Lo bueno de que el pajerismo de la Bella Laia sea sólo relativo es que a veces me mira, me coge de la mano y me pide que le lleve a ver una película como El Sueño de Mi Vida. A mí, que soy por naturaleza fóbico a las comedias románticas. ¿Y qué tiene de bueno, se preguntan? Algo que aprendí cuando a la Focomela le dio por hacer oposiciones a Completista Del Género es que los códigos narrativos de este género están tan ajustados, son tan inamovibles, que cuando una película decide introducir alguna variante en su discurso, siempre ceñido a la costumbre y el tópico, se produce un peculiar efecto de bola de nieve que acaba convirtiendo películas originariamente convencionales en epopeyas de un mal rollo atronador e involuntario. Con El Sueño de Mi Vida voy a espoilear, y lo siento, toda la conclusión de la película, así que hasta mañana a quienes tengan intención de verla.
He leído que El Sueño de Mi Vida es una versión actualizada y femenina de Big, pero eso no es del todo cierto: en la película de Tom Hanks, el protagonista crecía de golpe y porrazo y vivía como adulto en su misma época: conservaba a un amigo de su misma edad, y tenía que hacer creer a su familia que había sido secuestrado para que no se preocuparan. En El Sueño de Mi Vida, la protagonista es una adolescente muy poco popular que por arte de magia es enviada a su propio futuro, donde se ha convertido en una mujer atractiva (aunque musculosa, ejem, qué mal le sientan los trajes de noche a esta chica, con esa espalda fibrosa de aprendiz de ninja y espía amnésica) y triunfadora. Primera cuestión angustiosa: la protagonista, Jena, tiene un blanco mental de 17 años que no ha vivido. Por suerte, la comedia ligera le da un barniz banal a una situación que, en abstracto, y o digo completamente en serio, me da vértigo.. Por distintas cuestiones que no vienen al caso y que tardan toda la película en desarrollarse, Jena decide que no ha valido la pena crecer, porque ha perdido a la única persona que le apreciaba de verdad cuando tenía trece años, y porque a cambio de fama y éxito profesional, se ha convertido en un zorrusco. Segunda cuestión angustiosa: Jena no es la buena de la película. Practicamente ningún secundario de la película tiene por ella el más mínimo aprecio. Y tercera: la película acaba mal. Aún restan diez minutos de película cuando la protagonista reflexiona y descubre que está sola, pero la hora y media precedente se ha construido para que los planes y el futuro de Jena fracasen. ¿Verdad que en la mayoría de las comedias románticas ella (o él) irrumpen en la boda de su amado o amada bramando que lo abandone todo para casarse con él / ella? ¿Verdad que siempre funciona? Aquí no: la lógica que nunca existe en las comedias románticas, por extraño que parezca, se impone, y es rechazada por haberse comportado durante todo el metraje como una oligofrénica. Juro que me desconcerté. Mucho. El Sueño de Mi Vida, sin pretensiones, sin comerlo ni beberlo, se había cargado la Regla de Oro: no se puede deshacer una boda. Por supuesto, Jena retrocede atrás en el tiempo y corrige el error que desencadenó el viaje por la cuarta dimensión que sustenta la película. Cuando vemos que al fin Jena va a tener una adolescencia feliz (el momento en el que Big concluía), nos sacuden con otra elipsis absolutamente brutal (la tercera ya) de diecisiete años hacia el futuro, y volvemos a toparnos con el presente, con la Jena de treinta años, pero ahora, al fin, con la vida perfecta y la pareja correcta. Cuarta cuestión decididamente angustiosa: Jena ha tenido que volver a vivir esa vida evitando cuidadosamente que se repitan los errores que le condujeron a los Treinta Años Del Mal. Le esperan (ha vivido, porque vovemos a estar en con la Jena adulta) 17 años que no es que ya sabía como ibn a ser, que no es eso, sino que, como Jena sabe desde los trece años lo que quiere y cuál es el hombre de su vida, y qué espera de su futuro, tiene que orientar su existencia de una manera muy determinada para que esta salga como ella quiera. Por supuesto, ésta no es la moraleja; es simplemente un retruécano argumental que se sacaron los guionistas de la manga para darle la puntilla final a una película cuya conclusión inicial, ya lo hemos visto, es desoladora. Y por supuesto, esa angustia que me dejó meditabundo un buen rato no estaba prevista. Porque la perspectiva de un viaje en el tiempo que transcurre a) a tiempo real; y b) cuyo destino es conocido por el viajero, me resultó agotadora. Extremadamente agotadora.
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