Archivos de October, 2006

Tuesday, October 31st, 2006

¡Cuidado! ¡trestristesninjas cantaron “Mi Lista” el sábado en la Sala Piratas!

¡Qué tíos! ¡Qué bien lo pasamos! ¡Y han empezado a subir videos a su web que, yo estuve allí y lo vi perfectamente, grabó eunice! Empiezan con Mi Lista. Vaya griterío, vaya diversion, vaya despendole.


Thursday, October 26th, 2006

Cartelerío ninja. Cuarto asalto.

eunice es la responsable de esta joyita, en la que Tres Pequeños Ninjas afrontan Halloween igual que los trestristesninjas van a afrontar el de este año: a voces, con las manos haciendo plas plas y enmascarados hasta la rabadilla. Ustedes verán.

1.jpg

Wednesday, October 25th, 2006

Stan Lee Presents Watchmen

Este se lo saben porque no se les escapa ni una, pero… ¿y si Stan Lee hubiera guionizado Watchmen? Yo les digo: habría MAS texto. O al menoss, es la sensación que da. ¿Qué no?

Wednesday, October 25th, 2006

Cartelerío ninja. Tercer asalto.

Miren, hasta abocetado lo digo ya. El sábado. De gratis. Semper ninja, como diría El Chaiko. Son tres, son ninjas y están tristes, ¿quiénes son?

1161780237_f.jpg

Wednesday, October 25th, 2006

Cartelerío ninja. Segundo asalto.

Voy a estar yo. Va a estar eunice. Va a estar Noel. La creme de la creme dando saltos y dando voces. ¿Y ustedes se lo van a perder? No, puñeta. No se lo pierdan. El sábado. Sala Pirata. Polígono Urtinsa de Alcorcón. Metro Puerta del Sur. A las 22.00. Vayan.

1161675746_f.jpg

Monday, October 23rd, 2006

Cartelerío ninja

Es decir, cuchipanda y volteretas con trestristesninjas, mejor grupo de rock ligero (ligero de rápido, no de leve) del panorama nacional. Es el sábado, y pilla lejos, pero merece la pena: pueden llegar en el Metro de Madrid, que como saben es el Metro más feo de Europa. No se lo pierdan, pero para asegurarnos, lo recordaré cuatro veces más a lo largo de esta semana. Y ustedes pueden negarme una, dos, tres veces, pero.. ¿cuatro?

wspoc6.jpg

Saturday, October 21st, 2006

Mil Canciones Pluscuamperfectas (1): Los Romeos - Muérdeme

Lula es uno de los escasos grupos nacionales que me dicen algo en estos días de trabajo intenso y replanteamientos varios. Ya saben que yo la rima en castellano, o son pareados rotundos y me dan risa, o todo lo contrario (y también me la dan, pero por otros motivos). Lula son sencillos, directos, suenan rasposos cuando hace falta y melindrosos cuando conviene. Son gente ya entrada en cierta edad, y por eso se pueden permitir hablar de sexo con un tono entre pastoso y vacilón y de relaciones carnales con la sensatez de quien ya no puede contar las que lleva sobre sus espaldas con los dedos de una mano. Será que me estaré haciendo viejo. Pero no porque me gusten Lula: tienen sentido del humor a borbotones, un estilo propio muy natural y espero que un par de éxitos por delante. Digo que me estaré haciendo viejo porque no puedo dejar de tener en cuenta que Patrizia Escoin, cantante de Lula, era también la vocalista de Los Romeos.


Se lo crean o no, hubo una época en la que esta maravilla sonaba en la radio. A esta velocidad y con esta misma letra. Patrizia cantaba estas exquisitas obsceninades y se meneaba por televisión embutida en unas minifaldas absolutamente ridículas. Yo, con catorce años que tenía, imaginen cómo tenía el equipamiento hormonal. Esta fue una de las primeras veces, por no decir la primera, en la que recibía una descarga de información y pulsiones agradables e intrigantes relacionadas con el sexo y que estaban fuera del ámbito estrictamente pornográfico, que era el único contacto que por aquel entonces teníamos con el intercambio de sudor. Olvídense de quienes dicen que no hay que creerse lo de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Yo estuve allí y les confirmo la triste realidad. Todo todo, no; pero este tiempo pasado, concretamente, fue mucho mejor: Patrizia abogando a gritos desde el número uno de los 40 Principales, en esta versión caramelizada de Mötorhead, por la humillación física y la agresividad consentida como camino alternativo en busca de la trempera twenty-four-seven… es una imagen tan perfecta que cuelgo aquí la canción para convencerme cada vez que entre en el Focoblog de que no lo he soñado.

Supongo que Patrizia está cerrando el círculo, en cierto sentido. Me abrió los ojos en su día al rock como una metáfora rítmica y divertida del apareamiento y ahora vuelve al panorama musical, mucho más madura pero igual de seductora. Para recordarme que, a pesar del triste panorama que nos rodea, hay motivos para conservar la esperanza. Follen y bailen siempre que puedan. A la vez no. Se harán daño.

MUERDEME - Los Romeos
Quiero ser tu esclava para ti
Sólo en tu regazo soy feliz
Haremos el amor
Haremos el amor
Amor

Si quieres mi cara golpear
Puede que así me guste más
Haremos el amor
Haremos el amor
Amor

Muérdeme en el trasero
Donde a mí me gusta más
Siempre voy a ras del suelo
Qué más da
Burlaremos el infierno
Nada nos importará
Cuando acabe este sueño
Qué más da
Qué más da

(No, no, no, no, no, no, no, no, no)
Esta noche
(No, no, no, no, no, no, no, no, no)
No la olvidarás
(No, no, no, no, no, no, no, no, no)
Esta noche
No la olvidarás

Wednesday, October 18th, 2006

Llámame Lola

Aprendan mucho con esta sublime recopilación de los motivos que se esconden tras los nombres, a menudo enigmáticos, de los grupos de rock. Yo puedo enorgullecerme de que absolutamente todos los grupos en los que he estado tienen una gran y chascarrillosa historia detrás del nombre. A ver si ustedes pueden decir lo mismo

Monday, October 16th, 2006

Crank: Livin’ la Vida Loca

En uno de los momentos más brillantes de la extraordinaria Crank, Jason Statham -un asesino a sueldo perseguido por enemigos a ambos lados de la ley, y a quien le han inyectado un veneno que le matará si no deja de producir adrenalina, es decir, si no permanece en un estado de tensión y excitación continua- conduce un vehículo, huyendo de unos matones y acompañado de su chica. Su cuerpo comienza a desmoronarse después de una escalada de emociones fuertes absolutamente inenarrable, y la chica -Amy Smart- decide animarle de la mejor forma que sabe: haciéndole una mamada. Nuevo bombeo extremo de riego sanguíneo, pues, que se interrumpe abruptamente cuando Smart detiene su entregada tarea en el momento preciso en el que Statham va a correrse. Ante el escándalo y frustración de protagonista y espectadores, Amy se justifica: “siempre te quedas dormido cuando acabas“. Y eso no se lo pueden permitir.

crank.jpg

Es una secuencia que resume perfectamente logros y virtudes de la película. Acudí a Crank consciente de que uno de mis action heroes actuales predilectos no iba a decepcionarme, y menos en una película con semejante punto de partida. Lo que no esperaba es que la honestidad de la película fuera tan literal, que la idea de un asesino que no puede parar se llevara hasta el extremo de empapar el lenguaje, el ritmo, la filosofía y la mismísima conclusión (hasta el último plano, oigan) de esta película que, vaticino sin temor a equivocarme, será ninguneada como en su día lo fue Torque.

Cito a Torque de forma plenamente consciente: desde las dos entregas de Los Ángeles de Charlie, sólo esa maravillosa catedral de trampantojos visuales sobre dos ruedas había logrado seguir la estela de las obras maestras de McQ. (Inciso. Dejo de lado, muy voluntariamente, la prodigiosa Sr. y Sra. Smith: aunque a nivel de mensaje e intenciones metalinguïsticas pueda tener algún punto en común con Crank, su enfoque y, sobre todo, sus conclusiones, son diametralmente opuestas). Crank, decía, llega incluso más lejos que Torque: al establecer una coherencia visual perfectamente asimilable a nivel intuitivo hasta para el más mendrugo de los espectadores de un multicine de las afueras, sus responsables (Mark Neveldine y Brian Taylor, dos debutantes a los que envidio, en estos momentos, más que a los creadores de YouTube) rubrican la reflexión más directa y sincera que ha parido un género acerca de sí mismo desde los westerns de Sergio Leone. Es decir, Crank no es solo una obra maestra de la acción postmoderna por filiación estética, sino gracias un discurso perfectamente hilado.

Jason Statham, en Crank, no es solo un héroe de acción en una situación límite. A través del retruécano argumental que hace que el protagonista vaya, literalmente, colocado durante toda la película, Neveldine y Taylor lanzan al espectador una atrevida reflexión sobre la naturaleza de los héroes de acción. Sobre todos ellos, porque al fin alguien se ha decidido a explicar al héroe de acción, no a retratarlo. Y lo hace no con un discurso brillante, sino con acción sin tregua. Crank es su propio discurso. Como en una versión desmesurada y apocalíptica del Kowalski de Vanishing Point, Statham es un héroe invencible, despiadado y furioso porque tiene un suministro continuo de aditivos químicos (sí, cocaína y anfetaminas incluídas, pero también adrenalina inyectada y Red Bull en cantidades industriales) que reducen sus motivaciones psicológicas a un mero esquema y su meta a cumplir en hora y media escasa en una gozosa caricatura. Lo cual no quiere decir que todos los héroes de acción vayan hasta las cejas, pero sí que por una vez, alguien se ha molestado en desentrañar y proponer una posible mecánica para la venganza como motor único de la existencia del justiciero urbano (que no da tiempo de tener más, no por otra cosa), en explicar la metafísica del terminator y sí, en justificar que todos los héroes de acción sean máquinas de follar. Al fin y al cabo, la erección kilométrica que tienen es, primero, una cuestión física más que patológica, pero también un suministrador de la adrenalina que les permite seguir vivos. Yonkis de la adrenalina, sí, pero no simbólicamente: en Crank, la metáfora que mantiene en funcionamiento a un género desde hace décadas se convierte en demoledor macguffin. La metafísica se convierte en mecánica. Y todo culminado por uno de los finales más coherentes, divertidos e inesperados que he visto en una sala de cine en mucho tiempo. No voy a desvelarlo aquí, pero si todas las películas llevaran sus propuestas tan al límite como Crank, el Hollywood más comercial y palomitero sería, literalmente, justo el contrario del vertedero que es ahora.

Crank no es, como me decía Noel, una película para descargar a golpe de torrent. Hay que verla en pantalla grande y a volumen ensordecedor, porque no es sólo especial. Es única. Pongo un único ejemplo y dejo de desvelar sorpresas, porque quiero que las disfruten ustedes solos. Soy consciente de que “película-videojuego” sigue siendo más un insulto que un halago (a pesar de que hasta el más apestoso videojuego tiene más valores artísticos que el noventa y cinco por ciento del cine que se estrena), pero créanme, Crank es la mejor película-videojuego de la historia. Es, para empezar, una perfecta adaptación del espíritu GTA de coger cualquier coche, correr por cualquier calle, machacar la sesera de cualquier obstáculo homínido que se cruce en nuestro camino. Una adaptación mucho más perfecta, ya que se lo preguntan, de lo que sería una película oficial sobre GTA, que posiblemente se estropearía con basura inútil como actores de renombre (¡gah!) o un argumento (¡re-gah!). Es, para seguir, una perfecta regurgitación de los códigos que nos obsesionan de los videojuegos: el corazón palpitante a ritmos variables como medidor de energía, la estética del pixel fluorescente, el encuadre como recurso expresivo extremo, guiños a granel (hay una bebida energética que se llama, bendita sea, RockStar) y, en general, una bendita facilidad para el uso de la elipsis bien entendida. Es decir, Crank no pierde el tiempo con los equivalentes fílmicos de las secuencias cinemáticas de los juegos en las que se desarrolla el argumento y en las que el jugador sólo es un mero espectador. Crank va directo a lo interesante: a la hostia demoledora y la explosión irrepetible. Y si eso no hace que salgan disparados a por su dosis de Crank, francamente, merecen todas y cada una de las mierdas vacías e insultantes que se tragan cada vez que van al cine.

Wednesday, October 11th, 2006

Uno de tres, con posibilidad de empate

Voy a retirarme del mundanal ruido durante unos cuantos días. Reposaré, meditaré y miraré al gotelé. Entre otras cosas. No insulten a la gente en mi ausencia, ni digan que la gente escribe peor en los blogs de las grandes corporaciones mediáticas, ni aunque lo hagan por amor al arte, que eso delata dolencias locas, locas. Entreténganse, eso sí, con este sorprendente y extraordinario post de Dress for Excess acerca de los Campeonatos Internacionales de Piedra, Pal o Tijera. Lejos de limitarse a la cosa anecdótica de las estrategias y demás, el extenso post acaba convirtiéndose en un curioso ensayo acerca del azar y la necesidad de tenerlo a mano para no volvernos locos por culpa del Puñetero Plan Cósmico, y está trufado de citas tan sustanciosas como “Lo interesante no es saber quién ha ganado el torneo, sino por qué cree el resto de la gente que lo ha perdido”. Disfruten del fin de semana.