Pavor del bueno

He disfrutado enormemente con la lectura de Ghastly Terror!, de Stephen Sennitt, una breve historia de los comics de terror que parte de donde yo necesitaba que partiera: da por sentado que me he zampado tres o cuatro historias de la EC, que estoy harto de leer transcripciones del famoso juicio que acabó con la creación del Comics Code y que me sé el Seduction of the Innocent mejor que el padrenuestro (entiéndase esto último literalmente). Así que se centra en el resto de los comics anteriores al Code (incluyendo un jugoso apéndice final donde se intenta poner orden al caótico maremagnum de títulos como Ghostly Weird Stories o This Magazine Is Haunted), con especial atención a editoriales como Charlton o Atlas, que luego se convertiría en la todopoderosa Marvel. También presta atención a los míticos tebeos de Warren (Creepy, Eerie y Vampirella), y a sus coetáneos, como la extravagante Eerie Publications, la ignota pero interesantísima Skywald (si leían la edición española de Creepy, que sepan que consumieron mucho material de Skywald… sin saberlo), o los arrebatos terroríficos-pop de Marvel y DC, conocidos por todos. El repaso concluye con un saltarín, necesariamente incompleto repaso a los tebeos de terror de las dos últimas décadas, desde el gore underground a revisitaciones con mayor o menor fortuna de tiempos pasados.

Ghastly Terror! está escrito con un tono deliberadamente fanzinero: más allá del análisis de lenguajes y estéticas que tanto nos gusta a algunos, prefiere ceñirse al dato puro y duro, y así, los cincuenta primeros números de Creepy y Eerie están descritos con todo detalle, historia a historia, sin ahorrarse juicios, pero sin detenerse en frases subordinadas. Sennitt, sabiamente conocedor de que está adentrándose en un terreno tristemente yermo de estudios en condiciones, prefiere aportar la perspectiva del fan que, para variar, no habla de oídas: me da la impresión de que el maldito pajero atesora todos esos tebeos en un sótano que yo pagaría por olisquear. El currazo que se da clasificando y poniendo orden en, por ejemplo, las ediciones de Eerie Publications, lanzadas al mercado en los setenta sin numeración ni fecha, es espectacular, y como sabe cualquiera que, como yo, ha intentado hilar tres tebeos consecutivos de Bruguera en la era pre-Internet, es un esfuerzo digno de agradecimiento.

Aún así, el gran logro del libro es que a Sennitt, a pesar de haber escrito esencialmente una honesta declaración de amor a un subgénero poco estudiado, no le puede el amor de fan, y aunque reconoce la importancia capital (e industrial, sobre todo) de la mítica EC, se advierte cierto tono de disgusto con la popularidad de la que goza la editorial de William M. Gaines. Lo soluciona con un capítulo en el que desbarata, una a una, todas las presuposiciones que los fans, desde el desconocimiento, tenemos acerca de nuestros mitos: EC no fue la única editorial de comics de terror de los cincuenta, no fue la primera, no fue la más prolífica, no fue la más exitosa, no fue la más duradera y no fue, desde luego, la que editó los títulos más granguiloñescos y excesivos. ¿Por qué goza de ese estatus, pues? Bueno, todas las respuestas, y una buena cantidad de ilustraciones que me han quitado el sueño durante una semana, a su disposición en Ghastly Terror!

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