Archivos de May, 2005

Tuesday, May 31st, 2005

P.A.J.E.R.I.S.M.O. este jueves en El Juglar

Este jueves, en El Juglar, la armamos con Me Dais Poca. Habrá estrenos de nuevas canciones, habrá palabras procaces y habrá ruido. Yo creo que teniendo en cuenta cómo está el panorama, es un buen trato. Pinchen en el flyer para tamaño Godzilla.

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Monday, May 30th, 2005

La canción de mayo

Antes tenía un poster de Usagi Yojimbo enmarcado sobre la cabecera de la cama. Es un poster precioso (miren, lo he encontrado: es este, pero sin letras) que llevaba ahí algo así como dos años, con Usagi cabalgando, katana en mano, sujetando las riendas de su corcel con los dientes. Una maravilla. El otro día decidí cambiar, como tantas otras cosas estoy decidiendo cambiar últimamente, porque aunque hay cosas que nunca van a caer de las paredes de mi casa, como el tremendo original con la muerte del padre de El Niñato, o el póster numerado y firmado con la carátula del War of the Monsters (que hace que el paso vacile levemente cuando se entra en el pasillo de mi casa, y haría retroceder con un traspiés de terror súbito al más pintado si no fuera porque ahí al fondo, junto a las puertas, Mazinger Z inspira confianza e infunde valor). No se apuren, ya los verán, son pasto potencial de Museo Pajero.

Como a la Focomela y a Asterisco les hacían los ojillos chiribitas cada vez que venían a casa, les he dado el póster de Usagi, con su marco y todo, a cambio de un marco nuevo, en un cambalache del que supongo que económicamente no ha salido ganando nadie, pero moralmente, lo han hecho ellos. Seguro: marco vacío a cambio de Usagi Yojimbo. No pasa nada, porque yo ya tenía dispuesto el sustituto: lo ven ahí reproducido, un teaser poster de Labyrinth, exquisitamente dibujado por un imitador del Sienkiewicz más comercial, como bien se apresuró a señalar Aureal. Mientras yo me peleaba con el marco (que es de Ikea, es decir, para focomelos, pero yo no he heredado la pasión de mi padre por el bricolage), Aureal le decía unas barbaridades a mi XBox recién tuneada que ni en TeenageProfaners.com se han llegado a oir, del odio circunstancial hacia la tecnología punta y furia post-Burger King que destilaban. Al final, yo enmarqué mi cuadro y, con un poco de paciencia, las ultramejoras que mi XBox ansiaba quedaron prácticamente resueltas. Gracias, 900-Aureal-Línea de asistencia postmod.

Este mes no sabía que canción brindarles, porque estoy fascinado con Nerf Herder, pero de verdad. Pero ya habíamos hablado de Nerf Herder. Así que les traigo un clásico incombustible, esta pequeña joyita de la banda sonora de Labyrinth, aprovechando el trauma post-poster (bella composición fonética). La dejo así, sin comentarios ni interpretaciones, porque como saben quienes me conocen, yo acabaré montando un blog sólo sobre Labyrinth, o escribiendo un libro, o organizando un ciclo de conferencias, o haciendo algo definitivo o espectacular sobre el peliculón. Y entonces todos lloraremos juntos. Mientras, dejen que siga disfrutando perversamente: Jareth siempre, siempre, siempre sufre más que uno mismo. Anda, adelanta el reloj unas cuantas horitas. Si va a dar lo mismo. Y lo sabes.

Si es que lo sabe, el tío. Pero él, dale que dale. Siempre se va a quedar a punto, hasta que Sarah decide que no, que ella no quiere un hombre, quiere un puto vegetal.

AS THE WORLD FALLS DOWN
David Bowie – BSO “Labyrinth”

There’s such a sad love
Deep in your eyes, a kind of pale jewel
Open and closed within your eyes
I’ll place the sky within your eyes

There’s such a fooled heart
Beating so fast in search of new dreams
A love that will last within your heart
I’ll place the moon within your heart

As the pain sweeps through
Makes no sense for you
Every thrill has gone
Wasn’t too much fun at all
But I’ll be there for you-oo-oo
As the world falls down

Falling
(As the world) Falling down
Falling in love

I’ll paint you mornings of gold
I’ll spin you Valentine evenings
Though we’re strangers till now
We’re choosing the path between the stars
I’ll leave my love between the stars

Falling
(As the world) Falling down
Falling
As the world falls down
Falling
Falling
Falling
Falling in love
As the world falls down
(down) Falling
Falling
Falling
Falling in love
As the world falls down

Falling
Falling
Falling

Makes no sense at all
Makes no sense to fall
Falling
As the world falls down
Falling
Falling
Falling in love
As the world falls down
(down) Falling
Falling
Falling in love
Falling in love (love)
Falling in love
Falling in love
Falling in love

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Thursday, May 26th, 2005

No sabiendo que era pecado

La añorada Sarah Ingram posteó recientemente en la lista brutta las direcciones de un par de webs con estructura de blog colectivo que posiblemente los más modernos del lugar ya conocían, pero que a mí me han tenido absorto durante un par de días. Uno de ellos es GroupHug.Us, y el otro, Not Proud. Ambos son recintos abiertos para el desahogo anónimo, en el que se entra, se exabrupta un pecado, pecadillo o pecadote, y sale uno por donde ha entrado, sabiendo que su lloriqueo va a ser pasto de millones de voyeurs virtuales. Lo triste, lo excitante del caso es que nadie ofrece apoyo, no hay posibilidad de comentarios, es simplemente un grito furioso, muchas veces desesperado, buscando una redención que no va a llegar porque nadie verdaderamente implicado en la onda expansiva de ese pecado va a escuchar la catarsis o a saber que la está escuchando. Es la gran miseria de internet a la enésima potencia, y es maravilloso precisamente por eso. Not Proud, que organiza sus confesiones por pecados capitales, ha editado un libro recopilando las mejores y más extraordinarias confesiones que han llegado hasta ellos, pero francamente, no creo que el formato impreso tenga el impacto de la web, posiblemente debido a que las palabras de la web se las lleva el viento virtual, lo que las hace aún más tristonas y melancólicas. Lo fascinante, creo que lo que realmente me desarma de todo esto es la variedad de tonos entre las dintintas confesiones: desde el grito desgarrado (¿cuántas he leído ya que acaban con “I LOVE YOU!!! COME BACK!!!”?¿quince? ¿veinte? ¿cincuenta?) hasta el adolescente que se siente culpable por tonterías (“¡ni siquiera sabía que era pecado!”… me encanta). Cada confesión es un mundo y cada lectura, un cosquilleo culpable.

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Tuesday, May 24th, 2005

Sentencias

Ustedes pueden elegir el que prefieran, tienen para días y días de escarbar en esta base de datos de taglines. Yo me quedo con el de The Prey: ”It’s not human, and it’s got an axe!”

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Friday, May 20th, 2005

DVD: Dolls

Aún no sé hasta qué punto es contraproducente recuperar títulos que tenemos sumidos en la acomodadora y rosada neblina de la nostalgia. Siempre he sido partidario de dejarlos ahí, seguir pensando que Dentro del laberinto (la serie de la BBC de fantasías medievaloides, no la película) era la repanocha. Últimamente, y debido sobre todo a las agradables sorpresas que me han proporcionado algunas recuperaciones fortuitas (Ulysses 31 en cabeza), estoy más por la labor contraria: ya estamos mayorcitos, y si hay que sufrir algún shock que otro porque, demonios, Sport Billy era un tostonazo, a pesar de la tiparraca verde, pues recibimos la colleja, y nos incorporamos guardando fuerzas para cuando nos llegue el DVD de El gran héroe americano, que eso sí que va a ser duro.

Tuve que armarme de valor para recuperar Dolls, porque ya la venía recordando como una cosita simpática, pero irregular y con poca consistencia. Los momentos de pánico vividos cuando la vi por primera vez con quince años acabaron por vencer a cualquier otro reparo, y aunque la edición sueca con la que arramblé en Phenomena tiene una presentación preciosísima, de extras anda cortita la cosa, y me la zampé a pelo, sin subtítulos. ¿El resultado? Absolutamente ninguno. Ninguno reseñable, vamos. Por extravagante que parezca, la experiencia resultó idéntica a hace esos diecipico años que les decía, cuando la grabé por casualidad en el vídeo comunitario (¿recuerdan?) de mi hogar primigenio. Eso no puede ser del todo malo.

Dolls es la tercera película del equipo, aparentemente imbatible por aquel entonces, formado por el productor Brian Yuzna y el director Stuart Gordon. Ya habían rodado sus dos mejores películas, Re-Animator y Re-Sonator, y decidieron cambiar radicalmente de tercio con el título que nos ocupa. Del disparatado ultragore circense de la primera y los surreales delirios post-neocárnicos de la segunda, pasaron a un terror clásico y amable, casi familiar. En Dolls, una serie de viajeros accidentados y un par de autoestopistas recalan en una tétrica mansión donde viven un anciano maestro juguetero y su mujer, en realidad un par de hechiceros que castigarán a los malvados y salvarán y linkarán de forma inequívoca a los puros de corazón.

No me miren así. La descripción de personajes es más maniquea que el catálogo de villanos de la filmografía de Steven Seagal, pero Dolls plantea toda su fuerza, desde su mismo arranque, en reforzar el tópico más que en esquivarlo. La noche eterna, la tormenta inagotable, las víctimas desvalidas, los hechiceros letales pero juiciosos y el cerval pánico, humanísimo y que se remonta al principio de los tiempos, a los objetos inanimados pero antropomorfos, son sólo algunas de las cuestiones sobre las que Dolls no discursea (por suerte: la serie B, ¿recuerdan?), sino que se reboza en ellas, sin replanteamientos ni afán reformulador. Le sienta estupendamente esta actitud, aunque los espectadores más curtiditos podamos ceder en algún momento a la tentación de escupir algún comentario listillo o chascarrillo irónico.

Así, Dolls oscila continuamente entre enunciar tópicos y fórmulas conocidos por todos y, al mismo tiempo, usar esa misma insistencia a su favor, desvelando temores que, por lo básico, son casi metafísicos. Por ejemplo, y enumero paradigmas del pánico: al principio de la película, la niña imagina que su oso de peluche (1), convertido en un juguete gigante (2), rasga (3) su cuerpo falso (4) y descubre (5) un oso real y monstruoso (6), que mata a sus padres (7). Al pánico por la acumulación, y aunque no siempre funciona como debería (un recurrir algo menos a cuestiones gastadas, un usar decorados algo menos pobres que los de Re-Animator –los exteriores son incredibilísimos- no habría estado mal), la duración de 78 minutos escasos convierte a la película casi en un episodio largo y anecdótico de Amazing Stories (de los buenos), con ocasionales apuntes de gore de intensidad alta y buenas ideas. Algún que otro flash de ingenio que compensa las interpretaciones adormecidas y los bandazos de guión, como el fugacísimo momento en el que la luz de los truenos convierte la cabeza del anciano en un cráneo, o ese ridículamente terrorífico plano de la anciana paseando en un carricoche a una muñeca. Posiblemente, muerta.

Por supuesto, salvemos siempre las escenas con muñecos asesinos a bordo: al ser estos los desencadenantes de la violencia, se trata de secuencias carentes de impacto físico, bañadas en una atmósfera lúdica levemente obscena. Todas se desarrollan a esa infravelocidad tan propia de la serie B, de montaje moroso y abundancia de planos de relleno. La muerte de la madrastra o la punkette morena son casi desesperantes en ese sentido, pero benefician el ritmo pegajoso que imponen los muñecos y su absurdo tamaño. Los minicadáveres que esconden los pequeños psicópatas bajo sus rostros de porcelana, o la temida aunque bien resuelta conclusión cíclica son más detalles que hacen de Dolls un clásico menor: una pieza, en fin, muy a tener en cuenta por los obsesos por el lado tenebroso de la infancia (aquí), fans de Yuzna (sip), amigos de la Full Moon (presente) y, en general, gente poco decidida a replantearse que hay películas de terror que ya no se volverán a hacer (sigh… yo).

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Wednesday, May 18th, 2005

ZonaDeVicio Reloaded: Axel Boys Quartet

Como saben bastantes de ustedes, al principio no había nada, y luego estuvo ZonaDeVicio, una web con estructura de protoblog antes de que la mayoría de los bloggers que nos asolan aprendieran a decir “gugú”. Allí conocí al Adultolescente y a numerosos comentaristas y colaboradores de este Focoblog y de Mondo Pixel. Decidido a recuperar parte de su legado, les ofrezco repasado y corregido uno de los artículos más extensos que escribí para su sección de música: un repaso a la breve pero sublime carrera de los fenomenales Axel Boys Quartet.

Partamos del principio universalmente aceptado de que el sentido del humor es saludable. Entonces, ¿por qué demonios es tan difícil encontrar en la música pop no ya sentido del humor, que sería de perogrullo, sino gags musicales, chascarrillos cantados y rimas de la risa? En España siempre hemos tenido ejemplos más o menos tristes de lo que se ha acabado popularizando como “rock tuno”, es decir, Mojinos Escozíos, Inhumanos y No Me Pises Que Llevo Chanclas. Y aunque aquí hay grupos con coña infinitamente mejores que los citados (ese Siniestro Total de mis amores, gran parte de los conjuntos de la movida), y allende los mares sí que hay ejemplos de chanzas pop de qualité (ejemplos no, gracias, que sería completamente injusto elegir a unos y a otros no, aunque no me resisto a citar a The Bloodhound Gang como uno de los surtidores humorísticos más depurados de la reciente historia del pop), hace falta, en general, más ligereza, más coña inteligente y menos poses atormentadas de postalita para asustar a adolescentes.

De lo que hay notoria ausencia, en Europa al menos, es de más de lo que los americanos llaman novelty, un subgénero que clava sus raíces en los mismos orígenes del rythm & blues y el jazz en lo musical, y en el music-hall en lo filosófico. El novelty fue evolucionando al mismo tiempo que el rock y el pop, siempre replicando y parodiando las listas de éxitos, y poniendo en evidencia los tópicos y el mamoneo que han alimentado, desde siempre, las pantanosas aguas del rock’n’roll. Actualmente es un señor subgénero en Estados Unidos, con artistas ya clásicass como Weird Al Yankovic o Dr. Demento, que se burlan de todas y cada una de la estrellas de la música popular que en el mundo han sido. El equivalente musical a lo que los primeros números de MAD fueron a los tebeos.

Pues bien, Axel Boys Quartet es un grupo novelty… danés. Salido de una calenturienta imaginación centroeuropea que aún no tengo identificada (el juego de espejos y seudónimos es tan denso que aún no sé si detrás del invento hay cuatro, diez o treinta personas), Axel Boys y los suyos agarran las convenciones estéticas y, por qué no decirlo, morales del pop de los noventa, las devoran y las regurgitan. El resultado es un producto (porque Axel Boys Quartet es un producto de laboratorio, por suerte para todos, y a mucha honra), absolutamente único y desconcertante, que duró, hasta donde sabe un servidor, dos únicos discos: el contundente y redondo “Everybody Else”, y el irregular pero aún así magnífico “Casino Royal”.

Axel Boys Quartet se disfrazan… ¿o no? ¿es real esta gente? Asumamos, por ejemplo, que los B-52’s o Marylin Manson son reales… ¿por qué no van a serlo Axel Boys y compañía? ¿No seremos más bien nosotros quienes vamos disfrazados?… Se disfrazan, decía, de ultracool y maxigroovy pequeña orquesta sesentera / setentera (según el caso) de música lounge. Por etiquetar así a la ligera. Axel Boys es un crooner (con perdón del abuso de extranjerismos, pero en España, por desgracia, no hay equivalentes para estos términos, y así nos va) acompañado de tres músicos de excepción y que, como cualquier cantante de su estilo que se precie, no compone, sino que hace suyos éxitos ajenos. Axel Boys es una parodia (insisto: si yo he entendido el chiste; que también es posible que Axel sea tal cual… en cuyo caso estaríamos hablando, directamente, de una divinidad encarnada), de hecho, una parodia hipervitaminada y llena de mala leche de gente como Frank Sinatra o, aún más claramente, Tom Jones: mujeriego, seductor, algo paleto, teledirigido por un cerebro en la sombra (dos en este caso) y con mucha, mucha clase, como él mismo se encarga de proclamar a los cuatro vientos en la rumbosa versión que se marca de “Mr. Vain”. Esa clase y ese estilo de cartón piedra propio de Las Vegas, como ellos mismos harían explícito en “Casino Royal”, y que utilizan para, alternativamente, deificar y defenestrar los últimos éxitos del pop intrascendente. La música de ascensor, los excesos orquestales, los arreglos de posproducción entendidos como un plato de spaguetti al que siempre se le puede añadir más y más sustancia, pero manipulados para que sirvan de arma arrojadiza hacia nuestros prejuicios y nuestro limitadito sentido de la ética y la estética musical. Veamos cómo lo lograron.

El primer disco de Axel Boys Quartet se titula “Everybody else”, es decir, “Todos los demás”, primer dardo envenenado de un disco de versiones que, así, divide al panorama pop en dos: Axel Boys Quartet, y el resto. Un guiño cómplice al legendario ego de los crooners clásicos. La vanidad casi clasista de Axel Boys y los suyos no acaba ahí: el libreto de “Everybody else” cuenta cómo los cuatro componentes del grupo se conocieron en el colegio debido a que “tenían un interés mutuo en la música no sólo como oyentes, sino también como contribuidores a la afluencia contemporánea de melodías agradables”. Y concluyen con una sarcástica, y también paródica frase propia del típico ego de la estrella del pop: “La gente suele decir que tenemos suerte. Es extraño, cuanto más duro trabajamos, más suerte tenemos”. Y eso no es todo: el libreto incluye la biografía de los pretendidos cerebros del proyecto, dos terroríficos gemelos que se hacen llamar Juhl Brothers, que creen que “cualquiera, independientemente del país en el que viva, responderá favorablemente a una buena canción, sobre todo si está bien interpretada y el tempo es el correcto para bailar”. Todo parece fácil en el universo Axel Boys, cuando “los candelabros están encendidos, se sirven bebidas exóticas sin alcohol y durante los descansos en la grabación todos pasean por el maravilloso parque que rodea los Axel Boys Studios”.

La ironía, intermitentemente cruel, está clara. Todo esto podría ser serio, pasado de moda si se quiere, pero serio, si se estuviera hablando de los típicos standards de toda la vida: “Strangers in the night”, “My way”, “Green, green grass of home”, “Come Dance With Me” o “I’s not inusual”, es decir, lo que vino a ser el estupendo pero algo señorito “Swing when you’re winning” de Robbie Williams. Pero es que las canciones versioneadas en “Everybody else” son clásicos del eurobeat, ese estilo mezcla de electro masticadito y pop verbenero que arrasó en las pistas de baile durante los noventa: “Scatman”, “Saturday Night”, “Give it Up”, “Dub-I-Dub”… genuínos ejemplos de lo peorcito de la música de usar y tirar de los noventa, que en manos de Axel Boys se convierten en… piezas de cámara. En efecto, los arreglos de, ejem, los Juhl Brothers a base de percusión caribeña, una sección de vientos impresionante y esos típicos ritmos melifluos y lánguidos de música de consulta de dentista, destapan nuevas virtudes de estas canciones, que hasta escuchar a Axel habían pasado inadvertidas.

Porque así, desde luego, nos damos cuenta de la gloriosa estupidez, puro caramelo pop, de letras como la de “Dub-I-Dub”, cuyo estribillo es el magnífico “Dub-I-Dub-I-Dub-I-Dub-Dub-Dub, Dub-I-Dub-I-Dub-I-Yes! Dub-I-Dub-I-Dub-I-Dub-Dub-Dub I don’t need your love… anymore”, o de “Give It Up”, que dice “Lalalalalalalalalalalalalala, baby give it up, give it up, baby give it up”. Es decir, en un contexto de música disco no nos percatamos de la desnudez estética de estas canciones, porque estamos acostumbrados a que las letras sean machaconas y básicas, pero cuando la música es tan sofisticada, rebosante de arreglos orquestales, como la de Axel Boys, cuando las repeticiones interminables no se deben a los samplers o a los efectos sino a que los propios cantantes y coros repiten una y otra vez las mismas frases, de una candidez y una torpeza emocional enternecedoras, ahí es donde Axel Boys y compañía brillan con luz propia.

Porque Axel Boys Quartet no sólo dignifica a sus referentes por la vía del efecto boomerang (y eso), sino que alcanza momentos de genuíno sub-lirismo, ese que sólo pueden pellizcar (y enseñar) los arqueólogos de la antibelleza, aquellos superdotados capaces de escarbar en la basura para encontrar auténticas perlas de preciosismo deformado. Por ejemplo, “All That She Wants” de Ace of Base, que ya era todo un taladro de primera categoría para bouquets del pop-kleenex. O “It Must Have Been Love” de Roxette, ese clásico del baladorrio noventero para discopubs de relumbrón, que alcanza aquí cotas de lirismo insospechadas gracias a los arreglos que convierten a la canción en una deliciosa serenata de tópicos pop. O la también estupenda “Saturday Night”, transformada aquí en delirante chá-chá-chá bastardo, tan bailable como el original y con la fuerza de esos coros ya convertidos en un clásico del eurobeat. Es decir, que Axel Boys utiliza la ironía para reivindicar a la inversa, para poner en su justo lugar a sinfonías del descerebre como todas las que conforman “Everybody Else” (a excepción de dos canciones originales, las respectivas sintonías para unas presuntas serie de televisión y película que yo daría el brazo derecho por que se rodaran).

Lo que hace que Axel Boys no acabe convertido en el cabecilla de una fanfarria de pueblo, o directamente una tuna, es que el chiste está construído de forma creíble. Es decir, los componentes de Axel Boys Quartet van vestidos como una genuína orquestilla setentera que se ha dado un trastazo en el túnel del tiempo y ha aparecido a finales de los noventa. Musicalmente son impecables, casi diría yo que son músicos de conservatorio: convierten en sinfonías pop lo que antes eran piececillas de usar y tirar, música construída para escalar en las listas y ser olvidada poco después.

Este peculiar proceso de deconstrucción del pop de las dos últimas décadas prosiguió con “Casino Royale”, un trabajo que confirmó las sospechas que apuntaba “Everybody Else”: los logros de su debut no eran casuales. Procedían de una estudiada pose de francotirador musical, camuflado no en la espesura de la jungla, sino en el mismo corazón de la jet set. El enemigo estaba dentro. Los fans hubiéramos preferido quizás una ampliación de las tesis de “Everybody Else”, como por ejemplo un disco dedicado íntegramente a las frívolas divas del eurodisco en una demolición paso a paso del curioso papel de las féminas en la siempre abominable cultura de club en los albores de la década pasada. Pero Axel Boys Quartet prefirió avanzar por un tipo de versiones de tipo más cómico, ya entrando directamente en el terreno de lo extremadamente pop-ular.

El mensaje de “Casino Royale”, por una parte, redunda en el de “Everybody Else”. Cualquier cosa puede ser melódica, parece entonar Axel entre gorgoritos y la quincuagésima capa de arreglos barrocos (pero pop). Es más, si en su debut la coda de esta moraleja era “De hecho, jamás sospecharías que algo así puede ser melódico”, en esta ocasión, la apostilla es “Y tú ya sospechabas que esto podía ser melódico”. El juego de espejos en “Casino Royale” es mucho más obvio, pero igualmente fascinante: los modelos elegidos ya no proceden de la discoteca, sino de las sesiones vespertinas de la MTV. Will Smith, Whitney Houston, Aqua, No Doubt… lo más granado del pop reciclable de los últimos tiempos.

En “Casino Royale” se juega a resaltar lo obvio, a hacer evidente un juego de placeres culpables que (lo he comprobado) confunde profundamente a pretendidos melómanos pop para quienes St. Germain son el ejemplo perfecto de un lirismo del tres por cuatro. La labor de Axel Boys Quartet es aquí mucho menos de reinterpretación, y más de demostración: en efecto, no hace falta un gran esfuerzo para convertir en joyas camp y festivas a clásicos de la cultura de la necedad como “Barbie Girl” o “All ‘bout the Money”.

El único pero, por esa misma razón, que se le puede echar en cara a “Casino Royale” es la mecánica precisión con la que se llevan a cabo las versiones, de tal modo que, por primera vez, hay canciones levemente olvidables: lo son cuando los originales son mediocres y no tienen relevancia ni como megabasura pop ni como bisutería disco. Es el caso del “Believe” de Cher o el “Men in Black” de Will Smith, pavisosos originales transformados en marchosos standards, gracias al inefable estribillo y el delicioso control de la voz de Axel en la primera, y el equivalente lounge al rapeado de Will Smith en la segunda, plagando el tema de esos neologismos y convenciones del hip hop para todos los públicos de los noventa. Gustan, pero no marcan.

Dejando estos dos peros de lado, el resto del disco es una delicia, a pesar de algunos momentos odiosamente obvios: hay, de nuevo, un tema original, “Casino Royal”, pletórica parodia de esa fusión conceptualmente absurda entre ritmos latinos y lujo lounge de andar por casa tan típica de hace unas décadas. Pero los mejores momentos llegan con la demencial selección de canciones pop versioneadas. Por ejemplo, “Axel’s Back”, un remedo orientalizado del “Backstreet’s Back” de Backstreet Boys en el que apenas hay que modificar nada para dotarla de comicidad, dada la divertida estulticia de la letra original, que aquí funciona como una sarta de tópicos abstractos absolutamente descontextualizados, entre los que destaca la frase, eterna y fascinantemente estúpida, de “Wave in the air like you don’t care” de la que ya se cachondearon lo suyo Bloodhound Gang. En la misma onda se mueve “Barbie Girl”, una absoluta delicia que podría haber convertido a Axel Boys en un grupo masivo: maravillosa intervención de las cuerdas e increíble dignificación del original, que ya era una de las mejores canciones de pop masivo de los noventa. Lo mejor de este “Barbie Girl”, sin embargo, es el videoclip (incluído, en varios idiomas, en el CD original de “Casino Royale”), toda una declaración de principios, en los que los Boys de Axel discuten acerca del terco protagonismo que éste acapara en todas sus intervenciones a pesar de que para nada es el cerebro del grupo. Otra irónica vuelta de tuerca a los tópicos del grupo de rock, sus roces y sus miserias, en un videoclip que explota al cien por cien la aberrante estética de lentejuelas y esmoquins del grupo y su sonido insultantemente sobón. Otro éxito coyuntural transformado en épica dramática de cartón piedra es “Don’t Speak” de No Doubt, el “It Must Have Been Love” de “Casino Royale”: gracias al tono frívolón y de falso dramatismo de Axel y los suyos, la sarta de tópicos que compusieron los americanos se convierte en una exquisita remezcla de la canción original que contiene el estilo de las baladas para adultos de los noventa, swing refrito y easy-listening flojero. Una joyita.

Más pop atorrante ofrece la que es, junto con “Barbie Girl”, el gran hit del conjunto: “I’ll Always Love You” (con el ojo puesto más en la versión de Whitney Houston que en la original de Dolly Parton, obviamente). El logro está en mezclar, con diáfana mala baba, la letra original con la pegadiza melodía del estandarazo “It’s not inusual”, con lo que el homenaje es doble y la potenciación de la tragedia de cartón piedra del original, sublime. Conceptualmente inmensa y musicalmente divertidísima, “I’ll Always Love You” es la prueba definitiva de que Axel Boys estaban muy por encima de, por ejemplo, su competidor más directo, Mike Flowers Pop, que a pesar de aciertos puntuales en su “Groovy Place” (la versión del “1999” de Prince, el medley de antihits de la Velvet), adolecía de un defecto que, hasta donde yo recuerdo, nadie le echó en cara: Mike Flowers, realmente, creía que payasos como Björk, Oasis o The Doors molaban, por encima de pequeñas chanzas en versión lounge. Es decir, cuando Mike Flowers se quita el pelucón, se pone un disco de los Chemical Brothers. Axel Boys, pelucón aparte, siempre dan la impresión de que cuando no están acompañados de una orquesta de cámara, siguen escuchando a Roxette, a Whigfield y a Tom Jones. Que todo eso es compatible, porque yo lo hago: el chiste de Axel Boys Quartet es infinitamente más compacto que el de sus muchos imitadores y precedentes.

Hay más, mucho más en “Casino Royale”: “All’bout the Money” recupera el tono de “Everybody Else” con una dignificación de otro clásico menor del eurobeat, esta vez con el mítico estribillo “It’s all about the money / it’s all about the dum-dum-daradi-dum / I don’t think it’s funny”: otro ajuste de cuentas sin prejuicios de género. Mucho antes de que a Metallica le diera por orquestar sus turros metaleros, Axel Boys ya tuvo esa idea, despachándose a gusto con el clásico melenudo “Nothing Else Matters”, una apropiación del mensaje implícito en la canción –totalmente coherente con las intenciones de Axel & Co.- en clave de swing marchoso, que puede hacer que se desestabilicen los prejuicios del blackmetalista más cejijunto, y que redunda en una inquietante moraleja, también aplicable a la algo tuna pero absolutamente sublime “The Final Countdown” al estilo mariachi que cierra este trasto. Y, como no, esa “Macarena” versión balada chorreosa para cuarentonas cuya comicidad es pelín más obvia de lo que acostumbra Axel Boys… lo que no suaviza, por otra parte, ni un ápice de la mala baba que destila.

Un artefacto, en fin, que supone un triste adiós (y a pesar de las imitaciones, ignorado… actualmente es imposible encontrar ni rastro de información decente sobre ellos) para uno de los conceptos más atrevidos del pop moderno. Particularmente, me recuerdan a Sigue Sigue Sputnik: vilipendiados en su momento, ignorados hasta hace nada (ni a los más modernos del lugar les gustaba hace dos años “Love Missile F1-11”)… pero cada vez que recuerdo la gloriosa consigna del BoSSS “Evolution will be televised” se me ponen los pelos como escarpias. Pues más de lo mismo para Axel & Co.: nadie se acuerda de ellos, pero veremos en unos años qué resulta más genuíno, si “Saturday Night” o los intragables mohínes de Björk.

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Monday, May 16th, 2005

Espán y demuéstrame que es cierto que me respetas

Como complemento de los sinusosos últimos días de autobombo, aquí tienen el cartelico del concierto en el Esperpento de Salamanca (calle Bermejeros) con Me Dais Poca, el sábado 21. Si están por allí el viernes 20, no estaría mal que se pasaran a ver a los sicalípticos Dwomo y ya echen el viaje y los restos. Como premio a esa fidelidad que nos tienen, les incluyo uno de los hits que estrenaremos con la nueva formación, la sumamente tuna & proud of it “Enséñame las tetas”

ENSEÑAME LAS TETAS
Letra: Tones / Música: Urethra

Demuéstrame que aquello que me dijiste
Es todo cierto, que no me mentiste
Demuéstrame que siempre me amarás
Quedándote esta noche después de cenar

Yo te perdono tus infidelidades
Pero haz eso de nuevo con las extremidades
Sé siempre mi novia de tipo vintage
Y déjame que chupe otra vez tu tatuaje

ESTRIBILLO
Demuéstrame que es cierto que me respetas
Demuestra que me quieres y enséñame las tetas
Dime otra vez que seré siempre tu amigo
Dímelo mil veces pero acuéstate conmigo

Todas tus razones me parecen perfectas
Pero te lo repito, quiero ver tus tetas
Yo sé que tú en el fondo me aprecias
Pon a mi disposición esas curvas tan recias

No te preocupes, esto no cambia nada,
Seguiré teniendo ganas la próxima semana
Tendremos para siempre la relación perfecta
Tú, yo, mi minga y tu par de tetas

ESTRIBILLO
Demuéstrame que es cierto que me respetas
Demuestra que me quieres y enséñame las tetas
Dime otra vez que seré siempre tu amigo
Dímelo mil veces pero acuéstate conmigo
Y enséñame el higo
Enséñame el higo
Enséñame una teta
Aunque sea una
Enséñame las tres tetas

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Thursday, May 12th, 2005

Tres seres humanos

P.A.J.E.R.O. va, poco a poco, aproximándose a lo que siempre he tenido en la cabeza como concepto ideal de grupo (porque estarán de acuerdo en que, preferencias desustanciadas aparte, lo de Mini Pierna Extra no puede estar en la cabeza de nadie con un mínimo de sensatez… aquello salió así por generación espontánea). Ahora ya tenemos un señor local de ensayo, donde no tenemos que temer demasiado a que las paredes revienten, lleno de posters de tías en pelotas comme il faut, y agárrense, nuevo bajista. Responde al muy punkito apelativo de Johnny Urethra, y como pueden imaginar, está ayudando a convertir el mecánico y funcional tikitiki original del Cacharro Fucsia en una apisonadora, porque al igual que Asterisco con su guitarra y yo con mi esófago, el señor Urethra interpreta las canciones a hostia limpia. De momento ya estamos más cerca de los Misfits que de Depeche Mode. Para mí es un progreso. Ustedes, pues ustedes mismos. El estreno de la nueva formación, de la que les envío unas cuantas imágenes cortesía de Miss Chili Temple, será el próximo sábado 21 de mayo en Salamanca, en compañía de los titanes de Me Dais Poca. Ya les espamearemos.

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Tuesday, May 10th, 2005

Aquí están los camborios

¿Han tenido la suerte de ver el (estupendo: tanto, que posiblemente sea importado) trailer de la mejor película del pasado 2004, aka Kug Fu Hustle? Bien, así ya sabrán que el título en castellano será Kung-Fu-Sión, que me hace gracia relativa tirando a manifiesta. Para qué les voy a decir otra cosa. Lo que me hace menos gracia es que, me chivan, el doblaje es de los de complemento directo creativo, y los tiparracos de Columbia han decidido enmendar la plana a Stephen Chow, potenciando el salero de la película por su cuenta y riesgo. Para ello, han plagado los diálogos de la película de acentos de todas las localizaciones posibles: Chow parece recién salido de Lavapiés, y su amigo tiene un marcado deje catalán. Los malvados son respectivamente argentino y mejicano, y el matrimonio de caseros, andaluces. El resto del vecindario donde se desarrolla la acción está bien surtido de gallegos, maños, vascos y, en general, todos los acentos que se pueden echar a la cara, y que convierten en risión hasta la frase más inocente.

Yo no he visto el resultado: mi confidente me aseguró que al principio le pareció irritante, pero pasados unos cuantos días, enfriado el impacto inicial, ya califica el engendro de involuntariamente psicotrónico, y está decidido: “El DVD español es la mejor elección para conservar esta película en el futuro”. Con la versión original y, por otro lado, con esa cosa… ese… esa… esa desafiante españolidad. Yo no sé lo que se dirá por ahí al respecto (la gente de Columbia pidió a los periodistas que no hicieran ningún comentario sobre el particular en la reciente visita de Chow a nuestro país), pero este es mi consejo: si no toleran un DVD con subtítulos en inglés (ustedes se lo pierden: la edición especial hongkonesa tiene un librito del que, lógicamente, no se entiende ni mu, pero que es una preciosidad), bájense la película con eMule, Bit Torrent o lo que gasten, cuando haya screeners o cuando ripeen el DVD, que de aquí a finales de verano lo tendrán dando tumbos por su comercio del ramo más de confianza. Sí, estoy apoyando una actividad abiertamente delictiva y punible con la ley en la mano, dicen por ahí: pero moralmente, yo les absuelvo de cualquier remordimiento, están perfectamente legitimados para hacerlo. Cáguense en las multinacionales como mejor saben hacerlo: moviendo el índice de la mano de las pajas.

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Thursday, May 5th, 2005

Son cien mil

Hace un par de semanas me marqué un post muy similar en Mondo Pixel, así que seré breve. Gracias por hacernos llegar hasta las cien mil visitas: a otros imperios de la blogosfera les parecerá una nadería, a nosotros nos parece un disparate. Así que agradecidísimos estamos. Aprovecho también para pedir disculpas por la pequeña pausa de esta semana: yo la necesitaba, pero no me he quedado cruzado de brazos. El Resurgir del que les hablaba hace un par de posts está en marcha, y con todo, tendrán alguna actualización de Museo Pajero de aquí al fin de semana. Mientras tanto, la Focomela sigue siendo la maestra indiscutible del no-humor. Disfruten de sus incomprensibles chascarrillos en la columna de la izquierda. Qué cosas hace esta chica.

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