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CineSchlock-O-Rama es la estupenda columna sobre cine inane que brilla con luz propia en la no menos estupenda web de cine digital DVD Talk. En ella podemos estar a la última de los estrenos más necios del cine de todos los tiempos. Mi sección favorita dentro de este baúl de monstruos, tetas y explosiones fuera de cuadro es CineSchlock-O-Rama’s Most Wanted, una retahíla de títulos que tuvieron cierta corta vida en video o pases televisivos de madrugada y que permanecen en ese listado, semana tras semana, para recordarnos que existe un limbo de películas desaparecidas. Que tienen que ser editadas en DVD, a precio ridículo, sin subtítulos ni extras, sin respetar el formato, a partir de un master de calidad inenarrable, para gozo de pajeros que ni siquiera se las van a poder bajar con el emule porque, amigos, no hay fuentes. Repito: no hay fuentes (suficientes). La lista concluye, como coda feliz, con las películas que han salido victoriosas de lo que llaman “el olvido del VHS”: clásicos indiscutibles como Noche Silenciosa, Noche de Muerte, Cuando el Destino Nos Alcance, Squirm o Mordiscos Peligrosos.
Pero aún quedan películas a las que hacer justicia. Entre ellas, demencias del calibre de El Alimento de los Dioses y secuela, Hormigas, Linnea Quigleys’ Horror Workout (dudo que nadie tenga los huevos de editar esto… ¿alguien que no se haya criado con los fanzines de mi generación conoce a esta chica, añado?), la increíblebleble Liberace, La Noche de los Demonios (responsable de nada menos que mi primera erección viendo una película de terror, gracias a los pezones de la Quigley, precisamente), la inmortal El Padrastro, Orca la Ballena Asesina (gracias a la que vi, boquiabierto, con ocho años, un sábado a las cuatro de la tarde, un parto del animalote en vivo –no me produjo ninguna erección-), la demencial Sssilbido de Muerte (¡con Fenix from A Team fame!), La Mano, Willard (raro que no la hayan reeditado aprovechando el remake, ¿no?) y mi favorita del pack: la tremebunda El Terror Llama a Su Puerta, de cuyo responsable, Fred Dekker, me gustaría hablarles algún día.
Ay, tantas cosas por hacer…













