Terror en Donosti
He vuelto de San Sebastián, y la verdad es que ha sido un fin de semana más que completito.
Para empezar, se han confirmado un par de cosillas que todos sospechábamos desde hace tiempo. Por ejemplo, que el melón que siempre lleva el “Karma Dice!” encima parece emperrado en convertirse en el hazmerreir del fandom y en blanco de hostilidades varias con sus gloriosas apariciones en directo. En dos pases lo disfrutamos a nuestra espalda, esnortando como un cosaco, y hemos de decir que estamos contentos de que por fin el fandom haya encontrado a su Sloth. Porque alguien tenía que asumir este papel.
Para seguir, mola que un año más se confirme que el freak medio español tiene la puta mierda de mercado que se merece. Invariablemente, los espectadores de la Semana rechazan lo raro, lo transgresor o lo simplemente curioso y se lanzan en plancha a comerle la polla a los altos presupuestos y a los guiones en los que está bien delimitadito el planteamiento, el nudo y el desenlace, como pudo comprobarse en el coloquio que siguió ayer a la proyeccion de Dead End, que si no hubiera dado tanta risa, habría dado bastante pena.
Por mi parte, vi tres películas que me parecieron rebién, y por más que satisfecho me doy. La primera, Ju-On, que acabarán estrenándola por estos lares como La Maldición, y que es un terror japonés al estilo de The Ring. Como bien decían los freaks, esto no tiene ni argumento, ni sentido, ni sensibilidad ni nada. Son sólo sustos, uno detrás de otro, plaka, plaka, con un Richar locorl que castañatea los dientes, una arpía que anda con los codos del revés, y sombras negras que hacen ruido. Mucho, mucho miedo rodado en vídeo, y ya se habla de un remake americano en el que lo explicarán todo, con lo que aún tendrá menos sentido. No se la pierdan, porque esta durará tres días contados en el cine.
A House of the Dead íbamos todos sabiendo que iba a ser una cagarruta, y por eso posiblemente unos cuantos (tres exactamente) salimos encantados. Curiosamente, intenta imitir los sanguinolentos festines de ultraviolencia de zombies italianos, y consigue clavar la incompetencia narrativa que convertía las películas de Fulci –o más aún, las de Umberto Lenzi- en delirantes pesadillas. Soluciones narrativas tan absurdas que son casi experimentales (esas cortinillas extraídas DIRECTAMENTE del videojuego, la insensatez de mezclar los bullet time al estilo Matrix con las pantallas de presentación de personajes de los arcades) para una película que ningún fan en su sano juicio dejaría de lado. Los zombies corren más rápido que los humanos, nadan y hacen artes marciales. Si eso no les convence…
Y, finalmente, la gran sorpresa de mi fin de semana en Donosti: Dead End, una pasada francesa que, en estilo e intenciones estaba muy cerca del cine oriental de fantasmas: no argumento, no lógica, no pausas, sólo terror. Aunque claro, como en esta los actores eran no ya franceses, sino directamente americanos, los fans fliparon lo suyo. En fin… puyazos directos y tremebundos a la institución familiar, guiños a los clásicos del terror de los ochenta y dos gritos, dos, que nos hizo dar la puñetera. Posiblemente acabe estrenándose de tapadillo en febrero, así que estén atentos.
Y ya. Les comunico que no hemos ganado en el concurso de este año, pero que ahí queda para la posteridad el primer número impreso de Modo Brainless. A ver qué se cuenta la Focomela cuando vuelva…













