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P.A.J.E.R.I.S.M.O. este jueves en El Juglar

Entrada publicada el 31 de Mayo de 2005 por John Tones

Este jueves, en El Juglar, la armamos con Me Dais Poca. Habrá estrenos de nuevas canciones, habrá palabras procaces y habrá ruido. Yo creo que teniendo en cuenta cómo está el panorama, es un buen trato. Pinchen en el flyer para tamaño Godzilla.

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La canción de mayo

Entrada publicada el 30 de Mayo de 2005 por John Tones

Antes tenía un poster de Usagi Yojimbo enmarcado sobre la cabecera de la cama. Es un poster precioso (miren, lo he encontrado: es este, pero sin letras) que llevaba ahí algo así como dos años, con Usagi cabalgando, katana en mano, sujetando las riendas de su corcel con los dientes. Una maravilla. El otro día decidí cambiar, como tantas otras cosas estoy decidiendo cambiar últimamente, porque aunque hay cosas que nunca van a caer de las paredes de mi casa, como el tremendo original con la muerte del padre de El Niñato, o el póster numerado y firmado con la carátula del War of the Monsters (que hace que el paso vacile levemente cuando se entra en el pasillo de mi casa, y haría retroceder con un traspiés de terror súbito al más pintado si no fuera porque ahí al fondo, junto a las puertas, Mazinger Z inspira confianza e infunde valor). No se apuren, ya los verán, son pasto potencial de Museo Pajero.

Como a la Focomela y a Asterisco les hacían los ojillos chiribitas cada vez que venían a casa, les he dado el póster de Usagi, con su marco y todo, a cambio de un marco nuevo, en un cambalache del que supongo que económicamente no ha salido ganando nadie, pero moralmente, lo han hecho ellos. Seguro: marco vacío a cambio de Usagi Yojimbo. No pasa nada, porque yo ya tenía dispuesto el sustituto: lo ven ahí reproducido, un teaser poster de Labyrinth, exquisitamente dibujado por un imitador del Sienkiewicz más comercial, como bien se apresuró a señalar Aureal. Mientras yo me peleaba con el marco (que es de Ikea, es decir, para focomelos, pero yo no he heredado la pasión de mi padre por el bricolage), Aureal le decía unas barbaridades a mi XBox recién tuneada que ni en TeenageProfaners.com se han llegado a oir, del odio circunstancial hacia la tecnología punta y furia post-Burger King que destilaban. Al final, yo enmarqué mi cuadro y, con un poco de paciencia, las ultramejoras que mi XBox ansiaba quedaron prácticamente resueltas. Gracias, 900-Aureal-Línea de asistencia postmod.

Este mes no sabía que canción brindarles, porque estoy fascinado con Nerf Herder, pero de verdad. Pero ya habíamos hablado de Nerf Herder. Así que les traigo un clásico incombustible, esta pequeña joyita de la banda sonora de Labyrinth, aprovechando el trauma post-poster (bella composición fonética). La dejo así, sin comentarios ni interpretaciones, porque como saben quienes me conocen, yo acabaré montando un blog sólo sobre Labyrinth, o escribiendo un libro, o organizando un ciclo de conferencias, o haciendo algo definitivo o espectacular sobre el peliculón. Y entonces todos lloraremos juntos. Mientras, dejen que siga disfrutando perversamente: Jareth siempre, siempre, siempre sufre más que uno mismo. Anda, adelanta el reloj unas cuantas horitas. Si va a dar lo mismo. Y lo sabes.

Si es que lo sabe, el tío. Pero él, dale que dale. Siempre se va a quedar a punto, hasta que Sarah decide que no, que ella no quiere un hombre, quiere un puto vegetal.

AS THE WORLD FALLS DOWN
David Bowie – BSO “Labyrinth”

There’s such a sad love
Deep in your eyes, a kind of pale jewel
Open and closed within your eyes
I’ll place the sky within your eyes

There’s such a fooled heart
Beating so fast in search of new dreams
A love that will last within your heart
I’ll place the moon within your heart

As the pain sweeps through
Makes no sense for you
Every thrill has gone
Wasn’t too much fun at all
But I’ll be there for you-oo-oo
As the world falls down

Falling
(As the world) Falling down
Falling in love

I’ll paint you mornings of gold
I’ll spin you Valentine evenings
Though we’re strangers till now
We’re choosing the path between the stars
I’ll leave my love between the stars

Falling
(As the world) Falling down
Falling
As the world falls down
Falling
Falling
Falling
Falling in love
As the world falls down
(down) Falling
Falling
Falling
Falling in love
As the world falls down

Falling
Falling
Falling

Makes no sense at all
Makes no sense to fall
Falling
As the world falls down
Falling
Falling
Falling in love
As the world falls down
(down) Falling
Falling
Falling in love
Falling in love (love)
Falling in love
Falling in love
Falling in love

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No sabiendo que era pecado

Entrada publicada el 26 de Mayo de 2005 por John Tones

La añorada Sarah Ingram posteó recientemente en la lista brutta las direcciones de un par de webs con estructura de blog colectivo que posiblemente los más modernos del lugar ya conocían, pero que a mí me han tenido absorto durante un par de días. Uno de ellos es GroupHug.Us, y el otro, Not Proud. Ambos son recintos abiertos para el desahogo anónimo, en el que se entra, se exabrupta un pecado, pecadillo o pecadote, y sale uno por donde ha entrado, sabiendo que su lloriqueo va a ser pasto de millones de voyeurs virtuales. Lo triste, lo excitante del caso es que nadie ofrece apoyo, no hay posibilidad de comentarios, es simplemente un grito furioso, muchas veces desesperado, buscando una redención que no va a llegar porque nadie verdaderamente implicado en la onda expansiva de ese pecado va a escuchar la catarsis o a saber que la está escuchando. Es la gran miseria de internet a la enésima potencia, y es maravilloso precisamente por eso. Not Proud, que organiza sus confesiones por pecados capitales, ha editado un libro recopilando las mejores y más extraordinarias confesiones que han llegado hasta ellos, pero francamente, no creo que el formato impreso tenga el impacto de la web, posiblemente debido a que las palabras de la web se las lleva el viento virtual, lo que las hace aún más tristonas y melancólicas. Lo fascinante, creo que lo que realmente me desarma de todo esto es la variedad de tonos entre las dintintas confesiones: desde el grito desgarrado (¿cuántas he leído ya que acaban con “I LOVE YOU!!! COME BACK!!!”?¿quince? ¿veinte? ¿cincuenta?) hasta el adolescente que se siente culpable por tonterías (“¡ni siquiera sabía que era pecado!”… me encanta). Cada confesión es un mundo y cada lectura, un cosquilleo culpable.

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Sentencias

Entrada publicada el 24 de Mayo de 2005 por John Tones

Ustedes pueden elegir el que prefieran, tienen para días y días de escarbar en esta base de datos de taglines. Yo me quedo con el de The Prey: ”It’s not human, and it’s got an axe!”

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DVD: Dolls

Entrada publicada el 20 de Mayo de 2005 por John Tones

Aún no sé hasta qué punto es contraproducente recuperar títulos que tenemos sumidos en la acomodadora y rosada neblina de la nostalgia. Siempre he sido partidario de dejarlos ahí, seguir pensando que Dentro del laberinto (la serie de la BBC de fantasías medievaloides, no la película) era la repanocha. Últimamente, y debido sobre todo a las agradables sorpresas que me han proporcionado algunas recuperaciones fortuitas (Ulysses 31 en cabeza), estoy más por la labor contraria: ya estamos mayorcitos, y si hay que sufrir algún shock que otro porque, demonios, Sport Billy era un tostonazo, a pesar de la tiparraca verde, pues recibimos la colleja, y nos incorporamos guardando fuerzas para cuando nos llegue el DVD de El gran héroe americano, que eso sí que va a ser duro.

Tuve que armarme de valor para recuperar Dolls, porque ya la venía recordando como una cosita simpática, pero irregular y con poca consistencia. Los momentos de pánico vividos cuando la vi por primera vez con quince años acabaron por vencer a cualquier otro reparo, y aunque la edición sueca con la que arramblé en Phenomena tiene una presentación preciosísima, de extras anda cortita la cosa, y me la zampé a pelo, sin subtítulos. ¿El resultado? Absolutamente ninguno. Ninguno reseñable, vamos. Por extravagante que parezca, la experiencia resultó idéntica a hace esos diecipico años que les decía, cuando la grabé por casualidad en el vídeo comunitario (¿recuerdan?) de mi hogar primigenio. Eso no puede ser del todo malo.

Dolls es la tercera película del equipo, aparentemente imbatible por aquel entonces, formado por el productor Brian Yuzna y el director Stuart Gordon. Ya habían rodado sus dos mejores películas, Re-Animator y Re-Sonator, y decidieron cambiar radicalmente de tercio con el título que nos ocupa. Del disparatado ultragore circense de la primera y los surreales delirios post-neocárnicos de la segunda, pasaron a un terror clásico y amable, casi familiar. En Dolls, una serie de viajeros accidentados y un par de autoestopistas recalan en una tétrica mansión donde viven un anciano maestro juguetero y su mujer, en realidad un par de hechiceros que castigarán a los malvados y salvarán y linkarán de forma inequívoca a los puros de corazón.

No me miren así. La descripción de personajes es más maniquea que el catálogo de villanos de la filmografía de Steven Seagal, pero Dolls plantea toda su fuerza, desde su mismo arranque, en reforzar el tópico más que en esquivarlo. La noche eterna, la tormenta inagotable, las víctimas desvalidas, los hechiceros letales pero juiciosos y el cerval pánico, humanísimo y que se remonta al principio de los tiempos, a los objetos inanimados pero antropomorfos, son sólo algunas de las cuestiones sobre las que Dolls no discursea (por suerte: la serie B, ¿recuerdan?), sino que se reboza en ellas, sin replanteamientos ni afán reformulador. Le sienta estupendamente esta actitud, aunque los espectadores más curtiditos podamos ceder en algún momento a la tentación de escupir algún comentario listillo o chascarrillo irónico.

Así, Dolls oscila continuamente entre enunciar tópicos y fórmulas conocidos por todos y, al mismo tiempo, usar esa misma insistencia a su favor, desvelando temores que, por lo básico, son casi metafísicos. Por ejemplo, y enumero paradigmas del pánico: al principio de la película, la niña imagina que su oso de peluche (1), convertido en un juguete gigante (2), rasga (3) su cuerpo falso (4) y descubre (5) un oso real y monstruoso (6), que mata a sus padres (7). Al pánico por la acumulación, y aunque no siempre funciona como debería (un recurrir algo menos a cuestiones gastadas, un usar decorados algo menos pobres que los de Re-Animator –los exteriores son incredibilísimos- no habría estado mal), la duración de 78 minutos escasos convierte a la película casi en un episodio largo y anecdótico de Amazing Stories (de los buenos), con ocasionales apuntes de gore de intensidad alta y buenas ideas. Algún que otro flash de ingenio que compensa las interpretaciones adormecidas y los bandazos de guión, como el fugacísimo momento en el que la luz de los truenos convierte la cabeza del anciano en un cráneo, o ese ridículamente terrorífico plano de la anciana paseando en un carricoche a una muñeca. Posiblemente, muerta.

Por supuesto, salvemos siempre las escenas con muñecos asesinos a bordo: al ser estos los desencadenantes de la violencia, se trata de secuencias carentes de impacto físico, bañadas en una atmósfera lúdica levemente obscena. Todas se desarrollan a esa infravelocidad tan propia de la serie B, de montaje moroso y abundancia de planos de relleno. La muerte de la madrastra o la punkette morena son casi desesperantes en ese sentido, pero benefician el ritmo pegajoso que imponen los muñecos y su absurdo tamaño. Los minicadáveres que esconden los pequeños psicópatas bajo sus rostros de porcelana, o la temida aunque bien resuelta conclusión cíclica son más detalles que hacen de Dolls un clásico menor: una pieza, en fin, muy a tener en cuenta por los obsesos por el lado tenebroso de la infancia (aquí), fans de Yuzna (sip), amigos de la Full Moon (presente) y, en general, gente poco decidida a replantearse que hay películas de terror que ya no se volverán a hacer (sigh… yo).

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