Trasteando en mi disco duro, me he topado con este miniartículo sobre Bill Murray que escribí para la revista .H cuando se estrenó Lost in Translation. Por motivos de espacio no fue publicado, y como es una publicación irritantemente ligada a la actualidad (como si el hecho de ser actual dotara de alguna característica inaprehensible a las cosas), el artículo quedó en el limbo. Hoy se lo ofrezco a ustedes. Perdonen el tono introductorio del texto, pero visualicen la cosa intrínseca de .H, y entenderán que tampoco puedo pasarme de maniático (aunque a veces me piden más contundencia). Espero que aprecien, en cualquier caso, el valor de andar reivindicando Los Cazafantasmas o Vaya Par de Idiotas en una revista de tendencias… El título era…
BILL MURRAY, La amargura del payaso
Curiosa ha sido la reacción de crítica y público ante la multipremiada Lost in Translation, y ante el falso descubrimiento (similar al que sufrió Jim Carrey gracias a El Show de Truman) de Bill Murray. Nacido en 1950, sustituyó a Chevy Chase en la segunda temporada del mítico Saturday Night Live. Allí creó a un personaje que muchos suponemos indisoluble al Murray real, caracterizado por la absoluta pasividad ante los acontecimientos más extraordinarios, un mago del sarcasmo que recibe los golpes de la vida con un estoicismo rayando en lo autista. Su inquietante sonrisa y sus contadas explosiones de histrionismo físico le han ayudado a bordar una filmografía muy peculiar, con hitos como estos.
Los Cazafantasmas (1984): Peter Venkman, cabecilla de este grupo de exterminio de espíritus, era un papel inicialmente previsto para John Belushi, pero le encaja mucho mejor a Murray. El primer cazador de fantasmas que no cree en ellos, armado con un arsenal de punch-lines hirientes y demoledoras, consigue dotar a la película de un barniz adulto que, posiblemente, no tenía sobre el papel. Cazafantasmas II es menos divertida, pero los sarcasmos de Venkman siguen siendo legendarios.
¿Qué Pasa con Bob? (1991): Mucho antes de que Jack Nicholson recibiera un Oscar por sus obsesiones compulsivas en Mejor Imposible, Murray ya sacaba de quicio a Richard Dreyfuss en esta comedia que podría entenderse como traducción neurótica de los cortos del pato Donald. Un psiquiatra tiene que aguantar a un insoportable paciente que acaba ganándose el cariño de su familia: Murray, que dota de una profundidad asombrosa a lo que sobre el papel no es más que una caricatura.
Atrapado en el Tiempo (1993): Densa, ingeniosa, surreal, provocativa, extravagante, y una de las comedias más brillantes de los noventa. La historia de un frustrado periodista que tiene que revivir el mismo día una vez tras otra consigue transmitir al espectador absolutamente todas las hipotéticas sensaciones que conllevaría semejante situación. Angustia, euforia y, sobre todo, la especialidad de Murray: desconcierto crónico. Un clásico.
La Chica del Gángster (1993): Un peculiar punto de partida (un gángster regala durante una semana su chica –Uma Thurman- a un policía –Robert De Niro-) beneficiado por la intervención de Murray, que da vida a un mafioso sin piedad pero a la vez muy vulnerable. Punzantes diálogos para una comedia en la que John MacNaughton trabó amistad con Murray, y que dio delirantes frutos en Juegos salvajes.
Vaya Par de Idiotas (1996): En la que quizás sea la Oda al Perdedor como arquetipo más sincera, divertida y desconcertante que ha alumbrado el Hollywood reciente, Murray interpreta a un jugador de bolos, Big Ern, que arruina la vida de un ingenuo discípulo (Woody Harrelson). El campeonato final, con un Murray desatado y vanidoso, es sencillamente apocalíptico.
Academia Rushmore (1998): Trasteando en los gastados clichés de la comedia adolescente al estilo John Hughes, Wes Anderson rubricó una fenomenal comedia amarga sobre la pérdida de la inocencia. Murray borda a un triste empresario que compite con el protagonista por el afecto de su profesora. La triste mirada del actor, cada vez es más profunda. Él y Anderson se reencontraron, gloriosamente, en Los Tenembaums.
Lost in Translation (2003): La corroboración a nivel cultureta del genio cómico de Murray es la esperada segunda película de Sofia Coppola. En un papel a la medida de la coraza emocional que le proporciona su alicaida mirada, Murray interpreta a un actor en decadencia que se ve abrumado por el choque cultural que le supone una visita profesional a Tokyo, donde conoce a una adolescente que se enfrenta a una situación similar.
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