Blanco y en botella
Recupero un post que escribió Absence hace casi un año, cuando Bizácoras conmemoró el aniversario de la muerte de Lucio Fulci y que aquí recordamos con cuatro chuminadas mal hiladas sobre Mark Millar y Nueva York Bajo el Terror de los Zombis. Absence se sacó de la manga, como conclusión a su homenaje al maestro italiano, un post poco absenciano, es decir, breve y abstracto (que eso no quiere decir nada: me encanta la verborrea descriptiva y anclada en lo físico de Absence), acerca de la tremenda casualidad de que Fulci y Kieslowski murieron el mismo día. Y de cómo la población cinéfila homenajeó al segundo y ninguneó al primero. Y de que tantos años después de su muerte, el genio del gore es recordado en multitud de blogs y el pesado polaco se ha convertido en un icono muy de los noventa, casi una caricatura de lo peor de esa década.
La conclusión de Absence es brillante: los pajeros podemos ser más ariscos y duros de convencer, pero cuando amamos, lo hacemos con pasión desbordada, abriéndonos de piernas como una puta entregada a su cliente predilecto. Apostillo: la cinefilia no tiene más remedio, en base a una dignidad mal entendida, que autoimponerse trabas en forma de reglas. Dicen: “es que la estructura del guión…“, “es que la credibilidad de los personajes…” Los apasionados de los géneros somos impredecibles, lo reconozco, como niños malcriados (porque malcriados, etimológicamente, es como estamos), pero nos movemos de acuerdo a una lógica algo más implacable, y si una película tiene monstruos + tetas, tan sencilla ecuación nos vuelca ciegamente hacia la admiración inocente. La lógica del fan es la de la de la perogrulllada, y si La Matanza de Texas está bien, La Matanza de Texas 2 estará el doble de bien. Y a veces se acierta y a veces no, pero el auténtico fan nunca reniega de una película porque los efectos no sean suficientemente buenos. En todo caso, lo hará si no son suficientemente malos, aunque aquí ya entramos en la inversión de los academicismos, que da para varias enciclopedias.
El canto de amor al fan de Absence, obvia y justamente generada desde la primera persona del singular, utiliza a Fulci como canalizador para exigir, una vez más, que dejemos de analizar el cine de género a través de los códigos cinéfilos convencionales. Estoy completamente de acuerdo, y si quieren un ejemplo de cómo hacerlo bien, les vuelvo a recomendar Hoy, en el rico menú del día: Culito de Niña Asado y Lomo de Puta a la Plancha, que en su categoría Culto al Culto está desgranando extraordinarias reflexiones sobre el cine barato, los desmanes mediterráneos y el cine de terror como perfecto idioma paralelo para explicarnos a nosotros mismos.













