Qué entrada de año más frenética y decadente, amigos. Espero que no sea una muestra de lo que me espera en el 2005 o para agosto seré un pellejico que aúlla entristecido al alba. Mañana les traigo lectura de la buena y de la que ustedes disfrutan, pero hoy quiero presentarles a Mark Prindle, un crítico de música enloquecido a quien tengo ya enfilado como alguien a quien seguir, si no a pies juntillas (no ha entendido nada de Bowie… ¡nada!), sí alguien a tener muy en cuenta como guía por según qué parajes sonoros. No se fíen de la cita ajena e insultante que encabeza, con sarcasmo netamente tonesino, su web (“Mark Prindle is possibly the greatest music journalist ever, despite the fact that the two times that I have bought albums on his recommendation they have been shite”): dejando aparte un juguetón empleo de las convenciones de la crítica musical (“Album two is just like album one, but twoer”), que deja bien claro que Prindle está, ante todo, divirtiéndose, su incansable ingenio encuentra justo eco en una precision milimétrica a la hora de diseccionar los pros y los contras de cada disco. Todo muy jovialmente, con uso y abuso de modismos y colegueo. Por suerte para los que, como yo, tenemos conocimientos musicales inútilmente enciclopédicos sobre áreas y grupos muy, muy específicos, y nos da igual el resto (“el resto” puede llegar a abarcar géneros de miles de entradas en las historias oficiales del pop, décadas y décadas de gloriosa creatividad sinfónica), Prindle se dedica a los clásicos, los grandes nombres (mayormente del rock… echarán de menos, como los he echado yo, a decenas de grupos). Pero cuando escoge un objeto de estudio, lo exprime, y de qué manera: discografías completas desmenuzadas hasta la última nota, puntuaciones ultraprecisas y ultrainútiles, y sobre todo, la prueba escrita de que tiene la cabeza mejor amueblada que esa new wave de la new wave de la crítica musical que sólo sabe hablar de las etéreas sugerencias que ha despertado en sus sensibles organismos el etcétera etcétera. Envidiable. Algunos certeros ejemplos escogidos al azar de críticas prindlenianas de discos que todos ustedes han oído: “Never mind the image, here’s one of the greatest mainstream rock and roll albums ever to be completely ignored by the mainstream” (Never Mind the Bollocks, Sex Pistols), “Johnny Ramone invented that guitar style. See if you can find a precursor anywhere - I sure can’t! Playing chords as fast as he can? Rockin’ like a train? About fifty trillion guitarists (including myself) have done it since, but did anybody do it before Johnny? I don’t think so! Not the Stooges, not the MC5, not the New York Dolls, sure as poop not the Velvet Underground – nobody” (Ramones, Ramones). “What in Sam’s Hill are all those weird noises? What in Pete’s America did they do to the guitars in “Psychotic Reaction”? How in Bert’s Convoy did they get such a bizarre, crisp yet fake drum sound? And, most importantly, why the hello kitty can’t the band make MORE records this astonishingly brilliant?” (Third Reich Rock’n’Roll, The Residents); “The sudden and disconcerting sound shift between the verse and chorus of “Planet Of Sound”, the beautiful stereo-floating delay-captured guitar noise beep that complements the angelic piano piece at the end of “Motorway To Roswell”, the incredibly strange melodic break in “Alec Eiffel”, the psychotically teensy pounding to-the-point arrangement of “Distance Equals Rate Times Time”” (Trompe le Monde, Pixies)
Descubran el resto ustedes mismos. Tienen para meses.
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