Archivos de December, 2004

Thursday, December 30th, 2004

Peanuts de vanguardia


Las monstruosas reducciones infantiles de todas las neurosis de un ciudadano moderno de la civilización industrial.
Así describía Umberto Eco la obra de Charles M.Schulz, padre de los Peanuts. Fantagraphics edita las obras completas de este genio de la viñeta, nosotros nos lo pedimos para Reyes…
No te pierdas en la Vanguardia el Reciclaje de esta semana:
Charlie Brown tiene descendencia.

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Thursday, December 23rd, 2004

La canción de diciembre

Planet of Sound
Frank Black Francis

One fine day in my odd past
i picked me up a transmission
i turned the fission ignition
went looking for the broadcaster
and when i first touched some ground
they simply told me leave
was kind of hard to believe
’cause there was not one around
this ain’t the planet sound
this ain’t the planet sound
this ain’t the planet sound
this ain’t the planet sound
i had a talented wine
that land o’ classical gas
and on the planet of glass
they sent me skipping through time
igot to somewhere renowned
for it’s canals and color of red
and lots of guys who shook their heads
rhythmically to resound
this ain’t the planet of sound
this ain’t the planet of sound
this ain’t the planet of sound
this ain’t the planet of sound
this ain’t no rock and roll town
this ain’t no f**kin’ around
this ain’t no planet of sound
i met a guy in a rover
he said its one more over
its just there where your bound
this ain’t the planet of sound
this ain’t the planet of sound
this ain’t the planet of sound
this ain’t the planet of sound.

Pues sí que está descubriendo Tones la sopa de ajo con la canción del mes, dirán ustedes. A estas alturas con los Pixies. Bueno, sí y no. No me refiero a la versión original, de mis favoritas del fenomenal combo ruidista, sino a la versión minimal que incluye el último y muy curioso disco de Frank Black / Black Francis, apropiadamente titulado, asumiendo pacíficamente la simbiosis entre sus dos egos, Frank Black Francis. En él se deja de tonterías propias de estrella del rock decadente y abraza con orgullo su propio legado: una actividad que muchos ven como oportunista y sacacuartos. Desde luego, Frank Black Francis no les va a sacar de sus trece. Particularmente, tengo una opinión muy clara: Frank Black no ha estado viviendo de las rentas todo este tiempo, más bien al contrario (sigo escuchando con una frecuencia pasmosa el increíble Teenager of the Year, quizás el único disco doble de la historia que no me aburre, junto con el It’s Alive de los Ramones), y ya que con su primer grupo compuso algunas de las mejores canciones de todos los tiempos y puso patas abajo (o patas arriba) el panorama musical alternativo de la época, por mí puede remezclarse y reinventarse todas las veces que considere necesario. Tiene mis mejores deseos.

Frank Black Francis incluye dos CDs. El primero son las demos que Black grabó solo, con el micro de un walkman y una guitarra acústica, de unas cuantas canciones que terminarían apareciendo en su mayoría en el primer miniLP de los Pixies, aún nonatos. Como bien confiesa a modo de disculpa, la calidad de sonido no es muy buena, pero la sensación que sacude al fan al escuchar estas canciones es indescriptible. Como leí en alguna parte, se tiene la impresión de estar acudiendo en exclusiva, escondido dentro de algún armario o debajo de una mesa de mezclas, a una gestación irrepetible, a un momento que nos dejaría marcados para los restos a unos cuantos. Falta ese bajazo que nunca pierde la sonrisa, esa sección rítmica de cadencia apisonadora, esos riffs nunca superados… pero el germen está ahí, en las letras incomprensibles y sugerentes, y en las canciones antipop más pegadizas de esta galaxia.

El segundo disco, del que les ofrezco este Planet of Sound, es una reinterpretación de algunos pequeños éxitos de Frank Black Francis con los Pixies, pero con un sonido minimalista y extraterrestre que convierte Where Is My Mind? o Velouria en desconcertantes muros sonoros que a mí, en mi palurdez musical, me recuerdan al maravilloso The King and I de los Residents. Esas melodías circulares, esa pobreza instrumental, esos ritmos ariscos y machacones, esos arreglos cómicamente convencionales… Frank Black creó con los Pixies unas canciones tan blindadas que ni siquiera él mismo puede erosionar la increíble estructura, espontánea pero milimétrica, de Monkey Gone to Heaven o Subbacultcha. Frank Black Francis se ha puesto ante sus creaciones y las versiones se han hecho prácticamente solas, llenas de ruido e infectadas con olas de interferencias, pero siguen manteniendo esa cosa indescriptible que hará que escuche, estoy seguro, en el momento en el que me muera, los acordes de Wave of Mutilation. Ya les contaré.

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Wednesday, December 22nd, 2004

Navidades en Mos Eisley

Yo es que la cosa que pasa es que como no soy un gran fan de Star Wars, estas cosas me resbalan. Pero no me quiero ni imaginar lo que la grabación que les traigo hoy puede suponer para un auténtico die-hard chewbacca galactic groupie, o como se diga. Como los que se agolpaban con sus cachivaches y sus disfraces de impacto variable en la convención de pajeros con la que Sitges nos obsequió este año. Teniendo en cuenta que cuando llegué ya no quedaban entradas para la maratoniana sesión, dos días después, de varios episodios de las series de dibujos animados de Ewoks y Droids, igual hasta lo encuentran interesante.

Arqueológicamente hablando.

Da igual. Me permito desearles un 2005 pletórico de pajerismo con este horrendo artefacto sonoro titulado Christmas in the Space, que nos brindan los desalmados de I-Mockery.com y que consiste, básicamente, en los droides Arturito y C3PO chirriando y cascando sobre una base de villancicos casiotoniles más o menos convencionales y adornados ocasionalmente con efectos sonoros procedentes de la trilogía original. A mí, como a Peret las mujeres, ni fu ni fa, pero reconózcanlo: algunos de ustedes SUFREN con estas cosas.

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Monday, December 20th, 2004

Tenémoslo

Ya tenemos en nuestras manos la grabación del apoteósico directo barcelonés de P.A.J.E.R.O. con el que hace un par de semanas hicimos temblar los cimientos del Dejavu Club. Lo estamos analizando nota a nota para repetir lo bueno, depurar lo malo, en fin, ya saben. TODO ESO. Mientras esperan a nuestra próxima cita, el último viernes de enero en Madrid, pueden descargar una delas gloriosas canciones inéditas que estrenamos esa noche. Pinchen y flipen. ¡Los payojuanmanuel del tecnopunk nacional!

MP3: P.A.J.E.R.O. – Tengo un vortex en la entrepierna

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Friday, December 17th, 2004

Cumpleaños feliz

Por alguna razón, el premio a la Mejor Dirección Artística a The Birthday de Eugenio Mira en el último festival de Sitges fue recibida con abucheos entre los críticos y periodistas. Me parece bien que se expresen con firmeza y sin titubeos los listillos de costumbre (a alguno no le vendría mal un baño, ya que estamos protestando), pero se equivocan de enfoque y de todo lo demás. Porque The Birthday, con sus cosas y sus defectos, expele una pasión por el cine y sus géneros más populares que, claro, resulta poco moderna. Pero digna de atención.

The Birthday no es una película redonda, claro. The Birthday, como su metraje, es excesiva. También apasionada, pelín decadente: cuenta dos horas, en tiempo real y sin perderlo ni una vez de vista, de la vida de un joven, Norman Forrester (Corey Feldman), que acude al cumpleaños de los padres de su novia en un desvencijado hotel de Baltimore, donde descubre que no todo es lo que parece. Paro de contar aquí, y así no chafo la sorpresa que, por otra parte, comienza a estar más o menos clara a los veinte minutos. The Birthday parece haber sido escrita y rodada bajo los efectos de un colocón de speed. Pero no ese speed de primera calidad gracias al que, estoy seguro, se parió Torque, sino un speed revenío, adulterado, de tres al cuarto. La película se acelera y se ralentiza, tiene tiempos muertos en los que no pasa nada y otros en los que pasan demasiadas cosas. A veces es entusiasta, a veces apagada. Corey Feldman da vida a un personaje desquiciado sin que se nos expliquen los motivos de su histrionismo: simplemente, Forrester está perplejo, como un personaje de película primeriza de los hermanos Coen. El tramo final, delirante y que desemboca en el mejor Último Plano que he visto en años (hay que tener horchata en las venas para no quedar prendado de una película que concluye así) me recordó a lo que más me gusta de ese cine de terror que ya no se hace: los espacios cerrados carpenterianos, las reflexiones sobre la familia de Yuzna, el sarcasmo bien condimentado del primer LandisThe Birthday no es perfecta, pero el comentario de (casi un puto meme ya, vista la cantidad de gente que me lo repitió entre susurros) de “Si fuera un corto, sería mucho mejor” es propia de psiques mediocres, ya que si fuera un corto, sería un corto más, con sus puntuales giros argumentales, sus interpretaciones desquiciadas (como cualquier corto) y sus homenajes a granel (como cualquier corto, joder, cómo estamos de empalmaditos con la semántica del corto últimamente, esto sí que es un runrún y no lo del poso teórico). Conclusión: el pajero festivalista prefiere un corto mediocre a un largo distinto. Al haber optado por la senda del exceso a lo largo de dos horas, el resultado es hipnótico, irritante a veces, fallido otras, pero masajea el cerebro del espectador sin entrar en demasiadas complaciencias. Se permite hasta un par de lúcidos momentos reflexivos en los que resume sin palabras la tragedia de perder la inocencia. Perdón, no de perderla, sino de percatarse que ya no está por ningún lado. The Birthday va a su bola, y eso en estos tiempos en los que hasta cualquier película oriental supuestamente transgresora opta por ofrecer al público lo que espera, es decir, una película oriental supuestamente transgresora, un mazacote como The Birthday, que frustra las espectativas del espectador una tras otra acaba siendo una apuesta mucho más interesante que esa cosa cenicienta de El maquinista

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Thursday, December 16th, 2004

Siete treinta y cinco

Desconocedor como soy (y orgulloso enarbolo la bandera de mi ignorancia) del submundo del cortometraje nacional, tampoco tengo ningún problema en asegurar que 7:35 de la mañana, que al fin pueden descargar de la web de su responsable, Nacho Vigalondo, es uno de los cortos más brillantes y arrebatadores de la historia del formato mini en nuestro país. Suelo odiar los cortos por lo mismo que odio los videoclips de tenno: son una forma perfecta de malgastar un formato, a su vez, teóricamente perfecto. Odio los ejercicios de estilo paridos porque cualquier niñato cree que tiene algo que contar, pero la diferencia con Nacho es que, en este caso, este elemento tiene algo que contar. Algo interesante y emotivo.

No les voy a desvelar nada del argumento, que sería descuartizar su encanto, pero entran en juego musicales, terrorismo casero y una de las historias de amor más imposibles y cotidianas plasmadas en cine desde que descubrí que Dentro del Laberinto tenía un subtexto (un poso teórico, dirían otros). La canción (LA canción) es sublime, las interpretaciones son increíbles (Nacho, confiese, esto lo había hecho usted ya para impresionar a una dama) y el mensaje, la reflexión sobre lo que deberían ser las relaciones precoitales en un mundo ideal, sería revolucionaria si no fuera tan sincera. Da ganas de gritar. ¿Ven lo que les decía el otro día? Obra maestra, ironía cero.

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Tuesday, December 14th, 2004

Fake John Tones (reloaded)

Hoy no puedo dedicarles demasiado tiempo (les estoy preparando unas disquisiciones sobre The Birthday, curiosamente polémica en Sitges, pero estoy esperando a que me lleguen unos cotilleos que ya veré si comparto con ustedes), pero quedense mientras con esta cosa como de otra dimensión. En el Gente Joven del viernes, alguien se disfrazó de JOHN TONES. Y salió al escenario. Dónde están las fotos, demonios…

ACTUALIZACIÓN

Hubo más aquella noche, claro. Otra estrella del tecnopó catalán se disfrazo de la Rubia Montoya, y junto a mi sosías, subieron al escenario y, se comenta, exageraron graciosamente las simpáticas costumbres de estos dos tercios de Mini Pierna Extra. Yo no sé qué piensan ustedes, pero yo me siento más estrella decadente que nunca. Y me encanta.

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Monday, December 13th, 2004

Negro y con cresta

A través de la Geisha llego a Mr. T and Me, portentosa web acerca de un par de desocupados que comparten una desmedida pasión por ese icono pop algo gastadito ya que es Mr. T. A mí el sujeto nunca me llamó la atención, pero he de reconocer que la colección (que sí me interesa algo más) es sencillamente impresionante. Piérdanse en las monotemáticas galerías, en las que destaca sin duda el dispensador de caramelos Pez más feo del universo.

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Friday, December 10th, 2004

La muerte de la ironía

Esto ya lo sabía mi sensei Lindyhomer desde hace tiempo, y de hecho lo expresó mucho mejor (y menos cínicamente) con un post en la lista de Mondo Brutto con el que, por lo visto, sólo me impresioné yo. Ahora no lo tengo a mano, pero básicamente acusaba de cobardes y miserables a quienes se escudan demasiado a menudo en el cómodo refugio de la ironía, ese jijiji-jajaja para amiguetes que, la mayoría de las veces, no conduce a ningún sitio, ni dialectica ni moralmente. Yo, aún entendiendo y admirando su postura, no terminaba de verlo claro, supongo que porque yo mismo me he rendido a los encantos del Manejo De La Ironía muy a menudo. Es que es fácil: ¿no te gusta una película? Hablas de ella exageradamente bien. ¿No te gusta un juego? Hablas de lo que molaban todos los anteriores de su responsable, cargando las tintas. ¿No te gusta una canción? La tarareas con deje quedón.

Las señales acerca de lo equivocado que estaba me llegaban desde hacía tiempo. Concretamente, desde los primeros tiempos de los Focomelos. Aún hoy (hace un par de días, de hecho) me llegaban a mi correo emails de gente que acaba de descubrir los Focomelos, nos felicita por nuestro sentido del humor, patatín, patatán, y dice cosas como decía este nuevo fan, que ”felicidades por el tono hijoputil de “Mami, me he tragado el disco de Depeche Mode”. ¿Qué? ¿Tono hijoputil? Le respondí: “No sé exactamente en qué momento de la canción nos has malinterpretado, pero yo la veo como una canción más bien tirando a ingenua”. Es más, y lo siento si derrumbo algún mito, porque estas cosas no deben hacerse (explicar, no se debe explicar; tampoco se debe explicar que se está explicando; ya h hecho las dos cosas, diantre): la interpretación correcta de “Mami…” es LITERAL. Es decir, es una canción que trata sobre un niño que se traga un disco y su madre le dice que se ha tragado otro y no le pasa nada, así que no se preocupe, cosa que es obviamente falsa, porque ESTÁN CANTANDO. Ese es el punch-line, ni reflexiones metagenéricas sobre la vacuidad del tecnopop (esto lo he llegado a leer, se lo crean o no) ni sarcásticos mecanismos de autoconmiseración electroclash (esto no lo he leído, pero fijo que alguien lo ha escrito). Lo peor del abuso de los códigos irónicos es que acaba con la literalidad, que es una de las grandes bellezas de nuestro idiomas. Si no se pueden interpretar las cosas exactamente como te las están comunicando, ¿qué sentido tiene, para empezar, el comunicarlas? Si la interpretación irónica exige buscarle los tres pies al gato en todo momento, ¿cuándo nos daremos cuenta de que la mayoría de las veces el gato tiene cuatro?

A mí la cosa que me pasa es que soy extremadamente simple. Nunca he servido para interpretar las dobles lecturas, y por eso no las proporciono. A mí los Monty Python nunca me parecieron irónicos, porque siempre me ha hecho más gracia sumergirme en el absurdo de la literalidad que en una leve variación hiriente de la realidad. Es un escudo bastante cobarde, porque es muy sencillo ser irónico, es extremadamente fácil. Lo complicado es hacer reir, llorar y gritar sin el colchón de “Ah, no, es que estaba siendo irónico”. Es la diferencia entre el PutoKrio (que nunca, ni en vivo ni en diferido ha sido irónico) y El Club de la Comedia, la diferencia entre estar vivo y ser un zombi.

Y que sepan que la culpa es de ustedes por preguntar si “Ponme una raya y llámame tonto” va en serio.

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Friday, December 10th, 2004

Me pongo virtual

He vuelto de Sitges, amigos y vecinos, y con un pan debajo del brazo. Bueno, un libro. Se trata del tochete “Realidad Virtual. Visiones sobre el ciberespacio”, en el que he colaborado escribiendo un capítulo sobre videojuegos como cibercultura pop. Ha quedado majo e interesante, creo, pero más majas e interesantes aún son las aproximaciones de algunos conocidos, amigos y/o maestros (según el caso), que disquisicionan sobre personajes, historia, ambientes, entornos, tiempos, espacios, arquitecturas y geografías de la ciberrealidad. Es un libro tirando a único, al menos en cristiano, lo digo yo que sé de lo que me hablo, y en él podrán encontrar firmas tan suculentas como las de Jordi Sánchez-Navarro (organizador del tinglado), Javier Candeira, Fernando De Felipe, Jesús Palacios y Eloy Fernández Porta, entre otros muchos. En Mondo Pixel tienen el arranque de mi capítulo, pajero y vago como él solo, y pueden encontrar desde ya mismo el volumen en su librería habitual. Ya me contarán.

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