Sitges 2003: Soy joven y cachonda
Esa fue, sin duda, la frase que más me ha impactado en toda la semana que he pasado a caballo entre Sitges y Barcelona, viendo y viviendo películas de chinos locos, coreanos dementes y algún ibicenco más para allá que para acá. La pronunció una persona indudablemente joven y cachonda, pero sin relación alguna con el festival, al menos que yo sepa. Se van a decepcionar quizás con mi paso por allá esta semana, pero tampoco he visto demasiado por culpa de los horarios de los trenes, que me impedían quedarme más allá de las diez de la noche en la ciudad. Renuncié a algunas cosillas que me apetecían mucho, pero que no vi porque o las van a estrenar en breve (Haute Tension, Zatoichi), o porque las voy a tener en más breve aún (The Twins Effect, Ong-Bak, Gozu), o porque ya las tengo en casa (Save the Green Planet, So Close, Undead) o porque directamente no había tiempo de verlo todo, o los horarios no me convenían.
Como ven, me perdí casi todo el palmarés. Aún así, me zampé alguna cosilla muy maja. Como siempre, hubo ración de sorpresas coreanas, como Uninvited, que empieza como terror chungo fantasmal y acaba como dramón familiar con retahíla de suicidios absurdos, con un tono a medio camino entre The Ring y una novela de Ballard. Ese mismo día, Acashia, más tópica, pero que también me gustó mucho, supongo que porque era de niños del mal, mal. Dragonhead no sé por qué no terminó de convencerme, si era exactamente lo que esperaba ver. Igual es eso. Y One Missed Call, de Takashi Miike, acojonó lo suyo, pero… no debería decir esto, pero ¿soy el único que se está empezando a cansar de los fantasmas con el pelo para adelante, los crujidos a todo volumen y demás tópicos del terror reciente japonés? Vi grandes cosas también en Brigadoon: una japonesa rodada en vídeo llamada Unlucky Monkey, de atracadores gafes e historias de amor sin sentido; y sobre todo, Combate Brutal, una epopeya de artes marciales española que descubre una nueva variante de combate en los movimientos de los payeses ibicencos. Con decirles que uno de los personajes se llamaba Chino Flipao, ya se hacen ustedes la idea del talante humorístico del asunto. Lo que más lamento es haberme perdido Kill Bill, que algún amigo me comentó, no sin cierta sorna, que es la mejor película oriental del año. Entiéndalo como quieran. Por lo visto, se estrenará antes de Navidad, y también me rumorearon que se puede comprar sin problemas el DVD pirata en los manteros de Barcelona.
En fin, que en general bien. No me pegué el comilón con quien me lo tenía que haber pegado, pero todo llega. ¿Qué no?













