Vuelvo a Tener Pesadillas (7)

Todo se termina, ¿eh? Bueno, no se apuren. Quizás hablemos de Freddy Vs. Jason (aunque esencialmente tienen casi todo lo que puedo decir sobre ella aquí y aquí), quizás de algún tebeo que otro, quizás de Las Pesadillas de Freddy. Veremos. Mientras, veamos qué puede ofrecernos La Nueva Pesadilla de Wes Craven, séptima entrega de la serie y, también, la más frustrante y resabiada de todas.

La Nueva Pesadilla resume sus mejores virtudes y sus grandes defectos en su primer minuto: con tres o cuatro primeros planos, Wes Craven rehace los fundacionales títulos de crédito de la primera parte. En un ambiente lóbrego y húmedo vemos unas manos construyendo una zarpa mecánica de uñas afiladas… ¡que se mueve sola! Pero ojito, que el dueño de las manos, acaba… ¡cortándose una para ponerse la mecánica! ¡E inmediatamente después Wes Craven himself grita “Corten”! Guau, ¿eh? Bueno, no tanto: de inmediato vuelve el Craven que algunos aman y yo temo: en sólo un minuto más, planificación ramplona, efectos cutres, cabalgata de sustos chuscos, diálogos oligofrénicos y oh, el colofón, todo era un sueño. Así es La Nueva Pesadilla, una avalancha de ideas que no acaban de llegar, continuos amagos de giros radicales en la serie que no funcionan, y sobre todo, muy curioso para ser una película tan decidida a funcionar como borrón y cuenta nueva en la serie: es la entrega mas autorreferencial de todas. Craven puede cantar misa, pero La Nueva Pesadilla no tiene ningún sentido sin tener bien fresquitas las anteriores entregas. Y a veces, ni aún así. Poco después de esta introducción, uno de los personajes suelta un vacío “Dreams are like that!” que podría servir de slogan para la carátula.

Wes Craven tiene un concepto muy sencillo de “metarreflexión”: amontonar referencias, primeros planos del guión material (el tocho de papel dialogado, vamos) de la película y un montón de actores como themselves. El resultado, lo reconozco, es curioso y moderadamente hormigueante. La verdad es que prefiero la desafiante pedantería de esta entrega a la plomiza mediocridad de la sexta: Heather Langenkamp (Heather Langenkamp) vuelve a tener las pesadillas que le atenazaron mientras rodaba la primera entrega de Elm Street, protagonizadas por un nuevo Freddy, más poderoso y terrorífico. Mientras, su hijo comienza a desquiciarse y Wes Craven (Wes Craven) escribe el guión de una nueva película de la serie. Sugerente, ¿eh? Bueno, no esperen gran cosa (¡es Wes Craven! ¿Recuerdan el tramo final de La Serpiente y el Arco Iris? ¡Dios!), pero hay ideas de considerable poder icónico, muy sugerentes: durante uno de lo terremotos una de las paredes de la casa de Heather se agrieta con la forma de las uñas de Freddy; y cuando ve las uñas marcando el cuerpo de su hijo vomita de inmediato. Craven, a veces, no se molesta en dar explicaciones ni justificar los guiños, y ahí es cuando la película resulta gratificante. Por ejemplo, en un momento dado, Heather se descubre diciéndole a su hijo que tiene que calmarse y dormir, justo lo que ella oyó tantas veces al protagonizar la primera entrega. El juego de espejos más complicado (involuntario, me temo) tiene lugar cuando John Saxon (John Saxon), que daba vida al padre de Nancy en la pesadilla original, repite punto por punto un diálogo de esa película, y es en ese momento cuando Nancy se da cuenta de que sigue estando dentro de una: no puede escapar de la sombra de su personaje. Demasiadas lecturas contradictorias y casuales.

Lo que no resulta casual es la chulería de Craven, que escribe constantes referencias a lo buena que es la primera parte, lo malas que son el resto, y lo
auteur del terror que es él. Sin duda es lo más divertido del peliculón: el niño asustándose hasta un grado cercano al enloquecimiento cuando ve alguna secuencia de la primera entrega (protagonizada por su madre) que, reconozcámoslo, transpira un grado de transgresión visual raramente igualado en el resto de la serie. En esta dirección de prepotencia mal enfocada apunta la mejor idea de la película, y que arranca en un programa de televisión en el que aparece Robert Englund (Robert Englund, en un papel curiosísimo) maquillado como el Freddy clásico, soltando one-liners y filmado desde atrás y a contraluz, lo que le da a la vez un aspecto a la vez inquietante y patético. Más adelante, Craven, haciendo de Craven, explicará que Freddy forma parte de un mal ancestral (sí, así de genérico) que es contenido contado historias sobre él; y que cuando la historia se hace muy familiar, ese mal gana poder. Con un valor digno de mejor meta, Craven desprecia de un plumazo las cinco secuelas en las que no intervino: y egomanía aparte, es una gran y muy peculiar idea. Cuanto peores son las historias, más fuerza malvadisca tiene el icono, lo que sin duda explica el magnetismo de la serie Z, y que algunos prefiramos las lesboidioteces de Jean Rollin al Drácula de Coppola. “Desde un punto de vista narrativo, tiene todo el sentido”, llegan a decir Heather & Wes. Sí, ya, sentido mis cojones.

A pesar del ritmo atrompiconeado, del final del horror con simbología demoniaca de libro de texto (que cuenta, sin embargo, con la mejor frase de la película: Freddy aullándole a Heather “Meet your maker”), a pesar del niño del horror, no puedo evitar cierta simpatía malvada por La Nueva Pesadilla de Wes Craven. Por su chulería, por su ambición completamente fuera de lugar, por sus contradicciones, por sus metáforas de esparto. Y quién me lo iba a decir a mi edad, la culpa sólo puedo echársela a Wes Craven. Reconocido queda.

Vuelvo a tener pesadillas (1)
Vuelvo a tener pesadillas (2)
Vuelvo a tener pesadillas (3)
Vuelvo a tener pesadillas (4)
Vuelvo a tener pesadillas (5)
Vuelvo a tener pesadillas (6)

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One Response to “Vuelvo a Tener Pesadillas (7)”

  1. Anonymous

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