Wednesday, October 31st, 2007
Noticiario
Ayer lunes, por algún motivo, El Focoblog vio notablemente incrementado, por algún motivo, su raquítico volumen de visitas diarias. Poco, pero lo hizo. Gracias jóvenes.
Wednesday, October 31st, 2007
Ayer lunes, por algún motivo, El Focoblog vio notablemente incrementado, por algún motivo, su raquítico volumen de visitas diarias. Poco, pero lo hizo. Gracias jóvenes.
Tuesday, October 30th, 2007
En USATODAY publicaron hace un par de ideas las primeras imágenes del que será el primer engendro de la historia del cine más letal que un alien o un predator: una hibridación de ambos. Hasta los fans más pejigueros y menos constructivos han quedado prendados de la belleza animal, del puro horror que exuda el bicho.

No es la primera vez que en una secuela de Alien, uno de estos alienígenas se emparenta con algo que no sea un humano. Lo llevan haciendo casi desde el principio (entre los más memorables, el perro-alien de Alien3; entre los menos, el tristón chumino final de Alien: Resurrection). Y esta vez, los responsables de AvsP: Requiem han dado en el clavo de la manera más sencilla y directamente ganadora de todas las posibles: han construído un titián galáctico, todo furia, baba y colmillos, subrayando la fisicidad de la amenaza del espacio exterior y prescindiendo, en una afortunadísima nueva elección, de efectos digitales.
El trailer de Alien Vs. Predator: Requiem parece estar poniendo nerviositos a los fans del integrismo y a los fans integristas: todo parece indicar que va a ser rematadamente buena. Tiene un logro secundario y nada desdeñable: hace pensar al fan que entra en cualquiera de las dos categorías anteriores que la primera Alien Vs. Predator, a lo mejor, en el fondo, no estuvo tan mal.
¿Saben qué les digo? Que les den por culo.
Alien Vs. Predator era francamente interesante, y sólo una cinéfila anciana busca, a estas alturas, que una película sea capaz de replicar el impacto psicológico y cultural que tuvo la primera Alien (esa gente no lo sabe, pero se habrían quejado al ver Aliens si hubieran tenido ocasión, aunque ahora lo nieguen entre espasmos). Tengo un consejo para ellos: si quieren replicar impactos y horrores de antaño, pásense a los videojuegos, donde todavía hay producciones, algunas de ellas secuelas de secuelas de secuelas, que obligan a encender las luces y asomarse al pasillo para comprobar que ese crujido no lo ha hecho nada… nadie… algo.
Pero Alien Vs. Predator olvidaba esas ilusas intenciones y daba exactamente lo que prometía: hora y media de marines vs. aliens vs. predators con las dosis de espectáculo enloquecido y hostias correspondientes, de esas que hacen temblar estructuras galácticas milenarias. De acuerdo, un predator emotivo no es lo que muchos esperaban, pero tampoco nadie esperaba un regreso de Lance Henriksen a estas alturas y ahí estaban, los primeros de la fila para quejarse una vez más. Alien Vs. Predator tenía bichos de látex, un tesoro en serias vías de extinción que se recuperó para dotar de la corporeidad necesaria a un combate de resonancias siderales. Aliens Vs. Predator estaba hecha con sumo respeto, como demostraba el innecesario rigor con el se retrataba la mitología reproductiva de los aliens o las costumbres cazadoras de los predators. Ahora mismo, Requiem es uno de mis estrenos más ansiados del próximo año, y la razón principal está clara: a diferencia de muchos mendrugos encantados con sus propias carencias, yo soy, ante todo, fan. A muerte. A hostias, si hace falta.
Monday, October 29th, 2007
A través de Boing Boing (¡el Focoblog! ¡los posts de Boing Boing que nadie linka!) llego a esta titanada de indudable valor artístico: la construcción de una maqueta del depósito del Tío Gilito. El responsable es Matt Skull y aquí tienen con todo detalle la miniaturista grandeza de esta preciosidad de 42 centímetros de altura, que se ha podido llevar a cabo gracias a otra insensatez de mayúscula envergadura: los detalladísimos planos que Don Rosa y Dan Shane diseñaron para el cómic The Beagle Boys Vs. The Money Bin, publicado en el año 2001. Si están interesados en la historia completa, lo cuenta el propio Rosa aquí.

Los extraordinarios clásicos impresos de Disney son una de las grandes asignaturas pendientes de nuestro, para otras cosas, tan completista y tiquismiquis panorama historietístico. Nunca hemos podido disfrutar de los clásicos de Carl Barks o el propio Don Rosa como merecen, y hay que andar rastreando viejos Don Mikis para encontrar (que las hay, y en abundancia) joyas como The Big Bin on Killmotor Hill, primera aparición en 1951 del famoso depósito. Curioseen por esta pequeña maravilla que llega a extremos de detallismo tan asfixiante como el medidor de profundidad del depósito, el pasillo lleno de cepos, el expositor con el Primer Centavo, o la absolutamente imprescindible Worry Room, en la que el Tío Gilito daba vueltas y vueltas meditando y haciendo un surco cada vez más profundo en el suelo.
El arte se supone que es amor + generosidad+ conocimiento de causa + insensatez a partes más o menos equivalentes, ¿no? Pues ahí tienen. Arte del bueno.
Sunday, October 28th, 2007
Hoy, Hijo Tonto ha posteado los créditos de Monty Pyton’s Flying Circus a cámara lenta.
Descubran por qué en EliteVisión.
Thursday, October 25th, 2007
Que a nadie le extrañe que sean tan recientes. Estamos en los tiempos de post-pop, y aunque adoro a estas tres elementas por razones extra-musicales, me confieso incapaz de escuchar cualquiera de sus discos de una sentada.
Cuando una canción concebida para tener un par de estrofas, un puente y un estribillo se convierte en una masa amorfa de bits y beats, de arritmias y pareados, de abstracción melódica, de catedrales de la nada, entonces ya me resultan mucho más atractivas.
Hoy es día para pocas sorpresas, pero reconozcan que no todos los días entran en un blog y se zampan las tres no-canciones más importantes de la década. Pero el Focoblog no es el típico blog de cada día.
Monday, October 22nd, 2007
Cuando Nacho Vigalondo volvió de su triunfal paseo por Austin, no solo se trajo un premiazo para Los Cronocrímenes bajo el brazo. Bajo el otro portaba un DVD que, aseguraba, tenía que ver lo antes posible. En una situación que supongo cercana al tráfico de snuff movies que imagina Charlie Sheen o que ficciona Joel Schumacher, Nacho me pasó por lo bajini en un restaurante chino (verídico) un DVD con la versión screener de Mirageman, un largometraje chileno de superhéeroes y artes marciales que, como ven, he tardado semanas en asimilar.
Aún no tengo muy claro cómo hacer justicia a las virtudes de Mirageman.
El protagonista de esta película de Ernesto Díaz (responsable también de Kiltro, que pudo verse en el último Festival de Sitges aunque yo no tuve ocasión) es Marko Zaror, un especialista chileno en patadas sequísimas que prácticamente no articula palabra. Encabeza la historia de un atleta con exceso de nobleza que se convierte, a pesar de las burlas de sus compatriotas, en un enmascarado que ayuda a los débiles. Sí, amigos, Mirageman es una película de superhéroes.
Mirageman adopta, fiel a la gramática hiperrealista de sus secuencias de lucha, la forma de relato iniciático superheroico narrado con total credibilidad: desde el descubrimiento fortuito del protagonista de que con sus extraordinarias capacidades atléticas puede ayudar a quienes le rodean, a la aparición de un posible sidekick, pasando por las diversas misiones que Mirageman va llevando a cabo. Un ejemplo: uno de los grandes tópicos del canon superheroico, el disfraz, uno también que siempre obliga a una fuerte suspensión de la credulidad del espectador, se cuenta aquí con sencillez, con honestidad, sin subterfugios ni poesía charcutera. Haciendo footing, nuestro héroe se topa con unos atracadores que están desvalijando una casa: tras derribar al primero de ellos en la calle le quita la capucha tras la que el bellaco esconde su rostro y se la pone. Entra en la casa, salva a la damisela en apuros y se va por donde ha llegado, dejando un rastro de malhechores inconscientes. La cuestión del encapuchamiento no viene ni por un código genérico heredado de forma ciega (aunque es obvio que los personajes de Mirageman conocen no sólo la mitología del superhéroe, sino la de unos superhéroes muy concretos) ni por una necesidad de crear un conflicto dramático. Es un simple resorte argumental momentáneo que se asimila con naturalidad para respaldar, más adelante, la codificación de la película. Es decir, usa el naturalismo como un refuerzo para el tópico de los comics. Como se pueden imaginar, sus resortes narrativos están muy lejos de las superproducciones que llevamos padeciendo unos cuantos años.
Mirageman adopta una honestidad desarmante en su descripción fidedigna de la crónica de la gestación de un hombre enmascarado que lucha contra el mal. La única manera de justificar sus decisiones, su honradez, su pureza e inocencia, está en convertirle en un hombre taciturno, casi un tarado. La pochez más genuína impregna cada instante, desde la composición de los planos, poco expresivos a menudo, a la banda sonora, pasando por cada uno de los detalles que conforman el héroe. Una secuencia que en cualquier otra película se liquidaría con un montaje festivo y semihumorístico acompañado de un standard de la música disco, la del necesario diseño del traje, aquí se resuelve de forma melancólica y lenta, desbordando una ironía perversa y una naturalidad contraproducente: ver a Marko abocetar uno tras otro los distintos trajes de Mirageman, probarse más tarde todos los adminículos (¡mariconera! ¡riñonera! ¡camiseta de camuflaje! ¡sombrero!) que ha comprado para complementar su disfraz es una experiencia que abofeteará a cualquier espectador que no tenga un sentido de la maravilla a prueba de bombas o una edad mental de siete años.
Mirageman puede despistar al espectador con un sentido del humor poco afilado, que puede pensar que está ante un reflejo latino de una de esas producciones turcas que en Oink, Yonkis o cualquier Blog De Cinefagia Friki Y Cachondeo Sano calificarían de “tan mala que es buena”. En Mirageman descansa una idolatría hacia el género superheroico que se distancia de la mera adoración ciega: el mejor plano de la película es aquel en el que Mirageman tarda tres o cuatro minutos en ponerse el disfraz mientras la cámara, desafiando todas las leyes de la agilidad fílmica, aguanta el plano, y lo aguanta, y lo aguanta mientras que el héroe saca su máscara, se la pone, se enfunda la camiseta, y esconde su ropa (que habrá desaparecido cuando intente retomar su identidad secreta). Queda claro que no hay nada al azar, ninguna torpeza fortuita o logro casual en Mirageman.
Y las secuencias de acción redundan en esta mezcla de sobriedad moral y contundencia de concepto con peleas impecables, furiosas, filmadas a ras de suelo y extraordinariamente montadas. Markos es una bestia, y confío en él como un futuro héroe de acción a quien tener en cuenta, uno completamente ajeno a subtramas orientalizadas y a banalidades herederas del peor cine de acción de gran presupuesto. Mirageman es, en realidad, sólo una película de superhéroes modesta y enjundiosa, admirable en su honestidad y en su concisión. Mirageman es, y soy el primer sorprendido, la mejor película de superhéroes canónica que recuerdo. Y estoy dispuesto a darme de hostias con cualquiera para defender semejante postura.
Sunday, October 21st, 2007
Se van a reir, pero no conocía Kung Faux.
Saturday, October 20th, 2007
… porque ya tengo en mis manos el nuevo disco de The Hives (que alguno de ustedes ya habrá oido, tunantes) y se confirman las espectativas. Es tremendo. Es arrollador. Así quiero ser yo de mayor: visceral, impertinente, elegante, genuino y el mejor sobre la faz de la Tierra.
Saturday, October 20th, 2007
Friday, October 19th, 2007
Me gustaría dedicar este absolutamente apoteósico set de fotos de eunice szpillman dedicado a la fiesta post-estreno en Sitges de Los Cronocrímenes al hecho incontestable de que el hecho de ser colegas no impide que sea un placer entrevistar a Nacho Vigalondo en medios convencionales. Cualquier otra consideración más allá de eso no es más que un serio problema de mirada sucia.
