Vuelvo a tener pesadillas (4)
No se me había olvidado esta cita-que-procuraré-que-en-lo-sucesivo-sea-más-frecuente con ustedes, no. Es que Pesadilla en Elm Street 4 es tan descarada e insolntemente buena que da hasta pereza tener que enumerar los porqués. Hasta ahora, la entrega de esta serie sobre la que más he disfrutado escribiendo ha sido la segunda, porque ni a mí me termina de convencer. Indagar en sus espesos pliegues de psicoanálisis teen acabó arrojando frutos muy interesantes, pero al igual que la uno es la original y la tres es la redonda, la cuarta es recordada por los fans de la serie, casi sin excepción, como la más juvenil y cool de todas. Sí, vaya anglicismo más poco, euh, cool, parece que me estoy intentando hacer el enrollado con mi hijo. Pero es que no hay palabra más adecuada para definir la cuarta entrega de Pesadilla en Elm Street que cool. También sirven hipermacarra y sicalíptica, pero por una vez ajustémonos al tópico.
Pesadilla en Elm Street 4 es una de las pocas secuelas de mecánica argumentalmente directa que tiene la serie. Retoma algunas situaciones y personajes de la entrega anterior, aunque sea para masacrarlos y justificar la resurrección del titán del pavor onírico. De hecho, apenas había pasado un año desde el estreno de la tercera parte, y New Line tenía pavor de que el cadáver (viviente) se enfriara en demasía. No hay nada que temer. Todo el mundo sabe quién es Freddy. Los responsables de la película, que dan un paso más allá en la estética y recursos narrativos implantados por anteriores entregas, en vez de reformularlos por si hay algún recién llegado. Los protagonistas, que elevan definitivamente a Freddy a la categoría de leyenda urbana, sin origen claro pero con una presencia completamente fuera de toda duda en la vida cotidiana de Springwood (ay, esos padres alcohólicos y divorciados). Y, por supuesto, los espectadores, que aceptan de buena gana este juego para iniciados �debe ser complicado entender esta película para alguien que desconoce las peculiaridades de Freddy & Co.-, y que de hecho, convirtieron a esta película en la más taquillera de toda la serie. Pero la pertenencia a la serie está bien clara, más allá de la presencia de un personaje común, por otro curioso rasgo colectivo: el uso del ambiente onírico para dar presencia física, aunque sea simbólica, a una cuestión intangible. Si en la primera teniamos los pecados heredados de los padres (volveremos al tema, aunque invirtiendo la ecuación, en la quinta entrega), y en la tercera la espinosa cuestión de los sueños lúcidos (teenager style, es decir, como una forma de conseguir superpoderes y aceptación social… aquí veremos incluso una referencia directa �que no explícita- al tema durante una clase en el instituto), en esta ocasión el guión de Renny Harlin y William Kotzwinkle hurga en la espinosa pero fascinante idea de cómo vamos heredando rasgos característicos de la gente que nos rodea. Aquí el guión utiliza el poder de Alice de absorber los poderes de sus amigos, pero resulta sencillo extrapolarlo a una reflexión perversa (con un punto esperanzador, eso sí) acerca de la amistad y sus penurias. Y lanza alguna sugerente idea acerca de la peligrosa energía que encierran los objetos.
Pero no nos dejemos llevar por los ocasionales flecos amargos del guión: Pesadilla en Elm Street 4 es, con diferencia, la entrega más verbenera, estridente y juvenil de la serie. Desde el momento en el que la banda sonora está plagada de hair rock, jevi pop hiperproducido (¡Vinnie Vincent haciendo el tema principal!) y ese hip hop de finales de los ochenta que todos recordamos entre escalofríos (los Fat Boys bramando “Are you ready for Freddy?”, frase de innegable gancho que también sirvió de slogan para la película), el producto no intenta engañar a nadie. El humor sardónico se apodera de las pesadillas y Freddy tiene más líneas de diálogo que en las tres anteriores entregas juntas (y que en las tres posteriores juntas también, me atrevería a decir). Quizás consciente de que Krueger ha dejado de ser una criatura de la oscuridad, tenemos una de las secuencias de pesadilla más extrañas de la serie: la que se desarrolla en la playa, y que incluye en un par de planos guiños a Tiburón y Miami Vice (ojo con esto: un muy identificable trasunto de los míticos acordes de guitarra que inauguraban la serie de Don Johnson sólo se pueden oir en el montaje que se estrenó en cines y en la edición en VHS de la película… de algunos países asiáticos). Impensable en otras entregas de la serie, sí, pero también, a su manera, guiños irónicos que forjan el carácter todopoderoso e icónico de Krueger. Renny Harlin se divierte haciendo que Freddy tarde veinte minutos en aparecer por primera vez, pero mientras tanto, deja caer las señales de que anda cerca por falsas pesadillas (el guante, el sombrero, el jersey a rayas, las niñas, la casa… todo un catálogo de simbología del Freud más pop). Como ya hizo en la tercera entrega, y es algo que me sigue fascinando como la primera vez (y narrativamente, reconozcámoslo, es algo que muy, muy pocos mitos de la historia del cine han logrado a un nivel tan intuitivo), la sombra de Freddy es extremadamente alargada y empapa cada rincón de Springwood, en sueño y en vigilia. Robert Englund comienza a interpretar múltiples papeles secundarios. No hay forma de escapar.
Tampoco piensen en Freddy Cuarto como una especie de superpsychoparodia multigenérica. Con esta entrega pasa como con todas las secuelas de la serie, hasta con las peores: el material de base es tan sugerente y tiene un lado oscuro tan difícil de ignorar que ni en un confeso festival de látex para adolescentes como éste podemos escapar de ciertos rasgos macabros que resultarían inauditos, por ejemplo, en el actual cine de terror clasificado PG. Quédense con este detalle: Freddy es resucitado con la meada (¡glups!) incendiaria (¡gah!) de un perro poseído (¡toma!) llamado Jason (¡sí!). Puede que no haya en esa imagen de la pirouretra canina más que un intento de epatar a toda costa, pero al nivel básico al que yo (y ustedes, espero) me muevo, baña con un manto de blasfemia a nuestro chuloputas del infierno. Su resurrección, con el esqueleto, los músculos, la sangre, la carne recomponiéndose poco a poco, bebe en lo visual tanto de Hellraiser como de la hammeriana Drácula, Príncipe de las Tinieblas, y el final en la iglesia profanada no deja lugar a dudas sobre el carácter impío de Freddy. Que se revela en toda su satanoide maldad cuando ruge “I am eternal” y confiesa que se alimenta de las almas agonizantes de todos los adolescentes muertos de Springwood: un festín que encuentra su perfecta plasmación en el escandalosamente orgiástico efecto que nos lleva al interior del cuerpo de Freddy, en un plano que anticipa los desmanes visuales de la entrega tridimensional.
Y luego, las secuencias oníricas, claro. Hiperkinéticas, llenas de travellings demenciales, de trucajes mecánicos que convierten a Pesadilla en Elm Street 4 en toda una fiesta para amantes de esa estética elástica y carnosa que ya no se lleva, devorada (maldita sea) por la sempiterna y económica (si yo no lo niego) mediocridad del CGI a mansalva. La insoportablemente sádica secuencia de la pizza (¡con las cabezas de las víctimas de Freddy haciendo de tropezones! ¡es imposible que creyeran que esa idea iba a quedar mejor filmada que sobre el papel! ¡¡¡PERO LO LOGRARON!!!). La espeluznante secuencia de la chica-insecto, entremezclada con la metafísica Cintaza de Moebius en la que Freddy coloca a los dos protagonistas. La asfixiante (claro) secuencia del ataque de asma, en realidad un brutal beso de tornillo del villano. Secuencias completamente independientes una de otra, como un puzzle con forma de serpiente, que no hacen sino subrayar la mecánica simplona pero fatídica del guión, en el que los personajes van cayendo uno tras otro, uno tras otro. Nunca una hipérbole había sido tan sencilla como la de Pesadilla en Elm Street 4.
Vuelvo a tener pesadillas (3)














FocoBLOG | Blog Archive | Lo mejor del Focoblog (2/3) http://www.focoblog.com/2007/06/17/lo-mejor-del-focoblog-23/
June 17th, 2007 at 10:12 pm[...] Vuelvo a Tener Pesadillas cobra sentido leída de una sentada, no me voy a calentar mucho la cabeza. Me quedo con mi película favorita de la serie y su post correspondiente, Pesadilla en Elm Street 4. Me ha encantado releerlo, y me ha renovado los deseos de retomar el análisis de otras sagas de [...]
absence http://absencito.blogspot.com
June 18th, 2007 at 7:55 amEl enlace a los viejos comentarios no me funciona.
John Tones http://www.focoblog.com
June 18th, 2007 at 8:52 amHan dejado de funcionar, absence, y no se si volverán a hacerlo. Ya, ya, LO QUE HEMOS PERDIDO. Estamos en trance de recuperación, pero no lo puedo garantizar. Si le parece trágico, es porque no sabe que hemos estado a punto de perderlo TODO. TODO EL EMPORIO.
Anonymous
October 18th, 2007 at 2:25 am¿alguien conoce el título de la canción que pone debbie cuando va a hacer ejercicio? Tambien suena justo al final de la pelicula