Vuelve Dylan…
¡Albricias! Me entero por La Cárcel de Papel de que Aleta tiene intención de publicar en España, a partir de noviembre, comics (no se si con una colección para cada uno, espero que sí) de tres de los personajes más importantes del editor italiano Sergio Bonelli: Nathan Never, Martin Mystere y, no podía ser de otro modo, Dylan Dog. Ese Dylan Dog del que me he llegado a comprar tebeos en italiano de puro síndrome de abstinencia, ese Dylan Dog que, lo recuerdo perfectamente, me tuvo obsesionado hace unos pocos años cuando conseguí casi íntegra la edición de Zinco que había rapiñado a mis amigos en mis últimos años de EGB, cuando cualquier cosa relacionada con los tebeos de terror me quitaba el sueño (literalmente). Ya saben que aquí la nostalgia no nos va, y si el único valor de algo es que me-trae-recuerdos-de-un-tiempo-en-el-que-todo-era-más-bello, ese valor es menos que cero. Con Dylan Dog y lo poco que tengo en casa de Mystere y Never no hay cuidado: los releí recientemente, y conservan intacto todo su sabor de pulp desastrado eminentemente mediterráneo. En sus momentos más disparatados, Dylan Dog me recuerda a la mejores películas italianas de terror, Argento y Fulci en cabeza –con toda lógica, por otra parte: esos referentes son como subrayar lo lógico que resulta que Garci adapte a Galdós-. No me refiero solo a las líneas argumentales, que también, sino a esa forma de prescindir intuitivamente de cualquier atisbo de credibilidad y rigor, hilando a hachazos una telaraña que, en las disparatadas conclusiones, no queda simétrica y bien formada, como en una novela de Agatha Christie, sino que más bien parece una de esas redes que hacen las arañas cuando se ha experimentado con LSD o cafeína con ellas. Tomos de cien páginas a cinco euros… no puedo esperar, diantre. Voy a desempolvar Dellamorte Dellamore para ir haciendo boca…













