Las listas, para los listos
Descubro, no sin cierta sorpresa, que hay un sistema de organización de trabajo plenamente establecido, con programas que lo informatizan, con libros que lo explican, con conferenciantes que lo difunden y con asociaciones que lo respaldan y que yo llevo practicando de forma intuitiva (de forma mucho más caótica, claro) desde que estaba en el instituto. Y que la edad, con sus manías y sus costumbres de las que resulta complicado salir, solo está reforzando. Esencialmente, se trata de perder la menor cantidad posible de tiempo pensando en qué hacer.
Cuidado, que viene el miedo: eso se traduce en la necesidad de hacer listas. Hago listas para todo, y para ocupar la memoria en cosas que realmente lo necesitan: listas de ideas para canciones, listas de temas para El Focoblog, listas de películas que poner a descargar, listas de tebeos que tengo que comprar, y sobre todo, listas y sublistas de trabajo. Un lista principal con un orden impepinable de tareas que tengo que hacer cada día, y cada una de esas tareas divididas en subtareas. ¿Suena psicópata? Explíquenselo a David Allen, que creó un emporio de la autoayuda a partir de una versión para oficinistas y adaptables al trabajo en grupo de lo que yo me tomé simplemente, como un ahorrar espacio en la cabeza para memorizar más títulos de películas de zombis.













