Para variar
No me pueden negar que arrancar un disco con la contundencia de Piromanía, el último de Un Pingüíno En Mi Ascensor (“Me gustas más que el ego / Al presentador del Rimadero / Por tí estudiaría Teleco / Por ti me haría ingeniero / Pero intuyo que hacerte mi amada / No sería buena idea / Porque eres más complicada / Que armar un mueble de Ikea”), es conceptualmente casi lo más atrevido que le ha pasado al pop patrio en bastante tiempo, John Tones aparte. Aprovechando la reciente oleada de revival ochentero, el Pingüino aprovecha la coyuntura para lanzar una colección de canciones que conservan las mejores virtudes de sus clásicos: inmediatez y honestidad a prueba de bombas, humor negro y suave incorrección política, pareados tan contundentes y rimas tan bien construídas que deberían servir de inspiración a desidias musicales injustamente más populares, varias capas de multiparodia superpuestas y, sobre todo, una sincera y profunda alma pajera. Francamente, no sé de dónde procede esa fobia al humor de los aficionados al pop, pero en mi caso, que una canción incluya chistecillos no me supone ningún problema. Si el chiste es bueno, más bien al contrario.
El Pingüíno no sólo me hace gracia: es la redonda contundencia de sus rimas y la poco disimulada melancolía de la inmensa mayoría de sus melodías lo que siempre me fascina de sus discos. Revisen la letra que les anarroseé en el post del pasado jueves, y quédense con un par de momentos gloriosos más: las saltarinas metáforas pseudocountry de “Me la pegó” (“Conocí a una chiquilla / Que había pillado la malaria en Nairobi / Se ponía amarilla / Y cantaba una canción de los Bon Jovi / Y me la pegó y me la pegó / Y eso no se lo perdono yo / Que me pegara aquella canción / Que se pega como el velcro en la bragueta de mi pantalón”) y el tremendo himno fandomita “Es ciencia-ficción” (“La Estrella de la Muerte destruyendo Alderaan / Lex Luthor luchando contra Superman / Nexus recordando su pasado en Orion / Tu y yo compartiendo el mismo colchón / Es ciencia-ficción”). Y déjense de tanto M-Clan, hombre…













