ZonaDeVicio Reloaded: My Schoolmate, the Barbarian

El otro día les contaba la importancia fundacional de ZonaDeVicio, la difunta web de ocio, de aquellos tiempos preblogs, que fue revolucionaria por contar con faltas de ortografía sólo en una de sus secciones. Hoy, escarbando en los abismos de mi disco duro, he encontrado una reseña de My Schoolmate, the Barbarian, una peli hongkonesa bastante maja que me impresionó en su día y de la que nunca más se supo. Releer esta reseña me ha recordado ciertos nombres que antes eran el pan mío de cada día y que había relegado a una zona indeterminada y sin utilizar de mi cerebelo: Wong Jing, ¿qué fue de él?… Chingmy Yau, qué bocaza más impresionante… “Rival Schools”, ¡vaya juegazo!… Recupero la reseña, en fin, para que la tengan ustedes en cuenta por si se topan con ella por esos métodos de tráfico de imágenes en movimiento que por aquel entonces, ay, eran cifi de esa. Uniformes escolares y hostias como panes, ¿pueden pedir más?

MY SCHOOLMATE, THE BARBARIAN
Año: 2001
Dirección: Wong Jing, Billy Chung Siu-Hung
Producción: Wong Jing
Guión: Wong Jing
Acción: Ching Siu-Tung
Intérpretes: Nicholas Tse, Stephen Fung, Joey Yung y Samuel Pang.

Para qué voy a intentar engañar a nadie. Una película cuya sinopsis se resume en un básico “En un colegio de los más chungos de Hong Kong se dirimen las peleas entre adolescentes en una habitación especial para duelos: cincuenta mesas son el ring para una pelea a muerte, en la que sólo gana quien queda sobre ellas tras una somanta de palos” no puede ser mala de ninguna de las maneras. Suena bien, ¿verdad? El resultado es aún mejor.

Wong Jing, compinche de los clásicos más indiscutibles de Stephen Chow, productor de una de las sagas más demenciales y divertidas del cine de Hong Kong (God of Gamblers, claro), y caradura simpático de los de la peor calaña (se beneficiaba a Chingmy Yau, la sacó en todas sus películas y consiguió lo imposible, que un Jackie Chan que ya apuntaba cierta decadencia haciera una de sus mejores películas -City Hunter-… y siempre sacando pasta), es el productor y codirector de este disparate que sólo mejora con sucesivos visionados, y cuyo argumento, francamente, no se puede estirar mucho más. Edward (el bueno de Stephen Fung, que me recuerda por momentos a un joven Yuen Biao) es un niño rico que, por error, llega a un nuevo colegio donde debe aprender a hacerse respetar mediante las susodichas peleas ilegales, con la ayuda del Rey de los Luchadores, Stone (Nicholas Tse, en una interpretación enigmática y cautivadora) y una chica con serios problemas emocionales, Fung (la pizpireta Joey Yung). El sello de Wong Jing está presente en todos y cada uno de los planos de My Schoolmate, the Barbarian, por suerte para los que nos declaramos (no sin cierto rubor) fans a muerte del director de Casino Raiders: referencias a los videojuegos e inspiración en su lenguaje, humor salido de madre, giros argumentales inesperados, guiños a éxitos coyunturales y, especialmente y por suerte, ni la más mínima contención a la hora de construir las andanzas de los protagonistas.

My Schoolmate, the Barbarian sólo mezcla comedia y acción, pero… ¡de qué manera! La comedia es desmelenada, irrespetuosa, abusiva y chirriante. Como en los grandes momentos de Stephen Chow (muchos de ellos achacables a Wong Jing, no lo olvidemos), cualquier personaje puede hacer cualquier cosa para arrancar la carcajada del respetable… por ejemplo, el personaje de Fung, posiblemente la actriz oriental más defenestrada en los foros de freaks de Internet en los últimos tiempos. El motivo: que cada vez que Fung se encuentra con Edward, hace aspavientos, aúlla de amor y sale del cuarto corriendo a cámara rápida. El resultado es puro manga in motion y no ha parecido gustar mucho a los muermos de costumbre, pero encandilará a los fanáticos de Michael Hui. La acción, cincuenta por ciento de este cóctel molotov con uniforme colegial, está inspirada en las peleas elásticas y acrobáticas de los videojuegos: My Schoolmate, the Barbarian (por cierto, menudo título) se plantea, de hecho, como un homenaje a uno de lo mejores juegos de lucha que se recuerdan, Rival Schools, en el que dos colegios rivales se daban la del pulpo hasta decir basta. En un momento dado, Edward y Stone aprenden técnicas de combate plantados ante el televisor, joystick en mano y encadenando combos como demonios. Enseñanza que les resulta muy útil en el demencial y descocado clímax del film, que también se ha ganado unas cuantas críticas por romper con el tono pseudodramático del resto de la película… de lo que se deduce que los freaks, últimamente, se plantan ante el DVD con los ojos cerrados. En cualquier caso, las peleas son técnicamente impecables (no como en Future Cops, la fallida adaptación de Street Fighter que parió hace unos años el propio Wong Jing), gracias a la inventiva y la experiencia del coreógrafo Ching Siu-tung, que organiza auténticas virguerías físicas con cincuenta mesas de nada, dos combatientes de uniforme y un par de ventiladores, que dan pie a algunas imágenes hipnóticas y desbordantes de dinamismo netamente hongkonés. Todo con la ayuda de Nicholas Tse y Stephen Fung, que ya hicieron equipo en Gen-X Cops, y que se lo montan mucho mejor aquí, demostrando más pericia marcial y una química infinitamente más natural.

El resultado es una especia de revisión en clave arcade de Battle Royale, como parece dejar bien claro la estupenda carátula de la película. El tapiz de comedia ayuda a disimular la exacerbación que My Schoolmate, the Barbarian hace del mensaje más brutal, agresivo y antisocial de la película protagonizada por Kitano, y que nadie pareció querer a sacar relucir en su día: es un espectáculo plástico inigualable ver a dos adolescentes vestidos de colegial saltarse los morros a guantazos. Risas y bofetadas, en fin, que parecen dejar claro que, cuando se tiene talento, algo de modestia sigue siendo la mejor virtud.

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