Thursday, July 7th, 2005
DVD: Gremlins
”A ver qué me va a contar Tones de Gremlins que yo no sepa”. Pues nada, oigan. Les voy a contar exactamente eso. NADA. Volví a verla hace unos pocos días, porque conseguí las ediciones en DVD americanas de ambas entregas, hasta los huevos de esperar a que las editaran por aquí, y aproveché para revisarlas. Lo más curioso es eso que les estoy diciendo: me parecieron exactamente lo mismo que me habían parecido siempre. Sea lo que sea lo que hizo que al principio de este visionado experimentara una leve decepción (“¿qué coño pasa? ¿no he madurado nada en veinte putos años?”) que luego se convirtió en abierta sorpresa (“¿será que los valores de esta película permanecen inalterables como el genoma de Gigamesh por los siglos de los siglos?”), acabó lanzándome en plancha hacia un abierto y calentito ombliguismo que culminó con la puta frase que ninguna persona con un mínimo de dignidad debe pronunciar antes de cumplir los sesenta (“si es que ya no se hacen películas como antes, joder, joder, JODER”). Por suerte, yo de dignidad ando bastante justito, y a las pruebas me remito, así que revisemos del amor (¡otra vez!) qué demonios tiene esta película para poseer aún una fuerza tan endemoniadamente indiscutible.
Y sin embargo, creo que la gente se equivoca con Gremlins. Todo el mundo dice que es una comedia que súbitamente y sin avisar se transforma en película de terror, y no. Yo siempre veo el terror y la comedia apareándose ahí, en las tripas del metraje. Ambos códigos conviven de una forma completamente natural y ochentera (¿recuerdan?: Noche de Miedo, Un Hombre-Lobo Americano en Londres, El Regreso de los Muertos Vivientes). Por ejemplo, las famosas tres reglas, el warning tripartito, son propias de manual de uso y disfrute del equipo de cazavampiros, pero están aplicadas a una mascota peluda inofensiva. Hay humor, claro, pero no paródico (que parece que todo el humor referencial tiene que estar parodiando, y no; digo, de hecho: y mejor que no). La secuencia de la muerte de Stripe, sin ir más lejos, que se dice a menudo que es una parodia de la muerte de Drácula, y sí, pero no. Yo siempre la he visto como una perfecta muestra de lo que habría sido Barrio Sésamo si en vez de Jim Henson lo hubiera creado el primer Cronenberg.
En realidad, el guión tiene una precisión asombrosa, construído desde sus mismas ancas como una reflexión sobre el doble y sus muchas posibilidades. Jekyll & Hyde For Kids podría subtitularse Gremlins. Ejemplos: dos géneros que conviven en la misma película, devorándose y contaminándose el uno al otro; el vecino obsesionado con la maldad manifiesta de los productos importados que tiene que enfrentarse a un uno de esos productos (Gizmo es made in China, como John Liu), el cine que proyecta A boy’s Life y Watch the Skyes (las dos caras de la misma moneda cincuentera americana, y de paso, títulos de rodaje de E.T. y Encuentros en la Tercera Fase)… Toda la película está construída en base a esta idea dual, y su máxima expresión, por supuesto, está en los propios monstruos: Gizmo es mono, pero no empalagoso –y menos cuando hemos asistido a su espeluznante proceso reproductivo-, y los gremlins que genera son gamberros, pero maquiavélicos. Es perfectamente creíble que sean dos caras de la misma moneda. Si me permiten la expresión. La milimétrica exactitud del guión alcanza hasta al giro argumental de la película: justo en la mitad de metraje.
Ya me notan muy enchochado con la película, ¿eh? Es que no es para menos: recuerdo una época en la que mis amigos y yo estábamos convencidos de que Joe Dante, John Landis y Robert Zemeckis iban a conquistar el mundo. Spielberg nos daba un poco igual: estaba tan por encima y parecía tan infalible, el muy bastardo, que daba la impresión que siempre iba a estar haciendo cosas como los indiana jones (¿se imaginan?). Pero los otros eran imprevisibles, eran unos cabrones llenos de ideas y con ganas de armarla con cada película. Supongo que nos dimos cuenta de que todo esto se había acabado (todos: ellos y nosotros, aunque me temo que los que realmente lo sentimos fuimos nosotros) con el monumental fracaso de esa maravilla indiscutible que es La Muerte Os Sienta Tan Bien. Nacho está convencido de que ellos mismos creían que esa cosa iba a arrasar, yo no estoy tan seguro. Pero sí coincido con él en que la reacción del Zemeckis otoñal fue “Eeeeeeh, que ya no estamos para hacer el ganso”. Y el resto ya se lo saben. Y si no lo saben, eso que ganan, porque es muy triste.
Da igual: por la época en la que se estrenó Gremlins estaban todos en plena forma, y trabajaban con estos guiones como de hormigón armado, que todo era perfecto, que todo era extremadamente preciso. Sí, amigos, antes las cosas molaban más, y me da igual decirlo con 29 años de mierda. Revisando Gremlins volví a ver cómo los diálogos mantenían intacto el regusto perverso de los buenos productos de fantasía: en ese sentido, se lleva todos los honores la muy lamible Phoebe Cates, que afirma en una escena romática (sic y todo) que en Navidad, mientras algunos abren los regalos, otros se abren las venas (¡literal!). Y la mítica secuencia donde explica cómo murió su padre: disfrazado de Papá Noel, muerto de inanición en la chimenea de su casa. Una imagen terrioble que ha quedado un poco desvirtuada (como tenía que ser) por el poder paródico de la secuela, pero que conserva intacta toda su fuerza primitiva.
Gremlins escupe al espectador, aún hoy, algunas de las mejores y más extrañas imágenes del cine fantástico de los ochenta, sin necesidad de recurrir a homenajes, retroguiños o genuflexiones: las muertes de los gremlins en la cocina, la cabeza del gremlin ardiendo y sin dejar de aullar en la chimenea, el hombre disfrazado de Santa Claus aullando mientras tres o cuatro monstruos se encaraman a su chepa. O el horizonte nevado de la calle principal del tranquilo pueblo que se va llenando de una oleada de gremlins, de risas, de puñeterismo, y de promesas al espectador que tardaron muy pocos años en dejar de cumplirse. Gremlins es grande, y me da igual lo que piensen: encanta no haber cambiado de opinión en todo este tiempo.













