Entrada publicada el 14 de Noviembre de 2009 por John Tones
Bien, pues ya podemos desvelarlo. Estamos metidos en Ars Games 2009, un congreso relacionado con los videojuegos como forma de arte y comunicación que se celebrará en Madrid entre los próximos 19 a 22 de noviembre. La mayoría de los actos tendrán lugar en La Casa Encendida, aunque habrá actividades de todo tipo y en distintos lugares. Serán tres días de charlas, talleres, proyecciones, performances y conciertos, para todos los gustos y para todos los horarios.
Tenéis un programa completo aquí, pero creo que el público de Mondo Pixel disfrutará especialmente de las conferencias y proyecciones (yo he preparado el miniciclo sobre documentales de videojuegos, al que desgraciadamente no podré asistir), y los conciertos serán muy variaditos y muy molones. La avalancha de proyecciones de Machimina, todas ellas con sus correspondientes subtítulos y demás, son también crema de la buena. Les recuerdo que Mondo Píxel forma parte de la organización de Ars Games, y por ello el Congreso cuenta con el sello de aprobación de nuestros expertos. Gente de bien, colaboradores de Xtreme y Mondo Pixel como Javi Sánchez o Dr. Boiffard han colaborado activamente en la organización, así que ya saben. Hagan hueco.
En un apartado más personal, observen esta actividad: el viernes 20, tras el concierto de AddSensor (que les recomiendo encarecidamente si son ustedes fans de la bitmusic), Wicked Wanda desplegará un monográfico de versiones de videojuegos, con nuestra habitual contundencia y griterío. Castlevania, Doom, Mortal Kombat, Duke Nukem y muchos más temas de bandas sonoras de videojuegos tendrán su correspondiente violación anal a cargo del Trío Necedades del rock patrio. Es gratis. Es pronto. Qué más cojones quieren. Allí les veo.
Entrada publicada el 5 de Noviembre de 2009 por John Tones

De sencillamente asombroso puedo calificar el análisis (aparentemente un extracto de un texto mucho más denso que no logro rastrear) que se han marcado en la innavegable Mstrmnd a propósito del clásico El Resplandor de Stanley Kubrick. El análisis, profusísimamente ilustrado, desvela un mensaje acerca del que yo, particularmente, no me había percatado más allá de lo anecdótico, pero que en Mstrmnd aseguran que vertebra todos y cada uno de los planos de la película: El Resplandor habla de la aniquilación de los habitantes originales de América a manos de los colonos y de la posterior venganza de los espíritus de aquellos, impregnando las construcciones y la cultura de los recién llegados. El Hotel Overlook y los mundanos problemas de los Torrance son un buen ejemplo de ello.
Kubrick plagó de referencias a la simbología y cosmogonía indígena los pasillos del Overlook. Desde las zigzagueantes líneas que surcan la moqueta de los pasillos a la enorme y ubicua “T” del logo de la película, pasando por referencias a la naturaleza, su corrupción y el invasor papel del humano civilizado. Sin embargo, más allá de este interesante pero al final muy anecdótico rasgo temático, el artículo de Mstrmnd triunfa al analizar, plano a plano, la forma en la que el hotel se apodera de los humanos, y cómo Kubrick cuenta esta posesión inmobiliaria que se remonta al pasado, como podemos intuir por el famoso, polémico y jeroglífico plano final.
El Resplandor, supongo que a nadie le pilla de nuevas esta afirmación, es una película muy, pero que muy extraña. Como todas las de Kubrick, por descontado, pero su adscripción a un género del que intenta a la vez respetar y desvirtuar sus códigos (el primero de ellos, y no el más leve, adaptar una novela de un escritor de best-sellers de terror) convierte a El Resplandor en un extraño potaje genérico a medio camino entre el dinamitaje y la consagración del lenguaje del cine de fantasmas. Mstrmnd, además de desentrañar las extrañas referencias a la América pre-colonial, desnuda la planificación de Kubrick, esa que hace que la película sea tan rígida y, a la vez, imprevisible: planos que son réplicas o reflejos perfectos de otros planos, secuencias que sirven como respuesta o estribillo a otras que vimos una hora antes, personajes que se relacionan entre sí por un inquietante uso de la paleta de color o por posicionamientos paralelos en el plano… La extrañeza que las imágenes de El Resplandor ejercen en el espectador obedecen a una planificación meticulosa y maquiavélica por parte de Kubrick, entramada y apoyada en unos diálogos que no tienen nada de casuales. Por ejemplo, y es solo uno de los múltiples que muestra la web, cuando Jack (que se llama, como Danny, igual que el actor que le da vida, algo a lo que normalmente no se le da importancia, pero que en este caso… no sé yo) se incorpora de la cama una mañana y menciona un caso de deja vu (un espejo cerebral), y afirma haber dormido demasiado, cuando más adelante tendrá insomnio. Jack hace un comentario sarcástico a Wendy (sarcasmo: un espejo lingüístico invertido entre significante y significado) que sirve como reflejo de la primera actitud maquiavélica de Jack, cuando soltó otro sarcasmo a su hijo en el coche camino del hotel, y que supone la primera vez que Jack se expresa de forma no completamente blanca en la película.
¿Imaginaciones de la web o psicosis de Kubrick? Quizás un poco de ambas cosas. Pero está claro que Mstrmnd destripa por qué algunas imágenes que habíamos tragado como convencionales nos resultaban tan inquietantes. Como cuando Jack mira en unas cuantas ocasiones directamente al espectador. O las apariciones de las gemelas, que damos por sentado que son gemelas, pero no lo son, en una especie de asimetríaa sutil. O por ejemplo, cuando Danny está viendo Verano del 42 en la televisión, aparte de producirse reflejos de la pantalla en el suelo y de prolongar el juego símbologico de trazados indígenas en la alfombra, se puede comprobar que la televisión… no está enchufada.
Pero sin embargo, la gran revelación de este artículo de Mstrmnd son las capturas que muestran fundidos de transición entre escenas. En muchas ocasiones, se usan esas capturas para subrayar el cuidado que Kubrick pone en el lenguaje: personajes que se superponen sobre escenarios, dotando de significaciones a ambos, o protagonistas que se funden entre sí, clasificando jerarquías de humanos y lugares en una compleja red de relaciones. Pero también transmiten algo que no se menciona en el texto y que contribuye a forjar esa sensación de que El Resplandor le habla al espectador a un nivel meramente subconsciente: ese ambiente fantasmagórico que funde pasado y presente en una sola realidad, y que se ejemplifica en gente que se diluye y se reconstruye en otros lugares, en otras épocas, como espíritus que no logran instalarse en ningún sitio concreto. Tenemos tan asimiladas ciertas formas del lenguaje cinematográfico que a veces se nos despita cómo suponen la destrucción de la realidad tal y como la conocemos, para construir otra líquida, inconsistente, fantasmagórica. Y quizás, de todas las revolucionarias andanadas contra las convenciones que lanzó El Resplandor al público de su época, esta es la más devastadora y profunda de todas.