Archivos de January, 2006

Wednesday, January 11th, 2006

Soy un niño coliflor

Frunobulax ha comenzado la colección de Garbage Pail Bloggers, y yo no voy a ser menos.

Aquí lo tienen con animaciones gruesas. Creen el suyo y nos lo cuentan.

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Monday, January 9th, 2006

¡Cuidado! ¡Escher!

Boing Boing se hizo eco hace unos días (“se hizo eco”… anda que se me está quedando a mí también una prosa que da gloria verla) de la existencia de este maravilloso signo y del foro que lo descubrió, con lo que a estas alturas, toda la puta blogosfera está al tanto de esta maravilla. Como, de todos modos, no lo he visto aparecer por ningún blog en castellano, y desde luego, tampoco por ningún Blog Burrosférico, aquí lo dejo, porque me parece lo más conceptual y focomelo en materia lógico-simbólica que he visto en mucho tiempo. Como pueden comprobar, se trata, aparentemente, de un signo que avisa del peligro que supone su propia presencia, con lo que su misma existencia plantea unas cuestiones metafísicas que riete tú de un Wittgenstein en versión diseño post-industrial. ¿Si se elimina el signo, y por tanto, el peligro, que sentido tuvo ponerlo, para empezar? Por supuesto, no se trata de eso (y no seré yo quien desvele el secreto, por otra parte cuestión de lógica), pero el dibujo es tan poco explícito (a la par que brutalmente expresivo), y esos rayos de ira o de láser a lo sentido arácnido son tan sublimemente pop, que aquí queda, como aviso para caminantes y metralleta de cuestiones metafísicas.

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Thursday, January 5th, 2006

Mi regalo de reyes

Más, aquí

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Wednesday, January 4th, 2006

HOSTIAS COMO PANES (IV): Cyborg

Los misterios de la serie B son insondables, lo he dicho mil veces aquí, y se lo repito en la calle a quien quiera. Quédense con sus superproducciones que, a fin de cuentas, no son más que matemática filmada, en las que todo se rige por criterios predeterminados y, en la mayoría de los casos, caducos (dame una K, dame una I, dame una etcétera etcétera). Quien piense que el bajo presupuesto se ajusta demasiado a cánones genéricos y al abuso del tópico es porque no se ha capuzado en los abismos. Abismos desde los que la Cannon en general, y este Cyborg en particular, nos mandan un generoso corte de mangas.

Lo magnético del bajo presupuesto es que no tiene ni fondo ni techo. Quizás sus mecanismos estén (gozosamente) adscritos a los códigos genéricos y, como no, a las necesidades presupuestarias, pero una buena serie B siempre es consciente de que puede forzar los límites, apretar las tuercas un poco más. El miedo al ridículo no suele ser una opción, y por eso nos encontramos a veces con lo que nos encontramos: Cyborg es un ejemplo perfecto de un imprevisto descenso a los abismos monetarios del mejor cine de acción y artes marciales norteamericano de los ochenta.

El responsable del sindiós, quizás la primera película de la filmografía de Van Damme a la que se puede aplicar este adjetivo con todas sus letras y matices, muy posiblemente, es Albert Pyun, un todoterreno del bajo presupuesto que lleva dos décadas y media facturando desfachateces a ritmo infernal. Obsesionado de un modo especial con los cyborgs y con llamar a algún personaje de sus películas “Brick Bardo”, Pyun es responsable de clásicos de la necedad directa al vídeo como Alien from L.A., Captain America o la maravillosa Dollman. Junto a la cejijunta Sueños Radioactivos, Cyborg debe ser una de sus escasas producciones estrenada en cine, aunque no abandona en ningún momento ese agridulce regustillo a subproducto que a cualquier fan de Van Damme nos ha hecho callo ya.

Van Damme es en Cyborg Gibson Rickenbacker (sí, YA, ahora hablaremos de eso), una especie de soldado de fortuna que en un futuro en el que la población ha sido diezmada por una terrible peste asume un encargo suicida: conducir hasta Atlanta a una cyborg por voluntad propia que tiene en su cerebro artificial la cura para la plaga y el futuro del género humano. A él se opondrán Fender Tremolo (sí, SI) y su banda de piratas post-Mad Max (dos películas post, de hecho: Fender da un aire al inolvidable Golpeador de Más Allá de la Cúpula del Trueno), que quieren detener a la cyborg porque… euh… porque son malos. Me gustaría que entendieran que toda esta cosa tan sintética se explica a lo largo de la película con tres líneas de diálogo. Pero tres. Eso y que Fender y Gibson (CUÑAAAAAAOO) se conocen de tiempo atrás. El guión no debe de pasar de quince páginas, estoy convencido.

A eso me refería antes: no hay ni fondo ni techo en el bajo presupuesto, y Cyborg exhibe una economía expresiva casi experimental: tres líneas de diálogo y un combate final como yo no he visto en mi vida. Posiblemente, la mayor acumulación de gruñidos, bufidos y berridos del cine de acción moderno. Fender: “¡¡AAAAAAARGH!!”. Gibson: “¡¡WHOUAAAAAARGH!!”. Y sin dar explicaciones, hostia va, hostia viene, dos titanes atizándose con la mano abierta en el segmento de celuloide más inarticulado verbalmente desde En Busca del Fuego. Curiosamente, Cyborg fue concebida como una secuela de Masters del Universo, una película que supongo que no hace falta subrayar que todos amamos, pero reconozcamos también que por razones tirando a tangenciales. Debe ser una de las películas más plomizas de la Cannon por mero exceso de diálogo y de dispersión argumental. Todo lo contrario que este Cyborg (que en algún punto de su concepción abandonó su naturaleza de secuela), puro movimiento y gesto somero (para que se hagan una idea, Van Damme llega a ser el actor más expresivo del reparto) y carente de cualquier atisbo de verosimilitud argumental (los saltos espaciales y temporales sin cuento ni excusa son de una agresividad portentosa).

Lo más curioso, más allá del sorprendente desafío involuntario a todos los puntos básicos de Las Diez Leyes Del Buen Guionista es que Cyborg tiene indiscutibles aciertos en lo formal. De esos, de esos. Por ejemplo, la azulada y andrajosa ambientación postnuclear, indiscutiblemente robada de las portadas más agresivas de Metal Hurlant, y que justifica las abundantes secuencias de gore extremo y el macarrismo de andar por casa (nombres de personajes: Gibson Rickenbacker, Nady Simmons, Fender Tremolo, Marshall Strat, Pearl Prophet… robados a marcas y fabricantes, muchos de ellos agresivamente icónicos, de instrumentos y material del r-o-c-k-a-n-d-r-o-l-l-l-l-l). Más allá del simple cromito para fans, Cyborg va también más allá en la cuidadísima fotografía, curiosamente diurna la mayor parte del tiempo, y en la gustosa elección de decorados, básicamente solares y edificios abandonados. Puede dar la impresión de, con estos mimbres, Cyborg simplemente roba ideas visuales a Mad Max y 1997: Rescate en Nueva York, pero atiendan a esto: donde la película de Pyun tiene puesto el ojo es en los plagios italianos de principios de los ochenta. Es decir, en cosas como 1990: Los Guerreros del Bronx o Puño de Hierro (Hands of Steel) , réplicas mediterráneas y über-violentas de los fundacionales pero ocres ejemplos norteamericanos (sin despreciar al siempre recurrente Leone, al que por entonces estaba peor visto que ahora replicar con orgullo, pero que con su estructura de sucesión de duelos, sus innumerables personajes silentes y su gusto por la planificación expresionista, Cyborg cumple un tetrapléjico y sentido homenaje). Carentes de cualquier sentido de la medida o de la contención, estas películas italianas abundaban en exteriores caracterizados por una solana de justicia (esas maravillosas epopeyas de zombis diurnos… hay una asombrosa conexión estética, que a mí me tiene mareado, entre Cyborg y la desprestigiada Zombi 3…) y un batiburrillo conceptual de ideas robadas que aún hoy, sigue pasmando por su falta de prejuicios. Sólo así se pueden parir secuencias como la de la crucifixión del héroe (punteada por flashbacks que homenajean, agárrense, a Centauros del desierto de Ford), bella y simbólica tontería para cuya concepción hay que tener unos arrestos muy especiales y muy desviados.

Porque Cyborg es la primera película de la filmografía de Van Damme en la que el astro hace un uso funcional de su sempiterna apertura de patas. Si eso no es tener claritos los conceptos del bien y el mal…

Te-Emes de Van Damme: “Aaaaargh” de furia™, Apertura De Patas™, Frase Muy Dramática Enunciada con Total Inexpresividad™, Pelo Horrible™, Sonrisa + Ojitos En Escena de Relleno™, Patada Voladora al Ralentí™, Ruido Como “sshhhhhaaaahhhsss” con la Boca Después de Dar un Golpe™

Calificación: Minimalismo post-futurista + Personaje del Título aparece tres minutos de metraje + Solana + Enemigos mudos en un 95% de los casos = OOOOOOOOO (Nueve hostias sobre diez)

Más Hostias Como Panes:
- Retroceder Nunca Rendirse Jamás
- Contacto Sangriento
- Black Eagle

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Tuesday, January 3rd, 2006

El Combate Final Definitivo

Después de unas merecidísimas vacaciones en las que he cogido fuerzas para un año que se prevé movidito, su Focoblog favorito vuelve a la carga. Y por una vez no es un eufemismo: ese Adultolescente del amor organizó una pequeña votación para escoger al blog del año, y esta un-humilde cueva de murmullos autocomplacientes quedó tercero, detrás nada menos que de Lametones de Amor (que hiatan) y Absence. Y atiendan, a tres puntos de los primeros y un punto del segundo. Un honoraco.

Pero eso no es todo: los señores Scari Wó y Tnarik han montado un glosario de bitácoras zetiles, Bizácoras, que se actualizará a diario con los posts de titanes muy queridos en esta casa. Nosotros estamos representados con el Focoblog y Apisonadorcita. No se pierdan los eventos comunes que se avecinan, y atentos a las nuevas incorporaciones. Que están que no paran.

Y por eso, hemos reactivado Suyo Afectísimo con un chiste de paquidermos drogadizos, y he reunido suficiente valor, aprovechando la coyuntura, para darle un empujón, animación eunicera en gif incluída, a Mondo Pixel. Como ven, el año nuevo se presenta… euhm… se presenta nuevo, para empezar, y espero tenerles entretenidos como hasta ahora. Gracias por estar ahí y que tengan un 2006 como se merecen. Los que se lo merezcan. Los que se merezcan algo, digo.

No se me ocurre mejor manera de comenzar el año, en fin (en principio) que con The Ultimate Showdown of Ultimate Destiny, una animación en flash (con subtítulos opcionales incluídos) que presenta la mayor confrontación de iconos pop de la historia. Atentos al grandioso choque entre Chuck Norris y Batman, puro simbolismo hiperexpresivo de tutorial del Paint. Y si, como a mí, la animación les produce una necesidad imperiosa de escuchar continuamente la canción que originó el combate, a cargo de ese hijo bastardo de Nerf Herder y Bloodhound Gang que es Lemon Demon, no se preocupen: John Tones proveerá.

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