HOSTIAS COMO PANES (III): Black Eagle
Antes de nada, tengo que pedir disculpas. En las numerosas biografías de Van Damme consultadas aparece un dato que se va contradiciendo. Ahí, tontamente. Como casi todas chupan de la muy mediocre que hay colgada en la imdb, no sé hacia dónde tirar: Bloodsport y Black Eagle son del mismo año, 1988, pero la lógica impone que Black Eagle se rodó antes, ya que en ella Van Damme hace un papel secundario, muy remanente de la bestia parda, también némesis del héroe, que había interpretado en la magistral Retroceder Nunca, Rendirse Jamás. En esta ocasión vuelve a ser un esbirro del villano, de origen ruso y parco en palabras: Andrei a secas. Pero en todas las biografías aparece antes Bloodsport que Black Eagle. Yo creo que es, simple y llanamente, que por orden alfabético, Bla va antes que Blo, porque además, Bloodport es el principio de su fructífera colaboración con la Cannon. Conclusión: que vamos a lo que vamos.
Nos encontramos, chavales, ante la peor película de Van Damme. ¿He oído risas al fondo? Ah, me parecía. No se rían, porque en esta santa casa a todo le podemos sacar punta, y Black Eagle no es una excepción. Verán: el protagonista de este paupérrimo festival de acción post-guerra fría es el retaco oriental Sho Kosugi, cabecilla de la über-necia saga sobre ninjas formada por la fundacional La Justicia de Ninja, la ultraviolenta La Venganza de Ninja, la infrahumana Ninja III y la futura y ansiadísima The Return of the Ninja, dirigida por otro titanaco del que hablaremos más adelante, Steven E. de Souza.
Por desgracia, Black Eagle no posee ni el desparpajo ni la saludable insensatez de las películas de la Cannon (o sea, cannónicas) sobre guerreros orientales subidos en cometitas: Kosugi interpreta aquí a Ken Tami, un letal agente de la CIA que es llevado a Malta para que recupere un arma a la que a estas alturas podemos llamar láser potentísimo, que estaba siendo transportado en un avión militar accidentado. Tras el laser potentísimo también van unos maquiavélicos agentes de la KGB, Andrei entre ellos, y armando bulla por Malta y dando pataditas con volantines andan ese terror cerval de toda persona de bien: los hijos del protagonista (interpretados por los genuínos retoños de Kosugi, tan inexpresivos como él y que dan una nota inquietante a la película… como decía una reseña en Amazon de un fan anónimo, lo extraño no es la ausencia del más mínimo atisbo de química entre padre y retoños, sino que esa frialdad exista siendo sus hijos de verdad). Detrás de este argumento de saldo no hay nada que rascar, no se hagan ilusiones: ni ironía, ni espectáculo, ni el descaro propio de ese estilo de serie B del que Van Damme acabaría convirtiéndose en semidios (aparte de ese cuadro de Lenín tirado por impresora que cuelga de la sala de ordenadores �claro- del barco ruso). Las peleas, coreografiadas por Kosugi, son rancias y mediocres, el argumento se desarrolla a velocidad de crucero, y hay diálogos de infecto politiqueo mediterráneo que parecen durar años.
Sin embargo, fíjense: es una extraña sensación ver la gracilidad, la letal potencia de Van Damme en un marco casi de telefilm, es decir, en una obra en la que, por definición, el armatoste narrativo está construído a partir de la elefantiasis expresiva. Pero cuando aparece Van Damme (en su primera y breve pelea liquida al que parecía el bueno de la película), su gracilidad �el joven Van Damme, éramos todos tan jóvenes…- contrasta tanto con el resto de elementos de la película que sus secuencias parecen casi oníricas. Que semejante bailarín marcial aparezca en una película en la que todo se desarrolla al ralentí, desde los diálogos hasta las persecuciones, tiene como fruto que su presencia sea excesiva e hipnótica. Esto ya no pasa en la vandammegrafía, porque ahora, hasta sus peores películas tienen cierto empaque visual. Pero aquí parece que el ruso Andrei, con su forzada inexpresividad y su forma de comunicarse con sus enemigos, exclusivamente a base de ondonadas de hostias, pertenece a otra película.
Supongo que los responsables del guión se dieron cuenta del extraño carisma que irradiaba Van Damme, capaz de saltar seis veces más alto y, posiblemente, moverse diez veces más rápido que cualquier persona del equipo de especialistas (incluído el propio Kosugi), y le atizaron a su personaje varias secuencias que normalmente solo se reservan a los héroes. Claro, que el héroe nominal, entre que es padre de familia, y esa compostura suya que tiene… pues en fin… Andrei, por ejemplo, se beneficia a una de las oficiales del barco, y es el único romance en condiciones que vemos en lontananza. Incluso le salva la vida, sacrificando la suya, en el apocalipsis final. Porque esa es otra: Andrei es una bestia parda a quien sólo se puede liquidar echándole encima un transatlántico, porque a hostias no hay manera. La pelea más o menos climática entre Van Damme y Kosugi es claramente lo mejor (desde un punto de vista ortodoxo) de la película, en dos asaltos y con abundancia de te-emes: varias aperturas de patas, griterío, con sus pausitas para lamerse las heridas, rápida y contundente. Acaba con el japonés huyendo con el rabo entre las piernas, raro en el cine de acción vulgar, pero no muy raro para un standard de película oriental, donde las peleas se van posponiendo hasta que el héroe está preparado para El Combate.
Bueno, bueno. Y parecía que no había nada que decir. Ya ven… y eso que ahora es cuando vienen las buenas. Permanezcan en sintonía.
Te-Emes de Van Damme: Pelo Horrible™, Apertura de Patas™, Aaaaargh De Furia™, Patada Voladora al Ralentí™, Pantalones hasta el sobaco™, Incapacidad Para Colocar los Brazos en una Posición Normal™, Ruido Como “sshhhhhaaaahhhsss” con la Boca Después de Dar un Golpe™
Calificación: No protagonismo de Van Damme + peculiares vaivenes de focalización argumental del héroe + láser potentísimo™ + peleas chuerriguerescas + niño dando patada voladora = OOO (tres hostias sobre diez).














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November 19th, 2006 at 12:01 pm[...] Más Hostias Como Panes: - Retroceder Nunca Rendirse Jamás - Contacto Sangriento - Black Eagle - Cyborg - Kickboxer - Lionheart [...]