HOSTIAS COMO PANES (XI): Las Cien Razones de Blanco Humano - (3/10)

21.- El reflejo de la cuestión: Uno de los tics de estilo de Woo son los reflejos y destellos. Son símbolo de peligro, y cuando hacen acto de presencia, es que se avecina una marimorena. Por eso le gustan tanto los cristales y las gafas de sol. Porque desde ellos se predicen polvorines futuros y hostias fijas dos minutos más tarde. Antes de la pelea que les posteé el otro día, Riesgo sale del bar en el que acaba de aparecer Nat, que despreocupada exhibe ante la poco distinguida clientela un par de fajos de billetes bien grandes. Más por imprudencia que por maldad. Riesgo sale del bar, no sin antes sujetar con el pie la puerta del local. Reflejada en ella ve a un par de granujas que le han echado el ojo a la chavala. Riesgo se larga, pero con el reflejo de un pequeño y fututo holocausto de golpizas definitivamente tatuado en el cogote.

22.- Temazo, temazo: A los nueve minutos y veintidós segundos de metraje comienza a sonar el mejor tema de la banda sonora, Streetfighting Van Damme (ojito a la identificación personaje-actor, que me da para doscientas entregas más de Hostias Como Panes), y que acompaña a la dichosa pelea. El autor de la partitura es Graeme Revell, un compositor de campo responsable de las bandas sonoras de títulos como Street Fighter, Jóvenes y Brujas o Freddy Vs. Jason, por decir algunas de las buenas. La banda sonora, como la propia película, disfruta siendo obvia, y se apalanca en un rock sureño con puntuales coqueteos con el AOR rancio que, efectivamente, no podía ir más a juego con el corte de pelo de Van Damme.

23.- La hostiaza: A diez minutos y trece segundos del comienzo, Yancy Butler recibe una espectacular bofetada de parte de uno de los bellacos que quieren atracarla. Un ralentí y una descomposición en un par de planos por parte de Woo potencian la que es una de las más espectaculares agresiones a una fémina que se han visto en la pantalla de cine. Y sin necesidad de ponerse soeces.

24.- Plano Perfecto # 2 (00:10:19): Los matones tiran a Nat sobre un coche, pero se detienen cuando Riesgo aparece en escena y llama su atención. Woo lo filma desde detrás de Van Damme, a ras de suelo, y entre sus piernas. Nunca un plano tan manido había desbordado tanta clase. Colega.

25. – Diálogo Perfecto # 1:
- Chorizo 1: Te he avisado. Piérdete.
- Riesgo: Recoge tu pinchito (pausa) y a tu novio. Vais a perder el autobús.

26.- Gestualización máxima: Durante toda la película, y apoyándose en el uso intensivo de la cámara lenta (que aquí, dada la fijación en usarla para filmar gestos más que acciones, podríamos llamarla “cara lenta”), Woo endiosa la expresividad de sus actores. Hasta de los que son inexpresivos. Por ejemplo: no sólo tenemos la hostiaza a Nat de hace un momento. Es que antes de empezar la pelea, Woo filma los rostros de dos contrincantes de Van Damme, simplemente aguardando, esperando, ralentizando la acción, multiplicando el tempo y, sobre todo, dejando claro que aquí el que actúa primero es Riesgo. Durante las peleas, Woo parece obsesionado con que se focalice el dolor físico en los rostros de los combatientes: así, el patadón de Riesgo en la jeta de una de sus némesis se traduce en un bellísimo instante en el que la cara del malvado se deforma y sus gafas de sol salen volando. Tendremos momentos gloriosos de este calibre a lo largo de toda la película: veremos a Riesgo, por ejemplo, contemplar cómo vuelan hacia él los proyectiles del armamento enemigo, sopesar sus posibilidades ante una pelea, reflexionar, en fin, a la velocidad de la luz. Todo gracias a un juicioso empleo de la cámara lenta y una centralización, por una vez, no en los vehículos y el núcleo de las explosiones, sino en los bípedos enfervorecidos que las provocan.

27.- La pelea: Única secuencia de la película basada exclusivamente en el combate cuerpo a cuerpo, porque pronto llegan los polvorines en los que Woo se siente tan cómodo. No me resisto a volver a cascarles el Tutubo. Ustedes y yo nos lo merecemos.


Observen el espectacular arranque de la misma, secuencia imposible de mantenerse en pie si no es con una carga de honestidad y amor propio que a ustedes y a mí nos borrarían de la faz de la tierra y nos atomizarían en un pestañeo: Riesgo observa a sus contrincantes y antes de que estos tengan tiempo de reaccionar él se pone cómodo. Ojo, que se está acomodando. Se aparta la gabardina de delante de la pierna con un notable efecto sonoro. A partir de ahí, Van Damme se convierte en un devastador torbellino de hostias que Woo acompaña de una elegantísima puesta en escena, delimitando con tiralíneas y sencillos movimientos de cámara el espacio en el que se mueven los personajes, cómo se acercan unos a otros, cómo se preparan para el combate y cómo Riesgo usa el decorado para reventarles las mandíbulas. No es por ponerme tonto, pero si a ustedes les gusta John Woo y no adoran esta secuencia, es porque no han entendido nada de qué hace grande a Woo. Iremos viendo más razones de por qué es grande esta sencilla pelea (la descomposición de cada hostia en varios planos, el tiempo-chicle), pero yo me niego a seguir corrompiéndola con un frío análisis. Es para matarse a pajas, y punto.

28. Neowesternismos: La pelea acaba con Riesgo yéndose por donde ha venido. Un sonido de guitarra slide amplifica sus pasos con estilo de puro western, pero tal y como lo entiende Texas Ranger. Un texas ranger cualquiera, de hecho. Nueva Orleans, convertida en una ciudad sin ley, tiene la estética de refrito de culturas tan propia de los viejos pueblos del Oeste, y el hecho de que parezca que sólo posee una avenida principal refuerza el abrazo al subgénero. El personaje de Riesgo es un Lucky Luke del quince, y los sempiternos motoristas que flanquean a Fouchon son purititos ghost riders.

29. Huelga de policías: Como en Robocop, el perfecto tono de ciudad sin ley se consigue haciendo que ni un solo agente del orden asome sus feas narices por la acción. Así, por un lado, se fomenta el tono desesperado de cada decisión de Riesgo y los suyos. Por otro, excusa argumentalmente la sabia decisión de Pfarrer y Woo de hacer que las calles estén vacías, desoladas. Ni una hostia cae sobre un espectador incauto. Los únicos inocentes que mueren en un tiroteo son sólo los que resulta conveniente que mueran desde el punto de vista dramático. La abstracción de la que hablábamos envuelve cada adoquín de Nueva Orleans gracias a una decisión tan sencilla como alejar del plano a los garantes de la ley y el orden.

30.- Plano Perfecto # 3 (00:18:31): Después de ser rechazada por Riesgo, Nat se pregunta cómo va a sobrevivir en Nueva Orleans sin un guardaespaldas. Pero Riesgo cambia de idea. Y tras unos estibadores que mueven unos bidones en el puerto, Riesgo hace su aparición, lentamente, acercándose al coche en el que está Nat. Woo divide esta aparición, casi fantasmal, en tres planos progresivamente más cercanos a Van Damme, y de paso convierte a Riesgo, en ese momento, en la persona más jodidamente cool del universo conocido. Cuando Nat lo ve a aparecer se da cuenta al mismo tiempo que el espectador, y en una casi pornográfica respuesta a la aparición, se quita estupefacta las gafas de sol y disfruta, boquiabierta, del espectáculo.

6 Responses to “HOSTIAS COMO PANES (XI): Las Cien Razones de Blanco Humano - (3/10)”

  1. Salanova http://twitter.com/salanova

    :smile::eek:Ohhh. Me ha entrado un orgasmo superior al del sexo con mi novia( ni tenog novia, ni tengo sexo), el caso es que me ha entrado un orgasmo al leer su gran prosa.

    Es increíble, señor Tones, es increíble. No concibo tal grandiosidad en el mundo como en sus poemas blanco humanistas y en la propia película.

  2. Garm http://aptitudeupate.blogspot.com/

    Madre mía. Entrar a estas horas y encontrarse tan superlativo texto es como para llorar de la más profunda alegria.

  3. Alvy Singer http://elrinconalvysinger.blogspot.com

    Neowesterniismos es una expresión que me gusta mucho. Porqué de hecho Van Damme es un jinete pálido por otros medios (dado el argumento de blanco humano podríamos decir por ser evidentes y obvios zaroffianos) y usted un profeta. En la construcción de los espacios Woo tiene un garbo que no volvi a ver hasta su cortico de Clive Owen de The Hire y que me recuerda al Battery hilliano de Streets of Fire: abstracción es la palabra. Cllave. Que. Lo. Define. Todo. O casi.

  4. Don Lindyhomer

    Yo me pregunto de verdad cuántas razones va a resistir Rancio sin ver la película.

  5. C. Rancio

    No, no, Lindy, creo que debo haberla visto entera, pero de la única forma adecuada, o sea, a trozos pillados al azar en diferentes pases en la tele, naturalmente sin orden cronológico, lo que no hace sino reforzar sus cualidades y debilitar elementos prescindibles como la coherencia narrativa o la mera existencia de unsentido en el film.

    Es un método que recomiendo: hace interesantes las mayores bostas.

  6. Carlos T. Palentino

    Hombre, C. Rancio, la película se puede disfrutar perfectamente a trozos pequeños, pero se pierde el imparable impulso hacia delante de la película.

    Con respecto a lo de concentrar el dolor físico en la cara, es tremendo el hostión que se lleva en la cara al final Lopacki, el tío de la ballesta (creo). Uno se pregunta cómo habrá hecho el actor para mover así los labios.

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