Archivos de December, 2007

Wednesday, December 5th, 2007

Mil Películas de Terror (7/1000): Re-Sonator

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Re-Sonator es, en muchos sentidos, una película peligrosa. Es fácil de subestimar por una razón muy obvia: es el intento de un equipo de producción muy concreto y muy amplio (Lovecraft como inpirador remoto del guión, Barbara Crampton y Jeffrey Combs como actores, Stuart Gordon como director, Brian Yuzna y Charles Band como productores, Richard Band como compositor de la banda sonora) de repetir un éxito previo, Re-Animator. Supongo que a toro pasado es sencillo decir que estaba claro que era una empresa condenada al fracaso, al menos en lo artístico: no estoy tan seguro de que ellos pudieran verlo tan evidente, tan notorio, en 1986. Pero incluso ellos debían ver claro que los elementos que habían dado como fruto Re-Animator procedían de una mezcla alquímica de talentos, y como alquímica que era, muy complicada de reproducir de nuevo. Es sencillo, pues subestimarla: Re-Animator es, en muchos sentidos, la mejor película de la historia, y ya saben a qué me refiero con esta maximización. Es la mejor en tantos y tantos aspectos, que en lo global también va más allá de lo sumativo de sus partes.

Pero digo que Re-Sonator es peligrosa porque, por otra parte, también es fácil sobrestimarla. He borrado ya tres veces la frase “Ya no se hacen películas así” porque es cierto, no se hacen, pero caer en señalarlo es una actitud cómoda y peligrosa. Contemplando la absolutamente gloriosa restauración de metraje y, sobre todo, la renovada calidad de imagen y sonido que trae el reciente Director’s Cut editado en DVD (norteamericano), se presencia una celebración del horror físico como una puerta al miedo metafísico que, simplemente, no es posible replicar en estos tiempos de asepsia lumínica y efectos especiales a golpe de CGI. No quiero convertir esta reseña en otra oda al látex, aunque me daré de hostias con quien haga falta para defender que los efectos especiales de, por ejemplo, Society, tienen un valor artístico, industrial, conceptual y visual diez, cien, mil,un millón de veces más elevado que los de cualquier película de terror de gran presupuesto de los últimos quince años.

Re-Sonator
pertenece a esa estirpe, y me encanta que se me llene la boca diciéndolo, porque hacía muchos años que no la veía, y me temía lo peor. Si bien es cierto que adelanta algunos de los peores vicios de la Empire / Full Moon de los años venideros (exteriores ridículamente falsos, soluciones en los efectos especiales que anteponen la exhibición desvergonzada a la solución ingeniosa), aún conserva una frescura que en Re-Animator estaba al trescientos por cien y que se basa, esencialmente, a no pertenecer a nadie. A ser valiente, aguerrida, bizarra (en el sentido castellano clásico): a inspirarse en Lovecraft para hacer lo que le dé la gana. En filmar a gritos, a espasmos, con las tripas literales y metafóricas. Miren sólo estos dos minutos de película:



Observen la conclusión del vídeo. Aquí no se ve bien, pero ese zoom final es tan agresivo que la imagen pierde foco. Y la impresión que da no es la de muchas películas italianas de caníbales, no es el “bah, da igual, tiramos para alante que se nos echa el tiempo encima“. Es una sensación de punk fílmico, de saturación sensorial extrema que no tiene parangón actual. Esa saturación se da también con el diseño de los seres que se aparecen a los protagonistas cuando conectan el Re-Sonator, que anticipan a la mencionada Society en su recuperación descarada del concepto clásico de monstruo: lo monstruoso es algo que nos obliga a replantearnos la realidad. Los seres de Re-Sonator están tan extremados…



… que sacuden el cerebro del espectador, le obligan a cuestionarse cuáles son los extremos de lo horrible. Porque en Re-Sonator, lo horrible alcanza cotas muy superiores a las que llegaba la imaginación del espectador antes de empezar a verla, y en ese sentido, desde luego, es un éxito que brilla por encima de Re-Animator. Secuencias como el enfrentamiento a golpes y mordiscos de dos cadáveres que están mucho más allá de la mera descomposición, que están más cerca de una atomización conceptual, y que culmina con dos cráneos mordiéndose con furia y que a mí me recordó a según qué grabados románicos de horror y de danza de la muerte, cambia irremediablemente a quien lo ve.

Re-Sonator es, pues, y ahí quizás encuentre una identidad propia, un perfecto camino intermedio entre el oscuro splapstick de Re-Animator, quizás la mezcla más equilibrada de horror y comedia jamás rodada, y las tesis neocárnicas que Yuzna prolongaría en Society con los resultados que todos adoramos. Re-Sonator, lanzando mensajes al espectador acerca de que quizás la esquizofrenia sea una forma de cordura extrema, o que los espectáculos de obscenidad y lujuria máximos pueden hacer enloquecer, quizás no sea una película redonda. Pero en su desnuda exhibición de cosas que no vamos a volver a ver en una pantalla de cine nunca más y que hasta ese momento nadie había visto, es un espectáculo absolutamente imprescindible.

Wednesday, December 5th, 2007

A ponerse a desfilar, ar

La última entrega de Reflexiones de Repronto es sencillamente soberbia. Me tuve que pelear con un par de inconscientes que pecaban precisamente de eso, de exceso de soberbia, cuando me comentaron que el primer Reflexiones no estaba a la altura de lo que un proyecto así debería ser. Dejaron de dar la brasa a la segunda entrega (y no, no se sientan aludidos, no me refiero ni a usted ni a usted). A partir de ahí, la calidad de la serie de vídeos propuestos por Raúl Sensato y su equipo de titanes de la SIGLA se ha disparado hasta llegar a un indudable techo con esta entrega rimada y concluyente, y que tiene dos indubitables momentos álgidos: primero, la mención subrepticia a una frase hecha de mi creación que viene tan, tan a cuento que hasta que el propio Sensato no me ha confirmado que yo la había originado, he llegado a dudar de su naturaleza; segundo, el imprevisto giro final hacia la ficción y el chascarrillo fantastique, que me ha dejado absolutamente enamorado por la sencilla y brutal coherencia con la que hila con todas las entregas anteriores. Mágico e imprescindible.



Tuesday, December 4th, 2007

Les juro por todo lo sagrado…

… que no he creado el copy de este anuncio de Ivrea que encuentro en Adlo!. Aunque demuestra, indudiblemente, que hay gente con una sensibilidad muy johntonesina ante la vida.

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Monday, December 3rd, 2007

Llora, payaso bastardo, llora

Al contrario de lo que me pasa con los videojuegos, que me fascinan por su capacidad para aglutinar chascarrillos ocultistas / ocultoides en un medio hipertecnificado, nunca he sentido especial atracción por el tema de las películas malditas. Ni malditas en lo sobrenatural, ni simplemente desafortunadas en su carrera y explotación. Supongo que un poco por desgaste (cómo les gusta a los cinéfilos de rancio abolengo desgranar las partidas presupuestarias de grandes producciones de Hollywood para luego contar cómo murieron actores en orden alfabético o cómo recaudaron una décima parte de lo que costaron… qué chorrada y qué perdida de tiempo), y también un poco por pereza intelectual, como digo, los videojuegos malditos o los tebeos malditos tienen mucha más garra en mi corpus de idolatrías varias.

Sin embargo, hay una película cuyo fracaso no tuvo nada de sobrenatural, y que me sigue fascinando como la primera vez que oí hablar de ella. La razón de ello, posiblemente, es doble: primero, porque los motivos de su malditismo no tienen nada de misteriosos; segundo, porque está clarísimo que cuando llegue a verla, no me decepcionará lo más mínimo. Lo mío con The Day The Clown Cried, de Jerry Lewis, rodada en 1972 y nunca estrenada por expreso deseo de su autor, viene de una fascinación por su concepto que no tiene nada que ver con los resultados reales. Y el concepto no es el muy superado “¿Puede uno reirse del Holocausto?“. Por supuesto que se puede. La pregunta real, muy peliaguda, es: “¿Puede Jerry Lewis reírse del Holocausto?“. Es decir, ¿puede uno de los humoristas más blancos, puros, esenciales en su lenguaje cómico ambientar sus gags en uno de los periodos más trágicos de la historia de la Humanidad?

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No les voy a aburrir con trivia de dominio público sobre el film: la ficha de la Wikipedia es exhaustiva incluso en el argumento. Esencialmente, la película cuenta cómo un payaso fracasado llega a un campo de concentración y entretiene a los niños judíos para que olviden las penurias de la situación. Sí, en efecto, les recuerda a La Vida Es Bella, pero olvídense: la de Benigni es una película que habla del humor como una venda ante el mal del mundo (recurran también a Ilusiones de un Mentiroso, para más sobre el particular); Lewis propone aquí una forma de ver el humor como un sedante de situaciones tan atroces que, en circunstancias normales, nos harían enloquecer de rabia y dolor. Benigni habla del humor como ilusión: hasta lo más horrible puede ser camuflado por el humor. Lewis, de cómo la falta de humor, sencillamente, haría insoportable la vida. El humor es un invento para no morir de asco y de horror. Viniendo de un cómico es un mensaje atroz, pero significativo.

La recepción de los pocos afortunados que pudieron ver la película fue de un rechazo tan visceral que Lewis la archivó y no quiere ni oir hablar de estrenarla. Los guionistas originales, al parecer, se quejan de que el payaso que ellos crearon es un ser miserable y acabado, y encuentra la redención alegrando los últimos momentos de los niños judíos condenados a las cámaras de gas. Es La Lista de Schindler. Lo que propone Lewis, al parecer, es infinitamente más radical: su payaso es un cómico fracasado, pero los niños del campo, condenados a morir, ríen y ríen al encontrar en la actuación de Lewis un alivio circunstancial, pasajero, al horror que les rodea. No por pena ni por humanidad, sino por puro ego, el payaso les acompaña hasta el último momento, haciéndoles reir y olvidar, en una escena final que, lógicamente, no puedo juzgar porque no he visto, pero que parece ser contradictoria, irritante y legendaria a partes iguales.

El humor como estacazo a la sensibilidad. El humor como olvido de todo lo malo. Es tan bonito y tan terrible que sólo Jerry Lewis podía estar al frente de algo así.

Monday, December 3rd, 2007

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Esta ostentosísima belleza es la portada del número de Xtreme de diciembre, que podrán encontrar a partir de hoy y mañana en sus kioscos más serviciales. Como siempre, les traigo al Focoblog los números de Xtreme que creo que pueden interesar a los consumidores no habituales de videojuegos, y que me aspen si esta no es una oportunidad d oro para comprar Xtreme. Mi viaje a Dallas para ver en exclusiva el futuro Ghostbusters narrado con pelos y señales, más la recuperación de los juegos clásicos inspirados en la serie, dibujantes como Jorge Parras o Carlos Vermut pintándonos monas en exclusiva, un reportaje espectacular del gran Kroy sobre Muerte y Videojuegos, Mr. Asterisco soltándose la melena para hablar de Brütal Legend, Noel reseñando el juego de Aqua Teen Hunger Force, y en fin, muchos juegos y escribientes que igual ustedes no conocen, pero fíense de mi palabra: la crème de la crème. Cuando dentro de diez años se hable del Gran Periodismo De Videojuegos Nacional, ustedes podrán mirar este número con lágrimas en los ojos y musitar “Yo estuve ahí“.