HOSTIAS COMO PANES (XII): Timecop

Nunca he terminado de entender la pasión que despierta Timecop entre los propios fans de Van Damme, pero intuyo que se trata de una cuestión de complejo de inferioridad mal gestionado. Timecop es, junto a la más rotunda Soldado Universal, la película más taquillera del áctor, y junto a la más satisfactoria Sin Escape y la decididamente superior Muerte Súbita, la más convencional y menos característica de su estrella. Sin embargo, es la única en la que Jean-Claude Van Damme se asomó al abismo del estrellato, y su nombre se pronunció como equiparable a Schwarzenegger, Stallone y demás superestrellas del gremio. Algo falló.
Posiblemente, fue el rotundo enraizamiento de las virtudes de Van Damme en el campo del bajo presupuesto y la explotación. Si aún hoy las películas que hizo para la Cannon y similares son las que definen el vandammismo puro, es por algo: una superproducción, donde por definición se moderan las extravagancias, los disparates y la locura para acercar la película a la mayor cantidad posible de público, tienen que dañar por fuerza el estilo de un actor cuyos TMs más celebrados son abrirse de patas, hacer cucamonas a cámara lenta y enseñar el culo. Paradójicamente, el presupuesto medio redunda en beneficio de una película amena y moderadamente disparatada; pero también juega en contra de Van Damme, que aquí sería, salvo momentos muy puntuales, perfectamente sustituíble por uno cualquiera de sus imitadores. (La prueba de ello está en la tardía y chotadísima secuela directa al vídeo, Timecop 2: The Berlin Decision, que contemplé atónito por televisión este mismo verano entre piruetas temporales dignas de hard sci-fi demente y con un Jason Scott-Lee en infrahoras).
En cierto sentido muy perverso, es significativo que Timecop se inspire en un comic de Dark Horse, cuyo dogma, santo y seña ha sido siempre la regurgitación para todos los públicos de conceptos del fantástico complicados de asimilar. Alien es el ejemplo clásico, pero hacer de Predator o Terminator meros superhéroes de coeficiente intelectual bajo mínimos exige un duro trabajo de banalización… que es el que llevaron a cabo con los viajes en el tiempo y la miniserie Timecop. La película de Van Damme fue su perfecto reflejo, hasta el punto de que los TMs de la estrella parecen concesiones para los fans que no encajan con el resto de la narración, entretenida pero nada apasionante. Ésta nos cuenta cómo en un futuro no muy lejano, los viajes en el tiempo se implantan hasta el punto de que es necesaria una fuerza policial que impida la proliferación de paradojas y demás inconsistencias metafísicas propias del género.
El planteamiento de la fuerza policial transtemporal, puro pulp regurgitado, no es el único detalle que reconcilia al espectador con la personalidad algo fría de la narración. A los cinco minutos de película el guión ya está hablando del efecto mariposa con una ligereza muy de agradecer y fijando una regla que me vuelve loco (no se puede viajar al futuro porque no se ha producido aún, cosa que se contradice sin problemas cuando se viaja desde el pasado al presente –el futuro de ese pasado-). Se manejan conceptos relativistas y se plantean paradojas con alegría y despreocupación, y me gustaría pensar que algo tuvieron que ver en ello Sam Raimi y Robert Tapert, productores también de Blanco Humano, en busca quizás de convertir a Van Damme en una estrella de la acción alternativa, una que se rebozara en los tópicos de la serie B y en el cine de género con sentido. El espíritu Van Damme aparece en determinados momentos (el combate en la cocina, apertura pernil incluída, la caída al vacío con viaje en el tiempo, el brazo congelado, la frase “Con esas pataditas deberías estar bailando en Broadway”), pero por desgracia, Peter Hyams desaprovecha momentazos puestos en bandeja: la posibilidad de que dos Van Dammes se den de hostias aunque sea por un momento; esa muerte final del villano que habría quedado tan bonita con látex y no con un horrendo CGI… En general, Hyams desaprovecha a un Van Damme en su mejor momento de forma física, una extraña mezcla de bailarín y luchador… rodando peleas en las que no se ve nada.
Ah, las ínfulas. Esas ínfulas.
Te-Emes de Van Damme: Pelo Horrible™, Incapacidad Para Colocar los Brazos en una Posición Normal™, Sonrisa + Ojitos En Escena de Relleno™, Patada Voladora al Ralentí™, Culo™
Calificación: Paradojas espacio-temporales como si nada + “Lee entre líneas” + Pocos vandammismos = OOOOO (cinco hostias sobre diez)













