Jeepers Creepers Deux

Ayer fui invitado a un preestreno de “Jeepers Creepers 2″, y cuando salí de mi casa parecía que el centro de Madrid había sido guionizado por Grant Morrison. Tuve momentos de desear estar siendo guionizado aunque fuera por Peter David, sólo para entender algo… Para empezar, pasé por la puerta de una Sala X donde estaban proyectando una película –que supongo mezclaba gángsters y cochinería- llamada “The Sopornos”, en clara referencia a la famosa serie de televisión. El título me sonó tan bien que se quedó ahí, dando tumbos en la cavidad frontal. “Sopornos” me sonaba a cuando en los tebeos de Bruguera se decían “So acémila”, “So maleducado” o “So paleto”. Con lo cual “Soporno” me sonó a “Porno en grado máximo”. Llegué un poco nervioso al cine.

Dentro, cuando la película llevaba su buena hora y pico, y el comeniños de rigor hacía su enésima pirueta arrasando cabezas de adolescentes, oí a alguien decir: “Esto es una mierda. Es imposible que una persona haga eso, aunque sea un monstruo”. No pude pensar en otra cosa en toda la película.

¿Y la película? La primera entrega no me pareció ninguna maravilla, por mucho que a Clive Barker le pareciera que recuperara el sabor desordenado, sucio y vil de “La Matanza de Texas”. Hubiera preferido que lo acentuara, que lo parodiara o que lo replanteara, pero no que lo imitara. Aún así, de “Jeepers Creepers 2″ saqué dos conclusiones. Primero, que el cine de terror está tan muerto que prefiero las secuelas a las primera partes: al menos son “mindless violence” honesta y no hay justificación argumental para nada. Sólo muerte, destrucción, caos y monstruos. Sí a las secuelas que se cagan en sus precedentes.

Segundo, que los mejores momentos de la secuela eran los más grotescos y demenciales, lo cual quiere decir que o bien me he desconectado del género (que tampoco: anda que no me cagué yo el otro día, que me volví a ver “Memorias de un ángel caído”) o que, otra vez, soy más posmoderno que nadie. Que no creo. Pienso, por ejemplo, en el momento en el que el monstruo se asoma al interior del autobús y, relamiéndose, escoge a sus víctimas, o a los dantescos sueños de una de las protagonistas, o al mejor momento de la película que, este sí, recupera el tono desesperado y terminal de “La Matanza de Texas”, pero con algo de inventiva: una persecución a rastras por un maizal entre un monstruo sin alas y un teen sin piernas. Sí, efectivamente: contado suena mucho mejor.

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