Se ha hablado mucho de la ironía, de sus límites, de sus virtudes y de sus peligros en El Focoblog. Podría decirse que, implícitamente, es uno de nuestros Grandes Temas Vectores: Hostias Como Panes, o incluso 1000 Películas de Terror, o por supuesto, la eternamente pospuesta (por poco tiempo) 1000 Obviedades y Redundancias hablan del uso de la ironía y de por qué a veces sí y a veces no, y casi nunca bien. Por eso ha sido un placer reencontrarme, en los abismos de mi del.icio.us, con esta entrevista que Jordi Costa hizo a Verhoeven hace un par de ediciones del Festival de Sitges.
Su titular no podía ser más claro: “Los jóvenes han perdido la capacidad de descifrar la ironía“. Yo incluso diría más: los jóvenes han (hemos, yo lo hice en su día, aunque yo ya no me calificaría de joven precisamente) asfixiado la ironía desvirtuando su uso. Después de presenciar cómo la ironía era a menudo confundida con el sarcasmo de baja estofa, fue como Lindyhomer y yo acabamos renegando de la ironía, cagándonos en su herencia, cuando (irónicamente!) nos teníamos que haber cagado en sus asesinos. Hace poco tuve el indiscutible honor de ser citado por el propio Jordi, muy poco irónica casualidad, en una charla que dio en Gijón. Por lo que se (¿audios anybody?), citó Hostias Como Panes (y al blog de Absence) para ejemplificar nuevos modos de aproximación a la crítica fílmica que están propiciando los blogs. No se si fui ejemplo de análisis sistemático y cronológico o de simple hacer un poco lo que no puedo leer en otros sitios, pero por lo que me contó Jordi la reacción general fue de estupefacción. No sólo no concebían algo como Hostias Como Panes sin su coprrespondiente carga de ironía, sino que no se daban cuenta de que Hostias Como Panes ya la posee, y en abundancia. Aunque quizás no entonamos la nota en la misma frecuencia. Doble carencia que Verhoeven disecciona con palabras mucho más sabias que yo en esta entrevista que aprovecho para considerar un estupendo regalo de Navidad, y así, en fin, les deseo Felices Fiestas.
Sin ironías, ¿eh?