La canción de diciembre

Planet of Sound
Frank Black Francis

One fine day in my odd past
i picked me up a transmission
i turned the fission ignition
went looking for the broadcaster
and when i first touched some ground
they simply told me leave
was kind of hard to believe
’cause there was not one around
this ain’t the planet sound
this ain’t the planet sound
this ain’t the planet sound
this ain’t the planet sound
i had a talented wine
that land o’ classical gas
and on the planet of glass
they sent me skipping through time
igot to somewhere renowned
for it’s canals and color of red
and lots of guys who shook their heads
rhythmically to resound
this ain’t the planet of sound
this ain’t the planet of sound
this ain’t the planet of sound
this ain’t the planet of sound
this ain’t no rock and roll town
this ain’t no f**kin’ around
this ain’t no planet of sound
i met a guy in a rover
he said its one more over
its just there where your bound
this ain’t the planet of sound
this ain’t the planet of sound
this ain’t the planet of sound
this ain’t the planet of sound.

Pues sí que está descubriendo Tones la sopa de ajo con la canción del mes, dirán ustedes. A estas alturas con los Pixies. Bueno, sí y no. No me refiero a la versión original, de mis favoritas del fenomenal combo ruidista, sino a la versión minimal que incluye el último y muy curioso disco de Frank Black / Black Francis, apropiadamente titulado, asumiendo pacíficamente la simbiosis entre sus dos egos, Frank Black Francis. En él se deja de tonterías propias de estrella del rock decadente y abraza con orgullo su propio legado: una actividad que muchos ven como oportunista y sacacuartos. Desde luego, Frank Black Francis no les va a sacar de sus trece. Particularmente, tengo una opinión muy clara: Frank Black no ha estado viviendo de las rentas todo este tiempo, más bien al contrario (sigo escuchando con una frecuencia pasmosa el increíble Teenager of the Year, quizás el único disco doble de la historia que no me aburre, junto con el It’s Alive de los Ramones), y ya que con su primer grupo compuso algunas de las mejores canciones de todos los tiempos y puso patas abajo (o patas arriba) el panorama musical alternativo de la época, por mí puede remezclarse y reinventarse todas las veces que considere necesario. Tiene mis mejores deseos.

Frank Black Francis incluye dos CDs. El primero son las demos que Black grabó solo, con el micro de un walkman y una guitarra acústica, de unas cuantas canciones que terminarían apareciendo en su mayoría en el primer miniLP de los Pixies, aún nonatos. Como bien confiesa a modo de disculpa, la calidad de sonido no es muy buena, pero la sensación que sacude al fan al escuchar estas canciones es indescriptible. Como leí en alguna parte, se tiene la impresión de estar acudiendo en exclusiva, escondido dentro de algún armario o debajo de una mesa de mezclas, a una gestación irrepetible, a un momento que nos dejaría marcados para los restos a unos cuantos. Falta ese bajazo que nunca pierde la sonrisa, esa sección rítmica de cadencia apisonadora, esos riffs nunca superados… pero el germen está ahí, en las letras incomprensibles y sugerentes, y en las canciones antipop más pegadizas de esta galaxia.

El segundo disco, del que les ofrezco este Planet of Sound, es una reinterpretación de algunos pequeños éxitos de Frank Black Francis con los Pixies, pero con un sonido minimalista y extraterrestre que convierte Where Is My Mind? o Velouria en desconcertantes muros sonoros que a mí, en mi palurdez musical, me recuerdan al maravilloso The King and I de los Residents. Esas melodías circulares, esa pobreza instrumental, esos ritmos ariscos y machacones, esos arreglos cómicamente convencionales… Frank Black creó con los Pixies unas canciones tan blindadas que ni siquiera él mismo puede erosionar la increíble estructura, espontánea pero milimétrica, de Monkey Gone to Heaven o Subbacultcha. Frank Black Francis se ha puesto ante sus creaciones y las versiones se han hecho prácticamente solas, llenas de ruido e infectadas con olas de interferencias, pero siguen manteniendo esa cosa indescriptible que hará que escuche, estoy seguro, en el momento en el que me muera, los acordes de Wave of Mutilation. Ya les contaré.

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