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HOSTIAS COMO PANES (XI): Las Cien Razones de Blanco Humano – (4/10)

Entrada publicada el 10 de Junio de 2007 por John Tones

31 – Diálogo Perfecto # 2:
(Porque por una vez, la traducción libérrima a nuestro idioma da un matiz de peligrosa, agresiva, orgullosa gilipollez a un diálogo que ya era una joya del humor caótico)
* En inglés:
Nat: What kind of name is Chance?
Chance: My mama took one
* En español:
Nat:
¿Por qué el nombre de Riesgo?
Chance: Mi madre corrió uno al tenerme.

32 – Primer encuentro visual Riesgo – Pik Van Cleef: En la oficina de Randal Poe, rastreador de poca monta de homeless a los que nadie va a echar de menos y que Fouchon puede usar para sus cacerías, Pik Van Cleef y Rieso se cruzan y se miran a los ojos, envueltos en un expresivo ralentí marca de la casa. De improviso, ambos personajes son inconscientemente conscientes del destino que los va a unir en pocas horas y el espectador ha recibido en una escena de aparente transición una lección de mitología pop visual que ya, ya.

33 – Pornografía sentimental: A los 23 minutos y 49 segundos de Blanco Humano, a Nat se le comunica que su padre ha muerto. Woo, realizador sinvergüenza como pocos, casca un lento zoom hacia el gesto de la joven que recuerda a los momentos más inexcusables de su etapa hongkonesa. Woo nunca ha tenido problemas en desnudar las emociones de sus personajes de la forma más barata y sensiblera posible. El cine de Hong Kong, de hecho, siempre lo hace, con personajes que verbalizan abstracciones tirando por el balcón el realismo (quién lo necesita, de todos modos) a cambio de que el espectador sepa exactamente, sin complicaciones, cuándo y por qué tiene que conmoverse. Es un tema muy, muy complejo, en el que no nos vamos a detener aquí por motivos obvios y que, asumámoslo, nuestra condición de público occidental nos va a impedir comprender en toda su magnitud. Nos pongamos como nos pongamos. Pero sirva este rotundo plano de despreocupada inframoralidad por parte de Woo para coser la boca a quienes dicen que el cine en Hollywood del director no es lo suficientemente oriental. Pues a los 23 minutos y 49 segundos de Blanco Humano, sin necesidad de entrar en discursos sobre el montaje y las coreografías, tienen ustedes el plano emocionalmente más oriental de la historia de Hollywood.

34 – La mayor hostia dada a un personaje que padece obesidad mórbida jamás vista en una película: La recibe Randal Poe esa misma noche, cuando Pik Van Cleef y Fouchon van a su oficina para comunicarle que está siendo poco discreto acerca de los morbosos negocios que los unen. El puñetazo en la inmensa panza de Poe retumba durante el resto de la película, tal es la potencia, el eco y la contundencia del golpe. Esta secuencia incluye también la primera aparición en plena trama de Fouchon y una escena de tortura con oreja cortada. Solo un año después de Reservoir Dogs, sí, que hoy lo tenemos superadísimo, pero por aquel entonces aun no teníamos costumbre.

35 – Currucucú: El discutido uso de las palomas en el cine de John Woo, vaya tema digno de tesis. Independientemente de que cualquier persona de bien debe haberse preguntado en algún momento a qué viene la obsesión de uno de los mayores estetas del cine de acción moderno por el animal más apestoso de la Creación, nadie parece ponerse de acuerdo en cuál es su significado concreto. Algún atrevido e imprudente analista apunta hacia las notorias obsesiones católicas de Woo, que empapan gran parte de sus argumentos y también disparan la presencia de iconos propios de romerías, altares, edificios sacros, profesiones oratorias y demás. Pero que eso sea la explicación para que aparezcan palomas en sus películas me parece tan bobo como decir que los Cuatro Fantásticos son El Padre (que todo lo sabe), El Hijo (que arde con las llamaradas divinas), el Espíritu Santo (invisible, pero palpable) y La Cosa Que A Todos Nos Une En Una Fe Global. Cuidado con los simbolitos. Lo que sí parece más o menos indiscutible es que las palomas en las películas de Woo, independientemente de su iconografía última, avisan al héroe de un peligro o cacharrazo, en peculiar paralelismo con los reflejos de los que hablábamos más arriba. Le señalan en una dirección. Es decir, que no son El Espíritu Santo, pero sí El Ángel de la Guarda. ¿Ven como es peligroso jugar con estos temas? Hay dos grandes palomos en Blanco Humano, y el primero tiene lugar en lo que parece… ehm… un palomar. Riesgo se da cuenta, gracias a una de estas musarañas aladas, de que falta una de las dos plaquitas que debería haber en los restos que se encontraron del padre de Nat.

cabellodetroya.jpg36 – El pelo: No sé quién fue el primero en formular esta teoría, pero me la apropio, no sin antes recordarles que no la he parido yo. Me falta brillantez para eso. Ahí va: “Una película de Van Damme es mejor cuanto más horrible es su pelo“. Y vive Dios que, salvo excepciones, la teoría cumple con creces, a pesar de que parte de trampa en la base: el pelo de Van Damme siempre ha sido una mierda. Ergo todas sus películas son buenas. Pero esto es otra cuestión. Lo que sí parece ciertamente indiscutible es que el pelo de Van Damme en Blanco Humano toca fondo a varios niveles estéticos, y ni las corrientes capilares de la época ni la ambientación semi-redneck de la película parecen justificar lo que es, esencialmente, una puta mierda de pelo. Ergo, insisto, Blanco Humano es grande por ello.

37 – Clayderman Fouchon: En uno de los mejores montajes paralelos de Blanco Humano, esos a los que tan aficionado es Woo, el espectador asimila de forma casi inconsciente unas cuantas verdades acerca de los villanos de la película. Mientras que Fouchon, de punta en blanco y en su pulcrísima mansión, toca el piano para uno de sus aterrorizados socios arrebatado por su impropio talento melódico, Poe encuentra a una nueva víctima y Van Cleef hace el trabajo sucio, vigilando que todo está en orden. Ya ven, el recurso narrativo más viejo del mundo, ayudado por el pequeño empujón del primero de los muchos matices esquizos de la fabulosa interpretación de Henriksen, y Woo establece sin esfuerzo una pirámide de lealtades entre granujas que tendremos clara hasta los títulos de crédito finales.

38 – Arrebatadores detalles acerca del negocio de Fouchon y Van Cleef: Y detalles también acerca de la justificación moral que encuentran (o, al menos, venden a sus clientes) en sus cacerías de hombres. En el primer punto: se mueven por zonas con, obviamente, poco seguimiento legal. Se desliza la idea de que pasaron una temporada cazando impunemente en Yugoslavia. Y que cuando acaben con Riesgo, volverán a la acogedora, conflictiva y letal Europa del Este. En cuanto a la coartada moral, no deja de tenner su inquietante dosis de raciocinio: el Gobierno entrena a asesinos, y cuando estos han dejado de ser útiles y se han convertido en desechos sociales, Fouchon los usa como presas sin ningún tipo de remordimiento.

39 – Esto es Nueva Orleans, no Beirut: Fouchon y Van Cleef, más cerca de los villanos de una película de Woo que los de una película de Van Damme, son monstruos con honor. Prometen cinco minutos de ventaja a sus presas, y los respetan. El inverosímil código de comportamiento no escrito entre ladrones tiene en los malvados de la función unos buenos adalides. Desde luego, son cazadores mucho más dignos que sus clientes, mostrencos millonarios, ávidos de sensaciones fuertes a quienes hay que advertir de que quiten el seguro del rifle antes de comentar la caza. “No me haga quedar mal delante de mis perros“, murmura entre dientes Fouchon a uno de sus clientes, antes de reflexionar para sí “Dios, ¿por qué no fue a pescar?“. Nadie dijo que cazar hombres fuera fácil, pero maldita sea. Un poco de dignidad.

40 – El cementerio de Nueva Orleans: Escenario de la tremenda persecución de Elijah por parte de Fouchon y los suyos, y que confirma que el extraordinario aliento fantástico de la secuencia de arranque no era casual. La ambientación del cementerio por la noche, sumado al elegante empleo de la cámara lenta, termina de dotar a los motoristas y los francotiradores, los perros de Fouchon, de una presencia fantasmal. Mientras, la cámara se escurre a gran velocidad entre las lápidas mientras los motores de los vehículos resuenan a ambos lados del desgraciado de Elijah.

Pontifica sin temor