Entrada publicada el 30 de Enero de 2007 por John Tones
1. Como va a pasar con tantas entregas de esta serie de posts, ya lo veo venir diáfanamente: me cuesta trabajo articular los porqués de las obviedades. Son obviedades porque los porqués están bien claritos. En este caso, por qué los Pixies son el mejor grupo del universo. Nada de lo que diga puede ser más sugerente, perfecto o directo que este tutubo, así que, simplemente, callen y escuchen.
2. Como en una especie de conjuro necronomicano, las letras y las canciones de los Pixies espabilaron a hostias una parte dormida de mi cerebro. Siempre había estado ahí, de algún modo. Los Pixies, simplemente, lo hicieron surgir, y ya nunca desapareció. Yo ya conocía la letra de Hey o Where Is My Mind. Los Pixies me recordaron que ya la sabía, desde siempre, y ya no se fue. No puedo decir eso de ningún otro grupo, libro, tebeo o programa de televisión.
3. De todas las opiniones musicales que Lindyhomer expresó alguna vez delante de un servidor, ninguna me pareció tan errónea como la que me dijo después del concierto de los Pixies en el Primavera Sound de hace unos tres años: “Si es que las han tocado igual que en los discos”. No le repliqué, porque sabía que en el extático momentum en el que me encontraba, cualquier réplica iba a sonar a fan descerebrado. Ya se pueden imaginar lo que sigo pensando sobre ese particular: cómo coño se puede reformular algo perfecto.
4. LoudQuietLoud fue un imprevisto regalo navideño de Chili y Asterisco en forma de DVD. En este documental se nos deja bien claro que los propios Pixies no sólo desconocen la respuesta a ese enigma implícito en la queja de Lindyhomer, sino que además, les acojona preguntárselo. Durante hora y media los seguimos en su primera gira de reunión en 2004, y la banda permanece en un estado de trance continuo. Primero preguntándose si reunirse es una buena idea. Luego preguntándose cómo pudieron dudarlo. Finalmente, abrumados por su propio mito. Los miembros de los Pixies son, como miembros de los Pixies, mucho más inmensos que ellos mismos, tal y cómo reconoce apesadumbrado pero consecuente, un Frank Black consciente de que nunca podrá igualar con su música en solitario la que consiguió firmar acompañado de tres personas a las que le cuesta dirigir la palabra. Tal y como comentaba con Nacho el otro día, los cuatro reaccionan ante este dilema, que para un artista podría calificarse casi de metafísico, igual que los protagonistas de una película de Tarkovsky: abrazando un estado de confusión continua, casi de hipnosis autoinducida que les hace pasear por el metraje no ya como sombras de lo que fueron, sino como fantasmas absortos en un reflejo. LoudQuietLoud me dejó trastornado, y sin embargo, más convencido de que mi fanatismo por el grupo es apropiado. Lejos de desmitificar, LoudQuietLoud habla de unas canciones (que apenas suenan), de unas personas (que apenas hablan) y de unos conflictos (los que llevaron a la primera disolución del grupo, que se comentan muy vagamente por pura pereza de los interlocutores, y que también ya son pura mitología pop) que no hay manera de ensuciar. Ni sus propios creadores pueden. Por eso, tocar las canciones tal cual sigue siendo la única opción sensata.
Entrada publicada el 30 de Enero de 2007 por John Tones
“El 80% de los marineros noruegos producen películas de terror de bajo presupuesto durante la noche”. ¿No se lo creen? Pues encuentren algún otro hecho perfectamente falso y contrastable con el inspirador Fake Fact Generator.
Entrada publicada el 25 de Enero de 2007 por John Tones
Es lógico, podría pensarse. A quién puede gustarle Radiohead. Ni a Dios.
Pero es que lo que me ha ocurrido me hace pensar en una intervención divina, en una voz de edad insondable susurrando desde las alturas “Toneeeeees… que el mundo seeeepaaaaaa… que el mundo conooooozcaaaaa… la verdad sobre Radioheaaaaad”. Si no, ustedes me dirán. Andaba yo buscando información en Google sobre la única cosa decente que ha producido (indirectamente) Radiohead, y la providencia divina me lleva a la web más voluntariamente pochista de la historia. No me resisto a escribir la dirección íntegra.
guasa.ya.com/telerrision
Ahí queda eso, y ustedes me dirán si no es acaso cierto que la mismísima Mano de Dios me ha llevado hasta aquí. Observen la inteligencia prodigiosa, de sutilidad abismal, que propicia esto. La ecuación mágica, la proporción aurea del pochismo queda definitivamente desvelada.
Es midi + gif animado + Radiohead = ultrapochismo.
CABEZARADIO.
Por ejemplo. Esa cosa lánguida que es No surprises acompañado de un AMANECER CON FUNDIDO A TORTILLA. No hay sorpresas, en efecto. No hay sorpresas en Radiohead.
Me decía Nacho mientras escuchábamos telefónicamente nuestros respectivos AMANECERES A TORTILLA, que un midi desnuda a los músicos. Un midi introduce el índice en la esencia del arte. Escuchen a los Ramones en midi. Aguantan. Escuchen a AC/DC en midi. Aguanta. Escuchen a los trestristesninjas en midi. Aguanta, cojones, aguanta perfectamente. Pero Radiohead no. Radiohead en midi se queda tiritando y para esa tiritera conceptual nada mejor que el videoclip con gifs de Creep. Y aquí ya sí que el Universo Radiohead implosiona a golpe de verdades demoledoras. “Estoy mal”. “Me gusta el pop”. “No duermo bien”. “Tengo que bajar al super”. “No tengo gracia”. “Vivo en el centro”. Y sobre todo, “Soy un artista”
“Soy un artista”
“Nadie me entiende”
“Tengo poderes”
Lo de los Beatles y Chanquete, en contraste, me parece bellísimo. Bellísimo.
Entrada publicada el 24 de Enero de 2007 por John Tones
Finalmente, Mr Asterisco no se pudo contener y soltó LA BOMBA.

Entrada publicada el 21 de Enero de 2007 por John Tones
Haciendo limpieza en profundidad en el Museo Pajero me topé con unas cuantas polaroids que hice en un concierto de Los Focomelos en el año del Señor de 2002. Concretamente, en el primero. El 1 de diciembre, en el Centro Cultural Garcilaso, acompañados de L-Kan y Superputa. Verán: en los dos o tres primeros conciertos de Los Focomelos, absolutamente embriagados de nuestra propia presencia sobre el escenario, Chili Temple y un servidor llegábamos a tocar instrumentales con la Playstation. Pero, ¿cómo? ¿No era acaso un karaoke? Sí, lo era. La Play lo hacía todo. Nosotros nos ddedicábamos a disparar polaroids al patidifuso público, y este es el resultado, escaneado y pulidito cuatro años después por la simpar eunice szpillman. Pueden distinguir entre el público a alguna que otra estrella actual de la escena tecnopopera barcelonesa a la que, palabras textuales, se le apareció la Virgen al contemplar el espectáculo que estábamos dando.





Y sí. Eso que se ve al fondo en un par de instantáneas es una cámara de vídeo. Este es el único concierto de Los Focomelos que ha quedado registrado en lo audiovisual. Y sí, en la limpieza apareció el VHS. Esto ya es más duro. Así que no pidan. O se les concederá.