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Si yo quiero que me guste

Entrada publicada el 31 de Julio de 2007 por John Tones

A ver cómo lo explico para no quedar ni de integrista, ni de marisabidillo ni de ninguno de los otros sambenitos que creo, ya nos vienen adjudicados de serie: creo que Padre de Familia no es una serie genial. Hablo desde el desconocimiento parcial que se deriva de no haber visto todas las temporadas enteras, ni haber consumido alguno de sus highlights indiscutibles, como la famosa parodia de Regreso al Futuro. De hecho, no vengo a razonarles mi tirria irracional hacia Padre de Familia, a la que considero inferior tanto a Los Simpson como a South Park que, por cierto, es mejor que Los Simpson. Aunque de eso hablaremos otro día. Y ahí sí razonaremos.

Yo lo que quería era linkarles un largo post de alguien que sí conoce Family Guy y sí expuso (hace casi tres años ya), desde el conocimiento, sus 10 Razones Para Odiar Padre de Familia. Como suele pasar en estos casos, hay mucho de pataleta en sus palabras, pero no puedo menos que, trayendo hasta aquí a John Kricfalusi, coincidir con ambos en algo que está bien claro con cinco minutos de visionado de cualquier capítulo: gráficamente, Padre de Familia raya a un nivel bajísimo. La expresividad de los personajes, el diseño de los secundarios (comparen con Los Simpson), el empleo del color y del humor, digamos, físico, está por debajo de cualquier serie decente de, por ejemplo, Cartoon Network (han visto Foster, La Casa de los Amigos Imaginarios o Los Padrinos Mágicos? ¿De verdad los colocarían al mismo nivel gráfico, creativo y expresivo que Padre de Familia?). Créanme, sigo siendo el primer interesado en superar este drama, pero mientras no deje de darme la impresión de que la mayoría de los fans de Padre de Familia lo son porque aún no han superado el destete de ver un cartoon soez y procaz… en esas seguiré.

HOSTIAS COMO PANES (XI): Las Cien Razones de Blanco Humano – (6/10)

Entrada publicada el 29 de Julio de 2007 por John Tones

51 – Ecuador del viaje y simbólico punto y aparte: La entrega anterior de este post fue escrita en un tren, en un viaje de varias horas. Con el portátil revisaba un par de secuencias clave mientras iba pausando, capturando fotogramas y escribiendo el texto. A mi lado, una joven de mi edad aproximadamente, pasó el viaje distribuyendo su tiempo entre dormitar, comer empanadillas, leer una novela de Noah Gordon, descojonarse sin ningún tipo de pudor con una película de Richard Gere (¡la vis cómica encarnada!) y mirar con desprecio hacia el teclado y la pantalla de mi portátil. Percibí algún respingo de desaprobación, y eh, sin problemas con ello. Pero me fascinó que a estas alturas, Van Damme en general y Blanco Humano en particular sigan siendo mucho más subversivas que otros productos de evasión abiertamente más transgresores. Las cámaras lentas, el mimo que rezuma cada fotograma no son sólo un producto fílmico de primera categoría, sino otra de esas películas que distinguen a los Elegidos de la Chusma. Sigamos.

52 – Huida en moto: Riesgo y Nat huyen en moto del campo de batalla en el que se ha convertido la zona urbana de Nueva Orleans, perseguidos por otra moto que intenta embestirles de frente. Nat agarra el manillar mientras Riesgo dispara, la moto del malo queda hecha trizas y éste en pie, anonadado, acaba siendo embestido por los fugitivos. A diferencia de otras películas en las que los enemigos caen como moscas, me gustaría resaltar que aquí cada villano (incluso los que no tienen rostro, como los motoristas) son eliminados de una forma única, bien coreografiada y mejor montada. De nuevo cada plano está estudiado para disparar andanadas de expresividad, y Woo no teme filmar a ras de suelo, con steady, haciendo panorámicas, clavando zooms sobre los personajes…

53 – Equilibrismo a dos ruedas:
Una de las secuencias más denostadas de Blanco Humano, en la que Riesgo, tras descabalgar a Nat del vehículo con un frenazo, se lanza sobre un vehículo enemigo de frente, subiéndose sobre el asiento de la moto sin parar de disparar y, finalmente, sobrevolando el coche de los cazadores por encima del techo, impulsado por el impacto de la moto contra el capó. Contrastando, quizás, con el tono seco que tiene el resto de la película (esta secuencia no habría desentonado en M:I2), este disparate sobre el papel tiene una precisión coreográfica de tal calibre y un uso del montaje tan inteligente que se ha convertido, a pesar de ser puro delirio (o quizás por eso mismo), en una de las imágenes más recordadas del film.

54 – Plano Perfecto # 4 (oo: 57: 08):
Fouchon llega a la masacre de villanos tarde y cabreado. Un disparo de su revólver hace saltar por los aires un bidón que hay en la autopista. Aburrido y decididamente mosqueado, saca de su pistola el casquillo vacía y lo lanza con gesto indolente por encima de su hombro. Lo cual nos lleva a…

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55 La Thompson Center Contender: El pistolonaco de Fouchon. Quizás el arma de fuego real más elegante y brutal, es un arma de carga manual y un solo disparo. Profundamente adaptable (tamaño del gatillo, proporciones de la culata, incluso calibre de los proyectiles) al gusto del tirador, es un arma que, que al ser de un solo disparo, no favorece lo más mínimo el tiroteo alocado y el disparo a ciegas. Es fácilmente convertible en un fusil y los cazadores la usan como arma adicional, acompañando al rifle. Perfecto para Fouchon, que da el mejor ejemplo de su uso cuando Riesgo y Nat saltan desde un puente a un tren en marcha. Fouchon llega, apunta y, durante unos segundos, sopesa sus posibilidades. En el último momento, prefiere guardar esa bala. Abre la pistola, recoge el proyectil y lo guarda en su cinturón, donde la puntiguda bala esperará el momento adecuado para atravesar a alguien. Y sí, es el mismo modelo de pistola que usa Mad Dog en Hard-Boiled. Un pistolón para los más grandes, ¿eh?

56- Nunca hay un pacto entre caballeros de Riesgo y Fouchon. A partir de este punto, la película se convierte en una frenética persecución: Riesgo y Nat huyen de Fouchon y Van Cleef, completamente obsesionados con su exterminio. Por suerte, la película en ningún momento opta por la vía tópica, que habría sido un error, de que Riesgo sea capturado, y Fouchon le ofrezca “una última oportunidad para vivir” o cualquiera de esas fantasías acerca del honor de los ladrones y que, en un mundo de poesía violenta extrema como las películas hongkonesas de John Woo puede funcionar, pero no en una producción de Hollywood de presupuesto medio. La única intención de Fouchon es matar a Riesgo, no demostrar nada. Y nosotros que lo veamos.

57 – Escoria paramilitar: Cuando Riesgo comienza a escurrírsele entre los dedos, Fouchon recorre, para completar su partida de caza por los pantanos de Nueva Orleans, a algunos de sus mejores clientes: a diferencia de los millonarios con ganas de marcha de Hostel II, estos son más miserables y realistas. Rednecks venidos a más, suscritos a Soldier of Fortune y firmes creyentes en que la Tercera Enmienda les da derecho divino a trajinar con un lanzallamas industrial. Es decir, versiones mudas y agresivas del Burt Gummer de Temblores, con su gorrita, sus pantalones militares, sus botas de campaña, sus chalecos llenos de bolsillitos y sus bigotes de mierda.

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58 – Los pantanos de Louisiana:
Otro decorado absolutamente único, que hasta el momento sólo ha sido aprovechado en comedias chorras y aventuras light de tonillo exótico. Aquí se convierten en centro palpitante de la acción cuando Riesgo y Nat se internan en ellos huyendo de Fouchon. Siempre de día, siempre encontrando la manera de que Woo nos pasme con sus panorámicas y su mágico empleo del espacio, los pantanos son una prolongación de lo que ya hemos visto en Nueva Orleans: zonas pegajosas, inquietantes, llenas de sombras y en las que cada rincón puede ser una trampa.

59 – El ataque de la serpiente:
Una de las mejores secuencias de la película, con un equilibrio entre el humor chorra y la planificación alienígena muy peculiar. Riesgo le pide a Nat, de pie junto a un árbol en el que han parado para tomar aliento, seguidos implacablemente por Fouchon y sus perros, que confíe en él y cierre los ojos. La banda sonora, engañosamente romántica por un momento, y los primeros planos con los que se plantea la secuencia, acompañados de suaves movimientos panorámicos de cámara, hace esperar el típico beso, tan inapropiado e inoportuno como en todas las pelis de acción. Pero no. Riesgo quería atrapar a una serpiente que se acercaba a Nat: la agarra por la cabeza mientras la joven espera un ósculo y Woo lo planifica con una macedonia de cámaras lentas, rarísimos zooms hacia atrás y adelante y cambios de perspectiva y de puntos de vista que sólo pueden ser calificados de cine de acción reflexivo. Y que culmina, con una hostia negrísima de Riesgo en la cabeza de la serpiente (y que suena como una hostia en la cara: TISCH) y, cómo no…

60 - Plano Perfecto # 5 (o1: 00: 53):… con ESTA imagen.

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Where are you?

Entrada publicada el 29 de Julio de 2007 por John Tones

¿Historia real o argumento de Scooby Doo? Los resquicios de la cultura pop, carne de titulares.

Santa sangre

Entrada publicada el 27 de Julio de 2007 por John Tones

Toda la santa tarde perdida por culpa de esta espléndido y exhaustivo escaneo de carátulas de VHS de tropelías infraculturales de las que me vuelven loco. Rebusquen, porque con muy poco esfuerzo encontrarán portadas que van de lo conceptual a lo abstracto pasando por lo pura y llanamente mágico.

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Un poco de espesor

Entrada publicada el 25 de Julio de 2007 por John Tones

Poco se puede añadir al tema de El Jueves que ustedes no sepan ya, o que no esté claro que pensamos todos, enfurecidos y por lo bajini. Por no liarnos a hostias con algún representante de la autoridad, más que nada.

Una cuestión en la que no se ha abundado demasiado y que creo que debería quedar clara es la de la naturaleza del humor. Es decir: miren este tutubo que todos ustedes conocerán ya porque lo publicó Con C de Arte. En él, alegremente (con toda la alegría que permite la, ahem, gravedad de la situación), se afirma que “Esto no es muy fuerte, es muy ordinario



Es decir, se repite el extremadamente hipócrita recibimiento que la prensa generalista (y parte de la especializada, más aquí) le dio a la noticia de que el videojuego Manhunt 2 será prohibido por su extrema violencia. El “Es que se han pasado” empezó a oirse con mucha más frecuencia de lo que me habría gustado, y así nos luce el pelo a los que vivimos de escribir, de informar y de opinar. Que por culpa de unos cuantos me encuentro boqueando, como una sardinita, enmedio de un rebaño de imbéciles: ¿se puede saber exactamente cuál es el eje comparativo de ese “se han pasado“? ¿Se han pasado “de dónde“? ¿”A dónde“? ¿”Hacia dónde“? ¿Cual es la línea de la dignidad, quién la traza? ¿El mismo dibujo con un texto más suave pero el mismo mensaje sería más digno, se habría pasado de la raya? ¿Y una postura en el fornicio más de catecismo que la mostrada, sería menos ofensiva (que es esta y no otra, como han explicado Manel y Guillermo esta mañana al juez, y es de cajón para cualquiera que haya visto diez minutos de una película porno en su vida, que el motivo de la postura escogida es que las caras de los implicados se vean con claridad)? Esa línea moral e invisible, ¿viene especificada en La Constitución De Nuestros Padres Que Menudo Chuleo Nos Hicieron Con Ella, Oiga? ¿Dice que si el protagonista masculino lleva puesta una camiseta estilo imperio y ella tapa su costillar con pudor, la cosa es menos ofensiva? ¿”Se han pasado” viene en el sistema métrico decimal? Para codificarme la cuestión, digo.

Y aún así, esto es una obviedad que espero y confío que todos ustedes tengan bien clarita. Pero hay otra cuestión, otra capa de la cebolla de indignidades que estamos pelando entre todos esta semana y que no me gustaría que quedase sin enunciar. Hablo de esa monstruosidad, esa “Es que es demasiado zafio. Es que el chiste ni siquiera es bueno. Es que esto ni es humor ni es nada“. Lo dicen en Dolce Vita, lo he oido en la radio diez mil veces y en foros de Internet, este Internet de todos, ni sé cuánto lo he leído ya. Continuamente. “Es que esta grosería ni puede ser calificada como chiste“. Dejando aparte que la portada es la aplicación gráfica de un “Dicho o historieta muy breve que contiene un juego verbal o conceptual capaz de mover a risa” (RAE), y por tanto, se me pongan como se me pongan e independientemente de su contenido, ES un chiste, es que este chiste concreto de Guillermo SI es gracioso. Y a diferencia de esa buena gente que se gana la vida como puede en Dolce Vita, yo entiendo o al menos intuyo los resortes del humor, y les puedo explicar por qué es un buen chiste: la ingenuidad de la cara de él, que dice una verdad sin ser consciente de su alcance, contrasta con el gesto de ella, que es interrumpida en un momento relativamente placentero por una consideración mundana y estúpida, convirtiendo lo que para nosotros es un “premio”, en un “sueldo” para él. Es decir, lo contrario de lo que suele aplicarse a la Familia Real, para la que el concepto “sueldo” es un eufemismo (y de peor gusto que este chiste, añado). El contraste entre las actitudes de ambos, unido al espléndido dominio gestual de Guillermo (la gracia está en la cara de ella, disparando la causticidad involuntaria del comentario de él), compone una portada desde luego poco elegante, pero que ni siquiera carece de calidad como chiste.

O dicho de otro modo: ¿a ustedes qué les parece este monumento a la zafiedad perfectamente construido, esta catedral de triples sentidos, esta orfebrería de lo cerdo?



Sé lo que pensarían los tertulianos de Dolce Vita tan bien como sé lo que pienso yo.

Es sencillamente descojonante.

Así que, oigan, a estas alturas está claro que estamos todos hartos de politiqueos caducos y de tres al cuarto. A lo que añado: los análisis de resortes humorísticos de andar por casa, la decisión unilateral de que lo zafio no hace gracia, también, si les parece, se la meten por el culo.