Saturday, April 29th, 2006
Archivos de April, 2006
Friday, April 28th, 2006
Bettie Dos
A estas alturas, todos han visto el trailer del esperadísimo biopic de Bettie Page, The Notorious Bettie Page. Por si queda algún despistado, y para que, como mínimo, se les alegre el día, ahí va, que no me cuesta nada.
No pinta mal, ¿verdad? Claro que no: el submundo sórdido que rodeaba a la indiscutible reina de las pin-ups (perdón por el tópico, pero quien haya visto bailar a Betty y la compare con otras colegas de profesión sabe que es un adjetivo que no admite demasiada relativización) habrá sido suavizado casi con total seguridad, pero será una película bella y modesta. Gretchen Mol parece haberle pillado el tranquillo al misterioso encanto de su modelo, aunque la pobre Bettieparece no poder escapar de su propia imagen de pureza explosivamente sexy, lo que implica, en cierto modo, que los responsables de la película no han entendido parte de su atractivo. Pero será una biografía interesante.
Yo quería hablarles, de todos modos, de otra película sobre Bettie Page. Estrenada directa al DVD hace unos dos años y dirigida por Nico B., propietario del sello de DVDs de serie B Cult Epics, Bettie Page: Dark Angel está grabada bajo condiciones extremadamente pobres, y se acerca a su espectador con un criterio radicalmente opuesto al del biopic de Mary Harron. En vez de intentar hacer accesible al personaje a la mayor cantidad de público, Nico B. decidió optar por hurgar algo en la imagen que ya teníamos preconcebida los pajeros, y recrear en granulado blanco y negro los cortos de tintes sadomasoquistas de Bettie que han sido destruídos y de cuyas sesiones sólo quedan instantáneas fotográficas. La acción, pues, se ve constantemennte interrumpida por el simpático clon Paige Richards (más bella que Gretchen Mol, más parecida a su modelo pero menos dotada para la interpretación que Mol, lo que sin duda redunda en favor de las escenas picantes) recreando, tal y como los imagina Don Nico, aquellos rollos desaparecidos. El resultado es extraordinariamente raro, porque los actores (incluida la señorita Richards, que insisto, está muy buena pero no ha sido llamada por Nuestro Señor Jesucristo para ese coñazo conocido como la interpretación convencional) son atroces, tanto como los de una película porno o de un corto amateur parodia de Star Wars. De hecho, la estructura es la de una película porno con ciertas pretensiones, como italiana de los noventa, con diálogos pomposos e inexpresividad actoral máxima. Dark Angel intenta tejer cierta base dramática para lo que realmente importa: el frotaje carnal, completamente abstraído del levísimo argumento y en el que, aquí sí, las actrices se revelan como titanas más grandes que la vida. Las mejores secuencias de película imaginaria son las que tendrán ustedes más que acartonadas de tanto ver las respectivas sesiones de fotos. Es decir, Bettie como reina de la jungla y Bettie como yegua de excepción, bridas incluídas en el equipo.
El resultado, ya digo, es especial. La decisión de clonar con fidelidad máxima unas películas que no existen físicamente produce cierta sensación onírica, tristona, parecida a la que ofrece uno de los documentales de la edición especial en DVD, How to Pose Nude by Bunny Yeager, en el que la mítica y vetusta fotógrafa hace posar a Paige Richards como en algunas de las sesiones que protagonizó Bettie. Sí, podrán verle las tetas a la señorita Richards, pero inquietante sigue siendo un rato.
Les propongo un último ejercicio: cuando vean el biopic de alto presupuesto, observen la seguro que pletórica de mística barata secuencia de la iluminación católica de Bettie. Compárenla con la análoga de Dark Angel.
A veces la serie B es increíble, ¿eh?
Tuesday, April 25th, 2006
Haciendo amigos
Lamento el silencio de los últimos días, ya saben que no les olvido. Pero he estado a otras cosas: un cierre descomunal en el trabajo que me ha dejado atontorronado del todo y una prolongada visita de la señorita eunice, que me ha alegrado la semana gracias a la terapéutica exposición a episodios de Buffy y fragmentos de Barbarella cuando volvía a las tantas de la noche del curro con piezas de Tetris cosquilleándome el lóbulo frontal. Que no me quejo tampoco.
El caso es que también ha habido tiemmpo para la productividad. Aparte de tomar la decisión en firme de retomar una pequeña creación que había quedado pendiente hacía demasiado tiempo, y que gracias a los guiños y las cachetadas en el muslamen de eunice retomo con un ánimo bastante positivo (no pregunten por eso de “a efectos prácticos”, porque no es el momento), hemos reactivado Apisonadorcita y hemos escrito un par de posts. Uno de ellos, un espectacular arrebato de eunice no por comprensible menos bilioso. Como de costumbre y en la onda habitual: haciendo amigos.

Thursday, April 13th, 2006
No me creo que sólo yo esté pillándole el tranquillo a esto

Los fans se han rasgado las vestiduras, supongo que con parte de razón. Pero también, como sucede en cualquier rasgada de vestiduras que se precie, con algo de sinrazón. Supongo que lo que más les rebota de Dev2.0 es que es un proyecto apadrinado por los mísmísimos Gerad Casale y Mark Mothersbaugh (ambos miembros fundadores de los Devo originales), y eso les desconcierta. O no: les confirma que esto es sólo cuestión de pasta. Pero dejando aparte la cuestión de que pienso sinceramente que cada cual es muy libre de prostituir sus propias creaciones de la manera que considere más oportunas (que para eso son suyas, y se las folla como quiere), conviene no pasar completamente por alto las implicaciones del fenomenal experimento que supone Dev2.0.
Dev2.0. es una producción de una de las múltiples ramificaciones del emporio Disney, y de ahí el inequívoco sabor a performance para mengajos que tiene el grupo. Mothersbaugh y Casale han escogido diez canciones del repertorio del mítico grupo de los ochenta, han cambiado detalles nimios de las letras originales (para adaptarlas al hecho de que, por ejemplo, ahora la vocalista es una histriónica hembra adolescente y para suprimir alguna que otra leve procacidad), han compuesto dos soberbias nuevas canciones (Cyclops y The Winner) han vuelto a interpretar las partes instrumentales, y han cedido voz e imagen a cinco críos que no habían nacido cuando sus inesperados padrinos arrasaban en las listas de éxitos con algunas de las mejores canciones de la historia del pop. Es lógico que un experimento así se tope con el rechazo de adultazos que ven saqueado uno de los tesoros culturales más importantes de los ochenta. Yo, sin embargo, tengo debilidad por este tipo de experimentos. Me parecen de una frivalidad y un descaro no desprovistos de cierta ingenuidad, y me fascinan, posiblemente del mismo modo que a gente con principios más firmes les repele. Dejando aparte el aspecto musical, ya que las adaptaciones de Mothersbaugh y Casale son impecables y sumamente respetuosas con las originales, igual de sincopadas y frenéticas, me gustaría destacar dos aspectos para que ustedes tomen partido, y sean una vez más, gracias al Focoblog, lo más trendy y provocateur de sus reuniones sociales.
1.- Es sumamente egoista y negarle a esta generación la posibilidad de tener sus propios Devo. Si las letras siguen siendo igual de corrosivas y sugerentes (en algunos casos, más: imaginen Whip It interpretada por una teen), y la música igual de infecciosa y perfecta (hasta el punto de que no ha habido que modificarla apenas), ¿por qué no aprovecharlo para ofrecer a los insensibilizados zagales de hoy un producto algo más decente que la basura con la que les asfixiamos a diario? Demonios, si los bailes que se marcan en los vídeos son Devo puro. ¿Se han fijado en los molinillos con los brazos? ¡Pero si llevan las genuínas Energy Dome!. De acuerdo, las letras han sido levemente desprovistas de su ácido contenido original y la ultrapajera obsesión de Mothersbaugh por el sexo adolescente y la masturbación como modo de expresión, sustituidas (pero sin que cambien apenas las letras, ojo) por odas al bailoteo y la vida despreocupada. Pero eso es el signo de los tiempos: la revolucionaria jovialidad y el poso amargo de las letras originales está ahí, y sólo hay que leer entre líneas. Por ejemplo, Beautiful World concluía con un rotundo “it’s a beautiful world… for you, but not for me”. Ahora, oímos “it’s a beautiful world… for you… I guess me too”. No es lo mismo, pero sí lo es. Sigue habiendo subversión, disconformismo y, ojo, Dev2.0. sigue proponiendo la mayor de las revoluciones: la de la diversión y el sentido del humor. “Que los críos acudan a los originales”, oigo refunfuñar. Pues sí. O pues no. Yo voy a seguir escuchando a los Devo originales, no me voy a pasar a esta versión reducida y suavizada, pero insisto: querer retener a Devo como una reliquia del pasado, negárselo a los críos de hoy es una actitud de viejo amargado. Háganlo si quieren, pero luego no me digan que ya no se hace música como antes. Claro que no.
2.- Dev2.0. es Devo. Es más Devo, de hecho, que los Devo de los noventa. Las tesis de la devolution suenan perfectamente lógicas si culminan en un grupo formado por niños. Es más, desde un punto de vista social, el hecho de que Dev2.0. esté producido por Disney y plenamente inmerso en la monstruosa maquinaria podría obedecer a una gigantesca broma muy típica de Mothersbaugh,muy acorde con sus postulados (¿qué creían, que él iba a librarse de devolucionar?) y que vendría a demostrar, una vez más, que los propios fans de Devo son los últimos en cazar sus chistes.
Monday, April 10th, 2006
Paisanaje bueno
¿Quieren ver como empiezo, desde ya mismo, a contradecir la famosa entrevista que tanto trajín ha ocasionado? Vale: fotos de pies. No pies cualesquiera, sino los más bellos del mundo. Los que llevan unas All Stars, y me van a permitir que me ponga aquí tremendamente vulgar o rematadamente snob, según el pie (¡tres!, ¡dos!, ¡uno!, ¡risas!) con el que se hayan levantado esta mañana. Este pool de flickr aumenta día a día con nuevo zapatillaje, y créanme que no me canso de contemplar tanta belleza y tanto colorido junto. A veces sobran las ironías, y conviene plegarse como memos a algo de bondad, amor y pieses en condiciones. Si aún así les queda algo de callo en el el alma, reblandézcanse con algo de lírica.
Saturday, April 8th, 2006
Nos pagan sin trabajar
Confirmado. 25 de julio de este año.

25 primeros episodios. 750 minutos. (Spin-off incluido)
Ahora digan aquello de “A mí nunca me gustaron del todo”. O el mejor: “A mí es que me cansaban” (a ellos que convirtieron el agotamiento en una forma de dialéctica). Y se cogen sus gafitas y se ponen a ver el puto Polar Express.
Animaniacs eran una experiencia gozosamente agotadora. Nacidos como consecuencia del éxito de los frenéticos Tiny Toons, primera producción de Steven Spielberg para la facción de dibujos animados de Warner Bros., su planteamiento extremaba las intenciones de aquella: si Tiny Toons era un febril homenaje y actualización de los Looney Toons que todos conocemos y amamos, con cada uno de sus personajes replicando a un icono clásico, Animaniacs jugaba a homenajear (como punto de despegue para una multiplicación ética y estética brutalmente exponencial) un espíritu, más que personajes concretos. Por eso, Animaniacs eran infinitamente más abruptos, más abstractos. Se movían mucho y se paraban súbitamente, en monstruosos abismos conceptuales que, lo recuerdo muy bien, hacía que los niños no entendiéramos la mitad de lo que estaba sucediendo en la pantalla, tal era su dinamitamiento de la sintaxis narrativa. Inventaron el silencio frenético. Sus guiños estaban dirigidos a los agujeros negros de la animación americana, a los rincones sin barrer de ese celuloide pintarrajeado a dos tintas, como el oscuro Bosko, al que el aspecto de Yakko, Wakko y Dot remite sin dudas, aunque el aspecto de actor blanco pintado con betún, tan propio del vodevil de principio de siglo, fue metamorfoseado para llegar a una especie de perracos esquizoides y que nadie acusara a la serie de xenofobia icónica. Referencias sexuales explícitas mezcladas con segmentos educativos para niños de teta daban la arritmia imprescindible para una serie gloriosamente extravagante, pero nacida desde todo un señor surtidor de mainstream. Mi concepto favorito de la serie, contado en los créditos, era que los tres hermanos Warner tenían un estilo de humor tan radical para los capitostes de la productora que permanecían encerrados en uno de esos tanques de agua de los estudios de cine, uno con el logo de la WB bien visible. Es una metáfora tan contundente del propio mecanismo creativo de la serie que me fascinaba hasta cuando para mí un mecanismo creativo era darse una paja para inspirarse antes de calcar una portada de Spider-man en una hoja de libreta.
Yo no puedo decir más: cuento los días, y confío en que para julio, ya se habrán aprendido alguna que otra melodía imprescindible.
Friday, April 7th, 2006
Perros de estroncio




La Focomela, toda orgullosa ella

Bello es.

¿Se pueden creer que ni tensión ni nada?
Habiendo enseñado los calzoncillos de Spiderman en público para solaz de los bloggers presentes y habiendo mantenido una conversación con parte de los vidaextrenses a través de los comments de Mondo Pixel, sólo quedaba homenajear al tercer blog agredido por la famosa entrevista para que todos los fantasmas quedaran completamente exorcizados. Así que decidí ir a jalarle el nardo a Nacho Vigalondo, actividad que como saben todos, empecé haciendo por interés pecuniario y por trepismo, pero he acabado haciendo por vicio mayúsculo. No pregunten cómo, pero acabamos a las tantas, felizmente acompañados por los privilegiados testigos del jalamiento Nahikari Ipiña y Alberto González en una habitación de ese recinto monstruoso madrileño que es como un parque temático de la hostelería lisérgica, en una habitación completamente NEGRA y CIRCULAR. Me gustaría que asimilaran esos dos puntos, y lo aplicaran a una habitación de hotel moderadamente bien surtida de todos los adminículos propios de un establecimiento del ramo de más de tres estrellas: negra y circular. Como se que es complicado de imaginar, hice algunas fotos. Nacho decía que parecía el interior de una pastilla de jabón Magno. A mí me parecía que estábamos dentro del ano de Giger. Los cinco minutos durante los que nos vimos incapaces de abrir una oscurísima, opaca y pesada cortina de material sintético fueron como protagonizar un Cube en versión gótica y sin esquinas que me dejó desazonado un buen rato.




Tuesday, April 4th, 2006
Entrevistado en 20 minutos, poniendo a caldo a buena gente…
Con motivo de lo del jueves me entrevistan en 20 minutos. Hoy en la web, mañana en la edición impresa. Consciente de mis limitadas posibilidades de ganar y mis pocas necesidades de hacer amigos en el endogámico mundo de la blogosfera, he soltado algo de bilis, llevando a cabo la muy antideportiva práctica de insultar a los rivales. Miren los comentarios, ya hierven. Me encanta…
Monday, April 3rd, 2006
HOSTIAS COMO PANES (V): Kickboxer
Es un gusto hablar de películas como Kickboxer, pero también es un suplicio. Es un gusto por las razones obvias, y es un suplicio porque no sé muy bien cómo enfocarlo sin caer en el tópico desgastado. Kickboxer es, un poco, para el Focoblog, lo que un Ciudadano Kane debe ser para Spaulding o similares. Una obra mayúscula, de cierta grandeza insondable y, para qué negarlo, un pelín incomprensible. Particularmente, Contacto Sangriento me parece, en este tramo inicial de la Van Damme Opus, mejor y más divertida, pero Kickboxer posee la particular fortuna de ser completamente consciente de quién es su protagonista. Y cuando ese protagonista es Van Damme, amigos, estamos hablando de rubricar gramáticas fílmicas con la punta del pito. Es una diferencia muy similar, por citar otros dos hitos, a la que hay entre las entregas de Ace Ventura. Una sorprendida casi de sí misma y de sus logros, fruto de una reunión casi espontánea de talentos e instantes. La otra, intentando replicar lo irreplicable a fuerza de mayusculizar tanto lo obvio como lo subliminal, y dando como fruto una obra única.
Van Damme ya se había dado cuenta desde hacía unas cuantas películas que era Van Damme, y que sus peculiaridades como intérprete, los infaustos Te-Emes que recapitulamos al final de cada entrega de Hostias Como Panes, están por encima de las hipotéticas diferencias entre sus películas. Por eso, cuando por primera vez recicla un argumento de una película suya anterior (en este caso, de la citada Contacto Sangriento, observen a qué velocidad entra en el esperado ciclo del autoplagio) -contando la historia de un joven que, tras contemplar cómo su hermano queda inválido en una competición de kickboxing, decide entrenarse y vengarse del culpable, el animal de dos metros y medio Tong Po-, nos encontramos más ante un Van Damme Plays The Van Damme Standards que ante una película con identidad propia.
Eso, por si se están perdiendo, es bueno.
En realidad, la génesis metafórica de Kickboxer es fascinante en ese sentido: surge como una réplica orientada al mercado adulto de Karate Kid (sin pasarse, que entre mis amigos y yo, con diez años escasos, gustaba mucho más que el original). Algo así como Kickboxing Handsome Young Man. Pero es que, como hemos dicho por aquí en alguna otra ocasión, Karate Kid es una réplica bastarda de el primer hit de Jackie Chan, El Mono Borracho en El Ojo Del Tigre. Gracias a la coproducción oriental, la ambientación asiática y la reintegración de algo de la crudeza perdida en la exitosa producción norteamericana, se hace algo de justicia poética, y se devuelven las hostias a un entorno, el campo abierto lleno de chinos, del que deberían haberlo sacado sólo sus oficiantes originales (cosa que hicieron, y de qué modo, en los ochenta en Hong Kong, aunque de eso ya hablaremos en otro momento). La cosa ya parte de una cinta de moebius de réplicas y contrarréplicas enfangadas en la más pura serie B: Kickboxer es una copia destinada al mercado del vídeo de Karate Kid, con la filosofía barata aún más barata, y el entrenamiento aún más sádico, lo que por una parte le acerca y por otro le distancia del referente original, ese Drunken Master que todos amamos.
El resultado es una película involuntariamente situada en uno de los vértices más extraños de este triángulo ético y estético: no tiene esa condición exótica e inimitable de El Mono Borracho (con ese sadismo extremo sólo aceptable por paladares orientales), pero tampoco esa tontuna para adolescentes de Karate Kid, lastre del que Kickboxer se libra… siendo aún más comercial. Lo que el bajo presupuesto de los ochenta entiende por comercialidad, claro: gestos y sonrisitas involuntariamente filogays, vestuario aberrante (el chaleco vaquero cubriendo una camisa de cuadros sin mangas forma parte del guardarropa recurrentemente horroroso de Van Damme), luces azul eléctrico en interiores, strippers tailandesas (¡toma!) y simplificación máxima de argumento y relaciones entre personajes, pero en un paso intermedio entre la abstracción galopante de Bloodsport y la inaguantable verborrea de las grandes superproducciones de acción (por ejemplo, en su intento de desmadejar al máximo las líneas argumentales, se pervierten los códigos clásicos, con el amigo negro traficante de armas haciendo de figura fraterna que sustituye al hermano de Van Damme, que queda en silla de ruedas � y por si acaso no estuviera todo bien subrayadito, el nuevo amigo de nuestro héroe cuenta la historia del amigo que era como un hermano para él y que murió en Vietnam-). Y todo con ese sonido característico del bajo presupuesto, ese eterno zumbido que se oye de fondo, como una réplica de ruido blanco a frases de diálogo tan imperecederas como “We’re family. Let’s kick his ass”.
Kickboxer, por su condición de Summa Máxima (hasta ese momento) de La Obra, sabe de su condición de clásico instantáneo, y lo explota: la primera aparición del villano es un monumento a la iconografía del cine de artes marciales más bastardo: un gigante oriental, el gigante oriental más feo y aterrador que se puede echar uno a la cara, pateando con la pantorrilla una columna de cemento de un sótano. La columna tiembla, la banda de sonido de la película también, y con cada golpe cae yeso del techo. Planificada y montada como si perteneciera a una película de terror, con nuestro protagonista acercándose cauteloso por los desiertos y sórdidos sótanos del cuadrilátero donde va a combatir su hermano, esta secuencia es pura magia desvergonzada y bestiaja. Es como Hulk Hogan declamando a Lord Byron. Algo similar, algo de este tufillo a que los responsables de la película no son absolutamente conscientes del disparate que se traen entre manos (pero a la vez sí lo son) ocurre en otras dos secuencias legendarias, ya mitos de la serie B. Por una parte, el entrenamiento y su estructura episódica: las piernas de Van Damme forzadas hasta el límite con una máquina de tortura, toda poleas y piedras de cartón, el templo encantado y sus ridículos Espíritus Del KickBoxing, la lucha submarina, el destrozo del tronco de un árbol en un ataque de ira, el justamente recordado running gag del pedrusco… Por otra, la mayúscula secuencia de baile ebrio de Van Damme, también muy justamente recordada por lo que tiene de inesperada y desconcertante, pero que sirve para ajustar cuentas con los clásicos: en efecto, el boxeo borracho de Jackie Chan vuelve hacer su aparición en una bronca inmediatamente posterior al baile.
En cuanto a las peleas (coréografo acreditado: Jean-Claude Van Damme), tienen cierta calidez y originalidad, ya que están basadas en un estilo poco agresivo de combate, orientado a la defensa, lo que da pie a bellas trifulcas saltimbanquistas en el enfrentamiento final. Un combate de casi veinte minutos que, por desgracia, se ve constantemente interrumpido por la trama paralela en la que el hermano y el master se hacen cargo de unos cuantos traficantes a tiros y dan al protagonista un motivo prosaico e inútil por el que luchar. Una pena, porque las hostias finales, excelentemente rodadas (se acaban los buenos tiempos de las artes marciales en Hollywood, gente), tienen planos que son pura lírica en movimiento (con Van Damme esquivando ganchos con simpar gracia, o desgarrándose el abdomen entre aullidos). Los cinco minutos finales son la acumulación más excesiva, grandiosa y narcisista de tics interpretativos que se puede uno echar a la cara, que apabulla los sentidos del espectador como la violación de La Naranja Mecánica, la persecución en el desierto de En busca del Arca Perdida o la secuencia del coro de Y si no… nos enfadamos. Todo la estética del cine de Van Damme se resume y se multiplica en ese fragmento, y de hecho, tiene todo lo poco o mucho que podamos barruntar sobre Kickboxer.
Kickboxer tiene sus defectos, algunos importantes, otros que la colocan por debajo de Contacto Sangriento, su antecedente más claro. Pero a pesar de sus defectos, hay que amarla, hay que venerarla porque es Van Damme en estado puro. Y sólo por eso, rebosa tres de las cinco cosas que tienen importancia en esta vida: la Violencia, la Chorrada y la Cámara Lenta. Las otras dos son las Tetas y el MAD.
Te-Emes de Van Damme: “Aaaaargh” de furia™, Apertura De Patas™ (cantidad ingente), Frase Muy Dramática Enunciada con Total Inexpresividad™, Pelo Horrible™, Sonrisa + Ojitos En Escena de Relleno™, Patada Voladora al Ralentí™, Ruido Como “sshhhhhaaaahhhsss” con la Boca Después de Dar un Golpe™, Culo™, Secuencia de Entrenamiento de Ribetes Sádicos™, Salto Inhumano™, Montaje Musical a Ritmo de AOR Resumiendo Progresión Dramática Injustificable™, Turismo Exótico™, Pantalones hasta el sobaco™, Incapacidad Para Colocar los Brazos en una Posición Normal™
Calificación: Peleacas + Villanaco + Entrenamientaco = OOOOOOOO (Ocho hostias sobre diez)
Más Hostias Como Panes:
- Retroceder Nunca Rendirse Jamás
- Contacto Sangriento
- Black Eagle
- Cyborg












