Monday, December 22nd, 2003
Morning, Nemo
Fin de semana tranquilísimo, pero hice un oportuno hueco para ver Buscando a Nemo. Por si se lo preguntaban quienes me conocen, la bella Laia se caga en los hobbits, con lo que podemos desperdiciar dos horas y media de nuestro tiempo en entretenimientos menos estériles que ese por el que, estoy seguro, todos han pagado ya. Un amigo del que me fio me dijo que comprendía mi sopor en los momentos reposados, pero que los movidos merecían la pena. Así que supongo que, al final, picaré. Otro amigo que casualmente se llama igual que el anterior me dijo que no soy capaz de disfrutar esta épica a gran escala porque pertenezco a una generación de sujetos-colibrí incapaz de fijar la vista más de diez segundos en el mismo sitio. Sugirió la Playstation como primer culpable, y supongo que se mordió la lengua antes de que la armáramos. En cualquier caso, una cosa no quita la otra: la Playstation tiene la culpa, posiblemente.
En fin, Buscando a Nemo. Salí algo descolocado del cine, porque miren que voy poco, y que elijo con cuidado. Y me encantó. Me reí tanto como en Monstruos SA, o en Toy Story –ese manejo de la animación por ordenador para hacer que los gags de trompazos sean más efectivos que en la animación tradicional me parece fascinante-, y hay personajes como las gaviotas (¡qué diseño!) o el tiburón que asiste a sesiones de Carnívoros Anónimos o el gag final de los peces en las bolsas de plástico, que merecen la película por sí solos. El problema (bueno, problema-problema… verán…) es que, mientras todos los peces eran caricaturas, al protagonista, el padre de Nemo y el padre de Nemo se les ha concedido una expresividad HUMANA. Cejas, dientes, labios, mejillas… pasé media película pensando a quién me recordaba la cara de los peces payaso, hasta que caí en la cuenta… ¡son clavados a los Monty Python disfrazados de peces en El Sentido de la Vida! Morning, morning, morning, morning, morning, morning, morning… Y a mí ese gag siempre me dio muy mal rollo. Supongo que intencional, porque la imagen era infernal. Del Bosco, de hecho. Brrrrrrr…














