Cosas de la vida: Los Cuatro Fantásticos
A ver cómo lo digo para que se me malinterprete lo justo…
“Todas las películas de superhéroes deberían ser como Los Cuatro Fantásticos”
Mierda, no sean gilipollas, bajen los tenedores y los rifles con mirilla ajustable, no he perdido el juicio aún. Lo digo en un sentido muy específico. Tómenlo así: “Hay detalles (del bien) en Los Cuatro Fantásticos que he visto en pocas películas de superhéroes hasta la fecha”. ¿Mejor? Anden, tómense la pastillita.
El primero de esos detalles, y que además empapa cada fotograma de la película, es que es una película de serie B. No me refiero al presupuesto, que también (no es Spider-Man, obviamente, pero tampoco es Vampirella), sino a la actitud. No es sólo que le gusta el material del que parte (como a Shyamalan le gustaba la base de El Protegido), es que se lo cree. Pero no se lo cree como el que acaba de leerse Watchmen y piensa que puede parir la enésima vuelta de tuerca al hombre que se enmascara: se lo cree porque le gusta el concepto de la gente con poderes sobrehumanos y buen corazón. El uniforme, la máscara, el lado oscuro son convenciones interesantes, pero no son la esencia del superhéroe. Me imagino a Michael France (curiosas sus películas de supes, ¿eh?: Hulk, The Punisher y ésta), guionista de Los Cuatro Fantásticos, con una montaña de tebeos a su lado y escribiendo en su procesador “Los Cuatro Fantásticos – Primer Borrador”. Y nada más escribirlo, le asalta la misma sensación que a mí cada vez que tecleo el título de la película: “LOS CUATRO FANTÁSTICOS”. Hostia puta. ¿Qué cosa infecta de denominación es esa? Claro, es que hace varias décadas que se inventó, pero analicen, paladeen… “Cuatro”… “Fantásticos”… “Antorcha”… “Humana”. Llegados a este punto, supongo, el guionista pudo escoger entre ser irónico en una disección con mordiente del mito (a ver si llega alguien que logre hacerla, porque como sean los monólogos de Magneto en X-Men 2 –que me gustó mucho - lo máximo que vamos a lograr en ese sentido, apañados vamos), o creérselo y tirarse en plancha a una fantasía que, desde un punto de vista lógico, no hay por donde cogerla.
Escogió la segunda opción.
Y lo mejor es que gracias a ese espíritu de serie B que no es nada impostado y que inunda los mejores logros de películas con un espíritu similar al de, por ejemplo (las primeras que se me vienen a la cabeza), Deep Rising o Destino final, logra creer en sus propios personajes, en sus limitadas, esquemáticas, maniqueas y ridículas personalidades y líneas argumentales. Y nos lo transmite, transmite esa sensación de “Eh, es un tebeo, pero es un tebeo que mola”. Por fin alguien ha tenido los santos cojones de enfrentarnos con nuestro propio miedo a parecer inmaduros, por fin alguien hace una película de superhéroes cuyo mensaje no es “Esto es algo más que un tebeo”. Por fin una película de superhéroes que liquida temas tan soporíferos como el uniforme, la identidad secreta, la domesticación de los poderes o el puto “Tú y yo somos dos caras de la misma moneda / el mismo reflejo en el espejo / tu padre / el asesino de tu padre / el hijo del asesino de tu padre” de un plumazo, con humor, con una frase ingeniosa, o implemente, los IGNORA. Da por sentado que sabemos que esa gente va a acabar disfrazándose y salvando a la gente por puro altruísmo y porque sí. Y porque sí está más que bien, me parece una razón perfecta. “Pues aquí unos trajes de moléculas inestables que…”, “Eh, ¿quién le ha cosido este “4” a los trajes?” En diez minutos, están teniendo el accidente. En veinte, los cuatro están usando sus poderes a toda máquina. Sin distracciones. Todo en Los Cuatro Fantásticos es modesto, hasta los conflictos de los personajes. El Dr. Doom no quiere conquistar el mundo, sólo darle una colleja a quien le ha quitado la novia.
Por supuesto, esta asumida pertenencia a la sección “Series Medias” de la estantería lleva consigo un par de contrapartidas que a mí me parecen no ya bien, sino fenomenal, pero que al público mayoritario que no ha leído ni leerá un tebeo de los 4F les parecerá apestoso. Aunque ustedes no son de esos, ¿verdad? Veamos: hay exceso de diálogos. Aunque a mí me gustan, porque nunca, nunca hablan en abstracto: no hay “un gran poder conlleva una gran responsabilidad y te callas”, ni un “la bestia está en tu interior y sólo en ocasiones límite la dejas salir”, ni un “una oscuridad sin límites me corrompe el alma, sólo disfrazándome de plantígrado puedo evacuarla de manera adecuada”. En Los Cuatro Fantásticos, cinco (sí, ya) personas reciben poderes, y los usan. Y a otra cosa. Pero hay exceso de diálogo, lo reconozco. Tan vacuo como un telefilm, pero al menos no es pomposo.
Más contrapartidas de no ser X-Men 3: las escenas de acción no son nada espectaculares, comparadas, claro con hombres araña y mutantes. No son mejores ni peores que las de Daredevil, por ejemplo: están cuidadas, pero vemos a la Antorcha Humana un total de cuatro o cinco minutos de metraje. Alguna infografía, sobre todo las referentes a Mr. Fantástico, son horribles. HORRIBLES. Las secuencias de acción suceden a veces fuera de plano (¡fuera de plano!… Mr. Fantástico se estira, y sólo le vemos la cara de esfuerzo). Es como la película con actores de Popeye, ese “vamos a intentar imitar la cinética de los tebeos moviéndonos muy rápido”. Y claro, no es eso. A veces pasa aquí, esa sensación de que hay cosas de los tebeos que… bueno, para eso salen en los tebeos y no en otra parte. Por cierto, a mí me gusta La Cosa: se nota que es un traje de goma, pero qué demonios. Es La Cosa. Olvídense de esa mierda de “Esta no es La Cosa, que me la han cambiado”. Sí lo es: cuando la vean desviando un chorro de agua de una boca de riego con la punta del pie, verán a La Cosa.
Los Cuatro Fantásticos no es redonda, ni lejanamente. No estoy diciendo que sea mejor que espidermanes o equismenes, pero a mí me cae mejor, por intenciones y resultados. Es tan sencillo como eso. Deambulas por una película de gente superpoderosa orientada (claramente) a un público de preescolar, y encuentras que han reflejado perfectamente toda la ternura y contradicciones que siempre ha habido en la relación entre Johnny y La Cosa. O que llevábamos toda la vida esperando ver algo como la pelota de metal que La Cosa hace con el deportivo de La Antorcha Humana. O que hay detalles (la aplicación en la vida cotidiana de la elasticidad de Reed, los gags de la Chica Invisible desnudándose en plena calle, el hecho de que La Cosa aprenda su motto “Es la hora de las tortas” de un muñeco que “han hecho los de marketing”) que revelan un cariño por la fuente original, y sobre todo, por el medio en el que aparecieron originalmente del que no pueden presumir otros mastodontes fílmicos superheroicos, posiblemente más obras de autor, pero desde luego, mucho más desalmados. Sí, es contradictorio. Sí, me da igual.














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December 29th, 2006 at 12:57 am[...] JT: - Va a ser MEJOR AUN. [...]