Jackie Chan (2): Snake and Crane Arts of Shaolin (1976)
Lo Wei es uno de los nombres propios más odiados de la historia del cine de Hong Kong. Director de las dos primeras películas de Bruce Lee, Kárate a Muerte en Bangkok y Furia Oriental, no pudo rentabilizar al ciento por ciento el hecho de estar al frente del nacimiento del actor más importante del cine de acción oriental. Pronto la popularidad llevó a Lee a dirigir sus propias películas y a abandonar a Wei que, resentido hasta extremos cuyo límite nunca llegaremos a averiguar (su probada conexión con las triadas y su improbable relación con la misteriosa muerte de Bruce Lee le garantizan un puesto en el panteón de supervillanos de la rumorología relacionada con el deceso del actor), intentó encontrar a un nuevo Bruce Lee. Justo cuando el mundo, un mundo sin wikipedia ni fans sobreinformados, comenzaba a padecer la espectacular avalancha de Bruces Leungs, Lis, Laus, Les y demás, que aprovechaban que el auténtico Lee sólo había protagonizado cuatro películas y media. Lo Wei intentó que Jackie Chan se convirtiera en el clon definitivo de Bruce Lee.
Wei entró en la carrera de Chan en el momento justo. El actor se planteaba abandonar el mundo del cine, y Wei le proporcionó un cheque salvavidas y un contrato para protagonizar una larga ristra de películas rodadas en Taiwán. En ellas aún aparecería como Sing Lung en los créditos, un primer nombre artístico que ya ha sido sustituído por Jackie Chan en las copias actuales de las películas. El primer paso, el obvio: la apócrifa New Fist of Fury (Furia Oriental 2ª Parte, 1976), con Jackie imitando esforzadamente al maestro y haciendo suyos los fundamentos de un Jeet Kune Do también sumamente apócrifo. Le siguió Shaolin Wooden Men (El Despiadado, 1976, y cuidado con las versiones que caen en sus manos: circula una a la que le faltan veinte minutos), muy mediocre pero con una hermosa exhibición de estilos y armamento marcial, y unos supervillanos peculiares: un grupo de humanoides de madera, versión hórrida de los típicos maniquís de entrenamiento shaolin. The Killer Meteors (Meteoro Inmortal, 1977) pasa por la rareza oficial de esta etapa, acompañado Chan de un insólito Jimmy Wang Yu de extremidades intactas y argumento extrañamente carente de venganzas y clanes enemigos. Si quieren, pueden catar un fragmento aquí, y créanme, ya tienen bastante. To Kill with Intrigue (Matar a Traición, 1977), en fin, es otro churrete de peleas decentes y una absolutamente indecente orientación hacia el drama más rancio y el swordsplay más caduco.
Lo Wei comenzaba a pensar que había errado en la elección de su nuevo pupilo. A pesar de lo ínfimo de los costes de producción, ninguna de sus películas al servicio de Jackie Chan (o de Chan al servicio de él, según se mire) y rodadas en Taiwán había resultado ser un éxito. Casualidad o no, su retiro a labores exclusivamente de producción da pie a la primera película en la que podemos atisbar rasgos propios del Jackie Chan que más tarde se haría famoso: Snake and Crane Arts of Shaolin (Shaolin Kung Fu aka El Estilo de la Serpiente y la Grulla de Shaolin, 1978). Aquí, ocho maestros shaolin protegen las artes marciales de sus respectivas escuelas, y deciden combinarlas en un estilo de combate definitivo y devastador. Lo llaman Los Ocho Pasos de la Serpiente y la Grulla, y reflejan este nuevo arte marcial en un libro. Poco después, los ocho maestros desaparecen y el libro se convierte en un objeto muy buscado por los rufianes de la zona. Hsu Yin-Fung (Chan) es un misterioso luchador capaz de patear el culo sucesivamente a todos los que le amenazan, y acaba revelando una importante relación con el incunable. En Snake…, Jackie Chan pasa a tomar parte activa en labores de coreografía y dirección, y se nota.
Para empezar, Snake and Crane Arts of Shaolin es muy poco verbal: el argumento progresa gracias a la acción, no se detiene ésta para que empiecen las peleas. Si hay odio, venganza, rencor o amistad, se entiende y se da a entender gracias a las peleas, y no a pesar de ellas. El buen cine de acción es así, y Lau-kar Leung podría darle unas cuantas lecciones a Michael Bay en ese sentido, pero resulta más complicado, obviamente, cuando el presupuesto es más exiguo (lo que ensalza a Lau-kar y mediocriza a Bay, todo sea dicho). Por eso las grandes películas de artes marciales clásicas suelen proceder de la Shaw Brothers y no de las pequeñas productoras, que no se podían permitir una coreografía monstruosamente larga o una cantidad excesiva de extras peleones y propiedad pública que hacer astillas. Todo eso lo cambiaría el propio Chan con sus éxitos para la Seasonal, la popularización del formato videografico para la expansión del cine de kung fu por todo el mundo y otras cuestiones que revisaremos cuando llegue el momento. Ahora, quédense con esto: el hecho de que Snake and Crane Arts of Shaolin consista prácticamente en una pelea de hora y media, duplica su valor, precisamente por el hecho de que no aburre en ningún momento pese a la modestia de sus medios. Se acercan tiempos de abstracción y concisión extrema para el género.
Pero no sólo eso: desde su primera aparición, un Chan ya en plena forma (aquí, ni entrenamientos ni nada que se le parezca: en ese sentido la película tiene una raíz más clásica que sus posteriores éxitos; las artes marciales no se ven como un proceso escalonado, sino como un conocimiento que se adquiere instantáneamente, como un truco mágico cuyo grimorio, de hecho, guarda el protagonista) se burla de sus enemigos, frivolizando todo el concepto del duelo y los estilos animales. Su primera pelea, de hecho, es abiertamente cómica, y sobre todo, prima la velocidad y la potencia por encima de la técnica. Un Jackie Chan ambicioso y que imagino deseando salir del anquilosado esqueleto del kung fu clásico, debió fijarse en las películas que por aquel entonces rodaba Lau-kar Leung para una decadente Shaw Brothers, aún de ambiente dinástico pero decididamente influidas por el huracán Bruce Lee, y tomó prestadas unas cuantas ideas en cuanto a planificación concisa y contundencia extrema: no hay uso de trampolines, ni volteretas en el aire trucadas filmándolas a ras de suelo, ni zooms a las caras con cada golpe y cada herida. Se permite la marrullería y la mutación de los estilos clásicos en beneficio de la victoria. Ese “todo vale” en el que se convertiría el género en la década de los ochenta comienza a dar sus primeros pasos. El fan con ojo atento percibirá también un uso aún tímido, pero ya innegable, de los elementos del decorado para multiplicar el barbarismo destrozón y la versatilidad de los combates: en este caso, un restaurante (el gremio de la restauración, siempre tan maltratado en las películas de Jackie Chan) en el que cualquier utensilio puede ser usado como arma arrojadiza o protección improvisada. Sólo son apuntes, y Chan no lo explota al cien por cien: tendremos ocasión de hablar de este código de lucha cuando empecemos con las primeras películas de Jackie para la Seasonal.
Les dejo con el combate final de Snake and Crane Arts of Shaolin. Observen cómo imperan los aspavientos clásicos, pero con tímidas incursiones en la violencia desrazonada y en la marrullería porque sí. Disfruten de las extraordinaria capacidad atlética de Chan, y sobre todo, tengan en cuenta cómo vence a un villano claramente superior y que se pasa los diez minutos de duelo cascándole bien: con un truco sucio.













