Archivos de September, 2004

Thursday, September 16th, 2004

Snif, snif, todo por la nariz…

Después de tantos años viendo películas y leyendo tebeos, he llegado a desarrollar un mínimo de amor propio que me permite darles la brasa a diario con mis pejiguereces sobre los elmstreets o el pop nuestro que no nos da de comer, ni ganas. Por otra parte, mi educación católica y mi, en el fondo, soplapollez galopante, me impiden hacer lo propio con el arte contemporáneo. Los museos son lugares que me siguen imponiendo cierto respeto y, simplemente, carezco de los códigos interpretativos y la cultura general que me impiden diferenciar según qué muestras de arte contemporáneo de una simple y llana gilipollez. Siempre me ha iritado esa frase tan de nuestros padres de “Eso lo hago yo con la puntalnabo”, pero más por corrección política que otra cosa. Vamos, que vaya yo diciendo estas cosas…

Por eso, me regocija encontrar una instalación (ya el nombre…) que entiendo e incluso soy capaz de asimilar. Cara le tiene que haber salido al artista, Antonio de la Rosa, o al mecenas, y también por eso me alineo (perdón) con ellos y aplaudo la generosidad sin límites que demostraron el pasado domingo. Miren que hermosa secuencia de fotos hay en Contraindicaciones: ahí tienen, en las dependencias de La Casa de América, un rayote de cocaína de varios metros de largo sobre un enorme cristal para que la gente fuera entrando y sirviendose. Y toma, y venga, y todo grabado para la posteridad y contemplable entre risas desde una dependencia contigua. ¡¡Mira, mira la ensaimada!! Lo más interesante, sin duda, el enorme cristal que enfrenta a cada uno con su auténtico yo aturullado y apelotonado. Y luego una copa y a casa.

Cómo se lo pasan algunos…

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Wednesday, September 15th, 2004

Versos de Pixel en La Vanguardia

En el suplemento Cultura/s de La Vanguardia aparece hoy un articulillo mío (firmado con el nombre raro, ya, bueno, ¿y la ilusión que le hace a mi madre?) en la sección Reciclaje, coordinada por Jordi Costa, sobre el libro de poemas videjueguiles Blue Wizard Is About To Die. Ya hablé de él en este post de Mondo Pixel, hace tiempo, antes incluso de que el libro saliera a la venta. Hoy pueden leer el artículo, titulado Versos de Pixel, en la versión digital de La Vanguardia, y también por supuesto en la impresa. Hay que registrarse para acceder al artículo completo, creo, pero es gratuíto hacerlo. Ya me contarán.

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Tuesday, September 14th, 2004

Gente Mierda

Fui a ver Chicas Malas. Cómo está Tones con las comedias inanes, se dirán ustedes. Para nada, también he visto la de Riddick y Dodgeball, pero no se me ocurre nada para decirles que ustedes mismos no hayan inferido solitos. Pocas sorpresas: la primera me gustó y la segunda me encantó. La labor social del Focoblog, sin embargo, debe realizarse con títulos como Chicas Malas, que posiblemente haya pasado desapercibida, una película que me dejó medio anonadado ante la avalancha de amargura que desprende en cada uno de sus diálogos. Dense una vuelta, por cierto, por la web oficial, que ya linkó hace unos días El Gran Mimón: pura metanarrativa de papel couché para adolescentes. En resumen: Cady (Lindsay Lohan, musa de esta casa desde ya mismo) va a asistir por primera vez al instituto, después de haber pasado toda su infancia y adolescencia viviendo en África y recibiendo clases particulares. Completamente ajena a la compleja mecánica de las relaciones juveniles, se hace amiga de Regina, una pijaza recacitrante que se hará pasar por su amiga para putearle despiadadamente al poco tiempo. Resentida, Cady decide vengarse desde dentro: permaneciendo en el moralmente devastador grupo de Regina y dándole donde más le duele. Es decir, dejándole sin novio, sin amigas y sin autoestima.

Vaya, la he contado entera. Pues no. Esto es el arranque. En realidad, en una comedia adolescente convencional eso que les he contado sería la película entera: caída en las garras de las pécoras, arrepentimiento, venganza simpática, catarsis, fin. En Chicas Malas es sólo el punto de partida para sumergirse en el auténtico núcleo de la película: contemplar cómo Cady cae, irremediable y muy gustosamente, en una espiral de excesos sociales que le repugnan, pero le fascinan. Bajo la excusa de seguir averiguando cosas sobre sus enemigas, permanece dentro del gruo, mutando, convirtiéndose en una de ellas, hasta que se ha transformado en otra puta sin sentimientos, capaz de renunciar a sus amigos (un par de freaks de sexualidad difusa o directamente alternativa –en un instituto, al menos-) a cambio de un pellizquito de reconocimiento social. Un reconocimiento perfectamente retratado en la película con ironía y agudo sentido crítico, en secuencias –como la de la tipología de habituales del comedor, o el análisis de la desintegración de Lo Que Importa a las Chicas Malas- que, si pertenecieran a una película de los ochenta ya serían veneradas como “certeros análisis de la juventud coetánea”, o algo.

El caso es que Cady le pilla el gusto a putear y a mentir a espaldas de quienes le rodean, y disfruta envidiando y siendo envidiada. Chicas Malas es, entre otras cosas, una disección de la nauseabunda atracción de cualquier hijo de vecino por el Lado Oscuro. Pero no el de Star Wars, abstracto y grandilocuente, sino ese apestoso caramelo podrido que se agazapa en nuestras conciencias, ese que nos hubiera gustado saborear cuando éramos marginados en el intituto por medir levemente más o menos, pesar levemente más o menos o pensar de forma levemente distinta a la que imponían las jerarquías de la cantina y el patio. Por eso, la conclusión de la película, en la que todo cambia para que todo siga igual, está doblemente envenenada: puede que la protagonista llegue a la conclusión de que se ha comportado como una arpía, pero en el proceso, nos ha hecho partícipes a los espectadores de una ascensión social llena de zancadillas y traumas. Y nos ha gustado. Brrrrrr…

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Monday, September 13th, 2004

Vuelvo a tener pesadillas (1)

Hace tiempo que tengo el cofre con la serie entera de Pesadilla en Elm Street, gracias a un momento de enajenación que no le recomiendo a nadie, y sistemáticamente, a mi ritmo (que es un ritmo my pausado, ya no me pego esos atracones de tres películas en una tarde), me las estoy volviendo a ver. Estoy recordando, con cierto escalofrío placentero, por qué tuve una adolescencia completamente marcada por la serie. En muchos casos han perdido algo de la capacidad original de sorpresa, pero siempre, hasta en los peores casos, me hacen reir y gritar como la primera vez. Soy fan, siempre lo he sido, pero he tenido que volver a ver la serie, en visionado correlativo y con las condiciones de audio y vídeo óptimas para, por primera vez, abandonar complejos de pajero zumbado, y sentirme completamente orgulloso de ser un freddy-zombie comme il-faut. Intentaré, en sucesivos posts, desvelar mis impresiones sobre cada una de las entregas de la serie, algo que a ustedes les da igual pero a mí no, y seguro que entre todos llegamos a alguna conclusión.

La primera entrega es, cómo no, y debido a su muy bien ganada condición de clásico moderno, una de las más difíciles de juzgar. Me sigue fascinando, por encima de todo, que Wes Craven (un cineasta que siempre me ha parecido muy irregular, pero también un tío muy, muy listo) diseñó a Fred Krueger con un tono curiosamente fundacional, como sabiendo que ahí estaba el germen de un personaje con continuidad. No hay más que ver la secuencia de créditos, con Krueger construyéndose las famosas uñas. O la vestimenta perfectamente definida -el sombrero y el jersey de rayas que ya comienzan a extenderse por todas las secuencias oníricas como un virus corrupto, como en el pasmo final, en el que al descapotable de Nancy y compañía les aparece un techo con los mismos colores que el jersey del asesino-. O la propia interpretación de Robert Englund, con esa manera tan rara de mover las piernas, como si tuviera cuatro testículos, todo está grabando en piedra unas características muy definidas. A diferencia de la serie de Viernes 13, que tardó un puñado de entregas en encontrar una estética definida para el asesino, Freddy es como es y lo que es desde el mismo arranque de la serie. No ha necesitado cambiar, a grandes rasgos, en ocho películas, porque su diseño es perfecto. El mismo nombre, a diferencia de “Jason Voorhes”, es inolvidable, un prodigio de musicalidad jevimetalosa.

También resulta asombrosa la tendencia al efecto especial espectacular que se impone en cada uno de los asesinatos, y que como no podía ser de otro modo, se iría acentundo con cada entrega hasta llegar a un punto completamente paroxístico en la cuarta entrega. En esta ocasión, sorprende que con sólo un millón de dólares pudieran filmarse cosas tan salvajes y espectaculares como el asesinato de Tina, una especie de versión ciega de speed de una secuencia muy similar de Poltergeist, o la muerte del personaje de Johnny Depp, con ese interminable chorro de sangre dejando la habitación hecha un cristo (“¿Ha llegado el forense?”“Está en el baño, vomitando”, comentará la policía más tarde). En ambos casos se adivinan unas técnicas de efectos especiales rudimentarias y contundentes. Otros tiempos.

Todo esto son perogrulladas. Lo que me sigue pareciendo admirable de esta primera entrega (aparte del mensaje, tantas veces comentado por aquí, ese fascinante y muy cierto “Pagarás TÚ los pecados de tus padres”, y de, por descontado, la pegajosa atmósfera que recrea con pasmosa fidelidad la textura de las pesadillas �hasta tal puto que, cuando yo tengo alguna, mi cerebro elabora un miniplagio interactivo de la serie) es la tendencia a autoimponerse reglas �algo de lo que ya hablamos en referencia a Temblores-, y sobre todo, cómo eso condiciona la narrativa de la película. Es decir, Pesadilla en Elm Street inventa cómo narrar una pesadilla y cómo crear ese ambiente de onirismo constante (que se contagian a las secuencias en las que los personajes están, digamos, despiertos), y el resultado es tan bueno que no puede evitar inspirar al resto de la serie �llegando a niveles ya directamente metafísicos con la cuarta entrega-. Por ejemplo, recuerden las secuencias en las que un personaje da una cabezada y, sin cambiar de plano, el peso de su propia cabeza le despierta, y abre los ojos. Da un sorbito de café, o se restriega los ojos, o revisa el despertador, o da un paseíto. Y entonces, descubrimos si está despierto o sigue dormido. O bien no lo descubrimos y nos quedamos con la duda hasta que el guionista decide que podemos averiguarlo. Este meter sueño y vigilia en la misma dimensión gracias a no cambiar de plano (si lo hicieran, si la secuencia se montara en dos planos distintos, sabríamos de inmediato que hemos pasado de vigilia a sueño) es cine fantástico en estado puro, de ese que subvierte no sólo lo que es real y lo que no, que eso lo hace cualquiera, sino también las apolilladas reglas de la gramática fílmica. Todo un logro.

Y luego está la boca de Heather Langenkamp, claro. Pero ahí sí que no puedo añadir nada que no hayan soñado ustedes. Húmedamente.

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Friday, September 10th, 2004

Gráficos del amor

En We Have Pie Charts se dedican a hacer poesía pura y dura con un programita de gráficos “tipo tarta”. Los hay intensos y con un punto de amargura, como el de Cosas Que He Roto Hoy, los hay pajerísimos, como el Análisis de los Riffs del “Speed Racer” de Devo, y sobre todo, está esta pequeña maravilla, la Proporción de Puesta de Sol con Respecto al Océano, que les reproduzco aquí, y que me temo me va a dejar melancólico todo el fin de semana. Dos colores y una buena idea.

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Thursday, September 9th, 2004

Lista de correo de los Focomelos Digest (I)

La lista de correo de los Focomelos es fuente de inagotable sabiduría y diversión, como están demostrando los últimos y muy justos (desde un punto de vista bíblico) acontecimientos. Prácticamente toda la gente que realmente importa ha pasado por allí, y por eso me he decidido a elaborar un digest de sus momentos culminantes. Poco a poco, sin prisas. Llevará un tiempo, pero para ampezar aquí tienen lo mejor de los trescientos primeros mensajes, entre el 24 de junio del 2000 y el 12 de julio del mismo año. Nada, casi nada, pero miren todo lo que pasó entre medias. Contemplen los primeros puyazos de un Kroy en ciernes, y las intervenciones de históricos que ya no están en la lista, como el Dr. Pickman o Javi Nasty. Disculpen asimismo la abundancia de mensajes focomelos, pero al principio, prácticamente sólo posteábamos Chili y yo.

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Wednesday, September 8th, 2004

Pero más auténtico

Aprovecho estas contundentes declaraciones de Natalia acerca de su nuevo disco…

-¿Utilizas más rock?
-Más soul, aunque también hay una versión del Highway to hell de AC/DC.
-¿Como la de la película Isi/Disi?
-Pero la mía es auténtica.

… para recordar el momento en el que, entudiasmado me bajé la cancioncilla en cuestión del eMule. A mi lado, Juandju Montoya gruñendo y dando “vivas” por otros motivos. Cuando la noche acabó aún era noche, y sacamos fuerzas al día siguiente para ir a la piscina, pero antes nos había dado tiempo a que Juandju y yo comentáramos a voces todos los vinilos que hay en mi casa y de que analizáramos sintáctica y morfológicamente hasta quedar exhaustos la enigmática frase con la que un yonki nos saludó a cincuenta metros de la Gran Vía: “Tengo coca buena, un gramo veinte euros”. Ahí, reventando el mercado.

Ahora, Juandju tiene su propio blog, el Montoblog, y aunque de momento el proyecto está en pañales, espero sinceramente que este maestro del griterío compulsivo demuestre en cada post el orgulloso gusto lateral que, para empezar, ya denota en la elección de los colores. Posiblemente uno de los miembros más hiperactivos de este blog (hasta el extremo de que hubo que darle una colleja en su día en forma de bloqueo de IP para que se estuviera quieto) y de la lista focomela, Juandju arranca enlazando Lo Que Hay Que Enlazar. Un coloso, este chico.

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Tuesday, September 7th, 2004

Lo más buscado

CineSchlock-O-Rama es la estupenda columna sobre cine inane que brilla con luz propia en la no menos estupenda web de cine digital DVD Talk. En ella podemos estar a la última de los estrenos más necios del cine de todos los tiempos. Mi sección favorita dentro de este baúl de monstruos, tetas y explosiones fuera de cuadro es CineSchlock-O-Rama’s Most Wanted, una retahíla de títulos que tuvieron cierta corta vida en video o pases televisivos de madrugada y que permanecen en ese listado, semana tras semana, para recordarnos que existe un limbo de películas desaparecidas. Que tienen que ser editadas en DVD, a precio ridículo, sin subtítulos ni extras, sin respetar el formato, a partir de un master de calidad inenarrable, para gozo de pajeros que ni siquiera se las van a poder bajar con el emule porque, amigos, no hay fuentes. Repito: no hay fuentes (suficientes). La lista concluye, como coda feliz, con las películas que han salido victoriosas de lo que llaman “el olvido del VHS”: clásicos indiscutibles como Noche Silenciosa, Noche de Muerte, Cuando el Destino Nos Alcance, Squirm o Mordiscos Peligrosos.

Pero aún quedan películas a las que hacer justicia. Entre ellas, demencias del calibre de El Alimento de los Dioses y secuela, Hormigas, Linnea Quigleys’ Horror Workout (dudo que nadie tenga los huevos de editar esto… ¿alguien que no se haya criado con los fanzines de mi generación conoce a esta chica, añado?), la increíblebleble Liberace, La Noche de los Demonios (responsable de nada menos que mi primera erección viendo una película de terror, gracias a los pezones de la Quigley, precisamente), la inmortal El Padrastro, Orca la Ballena Asesina (gracias a la que vi, boquiabierto, con ocho años, un sábado a las cuatro de la tarde, un parto del animalote en vivo –no me produjo ninguna erección-), la demencial Sssilbido de Muerte (¡con Fenix from A Team fame!), La Mano, Willard (raro que no la hayan reeditado aprovechando el remake, ¿no?) y mi favorita del pack: la tremebunda El Terror Llama a Su Puerta, de cuyo responsable, Fred Dekker, me gustaría hablarles algún día.

Ay, tantas cosas por hacer…

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Monday, September 6th, 2004

Vuelve Dylan…

¡Albricias! Me entero por La Cárcel de Papel de que Aleta tiene intención de publicar en España, a partir de noviembre, comics (no se si con una colección para cada uno, espero que sí) de tres de los personajes más importantes del editor italiano Sergio Bonelli: Nathan Never, Martin Mystere y, no podía ser de otro modo, Dylan Dog. Ese Dylan Dog del que me he llegado a comprar tebeos en italiano de puro síndrome de abstinencia, ese Dylan Dog que, lo recuerdo perfectamente, me tuvo obsesionado hace unos pocos años cuando conseguí casi íntegra la edición de Zinco que había rapiñado a mis amigos en mis últimos años de EGB, cuando cualquier cosa relacionada con los tebeos de terror me quitaba el sueño (literalmente). Ya saben que aquí la nostalgia no nos va, y si el único valor de algo es que me-trae-recuerdos-de-un-tiempo-en-el-que-todo-era-más-bello, ese valor es menos que cero. Con Dylan Dog y lo poco que tengo en casa de Mystere y Never no hay cuidado: los releí recientemente, y conservan intacto todo su sabor de pulp desastrado eminentemente mediterráneo. En sus momentos más disparatados, Dylan Dog me recuerda a la mejores películas italianas de terror, Argento y Fulci en cabeza –con toda lógica, por otra parte: esos referentes son como subrayar lo lógico que resulta que Garci adapte a Galdós-. No me refiero solo a las líneas argumentales, que también, sino a esa forma de prescindir intuitivamente de cualquier atisbo de credibilidad y rigor, hilando a hachazos una telaraña que, en las disparatadas conclusiones, no queda simétrica y bien formada, como en una novela de Agatha Christie, sino que más bien parece una de esas redes que hacen las arañas cuando se ha experimentado con LSD o cafeína con ellas. Tomos de cien páginas a cinco euros… no puedo esperar, diantre. Voy a desempolvar Dellamorte Dellamore para ir haciendo boca…

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Friday, September 3rd, 2004

Otra lista a la basura

Absence linka en su blog, con inequívoco sentido común pajero, a la lista de The Guardian con las diez mejores películas de ciencia ficción de la historia, según un grupo de, atención, reputados miembros de la comunidad científica. El resultado es este:

1- Blade Runner (Ridley Scott, 1982)
2- 2001, Una Odisea del Espacio (Stanley Kubrick, 1968)
3- La Guerra de las Galaxias (George Lucas, 1977) / El Imperio Contraataca (Irvin Kershner, 1980)
4- Alien (Ridley Scott, 1979)
5- Solaris (Andrei Tarkovsky, 1972)
6- Terminator / Terminator 2 (James Cameron 1984/1991)
7- Ultimátum a la Tierra (Robert Wise, 1951)
8- La Guerra de los Mundos (Byron Haskin, 1953)
9- Matrix (Wachowsky Bros., 1999)
10- Encuentros en la Tercera Fase (Steven Spielberg, 1977)

Absence concluye tras contemplar la ultraprevisible lista de películas (que se haya colado Matrix no es raro, lo extraño hubiera sido que hubieran puesto las secuelas), y señalar las omisiones (¡¡El Planeta de los Simios!!), que estos científicos han optado por los éxitos de taquilla y el futurismo descomplejado antes que por el rigor científico, que en teoría era lo suyo. Vamos, se supone que esa era la cuestión cuando se les preguntó, digo yo. El problema, creo, va algo más allá: no es que los científicos se comporten como personas normales, o incluso pajeras, no. Que creo yo que eso es concebible y hasta cierto punto razonable. El problema es… ¡que se comportan como cinéfilos! ¡Es la misma lista que habría hecho un grupo de críticos de relumbrón, de ratones de filmoteca! Dejan fuera de la lista a los clásicos de los cincuenta (porque Ultimatum a la Tierra está bien como cosa pacifista y conciliadora, sí, y anda que no es pop el Klaatu Barada Nikto de las narices, pero a mí siempre me cayó gorda con su mensaje de bondad universal… la ciencia ficción que mola de los cincuenta es La Invasión de los Ultracuerpos, y de ahí para abajo, presupuestariamente hablando. También se olvidan de Mi Película de Ciencia Ficción Favorita, Regreso al Futuro (las tres), de la trilogía zombi de Romero y del mejor Verhoeven para aupar a Encuentros en la Tercera Fase. A esta gente se le pregunta que cuál es la mejor película de todos los tiempos y te sueltan que Ciudadano Kane. O El Gran Dictador. O ¡Qué Bello es Vivir!

Películas muy respetables todas ellas (incluso buenas o muy buenas, qué demonios, que la primera vez que vi yo Ciudadano Kane, como parte de mi curso de Cinefilia Autoinducida, se me giró el cerebelo, aunque más se me giró con El Extraño, qué cosa más rara de película), pero diantre, el problema es que el hálito cinéfilo se está extendiendo al resto de los gremios y áreas del conocimiento humano. Y eso significa reglas, convenciones, tópicos, conservadurismo, ombliguismo.

Claro, que la ciencia… no, bueno, si cierta lógica sí qué tiene.

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