Friday, October 29th, 2004
La canción de octubre
Catalogados como prototípicos “one-hit wonder” de principios de los noventa debido al fenomenal éxito de la que es (admitámoslo, no es ninguna vergüenza) su mejor canción, “Unbelievable”, EMF marcaron mi adolescencia de manera indeleble. Estoy seguro que el papel que jugaron en mi deseducación musical tiene, para cada persona, otros equivalentes propios, intransferibles. Es ese grupo, esa canción, esa portada o ese videoclip que muestra que no todo es tan sencillo como un puñado de etiquetas y una división forzada por géneros en las tiendas de discos. En 1991, cuando yo tenía quince años, empezaba a escuchar punk de manera compulsiva. Estaba descubriendo una zona del rock nacional, la del norte, que ya había dado sus mejores frutos. Sin embargo, y a pesar de no poder compartirlo con nadie, como cuando en EGB me miraban raro por escuchar Siniestro Total, y no Tennesse, seguía escuchando pop. Pero a la inversa: lo que ahora no podía decir en público es que me gustaba Roxette. Esta vez, mis grupos de amigos se dividían entre los que se hacían unas sesioncitas de Sergio Dalma y Amistades Peligrosas que no había quien les aguantara, y entre los que intentaban evangelizarme con Guns’n’Roses y Barricada, que sólo lo consiguieron a medias. El nirvanazo estaba al caer, pero yo seguía erre que erre con Ilegales y Transvision Vamp. Algo en mi cabeza, sin embargo, las puñeteras etiquetas, me impedía compaginar The Clash y Roxette. Bueno, quizás el ejemplo es algo simbólico en exceso (aunque verídico), pero compaginar mis nacientes veleidades punks con el espíritu proestribillista con el que me había criado me daba unos dolores de cabeza terribles.
Fue entonces cuando llegaron EMF, influenciados por una escena musical, la de Manchester, que a mí no me decía nada (siempre he sido muy paleto para estas cosas). Pero me cautivó el principio de su primer disco, Schubert Dip, que pasaba de unos coros celestiales a una batería que sonaba como una apisonadora. Yo aún no entendía de samples ni programaciones (digo: sigo sin entender), pero aquello era una batería real que sonaba como una ametralladora. No al estilo Motorhëad, claro, sino de forma mucho más robótica. EMF me ayudaron con Schubert Dip a deshacerme definitivamente de según qué prejuicios: decían tacos, las guitarras eran afiladas y la voz del cantante posía una extraña cualidad entre lo melódico y lo desgarrado. A veces hacían rock, a veces es pop pseudorebelde que tan bien sienta en la adolescencia. Les gustaban los estribillos tanto como a mí, y el ruido también. Cuando alguno de mis amigos conseguía arrastrarme a lo que entonces se conocía como “discolight” (quince años, les recuerdo), sonaba EMF a volumen brutal por los altavoces. Es mi primer recuerdo agradable dentro de una discoteca.
Hoy les copio una canción del tercer y último disco de EMF, Cha cha cha, donde completamente devastados por las drogas y los conflictos internos seguían siendo capaces de imprimir una fuerza a sus canciones de la que muy pocos grupos pueden presumir. Trata, hasta donde yo entiendo, de los estragos de la nocturnidad y la alevosía, pero de cómo cada fin de semana, otra vez. Y otra.. Contiene una frase de tintes legendarios, digna de ser llevada con orgullo en una camiseta o página principal de blog trendie: “It’s a perfect day / In a sort of pathetic kind of way”.
¿Y mis amigos del instituto? Bueno, cuando ellos empezaron a flipar con Nirvana, yo comencé a comprar, ávido de información de los grupos que me gustaban, el Ruta 66. No encontré nada sobre EMF, claro, malditos prejuicios noventeros, pero descubrí el garage y el psychobilly. Imaginen si todavía me quedaban vueltas que dar.
Perfect Day
EMF
I asked my friend I.D.
If he could recall
The last 24 hours and the tv on the floor
Shopping with bricks
In the name of fun I’d take it back officer
But I don’t know what I’ve done
I’ve had it all like raindrops in the ocean
Like shadows in the night
The devils in my head have gone away
It’s a perfect day
So we turned it on, tuned it in
Got ourselves a beer
Sat down, began to watch
Everythings clear
Things degenerated we began to sing
Bart Simpson says to us “Elvis was king”
I’ve had it all been swimming in emotion
Been swallowed by the night
The devils in my head are here to stay
It’s a perfect day
In a sort of pathetic way
I always run away from the things I cannot see
But when you see double, which one do you believe?
I tried to get some help, I called for my man
He popped up on the tv in a baked been can
I’ve had it all, like drowning in devotion
Like waiting for the night
The devils in my head have gone away
It’s a perfect day
In a sort of pathetic kind of way
But fuck it
It’s a perfect day
In a sort of pathetic kind of way

Aún no la he visto, pero tengo la firme intención. Yo debo ser de los pocos que quedan que lo sueltan a los cuatro vientos, del amor y del desprejuicismo: me sigue entusiasmando Álex de la Iglesia, y aunque guardo un cariño especial a Acción Mutante, me encanta todo lo suyo. Eso incluye, espero, supongo, Dos Hombres y un Destino, la obra que ha producido y que se está representando en el teatro Arlequín de Madrid, en la calle San Bernardo. Se trata de una obra modesta, de pocos actores y un escenario, con sus chascarrillos y su antimoraleja, llena de guiños pop y que transcurre a velocidad de vértigo. Por ahí la andan relacionando con Mihura, aunque yo prefiero pensar que los autores del libreto, Pepón Montero y Juan Maidagán, tenían en mente Bottom cuando parieron la historia de dos botarates, José Ángel y Juan Ignacio, que están a punto de llegar a la crisis de los cuarenta sin haber pasado por todas las anteriores. Juan Ignacio decide que basta ya de ver el montaje del director de Ben Hur, que dura tres días, y que hay que cambiar de vida. Manda dos mil curriculums y a partir de ahí, la acción se dispara, en una trama que incluye a Chuck Norris, Grace Kelly y Sancho Gracia, aunque no as himself. Ya les contaré qué tal, pero de momento pueden contemplar un vídeo especialmente estúpido 







Ya sé que están enganchados a Gran Hermano, pero hagan una pequeña pausa esta noche, y enciendan Calle 13. A las 21.40 encontrarán el primer episodio de Tan Muertos Como Yo (











