Archivos de August, 2008

Friday, August 29th, 2008

Alfrist E. Danzig

Mi nueva camiseta absolutamente necesaria de ahora mismo de ya. Visto en Boing Boing.

Sunday, August 24th, 2008

Psicópata con máscara de hockey al fondo del plano

Hace tiempo, Noel se puso a repasar sus psicópatas favoritos con ayuda de los lectores de su blog. Como siempre en estos experimentos colectivos, y más por falta de tiempo que de ganas, me mantuve discretamente al margen. Pero con el paso de los días fueron llegando aportaciones de lectores que repetían una y otra vez la misma cantinela: “ya sé que no es el típico psicópata, pero…“, “de un primer vistazo, nadie podría decir que podríamos calificarle de psicópata, pero…“, “no sé si me salgo de los límites estrictos del cine de psicópatas, pero…“, y me harté. Me harté porque siempre me harta el puñetero y eterno complejo de inferioridad de los espectadores del cine de terror más directo y sin contemplaciones. Me harté porque muchos confundían un buen psicópata con el villano de un buen psychothriller, o con el protagonista de alguna película que estaba pidiendo a voces ser aceptada por los cánones del cine clásico. Es decir, una película no muy violenta, no muy terrorífica, con personajes bien desarrollados (sea lo que sea eso) y un asesino creíble y no muy extremado. Es decir, moñeces. Irritado y sorprendido, tuve que ponerme manos a la obra y enviar esto: mi declaración de amor hacia Jason Voorhes, asesino no del todo absoluto, no del todo protagonista de la longeva serie de terror Viernes, 13.

Allí expliqué con claridad qué me fascina e impresiona aún hoy de la serie y de su asesino en ídem, pero lo repetiré todas las veces que haga falta: la reducción del esquema básico del género de terror a su mínima esencia. Es decir, susurrar al oñido del espectador con singular fortuna que nada de de lo que hacemos en la vida tiene sentido, porque estamos condenados a la negrura absoluta de la muerte, posiblemente en condiciones arbitarias, ridículas, violentas o todo a la vez. Jason Voorhes es una fuerza de la naturaleza que lleva la destrucción, la desintegración, el desmembramientos hasta partículas atómicas de todo aquel a quien se acerca. Hombres, mujeres, adolescentes, todos caen ante su implacable y lento deambular hacia adolescentes que, irónicamente, disfrutan por última vez de algunos de los escasos y fugaces placeres que proporciona la vida. Jason es el horror absoluto, con su icónica presencia y su turbia génesis, mezcla de casualidad (no consiguió la máscara hasta la tercera película y ni siquiera era el asesino de la primera entrega) y premeditación (el cine de psicópatas de los ochenta necesitaba un Mal Absoluto, y aunque a los cinéfilos más clásicos les gusta recordar que ese Mal Absoluto bien podría ser el Michael Myers de Halloween, la insistencia y ramificaciones de Viernes, 13 han acabado cediendo el trono a Jason). Independientemente de que tenga unas películas más interesantes y otras menos, Jason merece el respeto que merecería un genuíno Ángel De La Muerte Y La Venganza: todo el que seamos capaz de mostrar.

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El 13 de febrero de 2009 (viernes, obviamente) se estrena el remake / secuela (nadie se termina de poner de acuerdo) de Viernes, 13 dirigido por Marcus Nispel. Sobra decir que no solo lo espero como fan de su nueva versión de La Matanza de Texas (y sobre todo, de los spin-offs en formato tebeo que han salido de ahí), sino como ciego creyente en la verdad relativamente absoluta de que no hay película mala con Jason Voorhes a bordo. No se me ocurre mejor manera de demostrar mi ciega devoción por el asesino de la máscara de hockey que abriéndole una categoría en El Focoblog. En ella iremos desgranando todas las noticias que vayan surgiendo sobre el remake, les linkaré todo lo que encuentre sobre el ídolo, de lo más inane a lo más sublime (que no es poco), e intentaré repasar todas las películas de la serie como hicimos con Pesadilla en Elm Street. De momento, la noticia (ya anciana, maldita caducidad de las novedades en Internet) es que hay web oficial. Una máscara, una fecha, y nosotros como niños con zapatos nuevos.

Feliz regreso a Crystal Lake.

Thursday, August 21st, 2008

La justicia, el orden y la ley



Sacha Feiner ha montado este pitote con un ridículo presupuesto de 3.000 dólares: es la secuencia que, en un mundo justo, debería haber aparecido en la edición en DVD de Gremlins 2, justo en el punto en que hacen su aparición Hulk Hogan y John Wayne en las respectivas versiones de cine y VHS de la película. De resultados pelín ostentosos, para qué negarlo, el fragmento capta perfectamente el sentido del humor de las películas, usando nuevos gremlins construídos para la ocasión a partir de moldes genuínos de los rodajes originales. ¿Mi momento favorito? La cara de discreto asombro / horror contenido / crispación moderada de Batman.

Monday, August 18th, 2008

The Pocho Pocho Dancers

No hace falta que lo juren:



Saturday, August 16th, 2008

And now, El Focoforo

Bien, bueno. Supongo que esto sí que va a ser una sorpresa:

El FocoForo

El Focoblog (con la, como siempre, inestimable labor técnica de eunice szpillman), tiene al fin sus propios foros. Sencillos y bonitos. Efectivos. Fáciles de usar. Y no, yo tampoco lo veía venir.

La cuestión comenzó cuando rehicimos la web de Mondo Pixel para el lanzamiento del Volumen 1 . Un poco por inercia, decidimos crear unos foros, convencidos de que la falta de uso o el exceso de ruido conducirían a su cierre en cuestión de semanas. Nos equivocamos. Y cómo. Los foros de Mondo Pixel se han convertido en apenas unos meses, en un interesante núcleo de reflexión sobre videojuegos que va creciendo a ritmo moderado pero constante.

La idea del Focoforo fue, una vez más, de Nacho, que exigió un equivalente en El Focoblog de los foros de Mondo Pixel para hablar de cine, tebeos y nuestros temas habituales. La reciente explosión de comentarios en el post sobre qué es explícito y qué no lo es nos ha recordado que El Focoblog tiene el mejor, más atento y más inteligente de los públicos posibles (y algunos de los mejores supervillanos). Digamos que no la tenemos todas con nosotros, pero que ahora es cuestión de ustedes hacer que la cosa prospere. Acudan al foro de reglas básicas de posteo, lean cómo procurarse un avatar y hala. Disfrútenlo. Ya han empezado a volar los primeros insultos a Dark Night y a algunos de sus exégetas. Como siempre, todo esto es para la risa, el mambo y el despendole. Para ustedes.

Tuesday, August 12th, 2008

Elogio de la explicitud

Leo en el Gabinete del Dr. Zito un interesante elogio de la sutileza que me veo obligado a discutir por dos razones: por una parte, porque se acerca peligrosamente a ciertas cuestiones acerca de la teoría fílmica (y por extensión, la teoría de cualquier muestra de cultura pop) que siempre me han repateado. Por otra parte, porque no está de más defender la posición contraria. Por aquello de la dialéctica.

Es gracioso que Zito arranque citando a Nacho Vigalondo, cuando precisamente a Nacho le leí recientemente (perdonen si no les linko: Vigalounge ha dado tantas entrevistas últimamente que es una locura documentar sus entelequias) una declaración que me viene a mí que ni pintada: decía que dios le librara de rebajar la intensidad de la violencia y el componente sexual de una película para acercarla a parámetros clásicos de contención narrativa. Que todo eso de “a veces vale más insinuar que mostrar” es un complejo heredado de la supuesta superioridad de lo clásico, olvidando que a veces la contundencia visual del cine clásico se rebajaba por cuestiones sociales circunstanciales y no por elección artística. O dicho de otro modo: la explicitud como postura narrativa aún tiene que vencer unos cuantos prejuicios, y el mayor de ellos es el de enfrentarse al supuesto mayor calado intelectual de la sutileza.

Cuidado, que ya oigo los tiros: no es eso lo que reivindica / analiza Zito. Zito habla de mensajes, y de cómo es señal de torpeza narrativa y vagancia conceptual hacer que un personaje declame la moraleja de la película. Estoy relativamente de acuerdo, pero Zito se equivoca en la elección de sus ejemplos: nada menos que The Mist y The Walking Dead. Es decir: una epopeya de horror abstracto y claras connotaciones políticas y un tebeo de muertos vivientes que hunde sus obvias raíces en la saga de los muertos vivientes de George A. Romero. Géneros, subespecies del fantástico que están llamados, casi obligados a declamar a gritos su moraleja: es irritante que haya un momento de The Walking Dead en el que los personajes entren en una “cárcel”, se subdividan en “clases sociales” y se adjudiquen “tareas”. Es irritante por obvio, por fácil y por ramplón, pero es su dialéctica. Y no es que sea obvia o esté mal hecha: es que su naturaleza está hilada así. Está hilada así desde que Romero decidió en 1968 que encerraría a varios personajes en una casa dentro de un cementerio para que los muertos les acosaran y les devoraran; desde que a finales de los setenta introdujo a (ojo) un grupo de periodistas en un centro comercial abandonado, al que intentaban acceder los muertos que no lograban deshacerse de sus antiguas costumbres; y desde que a mediados de los ochenta dividió, leñe, a la sociedad en científicos y militares e hizo que los primeros enseñaran a leer libros de Stephen King a los muertos. Si encierras a un grupo de personas en cualquier sitio, acosados por una amenaza exterior, será inevitable que se abracen a posiciones simbólicas y hablen con aforismos. No, no me estoy agarrando al clavo ardiendo de la justificación genérica: es que hay otras fórmulas menos recurrentes de hacer horror con mensaje y sin subrayados. No estoy aquí para dar ejemplos de fantastique que cuente cosas entre líneas, sino más bien para defender la tan defenestrada postura contraria. Y para ello les voy a dar dos ejemplos: uno genérico y otro muy específico.

Mi elogio de la explicitud pasa, obviamente, por una defensa del gore, que supongo que a estas alturas todos tenemos claro que es algo más que una sucesión de excesos visuales o una simple renuncia a los modos clásicos de dotar de inquietud a una narración. El buen cine ultraviolento renuncia a supuestas bondades del cine convencional (argumento explicativo, interpretaciones creíbles, lo sutil por encima de lo explícito) para elaborar una gramática de lo obvio que pone patas abajo lo que se supone que importa y lo que se supone que no. En este caso, el medio es más mensaje que nunca, porque el mensaje es la desestructuración del cuerpo, los motivos de la violencia, la reacción ante lo repulsivo y, cómo no, el radio de acción de los efectos de la muerte (o de su ausencia). No podía haber puesto un ejemplo más obvio, pero es que los mensajes de las películas de codificación gore se plantan ante el espectador con una claridad asombrosa, quizás contagiados por la falta de subterfugios de su propia planificación visual. Es decir, no tenemos a un personaje declamando el mensaje, pero tenemos un género que desde su misma formulación lo está declamando a voces. Y no nos quejamos, porque desde este punto de vista, la propia naturaleza del medio lo exige: no se trata de preferir la sutileza, entonces, sino de quién es sutil y quién no.

Mi ejemplo concreto, y no es la primera vez que lo traigo a esta santa casa porque es un caso relativamente único, es Society, esa película secretamente fundacional de tantas cosas. En ella, uun joven detecta que en su familia de la alta sociedad suceden cosas sucias: incesto, orgías, canibalismo… la trama progresa y al final descubrimos, junto al protagonista (cuidado, que lo digo) que los ricos se comen a los pobres. Literalmente. Los ricos se alimentan de los pobres para sostener una vida de vicio, diversión y descerebre, y quienes no estamos en ese círculo de decadentes costumbres sociales, estamos destinados a ser absorbidos por una masa gelatinosa de humeante mierda post-humana. Society recupera así cierta tendencia de la ciencia ficción de los cincuenta, luego denigrada por un sector de la crítica empeñado en dignificar géneros menores construyéndoles un mensaje, y cuyo máximo exponente quizás sea La Invasión de los Ultracuerpos. En efecto, en el clásico de la paranoia de los cincuenta, es conveniente no extraer mensajes procomunistas ni anticomunistas, sino simplemente, quedarse con la atmosfera de paranoia y persecución que se respiraba en los Estados Unidos de la época y que tan bien transmite el film. Con Society, igual: en una atrevidísima carrera hacia adelante para tratarse de los alegóricos / nostálgicos ochenta, Brian Yuzna hace dar la cabriola definitiva a su película, exigiendo que se la interprete de forma literal, nada sutil, porque no hay otra manera: los ricos son monstruos que se comen a los pobres. Con un mensaje tan potente (y con su gramática de película gore, por muy particulares que sean los viscosos efectos de Screaming Mad George), como comprenderán, lo de menos es que un personaje diga exactamente cuál es el mensaje en algún momento de la película. La sutilidad es reivindicable… cuando la explicitud no es el valor principal.

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Más claro, agua

Monday, August 11th, 2008

Ojos de fuego

Elitevisión morirá cuando a mí me salga de los cojones. Mientras tanto, pueden disfrutar del análisis de un nuevo episodio de South Park, el emblemático Damien, en el único blog sobre televisión que no parece escrito por mandriles.

Wednesday, August 6th, 2008

Trece añazos

Vaya edad, ¿eh? En este ininteligible site soviético tienen una espectacular galería de gepetos esculpidos por la inocencia, la falta de pudor y el holocausto hormonal. Y perdurarán así por los restos.

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Saturday, August 2nd, 2008

Buen / mal viaje

A través de Cartoon Brew llego a este espléndido y psicodélico (sí, hay adjetivos sobreexplotados, pero hasta esos merecen ser usados… cuando lo merecen; “friki” no, ese no merece nada) corto animado de Alicia en el País de las Maravillas. Hablamos cuando lo vean:


La relación entre Alice, Lewis Carroll y los efectos de las drogas alteradoras de la consciencia ha sido largamente discutida, y no quiero volver a hacerlo aquí con cuatro palabras huecas y media docena de frases oídas en foros. Sólo quería subrayar cómo este corto del histórico Vince Collins explicita con notable fortuna las constantes que la novela de Carroll (y su posterior impacto en la cultura popular, de la que tiene buena culpa la extraordinaria y no siempre bien valorada adaptación de Disney) solo sugerían: que la inmersión en determinadas capas del yo produce monstruos y que todo lo que nos rodea es una genitalia devoradora. Cuestión que, por cierto, ha tenido revisiones sorprendentes e inesperadas. Pero así de grande, así de influyente, así de maravillosa es la mitología de Alicia.