Aquí están los camborios
¿Han tenido la suerte de ver el (estupendo: tanto, que posiblemente sea importado) trailer de la mejor película del pasado 2004, aka Kug Fu Hustle? Bien, así ya sabrán que el título en castellano será Kung-Fu-Sión, que me hace gracia relativa tirando a manifiesta. Para qué les voy a decir otra cosa. Lo que me hace menos gracia es que, me chivan, el doblaje es de los de complemento directo creativo, y los tiparracos de Columbia han decidido enmendar la plana a Stephen Chow, potenciando el salero de la película por su cuenta y riesgo. Para ello, han plagado los diálogos de la película de acentos de todas las localizaciones posibles: Chow parece recién salido de Lavapiés, y su amigo tiene un marcado deje catalán. Los malvados son respectivamente argentino y mejicano, y el matrimonio de caseros, andaluces. El resto del vecindario donde se desarrolla la acción está bien surtido de gallegos, maños, vascos y, en general, todos los acentos que se pueden echar a la cara, y que convierten en risión hasta la frase más inocente.
Yo no he visto el resultado: mi confidente me aseguró que al principio le pareció irritante, pero pasados unos cuantos días, enfriado el impacto inicial, ya califica el engendro de involuntariamente psicotrónico, y está decidido: “El DVD español es la mejor elección para conservar esta película en el futuro”. Con la versión original y, por otro lado, con esa cosa… ese… esa… esa desafiante españolidad. Yo no sé lo que se dirá por ahí al respecto (la gente de Columbia pidió a los periodistas que no hicieran ningún comentario sobre el particular en la reciente visita de Chow a nuestro país), pero este es mi consejo: si no toleran un DVD con subtítulos en inglés (ustedes se lo pierden: la edición especial hongkonesa tiene un librito del que, lógicamente, no se entiende ni mu, pero que es una preciosidad), bájense la película con eMule, Bit Torrent o lo que gasten, cuando haya screeners o cuando ripeen el DVD, que de aquí a finales de verano lo tendrán dando tumbos por su comercio del ramo más de confianza. Sí, estoy apoyando una actividad abiertamente delictiva y punible con la ley en la mano, dicen por ahí: pero moralmente, yo les absuelvo de cualquier remordimiento, están perfectamente legitimados para hacerlo. Cáguense en las multinacionales como mejor saben hacerlo: moviendo el índice de la mano de las pajas.













