Focomelo’s Treehouse of Horrors
Más que Halloween, sólo superado por el MAD e igualado en Influencia Emocional únicamente por los sketches clásicos del Saturday Night Live, no hay duda de que El Gran Invento Americano son las casitas en los árboles. Yo tenía una casita imaginaria en la boca de la alcantarilla que había en la puerta de la casa de mi abuela, pero nada más. Esta costumbre urbanita española de vivir en pisos y no en barrios residenciales es lo que tiene. Recuerdo catálogos de Pryca en los que aparecían casitas de felpa, para poner en la terracica, junto a la piscina de dos metros cuadrados de plástico azul, pero no es lo mismo. Qué va a ser. La casita tiene que estar hecha a mano por un padre entregado, e instalada en lo alto de un roble milenario. Y debajo, el columpio hecho con una soga y un neumático viejo. Vamos.
Por eso, yo que siempre deseé una casita en el árbol en el que hacer una transición ordenada desde las sesiones amistosas de cuentos de terror hasta la masturbación colectiva, se me ha quedado la cara al ver este demencial proyecto de casita del árbol (a través de Geisha asobi blog) como a la del zagal de la foto. ¡Miren qué precio! ¡Que tiene un televisor de plasma de cincuenta pulgadas! ¡Habitaciones temáticas! Me gustaría, de paso, conocer al imprudente niño que va a gozar de esto. Un Michael Jackson en ciernes. Un Peter Pan de los cojones.
Me corroe todo por dentro…













