Crónica del día
Las Crónicas de Riddick fue, al final, una pequeña decepción. No me malinterpreten: una película en la que el protagonista pasa por cinco planetas en un par de horas de metraje, como me señalaba Jordi SN el otro día, no puede estar mal del todo (o “no puede ser mala ni queriendo”, parafraseando a un sabio). Me encantó todo lo referente al planeta-prisión; me gustó que cuando se pusiera grande, se pusiera MUY GRANDE (¡esas estatuas absurdas!); me gustó que no se dieran detalles acerca de la extraña religión de los necróferos más allá de los necesarios para cosquillear la imaginación del espectador. Y, por supuesto, me gustó el personaje de Riddick (y a quién no), me encantó que la única conclusión que podamos sacar sobre él sea que está condenado a solucionar los conflictos que se le presentan exclusivamente con violencia, que se haya convertido en una especie de ángel de la muerte involuntario que no puede trabar amistad con nadie porque todos los que se cruzan en su camino caen fulminados. Me gustó el espíritu de protagonista de videojuego que transpiraba el personaje, a menudo teniendo que elegir exclusivamente entre menearse o combatir. En ese sentido, y no soy el primero que se percata de la similitud (Mister Asterisco ya me lo comentaba en su día, y lo he leído en no pocas reseñas en webs), Riddick viene a ser una especie de Conan futurista, poco locuaz, un mazas que sólo sabe abrirse paso en la vida machacando cráneos. Por eso me encantó el plano que cierra la película, (SPOILERITO LEVE) con ese Conan el Bárbaro del siglo veintipico transformándose en Conan Rey y pensando “Ahí va diosssss la que se ha armado”. Impagable el gesto de Riddick en esa imagen que parece sacada de una lámina de Barry Windsor-Smith. Pero en general, y a pesar de los detalles, y a pesar de que me apetece seguir la carrera de Twohy muy de cerca, bostecé, miré el reloj, me revolví en mi asiento y miré al techo en más de una ocasión.
Por eso me entusiasmó Las Crónicas de Riddick: Dark Fury: no me dio tiempo de aburrirme. Treinta y cinco minutos y nos cuentan una historia tan intensa y ajetreada como sóo puede ofrecer Peter Chung, el titán de la animación que se ha labrado una imagen a golpe de cuerpos aflautados y movimientos protoanoréxicos. Dark Fury es el puente entre los luctuosos sucesos de Pitch Black y los de Las Crónicas…, de alcance mucho más cósmico. Y me pareció un excelente episodio piloto para una serie que, posiblemente, nunca sea realizada, aunque quedan unos cuantos años en blanco entre el final del corto y el principio de la segunda película de Riddick que podrían aprovecharse. El argumento de Dark Fury está repleto de pequeños detalles de pulp de ciencia ficción a lo Clark Carrados: la nave rebosante de cazarrecompensas congelados que van resucitando según hacen falta (y cuando Riddick entra en la nave… ¡hay que reanimarlos a todos!), el bicharraco que usan de sabueso, la colección de estatuas de la que Riddick podría entrar a formar parte y el peculiar sentido de la composición artística de la villana… Todo ello aderezado con unas secuencias de acción absolutamente trepidantes y muy bien coreografiadas y un empleo del decorado y sus peculiaridades (esas cautivadoras secuencias en gravedad cero) que recuerdan al mejor cine de acción oriental. Para los lolitómanos, también, ojo: la relación que se apuntaba entre la andrógina Jack y el bueno de Riddick se confirma aquí como un pedazo de complejo de Electra que acaba, como no podía ser de otra manera, en comportamiento esquizoide y final tragicote, unos años después, en Crónicas… Una pena que semejante prodigio de concisión e ir al grano se disperse luego con tanta facilidad…
V.2.0: Si quieren una opinión alternativa sobre Las Crónicas de Riddick, visiten Aureal.













