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Traguen, oigan

Entrada publicada el 30 de Agosto de 2007 por John Tones

Justo ahora que Zito se pone a montar cochinadas, me reencuentro con un viejo artículo que data de principios de año y plantea unas cuantas dudas acerca de la futura compenetración entre la vieja y tremenda pornografía y las nuevas tecnologías. Ahora que el consumo de porno se ha convertido en una actividad más fragmentada, caótica, indefinida y, en cierto modo, excitante que nunca gracias al poder de Internet (y no me refiero sólo a la mula), las estrellas de las grandes producciones ven peligrar su carisma por culpa de una definición prístina de imagen que garantiza el retrato fidedigno y microscópico de todos y cada uno de sus irregularidades corporales. En el género donde La Verdad es más mentirosa que nunca, muchos se plantean si al público le seguirá excitando una penetración de a) detallismo ginecológico; b) dimensiones gulliverianas. Entramos así en un curioso torbellino de contradicciones: ¿alta definición para reflejar un género orgullosamente feista? Con la globalización del estilo de vídeo digital, ¿qué sentido tiene un Full-HD? ¿Y el porno gonzo? ¿Perderá éste gonzismo a causa del perfecto reflejo de sombras y contrastes en una pantalla de 40 pulgadas? ¿Propiciará el home-cinema una reinvención del género, volviendo a las raíces, con enormes pantallas domésticas en mente? Ni idea, oigan, pero no me negarán que están excitados después de leer todo esto.

Pontifica sin temor