La gente muere
En USATODAY publicaron hace un par de ideas las primeras imágenes del que será el primer engendro de la historia del cine más letal que un alien o un predator: una hibridación de ambos. Hasta los fans más pejigueros y menos constructivos han quedado prendados de la belleza animal, del puro horror que exuda el bicho.

No es la primera vez que en una secuela de Alien, uno de estos alienígenas se emparenta con algo que no sea un humano. Lo llevan haciendo casi desde el principio (entre los más memorables, el perro-alien de Alien3; entre los menos, el tristón chumino final de Alien: Resurrection). Y esta vez, los responsables de AvsP: Requiem han dado en el clavo de la manera más sencilla y directamente ganadora de todas las posibles: han construído un titán galáctico, todo furia, baba y colmillos, subrayando la fisicidad de la amenaza del espacio exterior y prescindiendo, en una afortunadísima nueva elección, de efectos digitales.
El trailer de Alien Vs. Predator: Requiem parece estar poniendo nerviositos a los fans del integrismo y a los fans integristas: todo parece indicar que va a ser rematadamente buena. Tiene un logro secundario y nada desdeñable: hace pensar al fan que entra en cualquiera de las dos categorías anteriores que la primera Alien Vs. Predator, a lo mejor, en el fondo, no estuvo tan mal.
¿Saben qué les digo? Que les den por culo.
Alien Vs. Predator era francamente interesante, y sólo una cinéfila anciana busca, a estas alturas, que una película sea capaz de replicar el impacto psicológico y cultural que tuvo la primera Alien (esa gente no lo sabe, pero se habrían quejado al ver Aliens si hubieran tenido ocasión, aunque ahora lo nieguen entre espasmos). Tengo un consejo para ellos: si quieren replicar impactos y horrores de antaño, pásense a los videojuegos, donde todavía hay producciones, algunas de ellas secuelas de secuelas de secuelas, que obligan a encender las luces y asomarse al pasillo para comprobar que ese crujido no lo ha hecho nada… nadie… algo.
Pero Alien Vs. Predator olvidaba esas ilusas intenciones y daba exactamente lo que prometía: hora y media de marines vs. aliens vs. predators con las dosis de espectáculo enloquecido y hostias correspondientes, de esas que hacen temblar estructuras galácticas milenarias. De acuerdo, un predator emotivo no es lo que muchos esperaban, pero tampoco nadie esperaba un regreso de Lance Henriksen a estas alturas y ahí estaban, los primeros de la fila para quejarse una vez más. Alien Vs. Predator tenía bichos de látex, un tesoro en serias vías de extinción que se recuperó para dotar de la corporeidad necesaria a un combate de resonancias siderales. Aliens Vs. Predator estaba hecha con sumo respeto, como demostraba el innecesario rigor con el se retrataba la mitología reproductiva de los aliens o las costumbres cazadoras de los predators. Ahora mismo, Requiem es uno de mis estrenos más ansiados del próximo año, y la razón principal está clara: a diferencia de muchos mendrugos encantados con sus propias carencias, yo soy, ante todo, fan. A muerte. A hostias, si hace falta.













