Friday, December 29th, 2006
HOSTIAS COMO PANES (IX): Soldado Universal
Lo confieso: a pesar de las simpatías que Soldado Universal despierta entre la fanbase de Van Damme, no se cuenta entre mis filigranas favoritas del astro. Posiblemente se deba a que es defendida con exceso de pasión por gente cuya buena voluntad no pongo en duda pero que, lo siento, no han entendido nada. Su barniz de presupuesto medio-alto y el monstruoso éxito que cosechó en todo el mundo, disparando la carrera de los tres nombres propios que participaron en ella (Van Damme, Dolph Lundgren –otro a quien habría que dedicar un estudio de logros pormenorizados- y el director Roland Emmerich) hace relativamente sencilla su defensa por las razones de siempre: técnicamente es bella, pulcra, efectiva y simpática. ¿Entonces?
Pensarán ustedes: “es que a Tones, si la película no es una chorrada, no le entra”. No sean así, tan así, que en ocho entregas de Hostias Como Panes bien que hemos tenido tiempo de valorar el cine vandámmico por muy diversas cuestiones ajenas a La Chorrada, y eso que aún no hemos llegado a las chorradas de índole monumental. Pero reconozco que para quien, como yo, haya seguido la opus en orden cronológico, Soldado Universal puede suponer un bajonazo conceptual importante. Pero llevadero. Les diré…
Soldado Universal es, sobre todo teniendo en cuenta el desolador panorama de la ciencia-ficción de los noventa, un producto relativamente insólito, al confluir en su metraje sinceros homenajes al género y sus clásicos (empezando por el Síndrome de Frankenstein y yendo a parar a Terminator, cuya primera secuela es contemporánea de Soldado Universal) y al contar con el protagonismo de dos estrellas de deliciosa baja estofa. Soldado Universal es, en cierto sentido, la réplica no solicitada de ese sueño húmedo e inconcluso de todo fan del cine de acción que sigue siendo un duelo titánico entre Schwarzenegger y Stallone, pero en versión pedrestre y videoclubista, con dos actores de saldo jugando a crear la ilusión de que están en la liga del gran presupuesto. Por suerte, nadie de los implicados en la película se lo cree del todo. Y desde ese punto de vista, Soldado Universal es perfecta, porque como veremos, acaba ofreciendo bastante más de lo previsto, sobre todo cuando decide ponerse especialmente idiota o especialmente churrigueresca.
Sin duda, lo más atractivo de la película es el sincero amor por el cine fantástico que destila. Sobre todo cuando, sobre el papel, no tendría por qué. Por ejemplo, la secuencia inicial, con un primer encuentro entre los antagonistas (soldados en Vietnam que mueren y son resucitados en el presente como parte de un programa gubernamental de empleo de cadáveres como superguerreros) de ambientación bélica pero de regusto terrorífico. La iluminación, los tenebrosos diálogos y los luctuosos sucesos narrados, sin componente fantasioso pero más tremendos que cualquier psycho-thriller fijan un tono perfecto para la película, cuyo esqueleto es una historia de robots, pero sobre todo y por encima de todo, es un cuento de tecnofantasmas. Los momentos de humor, imprevistos y morbosamente apropiados, a cargo de Dolph Lundgren, redondean un estilo que se repite en el apocalíptico clímax de la película, sin duda lo mejor del conjunto: una pelea con genuinas hostias como panes, muy sangrienta, violentérrima y envuelta en esa luz azul que lo fantastiza todo, llevando a los personajes al punto donde pertenecen. A la historia de zombies. El fuego y la lluvia refuerzan las características sobrehumanas de los combatientes en una inesperada e inolvidable confrontación de tonos épicos.
Y entre ambos puntos, reconozcámoslo: Soldado Universal transcurre a velocidad más que razonable, y no sin sorpresas. Su noventerismo militante consigue en ciertos momentos, para gozo de los que odiamos esa década, anularse a sí mismo a golpe de abuso de códigos: esos planos horrendos con el teleobjetivo a todo trapo, esos laboratorios iluminados con luz negra o sucedáneo, los soldados universales que parecen chaperos universales de lujo, esas disquisiciones sobre la pérdida de la identidad en producciones de alto presupuesto (¿qué le dio a todo el mundo?). Y en medio, Van Damme atrapado en una producción que se le queda extragrande (por primera vez en una película suya encontramos no solo destrucción a pequeña escala, sino también demolición de edificios, chatarrería móvil y pirotecnia como una de las Belllas Artes), pero donde aún puede ir colando, tímidamente, un TM tras otro. Las caras de sorpresa bobalicona, por ejemplo, no tienen precio. Determinados momentos de humor, imagino que también muy del gusto de Emmerich, son deliciosos: recuerden que la fórmula culo + Van Damme + comedia es una combinación ganadora. Un momento teóricamente dramático, el de la extracción del rastreador que el protagonista lleva injertado en la pierna, se desvirtúa al más puro Van Damme-style con un ridículo plano del trasero y las piernas de él, y la periodista que está sacando la historia a la luz de rodillas, extrayéndoselo de la pierna a las bravas, con los dedos, y profiriendo comentarios de doble sentido que parecen salidos de una película clasificada “S”. Soldado Universal no es una película netamente vandámmica, pero lo intenta, y la intoxicación de los códigos propios del cine convencional que tanto radicalizan otras películas anteriores del actor no funcionan al cien por cien, pero el espectador avisado sabrá distinguir los momentos de gloria: la estética de ciencia ficción europea, sobre todo en el diseño de vestuario (la presencia de Emmerich, obviamente, tiene mucho que ver con el tema), la apabullante destrucción del motel y sus de nuevo inesperados matices de humor tocho, la ridículamente emotiva secuencia del regreso a casa del soldado desconocido, y como no, la pelea final, llena de ralentíes y gesticulaciones vacuas.
Como ven, mucho habría que objetar para que palidecieran estos valores. Es más, hasta aquí todo va bien. Mis peros son más bien intangibles: la película parece transcurrir con la mano acariciando nerviosamente el freno de mano de su ritmo interno. Por suerte, nunca se tira de él. O si lo hace, en el tramo final la cuesta abajo es tan pronunciada que el mecanismo de la película no responde, y por suerte el Disparate Mayúsculo triunfa por encima de cualquier otra consideración. Pero con Van Damme, tengámoslo claro a estas alturas, no hay que valorar las películas por lo que son, sino por lo que pueden ser, porque el astro nos ha acostumbrado a que, literalmente, no hay techo imaginable. Por eso, Soldado Universal deja un leve sabor agridulce. Sí, ya: hay collares de orejas, zombis robóticos al servicio del Gobierno, la volatilización de un motel de carretera y, sí, un descenso haciendo rappel por una presa, pero todo podría ser más loco, todo podría ser más insensato. Y repito, los fans de Double Team o Blanco Humano saben que los límites en ese sentido son inimaginables de partida. Aún así, un peliculón. ¿Qué coño esperaban? ¿Llanto y crujir de dientes a estas alturas?
Te-Emes de Van Damme: “Aaaaargh” de furia™, Pelo Horrible™, Patada Voladora al Ralentí™, Pantalones hasta el sobaco™, Incapacidad Para Colocar los Brazos en una Posición Normal™, Ruido Como “sshhhhhaaaahhhsss” con la Boca Después de Dar un Golpe™, Frase Muy Dramática Enunciada con Total Inexpresividad™, Sonrisa + Ojitos En Escena de Relleno™, Gran Comedia™
Más Hostias Como Panes:
- Retroceder Nunca Rendirse Jamás
- Lionheart
- Libertad Para Morir
Calificación: Dolph Lundgren humorista + Plano de culo de Van Damme sostenido varios minutos + Apocalipsis azul final = OOOOOOO (siete hostias sobre diez)













