes cabrones, tebeos de los Transformers y de GI Joe, y videojuegos minimales. Y que ahora, si vas a un antro moderno a somatizarte el fin de semana (que yo a eso voy, que vida social me sobra), el plaka plaka se parece más a Bruce & Bongo (ya hablaremos de ellos) que a 2 Eivissa. Y eso, desde una perspectiva meramente hedonista de que el zumbido me moleste lo menos posible cuando me doy de narices con el suelo, me parece bien.

Lo que odio es que se pierda el criterio por culpa de la nostalgia. Lo odio. Odio que sea sencillo encontrarse con páginas webs o con fanzines que hablen de “Los Cazafantasmas” diciendo que “Jo, es que esta fue la primera película en la que yo vi tantos efectos especiales y, claro, no tiene nada que hacer al lado de las películas de ahora pero…” o que se trate a los videojuegos de los ochenta en términos de “Claro, estos gráficos eran malos y feos, pero cuando habías pasado media hora para que el juego se cargase estos gráficos eran lo más maravilloso del mundo”. Así estamos poniendo al mismo nivel “Los Cazafantasmas” y “Teen Wolf”. Y así no hemos avanzado nada. La nostalgia fulmina el criterio, iguala todos los recuerdos con el filtro de la fecha común, e impide aprender de los errores del pasado.

La peor muestra de esto es “Retro Games”, una revista que compré hace un mes esperanzado con la posibilidad de que al fin alguien hablara de videojuegos en nuestro país con dos dedos de frente. Y no. Parece que ni ellos mismos están muy satisfechos con el resultado, pero creo que los mea culpa van más bien orientados a la (totalmente de acuerdo con ellos) espantosa maquetación y las continuas faltas de ortografía. Por desgracia, no son capaces ni de identificar la raíz de sus carencias. El problema es otro. El problema es que los textos están enfocados en todo momento al “Vistos ahora, estos juegos pueden parecer una porquería, pero entonces era lo único que teníamos, y además, con quince años…”.

Mal.

Muy mal. Por eso los videojuegos de ahora son una mierda. Porque no sabemos ni lo que nos gusta.

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