(enorme e incontrolable bostezo)
Via The Movie Blog
A estas alturas, todos han visto el trailer del esperadísimo biopic de Bettie Page, The Notorious Bettie Page. Por si queda algún despistado, y para que, como mínimo, se les alegre el día, ahí va, que no me cuesta nada.
No pinta mal, ¿verdad? Claro que no: el submundo sórdido que rodeaba a la indiscutible reina de las pin-ups (perdón por el tópico, pero quien haya visto bailar a Betty y la compare con otras colegas de profesión sabe que es un adjetivo que no admite demasiada relativización) habrá sido suavizado casi con total seguridad, pero será una película bella y modesta. Gretchen Mol parece haberle pillado el tranquillo al misterioso encanto de su modelo, aunque la pobre Bettieparece no poder escapar de su propia imagen de pureza explosivamente sexy, lo que implica, en cierto modo, que los responsables de la película no han entendido parte de su atractivo. Pero será una biografía interesante.
Yo quería hablarles, de todos modos, de otra película sobre Bettie Page. Estrenada directa al DVD hace unos dos años y dirigida por Nico B., propietario del sello de DVDs de serie B Cult Epics, Bettie Page: Dark Angel está grabada bajo condiciones extremadamente pobres, y se acerca a su espectador con un criterio radicalmente opuesto al del biopic de Mary Harron. En vez de intentar hacer accesible al personaje a la mayor cantidad de público, Nico B. decidió optar por hurgar algo en la imagen que ya teníamos preconcebida los pajeros, y recrear en granulado blanco y negro los cortos de tintes sadomasoquistas de Bettie que han sido destruídos y de cuyas sesiones sólo quedan instantáneas fotográficas. La acción, pues, se ve constantemennte interrumpida por el simpático clon Paige Richards (más bella que Gretchen Mol, más parecida a su modelo pero menos dotada para la interpretación que Mol, lo que sin duda redunda en favor de las escenas picantes) recreando, tal y como los imagina Don Nico, aquellos rollos desaparecidos. El resultado es extraordinariamente raro, porque los actores (incluida la señorita Richards, que insisto, está muy buena pero no ha sido llamada por Nuestro Señor Jesucristo para ese coñazo conocido como la interpretación convencional) son atroces, tanto como los de una película porno o de un corto amateur parodia de Star Wars. De hecho, la estructura es la de una película porno con ciertas pretensiones, como italiana de los noventa, con diálogos pomposos e inexpresividad actoral máxima. Dark Angel intenta tejer cierta base dramática para lo que realmente importa: el frotaje carnal, completamente abstraído del levísimo argumento y en el que, aquí sí, las actrices se revelan como titanas más grandes que la vida. Las mejores secuencias de película imaginaria son las que tendrán ustedes más que acartonadas de tanto ver las respectivas sesiones de fotos. Es decir, Bettie como reina de la jungla y Bettie como yegua de excepción, bridas incluídas en el equipo.
El resultado, ya digo, es especial. La decisión de clonar con fidelidad máxima unas películas que no existen físicamente produce cierta sensación onírica, tristona, parecida a la que ofrece uno de los documentales de la edición especial en DVD, How to Pose Nude by Bunny Yeager, en el que la mítica y vetusta fotógrafa hace posar a Paige Richards como en algunas de las sesiones que protagonizó Bettie. Sí, podrán verle las tetas a la señorita Richards, pero inquietante sigue siendo un rato.
Les propongo un último ejercicio: cuando vean el biopic de alto presupuesto, observen la seguro que pletórica de mística barata secuencia de la iluminación católica de Bettie. Compárenla con la análoga de Dark Angel.
A veces la serie B es increíble, ¿eh?
Lamento el silencio de los últimos días, ya saben que no les olvido. Pero he estado a otras cosas: un cierre descomunal en el trabajo que me ha dejado atontorronado del todo y una prolongada visita de la señorita eunice, que me ha alegrado la semana gracias a la terapéutica exposición a episodios de Buffy y fragmentos de Barbarella cuando volvía a las tantas de la noche del curro con piezas de Tetris cosquilleándome el lóbulo frontal. Que no me quejo tampoco.
El caso es que también ha habido tiemmpo para la productividad. Aparte de tomar la decisión en firme de retomar una pequeña creación que había quedado pendiente hacía demasiado tiempo, y que gracias a los guiños y las cachetadas en el muslamen de eunice retomo con un ánimo bastante positivo (no pregunten por eso de “a efectos prácticos”, porque no es el momento), hemos reactivado Apisonadorcita y hemos escrito un par de posts. Uno de ellos, un espectacular arrebato de eunice no por comprensible menos bilioso. Como de costumbre y en la onda habitual: haciendo amigos.


Los fans se han rasgado las vestiduras, supongo que con parte de razón. Pero también, como sucede en cualquier rasgada de vestiduras que se precie, con algo de sinrazón. Supongo que lo que más les rebota de Dev2.0 es que es un proyecto apadrinado por los mísmísimos Gerad Casale y Mark Mothersbaugh (ambos miembros fundadores de los Devo originales), y eso les desconcierta. O no: les confirma que esto es sólo cuestión de pasta. Pero dejando aparte la cuestión de que pienso sinceramente que cada cual es muy libre de prostituir sus propias creaciones de la manera que considere más oportunas (que para eso son suyas, y se las folla como quiere), conviene no pasar completamente por alto las implicaciones del fenomenal experimento que supone Dev2.0.
Dev2.0. es una producción de una de las múltiples ramificaciones del emporio Disney, y de ahí el inequívoco sabor a performance para mengajos que tiene el grupo. Mothersbaugh y Casale han escogido diez canciones del repertorio del mítico grupo de los ochenta, han cambiado detalles nimios de las letras originales (para adaptarlas al hecho de que, por ejemplo, ahora la vocalista es una histriónica hembra adolescente y para suprimir alguna que otra leve procacidad), han compuesto dos soberbias nuevas canciones (Cyclops y The Winner) han vuelto a interpretar las partes instrumentales, y han cedido voz e imagen a cinco críos que no habían nacido cuando sus inesperados padrinos arrasaban en las listas de éxitos con algunas de las mejores canciones de la historia del pop. Es lógico que un experimento así se tope con el rechazo de adultazos que ven saqueado uno de los tesoros culturales más importantes de los ochenta. Yo, sin embargo, tengo debilidad por este tipo de experimentos. Me parecen de una frivalidad y un descaro no desprovistos de cierta ingenuidad, y me fascinan, posiblemente del mismo modo que a gente con principios más firmes les repele. Dejando aparte el aspecto musical, ya que las adaptaciones de Mothersbaugh y Casale son impecables y sumamente respetuosas con las originales, igual de sincopadas y frenéticas, me gustaría destacar dos aspectos para que ustedes tomen partido, y sean una vez más, gracias al Focoblog, lo más trendy y provocateur de sus reuniones sociales.
1.- Es sumamente egoista y negarle a esta generación la posibilidad de tener sus propios Devo. Si las letras siguen siendo igual de corrosivas y sugerentes (en algunos casos, más: imaginen Whip It interpretada por una teen), y la música igual de infecciosa y perfecta (hasta el punto de que no ha habido que modificarla apenas), ¿por qué no aprovecharlo para ofrecer a los insensibilizados zagales de hoy un producto algo más decente que la basura con la que les asfixiamos a diario? Demonios, si los bailes que se marcan en los vídeos son Devo puro. ¿Se han fijado en los molinillos con los brazos? ¡Pero si llevan las genuínas Energy Dome!. De acuerdo, las letras han sido levemente desprovistas de su ácido contenido original y la ultrapajera obsesión de Mothersbaugh por el sexo adolescente y la masturbación como modo de expresión, sustituidas (pero sin que cambien apenas las letras, ojo) por odas al bailoteo y la vida despreocupada. Pero eso es el signo de los tiempos: la revolucionaria jovialidad y el poso amargo de las letras originales está ahí, y sólo hay que leer entre líneas. Por ejemplo, Beautiful World concluía con un rotundo “it’s a beautiful world… for you, but not for me”. Ahora, oímos “it’s a beautiful world… for you… I guess me too”. No es lo mismo, pero sí lo es. Sigue habiendo subversión, disconformismo y, ojo, Dev2.0. sigue proponiendo la mayor de las revoluciones: la de la diversión y el sentido del humor. “Que los críos acudan a los originales”, oigo refunfuñar. Pues sí. O pues no. Yo voy a seguir escuchando a los Devo originales, no me voy a pasar a esta versión reducida y suavizada, pero insisto: querer retener a Devo como una reliquia del pasado, negárselo a los críos de hoy es una actitud de viejo amargado. Háganlo si quieren, pero luego no me digan que ya no se hace música como antes. Claro que no.
2.- Dev2.0. es Devo. Es más Devo, de hecho, que los Devo de los noventa. Las tesis de la devolution suenan perfectamente lógicas si culminan en un grupo formado por niños. Es más, desde un punto de vista social, el hecho de que Dev2.0. esté producido por Disney y plenamente inmerso en la monstruosa maquinaria podría obedecer a una gigantesca broma muy típica de Mothersbaugh,muy acorde con sus postulados (¿qué creían, que él iba a librarse de devolucionar?) y que vendría a demostrar, una vez más, que los propios fans de Devo son los últimos en cazar sus chistes.
¿Quieren ver como empiezo, desde ya mismo, a contradecir la famosa entrevista que tanto trajín ha ocasionado? Vale: fotos de pies. No pies cualesquiera, sino los más bellos del mundo. Los que llevan unas All Stars, y me van a permitir que me ponga aquí tremendamente vulgar o rematadamente snob, según el pie (¡tres!, ¡dos!, ¡uno!, ¡risas!) con el que se hayan levantado esta mañana. Este pool de flickr aumenta día a día con nuevo zapatillaje, y créanme que no me canso de contemplar tanta belleza y tanto colorido junto. A veces sobran las ironías, y conviene plegarse como memos a algo de bondad, amor y pieses en condiciones. Si aún así les queda algo de callo en el el alma, reblandézcanse con algo de lírica.
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