91 - La muerte de Van Cleef: El deceso del lugarteniente del villano, justo después de que Riesgo salga disparado por la fuerza expansiva de una granada, es el ejemplo perfecto, resumido en poco más de treinta segundos, de la gran virtud de Blanco Humano y, por extensión, del cine de John Woo: cómo el exceso estético coloca a lo épico y a lo ridículo en un mismo plano, y no precisamente en el del humor involuntario. Woo alterna en la muerte de Van Cleef planos que podrían salir de una de sus películas y otros que podrían salir de una parodia excesiva: Riesgo resbalando hacia atrás en el suelo y disparando por debajo de una mesa se funde con el acribillamiento seco, sádico, que recibe Van Cleef; el pie de Riesgo, oportunamente elástico, al lado de la cara de Van Cleef e impidiendo que el cuerpo de éste, preñado de granadas, caiga encima del héroe, tiene una inaudita continuación en la eliminación definitiva de Van Cleef, indigna de un Villano, fuera de plano y sobre un montón de basura. La épica del exceso es siempre superior a cualquier comentario irónico.
92 - La furia de Fouchon: Cuando el villano encuentra a su lugarteniente muerto, una ira animal se apodera de él. Similar a numerosos videojuegos (el último de ellos, no por casualidad, Stranglehold, producido y supervisado por John Woo) en los que se puede entrar en un fugaz modo inmortal en el que ni se gastan balas ni se sufre daño, Fouchon recarga su arma para acribillar a Riesgo con una ondanada de balas explosivas que dejan al héroe maltrecho. Su cariñoso gesto cerrándole los ojos a Van Cleef será el último en el que veamos a Fouchon exhibir algo remotamente parecido a cierta humanidad.

93 - El saltico: Ignoro si estaba sobre el papel, en el guión de Chuck Pfarrer, o más bien fue una idea sobre la marcha de un John Woo manejando un presupuesto superior a los espartanos regímenes económicos de sus producciones hongkonesas. Pero esta churrigueresca acrobacia,

frente a una enorme estatua de papel, proporciona un necesario instante de delirio y textura onírica a una avalancha de acción que en ningún momento, también hay que reconocerlo, se había caracterizado por tener los pies en el suelo. Sirva esta captura como homenaje a uno de los momentos más justamente recordados de la película: el del cuádruple dorsal de Riesgo sólo por chulear. Sólo por recordarnos que Blanco Humano no deja de ser una fantasía.
94 - Fouchon es El Mal: Enfurecido no sólo porque Riesgo se le ha escapado, sino porque además lo ha hecho con un volantín, el villano comienza a disparar a ciegas a una zona de esculturas ardiendo. Habiendo perdido la batalla se niega a rendirse, y presume ante Riesgo de su superioridad como combatiente. Lo que, en cierto sentido, es cierto: Fouchon grita que ha estado en cada campo de batalla, que ha cazado por todo el mundo y que es inmortal. Fouchon es un estallido de violencia y no hace falta ponerse demasiado metafóricos para coincidir con él: cada película necesita su villano, cada héroe su ángel de la muerte, y mientras haya artistas como John Woo y Van Damme, dispuestos a erigir homenajes a los símbolos tan perfectos como Blanco Humano, nunca dejará de haber fouchons.
95 - Plano Perfecto # 13 (1:26:31): Contemplen cómo Fouchon ha pasado de implacable asesino omnisciente a triste espectro de lo que una vez fue. Para sobrevivir, tendrá que rebajarse al máximo. De caza pura por honor y diversión a amenazar a los compañeros del héroe (¡una tía! ¡un viejo herido con acento francés!) para salir con vida. En uno de los mejores planos de la película, Woo clava esta fantasmal degeneración, que también remite, ya de forma abierta y confesa, a los rasgos fantásticos que ha adquirido la confrontación final.

96 - Load Me: Es que no puede parar. John Woo no puede parar, por los motivos que sean y él ya se conocerá y habrá pensado en ello, de introducir símbolos fálicos de calibre tocho en sus películas. En esta ocasión, una Nat amenazada con una flecha al cuello (anudada a su pelo, entramos ya aquí en cuestiones propias de mitología comparada, oigan) va cogiendo una a una las balas del cinturón de Fouchon y las coloca lentamente en la recámara de la pistola del villano, mientras este ríe y tiembla de placer. Erotismo malsano para el pueblo, que siempre está bien y viene bien.
97 - Es Van Damme: Hemos hablado constantemente de John Woo como autor de Blanco Humano, y no es para menos. Sus señas de identidad estáticas empapan cada fotograma de la película. Y sin embargo, es todo un gesto de generosidad que después de cientos de cámaras lentas, de agotadoras grúas y perspectivas caballeras, Woo ceda a Jean-Claude Van Damme el honor de liquidar a Fouchon con una sartenada de patadones voladores y unos cuantos de sus no menos característicos Aaaaarghs de Furia(TM). Al final, Blanco Humano acaba siendo, por encima de todo, una película de Van Damme, y esto nos lleva a una de las enseñanzas esenciales de Hostias Como Panes: Woo es, quizás, el auteur por excelencia del cine de acción, y aún así, reverencia la contundencia, la explosión de dolor que supone un buen castañazo en el plexo solar a cámara lenta y con griterío salvaje incluido. Woo se aparta para que brille Van Damme, y de eso es de lo que venimos hablando, mecachis, durante meses.

98 - Plano perfecto # 14 (1:30:06): Atontado después del palizón que Riesgo le ha propinado (y, posiblemente, y visto lo visto, también maravillado por el recital de acrobacias y flexibilidad de cintura para abajo del héroe), Fouchon sólo puede contemplar, embobado, cómo la anilla de la última granada que queda, esa que va a acabar dentro de sus calzoncillos, vuela por los aires, girando con expresividad exagerada. Aplaudan, aplaudan porque yo ya poco puedo añadir.

99 - Ups: Quizás el mejor chiste de la película. Fouchon recibe una granada en los huevos y un cabezazo de Van Damme que lo manda a varios metros de distancia. Rápidamente, se busca la granada, la saca y desenrosca el detonador. Parece salvado pero… chispas. Menudo fallo. El contraste entre la muerte de Van Peek, algo más ceremoniosa, y la de Fouchon, ridícula y de tebeo, es el colofón perfecto para una película que no respeta ni a sus propios códigos narrativos.
100 - Cien razones innecesarias: Quizás la razón más importante de todas es que este colosal recorrido que hemos hecho juntos durante las últimas semanas no ha sido más que un homenaje innecesario. Blanco Humano, como las grandes obras maestras, se justifica sola, sin necesidad de cien, doscientas o trescientas razones que hablen de las razones para adorarla. Sus logros son tan primarios, tan básicos, tan animales, que si no fuera por el amor incondicional que desborda Hostias Como Panes, Las Cien Razones De Blanco Humano podrían considerarse conceptualmente insultantes. Les agradezco enormemente su paciencia y sus, como siempre, sabios y descacharrantes comentarios. Como de costumbre, lo mejor de todo esto son ustedes: gracias por los múltiples links que ha recibido esta subserie, quizás la más linkada de la historia del Focoblog. No es para menos. Les sugiero, para celebrar que hemos llegado a buen puerto, que cojan sus copias de Blanco Humano y con una sonora acrobacia vandámica, las revisen con las cien razones por delante, gritando cada una de ellas como si de una proyección de una bastardización de Rocky Horror Picture Show se tratase. Y les recomiendo que no se despisten, estamos recorriendo momentos de auténtica gloria en la filmografía del héroe: nuestra próxima parada es, poca broma, TimeCop.
Calificación: OOOOOOOOOO (Diez Hostias Sobre Diez)