Archivos de July, 2004

Friday, July 30th, 2004

“Dios… todos los blogs chapando”, Casimiro dixit

Pues nada, me tomo un pequeño descansito. Quizás me pase por acá en agosto para darles algún link del amor, o comentarles qué tal me va con el libraco de Ted Chiang, que como dicen en la contraportada del mismo, menos mal que sólo escribe cuentos, porque con textos más largos, al lector le podría estallar la cabeza cual scanner cultureta. También me atreveré a acercarme a mi eternamente pospuesto David Foster Wallace, y les contaré qué tal, porque algo de miedo sí que me da. Como saben quienes me conocen y me intuyen, este descanso en agosto no significa que me vaya a rascar la barriga (que también: uno no estrena bellalaias todas las semanas). Tengo como proyectos más inmediatos poner en marcha Liebre Marcera, que supongo que lanzaremos después del verano, y por supuesto, terminar (o empezar, por lo menos) la maqueta de P.A.J.E.R.O. En fin, ya lo irán viendo todo. Supongo que, en cualquier caso, me pasaré por acá para autofelicitarnos nuestro primer cumpleaños, que será dentro de no demasiado, y es posible que Miss Temple también se deje caer en plena calima para darles envidia con sus DVDs de importación. Si esta despedida les sabe a poco, tienen una prácticamente idéntica en Mondo Pixel. Pasen un buen agosto.

PD: Para quienes odian que hable de mí mismo sin parar, tomen un link. El recién inaugurado y muy sustancioso blog de Antonio Trashorras, que responde al precioso nombre de Un toque de azufre (¡dios! ¿para cuándo una edición en DVD en condiciones de la Mejor Serie De La Historia?)

Actualización: Cambio el título del post a la frase con la que Casimiro arranca su espídico comentario. La risa que me hace…

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Thursday, July 29th, 2004

No Te Flipes: la neurosis como pilar de la existencia.

“No te Flipes” (traducción focomela), o lo que es lo mismo, Curb Your Enthusiasm, una de mis últimas adquisiciones en Phenomena DVD, me tiene totalmente enganchada. El culpable de todo es Larry David, el excéntrico creador de Seinfield que da un giro más al concepto del metalenguaje y se convierte a sí mismo en personaje de lo que entendemos como su propio universo de enredos y neurosis múltiples.
Experimental en su concepto: David hace en pantalla una trasposición de su persona, dejándose arrastrar por los enredos de su día a día, llegando a extremos que van desde el ridículo más incómodo al absurdo; y experimental en su forma: los diálogos se improvisan a partir de bocetos de posibles situaciones; todo ello junto a su estética de video casero, proporcionan un incómodo realismo que te atrapa, como si fuera un vórtex, en un desenfreno de malentendidos provocados por su peculiar facilidad a la hora de meter la pata.
Desde aquí queremos decir sí a las series que se construyen alrededor de cosas importantes como el drama que puede desencadenar una erección malentendida o lo bajo que se puede caer por culpa de una mentira piadosa.

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Wednesday, July 28th, 2004

Tostón

Observen este simpático generador de lápidas, muy apropiado para días como hoy, o mañana.

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Tuesday, July 27th, 2004

Azul y rojo es él

Vi Spider-Man 2 y, por algún motivo indeterminado, no me gustó. A partir de aquí, ojo, SPOILERS del amor. No es de extrañar, tal y como estoy últimamente, pero ya les adelanto que no se debió ni a ningún tipo de integrismo en relación a los tebeos originales, ni a los típicos fallos de guión que todo el mundo parece detectar con tanta facilidad (“es que en la secuencia final no se sabe donde se engancha la telaraña” y similares) y que, por norma general, me la sudan. Quizás mis mayores quejas se deban a que yo tengo un concepto muy mío de los superhéroes y que se restringe básicamente a que son gente disfrazada que se infla a hostias por cualquier tontería. Descerebrados que tienen la violencia como único modo de solucionar los problemas. Por eso, que el clímax de la película lo solucionen dialogando me parece mal, pero no mal porque traicione-la-continuidad ni nada de eso. Me parece mal porque no me interesa: podían haber dialogado desde el principio. A mí los superhéroes, conceptualmente, me atraen porque sus superpoderes son una maldición que les llevan a arreglar las cosas por medio de la acción directa, y eso les sumerge en una espiral de violencia de la que sólo pueden salir de modo traumático. Me gustan porque su propia existencia demuestra que son una estupidez. Si Spider-Man se da de hostias con Octopus, pero acaba diciéndole “Pero recapacite, hombre, recapacite”, y va el otro y recapacita, a mí no me parece una forma de transmitir al espectador que el héroe está dentro de cada uno de nosotros (cuestión harto discutible, por otra parte), sino una forma de renegar de las dos horas anteriores, como “Pst, que esto no es una película banal, que aquí se habla de seres humanos”, cuando yo pagué la entrada para ver cualquier cosa menos seres humanos, que trato cada día con más de uno y más de dos. Y maldta la gracia.. Y esta actitud cobarde y renegosa me cabrea, porque los superhéroes pueden ser profundos, intensos y humanos sin necesidad de sacarse la máscara.

Que esa es otra. La facilidad con la que este chico se quita la careta. Que no es tanto lo de “Es que en los tebeos todo el mundo tardaba más en averiguarlo” (que lo veo más como un fallo de los propios comics que otra cosa), como lo de quitarle toda la importancia a la máscara y a la entidad doble. Si a excepción de J. J. Jameson (estaría bueno) todos los personajes secundarios acaban averiguado, por activa o por pasiva, que Peter Parker es Spider-Man, la fuerza icónica de la máscara se pierde. Y miren, que a estas alturas ya me da todo igual, pero permitan que al menos me sienta decepcionado si yo a lo que iba es a una película de superhéroes. Por eso mismo, y como ya señalaba Aureal, el plano final de Mary Jane, observando a su recién estrenado maromo con orgullo pero, sobre todo, con cierta inquietud al ver venir una bien gorda en el tercer episodio, vale toda la película.

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Monday, July 26th, 2004

Con el canto de la mano

Los responsables de la mejor película de acción de los últimos tiempos, Ong-Bak, ya tienen una nueva demencia a punto.El título que se anda diciendo por ahí es Born to Fight, y aquí tienen el increíble trailer. Disparatados stunts, golpes que duelen, especialistas como cabras, y un inequívoco sabor a clásicos de Hong Kong de los años ochenta (el mejor cine de acción de la historia; repito: el mejor cine de acción de la historia), como Ultraforce. Échenle un ojo al trailer y contemplen la apabullante burrada de los dos camiones en marcha. ¿Qué desayuna esta gente? Sí al cine necio, inmediato, furioso y demente. Necesito más.

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Friday, July 23rd, 2004

Caperucita sexuarl

Este domingo comienza La Mudanza. Deseenme suerte (porque como confiemos en mi poderío físico o en mi innata capacidad organizativa, vamos dados), y disculpen si la semana que viene no posteo con la frecuencia deseada. Posiblemente me encuentre sumido en un maremágnum de cajas de carton y muñecos de Totoro, pero supongo que en algún momento de calma les dejaré caer los gabba-gabba-heys de costumbre.

Para que se entretengan, les adelanto uno de los lanzamientos editoriales más sugerentes del 2005, un estupendo libro llamado Bad Mags y del que pueden encontrar parte de su jugoso contenido gráfico en esa web que les linko, que es bastante y muy considerable. Yo, desde luego, me replantearía esta desgana fílmica en versión floja que me asola si pudiéramos encontrar en los kioscos más revistas como ésta, y sobre todo, si se siguieran rodando películas así. Ay…

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Thursday, July 22nd, 2004

Bill Murray, textos que me voy encontrando

Trasteando en mi disco duro, me he topado con este miniartículo sobre Bill Murray que escribí para la revista .H cuando se estrenó Lost in Translation. Por motivos de espacio no fue publicado, y como es una publicación irritantemente ligada a la actualidad (como si el hecho de ser actual dotara de alguna característica inaprehensible a las cosas), el artículo quedó en el limbo. Hoy se lo ofrezco a ustedes. Perdonen el tono introductorio del texto, pero visualicen la cosa intrínseca de .H, y entenderán que tampoco puedo pasarme de maniático (aunque a veces me piden más contundencia). Espero que aprecien, en cualquier caso, el valor de andar reivindicando Los Cazafantasmas o Vaya Par de Idiotas en una revista de tendencias… El título era…

BILL MURRAY, La amargura del payaso

Curiosa ha sido la reacción de crítica y público ante la multipremiada Lost in Translation, y ante el falso descubrimiento (similar al que sufrió Jim Carrey gracias a El Show de Truman) de Bill Murray. Nacido en 1950, sustituyó a Chevy Chase en la segunda temporada del mítico Saturday Night Live. Allí creó a un personaje que muchos suponemos indisoluble al Murray real, caracterizado por la absoluta pasividad ante los acontecimientos más extraordinarios, un mago del sarcasmo que recibe los golpes de la vida con un estoicismo rayando en lo autista. Su inquietante sonrisa y sus contadas explosiones de histrionismo físico le han ayudado a bordar una filmografía muy peculiar, con hitos como estos.

Los Cazafantasmas (1984): Peter Venkman, cabecilla de este grupo de exterminio de espíritus, era un papel inicialmente previsto para John Belushi, pero le encaja mucho mejor a Murray. El primer cazador de fantasmas que no cree en ellos, armado con un arsenal de punch-lines hirientes y demoledoras, consigue dotar a la película de un barniz adulto que, posiblemente, no tenía sobre el papel. Cazafantasmas II es menos divertida, pero los sarcasmos de Venkman siguen siendo legendarios.

¿Qué Pasa con Bob? (1991): Mucho antes de que Jack Nicholson recibiera un Oscar por sus obsesiones compulsivas en Mejor Imposible, Murray ya sacaba de quicio a Richard Dreyfuss en esta comedia que podría entenderse como traducción neurótica de los cortos del pato Donald. Un psiquiatra tiene que aguantar a un insoportable paciente que acaba ganándose el cariño de su familia: Murray, que dota de una profundidad asombrosa a lo que sobre el papel no es más que una caricatura.

Atrapado en el Tiempo (1993): Densa, ingeniosa, surreal, provocativa, extravagante, y una de las comedias más brillantes de los noventa. La historia de un frustrado periodista que tiene que revivir el mismo día una vez tras otra consigue transmitir al espectador absolutamente todas las hipotéticas sensaciones que conllevaría semejante situación. Angustia, euforia y, sobre todo, la especialidad de Murray: desconcierto crónico. Un clásico.

La Chica del Gángster (1993): Un peculiar punto de partida (un gángster regala durante una semana su chica –Uma Thurman- a un policía –Robert De Niro-) beneficiado por la intervención de Murray, que da vida a un mafioso sin piedad pero a la vez muy vulnerable. Punzantes diálogos para una comedia en la que John MacNaughton trabó amistad con Murray, y que dio delirantes frutos en Juegos salvajes.

Vaya Par de Idiotas (1996): En la que quizás sea la Oda al Perdedor como arquetipo más sincera, divertida y desconcertante que ha alumbrado el Hollywood reciente, Murray interpreta a un jugador de bolos, Big Ern, que arruina la vida de un ingenuo discípulo (Woody Harrelson). El campeonato final, con un Murray desatado y vanidoso, es sencillamente apocalíptico.

Academia Rushmore (1998): Trasteando en los gastados clichés de la comedia adolescente al estilo John Hughes, Wes Anderson rubricó una fenomenal comedia amarga sobre la pérdida de la inocencia. Murray borda a un triste empresario que compite con el protagonista por el afecto de su profesora. La triste mirada del actor, cada vez es más profunda. Él y Anderson se reencontraron, gloriosamente, en Los Tenembaums.

Lost in Translation (2003): La corroboración a nivel cultureta del genio cómico de Murray es la esperada segunda película de Sofia Coppola. En un papel a la medida de la coraza emocional que le proporciona su alicaida mirada, Murray interpreta a un actor en decadencia que se ve abrumado por el choque cultural que le supone una visita profesional a Tokyo, donde conoce a una adolescente que se enfrenta a una situación similar.

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Wednesday, July 21st, 2004

Berserkerismo

Ayer volví a disfrutar, en plan apocalipsis pajero, de mi preciosa edición especial de Freddy vs. Jason importada (me comentan que la española es prácticamente idéntica). El caso es que me reafirmo en todo lo que les conté, y subrayo: asombrosa me resulta la naturalidad con la que una secuela sin mayores aspiraciones retoma el tema vector de la serie de Elm Street. Los pecados de los padres los pagan los hijos: esta vez la cuestión se traduce en unas muy agresivas secuencias de conflictos paterno filiales o, ya en plan explícito, cuando Freddy se transforma en el padre de la protagonista e intenta asaltarla sexualmente, en una imgen que, de un modo u otro, ya es un clásico dentro de la serie.

Aún no he visto los jugosos extras del DVD (Raúl y la Focomela claman que son muy jugosos, y que acaba uno enamorado del pajerismo extremo de Ronny Yu), pero el primer DVD incluye, junto a la película, uno extremadamente sencillo pero de fascinante concepción: configurando unas sencillas opciones, el espectador puede zamparse, de una sentada, todos los asesinatos de la película. Lo que, mientras navegaba por los menús me parecía un simpático guiño para fans, cuando lo contemplé en pantalla se transformó en un jugoso festival de ultraviolencia sin necesidad de excusa argumental. Me vi frente a un remix de degollinas y salpicones que me recordó de inmediato, conceptualmente, al porno. Nada de porqués, una sucesión de gritos pidiendo auxilio, palabras inconexas, frases entrecortadas y, claro, muerte. Tres, cuatro, cinco, seis muertes por minuto en un medley que no debía llegar a los diez minutos, tal era la depuración que sufrieron los adornos de las secuencias de salvajismo, pero que me clavó en el sofá con su hipnótico (pero muy coherente) ritmo. Me sirvió, además, para hurgar algo más en la fascinación que despiertan en mí las películas de la serie de Viernes, 13, tan repletas de gozoso caos y desestructuración corpórea (en sentido literal). Ojalá esto se convierta en un subgénero, y pronto podamos gozar de unos Complete Killings de Jason, Freddy o Michael Voorhes en DVD. Relámome.

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Tuesday, July 20th, 2004

Me paso el día temblando

Ayer terminé de ver Temblores 3 (y tengo esperando Temblores 4, ya les contaré). Me encantan estas películas. No sé exactamente a qué se debe. Cuando apareció la primera, que me dejó cautivado desde que la vi en el cine, la crítica resaltaba el espíritu de serie que la emparentaba con las clásicas películas de monstruos radioactivos de los años cincuenta. Correcto.

Lo que me fascina, sin embargo, de la serie (al menos de las tres primeras y del capítulo de la serie televisiva que he visto) es la predisposición de los guiones a autoimponerse reglas. Igual que asumimos los crucifijos, el agua bendita y el anochecer como armas contra los vampiros, S.S. Wilson, guionista de la serie y director de la segunda y cuarta entregas, monta en cada película toda una serie de técnicas, trucos, comportamientos y mutaciones de las bestias que, en contra de esa costumbre tan extendida en el maravilloso mundo de las secuelas, va respetando con cada nueva entrega. Y creando nuevos monstruos. Y manejando nuevos personajes. Y siempre con un sentido de la ironía peculiar, muy ácido. El no haber llevado en ningún momento la acción a una gran ciudad o al espacio exterior, el detalle de permanecer siempre en Perfection Valley (casi: la segunda parte no se desarrollaba allí, sino en una zona desértica muy similar) permite a Wilson retratar a algunos de los losers, tipicamente norteamericanos, más entrañables del cine reciente. Burt como un legendario fanático de las armas en una titánica cruzada contra los monstruos, y Earl en las dos primeras partes, incapaz de retener a su lado la más mínima oportunidad de que su penosa suerte cambie, son los ejemplos más claros.

Abundan las ideas de guión brillantes y autoparódicas, que obligan al espectador a mantener una agradable distancia de lo que ocurre en la pantalla en todo momento: los múltiples modos de escapar de graboids, shriekers y ass-blasters (la lógica que en los tres casos se sigue para bautizar a los monstruos es impagable), con momentos en ese sentido sencillamente geniales en la segunda entrega; la invetiva de los lugareños para sacar rentabilidad a los monstruos (desde un falso parque temático a una máquina recreativa de la que Earl, por supuesto, no vio un dólar, pasando por los inevitables tebeos de Dark Horse en un pajerísimo guiño: los títulos son “Graboids”, “Shriekers” y “Graboids vs. Shriekers”); y sobre todo, la evolución de los monstruos, cada vez de diseño más delirante, y que son investigados por los personajes por métodos de ensayo y error, en una dinámica que se repite a lo largo de la serie entera y siempre resulta igual de fresca.

Ya les contaré qué tal la cuarta. De momento, pueden averiguar qué pasó con el videojuego, por qué demonios no hay merchandising y a qué esperan para rodar una quinta parte en este completisimo FAQ escrito por el propio Wilson.

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Monday, July 19th, 2004

Tebeos Increíblemente Extraños IV - La Leyenda de Batmito

Gracias a esa tendencia tan mía de creerme en posesión de la verdad absoluta, sigo adelante con la sección Tebeos Increíblemente Extraños en nuestro blog de tebeos favorito, Comics Asylum. Esta vez me despacho a gusto con un curioso número de Leyendas de Batman que tenía como protagonista al simpar Batmito, pero en versión lisérgica y feúcha. Si quieren leer más, aquí está lo escrito hasta la fecha.

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