Nip/Tuck en televisión, dos cirujanos de excepción

Escribí esto para la H, y esta noche que es el estreno de Nip/Tuck en Calle 13, creo es buen momento para reciclarlo aquí. No se la pierdan, porque en esta santa casa estamos entusiasmados con lo que hemos podido ver de esta pequeña joya televisiva, mezcla como digo más abajo de A Dos Metros Bajo Tierra y Melrose Place, pasado por un leve filtro lynchniano. A veces me recuerda a lo anterior de este buen hombre, Popular, y en cualquier caso, el resultado es extremadamente desasosegante. Mr. Asterisco, la Chili y un servidor estamos enganchadísimos, así que no se la pierdan.

LA BELLEZA ESTÁ EN EL EXTERIOR
Rodada en gélidos tonos azules, y dueña de un sentido del humor único, Nip/ Tuck. A golpe de bisturí llega a nuestro país a través de Calle 13. Los críticos la aplauden como una de las series más inteligentes, despiadadas y ambiguas de los últimos tiempos. ¿Es para tanto?

Nótese que no he incluído el adjetivo “sangrienta” en la lista de elogios (que es un elogio sólo si se hace con el suficiente mal gusto), porque ahí sí que Nip/Tuck. A golpe de bisturí se lleva la palma. Nunca había visto en la pequeña pantalla -en horario comercial y batiendo records de audiencia como lo está haciendo la segunda temporada de la serie en Estados Unidos-, tal cantidad de primeros planos teñidos de rojo, de humor grueso y de un sincero y fascinante deseo de incordiar al espectador a cualquier precio. En cada episodio hay al menos una operación quirúrgica mostrada con todo lujo de detalles, pero quedarse en este (por otro lado, fenomenal) festín de ultraviolencia estática sería como decir que Los Soprano es una serie sobre delincuentes.

Nip/Tuck es obra de Ryan Murphy, que en una carambola autoral poco frecuente en televisión, dirige, produce y guioniza la serie. Murphy es también el creador de la recordada Popular, una interesante tragicomedia acerca de las dificultades de mantenerse en la cima del poder adolescente. En Nip/Tuck cambió radicalmente de ambientación (aunque conservó el telón genérico de comedia sin humor) con una clínica de cirugía estética en Miami. La dirigen Sean McNamara (Dylan Walsh) y Christian Troy (Julian McMahon, que dejó Embrujadas para centrarse en esta serie, para alivio de nuestras retinas y su curriculum), dos cirujanos de caracteres tan distantes como la noche y el día. El primero es un profesional de carácter débil, un pusilánime que se encuentra atrapado entre unos confictos morales de manual de psicología para aficionados (él se metió en esto para ayudar a la gente a estar contenta consigo misma, y ha acabado haciéndose millonario explotando la vanidad mal canalizada de sus clientes) y una vida mediocre. Sus propios hijos y su mujer le desprecian, sobre todo en comparación con su socio Christian, que lleva un tren de vida radicalmente opuesto. Mujeriego, sin principios, dispuesto a hundirle el escoplo a cualquier modelo de tres al cuarto que se atreva a despatarrarse en su quirófano, Christian inyecta botox como quien administra una droga de lujo, y se acuesta con sus clientes para subirles la autoestima después de una operación. Como manda el topico, las cosas cambian, y los socios pronto descubren que tenían más cosas en común de las que a ambos les gustaría reconocer.

La auténtica fuerza de Nip/Tuck, sin embargo reside en los personajes secundarios, los clientes. Al ritmo de la pregunta con la que Sean y Christian reciben a cada uno de ellos (“¿Qué es lo que no le gusta de sí mismo?”), van danzando por la consulta una serie de personajes, muchos de ellos freaks de la mutilación asistida, que necesitan que su cuerpo cambie aunque eso suponga entrar en una espiral de modificaciones. Como el fan de Michael Jackson que se opera una y otra vez para parecerse cada vez más a su ídolo, o las gemelas que quieren operarse para dejar de ser idénticas. La galería de clientes son el blanco perfecto para que Ryan Murphy ponga en solfa el culto al cuerpo y la egomanía de los más poderosos (o de los que quieren serlo, como aquella chica con sobrepeso para la que lo más importante en esta vida es acudir a una reunión de antiguos alumnos de su instituto con el tallaje adecuado), y algunos críticos han relacionado la serie (aparte de con, obviamente, A Dos Metros Bajo Tierra) con Twin Peaks, debido al ácido retrato, de tintes surreales, que se hace de los personajes que rodean a los protagonistas.

Nip/Tuck parece frívola por la sencilla razón de que, simplemente, lo es. Murphy buscó una estética inspirada, según sus propias palabras, “en los culebrones televisivos de los noventa”. En efecto, Nip/Tuck parece a veces la trastienda de Melrose Place, con sus intrigas que a algunos nos parecen de otro planeta. Pero tras tanto lujo y horterez voluntaria y orgullosa, queda un mensaje desolador y amargo. Aquel que los reality shows de ultimísima generación como The Swan, Extreme Makeover o el desasosegante I Want a Famous Face de la MTV disparan en la dirección inversa. Nip/Tuck es un producto atrevido y muy poco tranquilizante acerca del aspecto físico y su poder social. Sin chistes.

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