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Cumpleaños feliz

Entrada publicada el 17 de Diciembre de 2004 por John Tones

Por alguna razón, el premio a la Mejor Dirección Artística a The Birthday de Eugenio Mira en el último festival de Sitges fue recibida con abucheos entre los críticos y periodistas. Me parece bien que se expresen con firmeza y sin titubeos los listillos de costumbre (a alguno no le vendría mal un baño, ya que estamos protestando), pero se equivocan de enfoque y de todo lo demás. Porque The Birthday, con sus cosas y sus defectos, expele una pasión por el cine y sus géneros más populares que, claro, resulta poco moderna. Pero digna de atención.

The Birthday no es una película redonda, claro. The Birthday, como su metraje, es excesiva. También apasionada, pelín decadente: cuenta dos horas, en tiempo real y sin perderlo ni una vez de vista, de la vida de un joven, Norman Forrester (Corey Feldman), que acude al cumpleaños de los padres de su novia en un desvencijado hotel de Baltimore, donde descubre que no todo es lo que parece. Paro de contar aquí, y así no chafo la sorpresa que, por otra parte, comienza a estar más o menos clara a los veinte minutos. The Birthday parece haber sido escrita y rodada bajo los efectos de un colocón de speed. Pero no ese speed de primera calidad gracias al que, estoy seguro, se parió Torque, sino un speed revenío, adulterado, de tres al cuarto. La película se acelera y se ralentiza, tiene tiempos muertos en los que no pasa nada y otros en los que pasan demasiadas cosas. A veces es entusiasta, a veces apagada. Corey Feldman da vida a un personaje desquiciado sin que se nos expliquen los motivos de su histrionismo: simplemente, Forrester está perplejo, como un personaje de película primeriza de los hermanos Coen. El tramo final, delirante y que desemboca en el mejor Último Plano que he visto en años (hay que tener horchata en las venas para no quedar prendado de una película que concluye así) me recordó a lo que más me gusta de ese cine de terror que ya no se hace: los espacios cerrados carpenterianos, las reflexiones sobre la familia de Yuzna, el sarcasmo bien condimentado del primer LandisThe Birthday no es perfecta, pero el comentario de (casi un puto meme ya, vista la cantidad de gente que me lo repitió entre susurros) de “Si fuera un corto, sería mucho mejor” es propia de psiques mediocres, ya que si fuera un corto, sería un corto más, con sus puntuales giros argumentales, sus interpretaciones desquiciadas (como cualquier corto) y sus homenajes a granel (como cualquier corto, joder, cómo estamos de empalmaditos con la semántica del corto últimamente, esto sí que es un runrún y no lo del poso teórico). Conclusión: el pajero festivalista prefiere un corto mediocre a un largo distinto. Al haber optado por la senda del exceso a lo largo de dos horas, el resultado es hipnótico, irritante a veces, fallido otras, pero masajea el cerebro del espectador sin entrar en demasiadas complaciencias. Se permite hasta un par de lúcidos momentos reflexivos en los que resume sin palabras la tragedia de perder la inocencia. Perdón, no de perderla, sino de percatarse que ya no está por ningún lado. The Birthday va a su bola, y eso en estos tiempos en los que hasta cualquier película oriental supuestamente transgresora opta por ofrecer al público lo que espera, es decir, una película oriental supuestamente transgresora, un mazacote como The Birthday, que frustra las espectativas del espectador una tras otra acaba siendo una apuesta mucho más interesante que esa cosa cenicienta de El maquinista

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