Nostalgia de las narices
Estoy harto de la nostalgia. En serio, me está matando. Le reconozco un solo valor, y es que con eso de que los ochenta han vuelto (”pues será verdad”, como dice la Rubia) es relativamente sencillo tener acceso a películas de adolescentes cabrones, tebeos de los Transformers y de GI Joe, y videojuegos minimales. Y que ahora, si vas a un antro moderno a somatizarte el fin de semana (que yo a eso voy, que vida social me sobra), el plaka plaka se parece más a Bruce & Bongo (ya hablaremos de ellos) que a 2 Eivissa. Y eso, desde una perspectiva meramente hedonista de que el zumbido me moleste lo menos posible cuando me doy de narices con el suelo, me parece bien.
Lo que odio es que se pierda el criterio por culpa de la nostalgia. Lo odio. Odio que sea sencillo encontrarse con páginas webs o con fanzines que hablen de “Los Cazafantasmas” diciendo que “Jo, es que esta fue la primera película en la que yo vi tantos efectos especiales y, claro, no tiene nada que hacer al lado de las películas de ahora pero…” o que se trate a los videojuegos de los ochenta en términos de “Claro, estos gráficos eran malos y feos, pero cuando habías pasado media hora para que el juego se cargase estos gráficos eran lo más maravilloso del mundo”. Así estamos poniendo al mismo nivel “Los Cazafantasmas” y “Teen Wolf”. Y así no hemos avanzado nada. La nostalgia fulmina el criterio, iguala todos los recuerdos con el filtro de la fecha común, e impide aprender de los errores del pasado.
La peor muestra de esto es “Retro Games”, una revista que compré hace un mes esperanzado con la posibilidad de que al fin alguien hablara de videojuegos en nuestro país con dos dedos de frente. Y no. Parece que ni ellos mismos están muy satisfechos con el resultado, pero creo que los mea culpa van más bien orientados a la (totalmente de acuerdo con ellos) espantosa maquetación y las continuas faltas de ortografía. Por desgracia, no son capaces ni de identificar la raíz de sus carencias. El problema es otro. El problema es que los textos están enfocados en todo momento al “Vistos ahora, estos juegos pueden parecer una porquería, pero entonces era lo único que teníamos, y además, con quince años…”.
Mal.
Muy mal. Por eso los videojuegos de ahora son una mierda. Porque no sabemos ni lo que nos gusta.













